50º aniversario Vitoria 3 de marzo: Entrevista a “Patín” miembro de la Comisión representativa de Forjas Alavesas
Las luchas del 3 de marzo de 1976 en Vitoria, cuyo 50 aniversario celebramos, tuvieron en los trabajadores de Forjas unos protagonistas muy importantes, fueron los pioneros en lanzarse a la huelga por el convenio de fábrica. Franco había muerto en noviembre de 1975 y la clase obrera irrumpía con fuerza a pesar de la represión.
La explotación del trabajo por parte de las empresas con salarios miserables, que además se congelaban por el decreto emitido por el gobierno, las condiciones de trabajo insalubres, las jornadas interminables, la ausencia de derechos laborales mínimos, un sindicato vertical que era una marioneta de las empresas y un auténtico tapón frente a las reivindicaciones obreras, provocó una revuelta obrera cuya cúspide se alcanzó el 3 de marzo de 1976.
Las luchas por la mejora de los convenios de empresa y la respuesta brutal del régimen sacudió la conciencia de la clase obrera en Euskadi y en todo el país en marzo de 1976.
Para hablarnos de aquella lucha entrevistamos a Eduardo Sanz “ Patín”, trabajador entonces de Forjas Alavesas y miembro de la Comisión representativa. Con él queremos recordar para la clase obrera actual las condiciones, circunstancias, y métodos de lucha que les permitieron superar las enormes dificultades a las que se tuvieron que enfrentar en los estertores de la dictadura.
Son experiencias vivas, es nuestra historia, que estoy seguro nos inspirarán en las luchas que se avecinan en estos tiempos turbulentos.
En primer lugar comenta la situación de Forjas, el número de trabajadores, qué se fabricaba y cómo.
En aquel tiempo, 1976, estábamos 1200 o incluso más trabajadores. Fabricábamos productos laminados, perfiles de metal para las ventanas que eran de hierro entonces y para el automóvil, y también piezas de forja para los barcos, los ejes de cola, las bielas que luego se mecanizaban en otro lado, rollos pequeños para la construcción F1, de acero común.
Era una fundición que partía de la chatarra, se hacían tochos y se laminaba, primero salia la palanquilla luego eso iba a otro tren donde ya se hacia el producto final. El trabajo era duro, yo cuando entré pasé un mes en cada sección y cuando fui a la acería el horno se cargaba por arriba, para hacer la colada había que echar cal y mineral de hierro y había que hacerlo con pala y a mi me ocurrió que al echar surgió una llamarada que me dio en la cara y el maestro me mandó ir al botiquín, claro que era duro.
Cuando había que cambiar los electrodos, por ejemplo, había que subirse encima de la bóveda del horno, había tres electrodos para fundir, eso es como una soldadura eléctrica pero a lo bestia, había que cambiarlos porque se desgastaban y para empalmar, fíjate como estarían los pies encima del horno para desenganchar y meter otra pieza, recuerdo que me comentaba un veterano: “Chaval, si no fuese por la prima quién se iba a abrasar los pies aquí”.
Y la laminación también era dura, recuerdo de uno que perdió la pierna y otro que murió, fue entre los arbolillos del tren del reductor, estoy hablando antes del 76.
¿Dónde trabajabas en la empresa? ¿cuánto tiempo llevabas trabajando en Forjas? ¿Fuiste miembro de la comisión representativa de Forjas?
Ya he comentado cómo estuve un mes en cada sección, era el periodo de prueba y luego fui a mantenimiento. Llevaba trabajando en Forjas desde 1967, salí de la escuela profesional Jesús Obrero y en septiembre entré en Forjas.
Fui elegido miembro de la comisión representativa de Forjas cuando ya era empleado, trabajaba en la oficina.
A pesar de que tradicionalmente los empleados eran ajenos a los trabajadores de buzo, se pensaban que eran otra cosa porque no se manchaban las manos, aunque luego mirabas las tablas salariales y no era para tanto, nosotros decíamos “los del otro lado de la carretera”.
¿Qué salarios se cobraban? ¿eran suficientes o había que recurrir al pluriempleo? Qué condiciones de trabajo, jornada laboral, turnos, accidentes de trabajo, etc.?
Creo recordar que cobrábamos de 18 a 20000 pesetas mensuales, pero no estoy seguro, tengo dudas si eso fue ya después de subirnos las 6000 pesetas lineales. Además a los empleados, yo incluido, nos subieron un poco más.
¿Era habitual el pluriempleo?
Si, era habitual, casi todo el mundo tenia pluriempleo por que no nos llegaba, por eso te digo que estoy pensando que eran 13000 pesetas y que se llegó a las 18000 con el incremento de las 6000 de la firma del convenio.
La jornada era de 48 horas semanales, 6 días a la semana de 8 horas. Se trabajaba a tres turnos, se había establecido como norma que el turno de tarde fuese a la fábrica el domingo a la mañana para limpieza, eran 8 horas extras y había comentarios, que ahora nos parecen increíbles, sobre si había que librar una hora para ir a misa.
En 1974 hubo un montón de despidos porque los trabajadores, de forma espontánea, decidieron hacer 44 horas semanales, no solo en Forjas, también por esta causa hubo despidos en Areitio, Arregui …, aquello fue espontáneo, no había un movimiento organizado, había un contagio, se había corrido la noticia de que se había conseguido esta jornada de 44 horas en otras empresas, en Forjas hubo 15 o 16 despedidos por esta causa.
Para comprender mejor el carácter de la dirección, en el consejo de administración estaba Luis Valero Bermejo que era presidente de la Hermandad de Excombatientes y del Sindicato de obligacionistas de Forjas, ese era uno de los miembros y podemos ver por su perfil cómo era el Consejo de Administración.
Las condiciones de trabajo eran duras. He visto como en uno de los peores puestos, el de apilar palanquilla en el tren 6-8, los trabajadores que vestían una camisa azul, se quitaban la camisa y estaba blanca y la ponían a secar con ventiladores y se quedaba la camisa de pie de la sal del sudor, o sea que fíjate qué condiciones de trabajo había con esa intensidad de trabajo cada día.
Los accidentes de trabajo ocurrían cada dos por tres, los trabajos eran muy penosos, se cogía la barra al rojo con la tenaza cuando salía del tren y había que hacer un movimiento y ponerla en otra caja y aunque había unos pivotes para protegernos, era tal la fuerza de la barra que si te pillaba por ejemplo los pies te los segaba.
También después hubo problemas con el amianto, que se utilizaba para conseguir que los cableados fueran ignífugos. Provocó y todavía provoca muchos cánceres de pulmón.
Anteriormente también hubo problemas con el añadido de plomo en la fundición, que facilitaba una mecanización mas fácil del acero, eso enfermó de saturnismo, plomo en la sangre, a muchos trabajadores.
Convenio de empresa. El Sindicato vertical franquista era el único cauce desde el punto de vista legal para negociar el convenio. Explícanos cómo estaba constituido y la experiencia de los trabajadores en anteriores negociaciones. ¿Cuales eran las reivindicaciones de los trabajadores?
El sindicato vertical en la empresa era presidido por el empresario, era un instrumento del régimen para controlar el movimiento en la fabrica y poner unos cauces muy cerrados a las reivindicaciones de los trabajadores. No había todavía comisión representativa hasta que hicimos la asamblea y se organizó.
Así comenzamos a funcionar, se hizo por los activistas clandestinos la plataforma reivindicativa, se sacaron octavillas y se distribuyeron entre los trabajadores, que la firmaron, y la gente decía queremos esto, y se entregó a los miembros del jurado de empresa que respondieron ¿a dónde vais? ¿qué es esto? Los jurados [una especie de comité de empresa que eran manejados por los empresarios, Nota de la OCR] se sentían parte de la empresa, de hecho por cada 500 trabajadores había un representante del jurado en el consejo de administración y en Forjas había dos.
El sindicato vertical era un obstáculo muy importante, los jurados eran impermeables a las reivindicaciones de los trabajadores, al recibir la plataforma la despreciaron, esto es una chorrada decían, como si viniera de cuatro locos, yo qué sé. Los trabajadores habíamos rechazado al sindicato vertical en las elecciones de 1975 pero a pesar de ello había habido elecciones al Jurado de empresa.
La plataforma reivindicativa constaba de un aumento salarial lineal para todos de 6000 pesetas, 40 horas semanales, jubilación a los 60 años, 100% en Incapacidad Temporal por enfermedad o accidente de trabajo.
La asamblea fue un elemento decisivo para expresar las necesidades de los trabajadores, para debatir y decidir, para experimentar la fuerza colectiva y la confianza en las propias fuerzas, pero las asambleas no estaban permitidas , ¿cómo se convocan, cómo se desarrollan y se participa, cómo se decide?.
Si, me acuerdo que el grupo de activistas clandestino convocamos una asamblea dentro de la fábrica, la primera vez asistió poca gente, la segunda vez acudieron muchos, se paró la producción y se vio: aquí falta gente, vamos a hacer la “culebra”, y se fueron sumando los trabajadores a la huelga según pasábamos por todos los departamentos incluida la administración. La asamblea se impuso por parte de los trabajadores, al principio con dudas. Pero una vez se hizo la primera, las dudas desaparecieron, entonces se eligió para la comisión representativa a los trabajadores que se habían puesto al frente, a “los que nos subíamos al bidón”, a esos nos eligieron, a mí de hecho me eligieron aun siendo empleado.
La huelga del 7 de enero 1976.
Actividades de la huelga, piquetes de defensa de la huelga, asambleas, manifestaciones, represión…
No hay trabajo, no hay salario y la huelga se prolonga 3 meses. Para evitar ser rendidos por hambre ¿se crea la caja de resistencia?.
El día 7 ante el rechazo por parte de la empresa de la plataforma reivindicativa presentada por los trabajadores, así como también por el rechazo de la dirección a negociar con la comisión representativa elegida en asamblea, comienza la huelga. Es secundada masivamente y se para totalmente la producción. No hacíamos piquetes en la puerta de la fábrica, entonces no hacia falta. Hasta el día 9 de enero hicimos asambleas en la fábrica. A partir del día 9, la empresa cierra la fábrica y tenemos que ir a la calle, vamos a la iglesia de Belén en el barrio de Zaramaga, cerca de la fábrica. Allí diariamente valorábamos la situación de la huelga, los avances, si habían detenido a alguien, era un ambiente muy especial, nos controlábamos entre nosotros, veíamos si algún compañero no había venido a la asamblea en un par de días y nos preocupábamos. Recuerdo una anécdota de un trabajador que vino y nos dijo que había tenido un hijo y por eso no había venido, ese era el ambiente, esa era la cohesión interna de los trabajadores en lucha, era un sentimiento espontáneo. Las demás empresas en lucha también habían tenido que refugiarse en las iglesias al cerrar las fabricas los empresarios y también hacían asambleas diarias.
Luego, más tarde, durante el proceso de huelga antes del 3 de marzo hubo un grupo de trabajadores, todos los dudosos, los jefes de equipo, los mandos intermedios, unos ciento y pico, que entraron a trabajar, pero fueron incapaces de producir nada. Se comentaba que el presidente del consejo de Administración decía: tengo aquí a 100 tíos y son incapaces de poner un tren en marcha. Con ello intentaron romper la unidad de los trabajadores y desmoralizarnos pero no lo consiguieron. Algún piquete de trabajadores defensores de la huelga se dirigió a ellos, a sus casas, para recordarles la decisión de la plantilla de secundar la huelga y la obligación de respetarla y fueron detenidos, aunque estuvieron detenidos poco tiempo.
Se hizo una caja de resistencia primero por colecta y luego se iba a pedir dinero.
Coordinación con otras fábricas en lucha. La coordinación de los trabajadores de las empresas en lucha fue decisiva para conseguir una dirección unificada de las distintas huelgas. ¿Cómo valoras el papel de la Coordinadora de las comisiones representativas para el desarrollo de la lucha?
Yo participé en la coordinadora de comisiones representativas de empresas en lucha y la valoración que hago es que fue fundamental. Nos reuníamos para preparar las asambleas, ver cómo estaba la situación en las diversas empresas y ver qué decisiones tomar. Sin Coordinadora, las empresas hubieran ido una por un lado otra por el otro, con la coordinadora había una respuesta unitaria y se mantenían las reivindicaciones: que eran negociación con los auténticos representantes elegidos en asamblea, ningún despedido y ningún detenido y los contenidos reivindicativos comunes.
Después de la masacre, vuelta al trabajo, se firma el convenio, ¿con qué resultados?.
La vuelta al trabajo no me acuerdo muy bien, yo junto con Tomás estábamos huidos, pero recuerdo que hubo enfrentamientos con los esquiroles. Finalmente la empresa negoció con la comisión representativa y se aceptaron prácticamente todas nuestras peticiones, las más importantes.
La Comisión representativa, a la firma del convenio días después del 3 de marzo, acordó incluso una cláusula que demuestra la fuerza de los trabajadores en lucha y su decisión de defender a los portavoces que ellos habían elegido: la empresa tuvo que firmar que a Tomás Etxabe, y a mí, miembros de la comisión representativa, que como digo estábamos huidos, se nos pagase 6 meses nuestro salario y se mantuviesen nuestros puestos de trabajo mientras no terminasen nuestros problemas con la justicia. Y esa decisión la tuvieron que tomar a pesar de que en la reunión de mandos intermedios, el representante del presidente del Consejo de Administración, D. Pedro, había dicho que “antes de readmitir a Tomás y a Patín en Forjas Alavesas tendrían que pasar por encima de su cadáver”.
23 febrero de 2026
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