¿Auge reaccionario?: Lo que nos enseñan las movilizaciones por la vivienda
Las recientes movilizaciones por la vivienda, con manifestaciones de cientos de miles de personas, el desarrollo de acampadas empezando en Madrid y extendiéndose a otras ciudades, para culminar en la convocatoria de huelga general el próximo 11N, representan un salto cualitativo en la lucha de clases en el Estado español. Este inspirador movimiento, aún en desarrollo, ofrece a la izquierda y al movimiento comunista en particular lecciones importantes sobre el carácter del período actual y las perspectivas para las que debemos prepararnos.
¿Un período reaccionario?
En los últimos años, hemos presenciado en un país tras otro el auge de nuevos partidos o candidatos calificados de “extrema derecha”, cuyo principal caballo de batalla es el discurso anti-immigración. Este es el caso de Trump en EEUU y, en Europa, el de Le Pen en Francia, la AfD en Alemania, Reform UK en Gran Bretaña, Meloni en Italia, etc. En el Estado español, Vox se encuentra lejos de postularse siquiera como segunda fuerza, aunque ha aumentado notablemente sus perspectivas electorales, especialmente entre la juventud. Y en Catalunya, más recientemente hemos tenido el ascenso meteórico de Aliança Catalana en las encuestas.
Por todo ello, muchos en la izquierda, reformista y revolucionaria por igual, han defendido que nos encontramos ante un período marcado por el auge de la reacción e, incluso, del fascismo, planteando este elemento como el centro de sus perspectivas y agitación.
Pero de manera aparentemente inesperada, en las últimas semanas hemos visto una explosión de combatividad, con movilizaciones masivas de decenas y centenares de miles en las principales ciudades a raíz del desahucio de Maricarmen, impulsadas por el rechazo en el Congreso de los decretos de mínimos propuestos por el Gobierno ante la presión de las calles. Plazas de todo el estado han sido ocupadas por acampadas de jóvenes de clase trabajadora y activistas de izquierda, que ven como bajo el sistema capitalista emanciparse se ha vuelto imposible. Tal ha sido la envergadura de la movilización, que incluso CCOO y UGT se han visto forzados a convocar una huelga general ante el riesgo de quedar desacreditados.
Sobre todo, el nivel de radicalidad de este movimiento representa un salto en la conciencia política de miles de personas como no se recuerda en décadas. Se han generalizado en las protestas y pancartas demandas socialistas como la expropiación, así como la necesidad del socialismo, y en todas estas manifestaciones y acampadas hemos visto ondear las banderas rojas de la revolución. Cabe preguntarse: ¿Cómo encaja todo esto en la perspectiva de “un período de reacción”?
Polarización y lucha de clases
Desde la OCR, así como toda la Internacional Comunista Revolucionaria, venimos defendiendo que la perspectiva que enfrentamos no es un periodo de reacción ni auge del fascismo, sino de auge de la lucha de clases y de grandes oportunidades para hacer avanzar las ideas del comunismo.
Es cierto que los partidos de derecha radical han aumentado su apoyo en las encuestas y se postulan en muchos países como primera fuerza. También es cierto que estos partidos (aunque no sólo) han conseguido propagar ideas racistas, machistas y homófobas, que no estaban tan presentes en el sentido común de la sociedad hace unos años.
Sin embargo, hemos explicado detalladamente en otros artículos que el auge de estos demagogos de derecha como Trump, Le Pen y otros no tienen nada en común con el fascismo, que no es una perspectiva a corto ni medio plazo. Sí es cierto que con el avance de estos partidos de derecha, grupos realmente fascistas como Núcleo Nacional se sienten envalentonados y también están creciendo relativamente, dentro de su marginalidad.
Estos representan una amenaza al movimiento obrero y de la juventud y deben ser combatidos. Pero aún así, como hemos explicado, la correlación de fuerzas es enormemente favorable para la clase trabajadora y la juventud. Las imágenes de Núcleo Nacional huyendo como ratas ante la juventud movilizada de Sol es el mejor ejemplo de ello.
También hemos explicado que el ascenso de los demagogos de derecha en el último periodo no representa un giro profundo a la derecha de la sociedad. Como avanzamos en su momento, este “giro a la derecha” es temporal y superficial, y no avanza un periodo de reacción sino que es el producto del descrédito de todos los partidos tradicionales y del fracaso de la “nueva” izquierda en todo el periodo anterior, que en todos los países ha sido incapaz de resolver ninguno de los problemas de la sociedad al mantenerse de los límites del capitalismo. En su base, se encuentra un rechazo generalizado a todas las instituciones y a este sistema. Se trata de una rabia de clase, que sin encontrar una expresión por la izquierda, encuentra una expresión distorsionada por la derecha.
Por ello, pronosticamos que, de llegar al poder, en la medida que defienden este sistema y no pueden resolver los problemas de la sociedad, estos demagogos de extrema derecha perderían rápidamente desacreditados, preparando un nuevo giro a la izquierda en el futuro. Los menos de 2 años de mandato de Trump han confirmado plenamente esta perspectiva, con el colapso de su popularidad, la huelga general en Minneapolis que doblegó su política migratoria reaccionaria y su más que probable derrota electoral en las próximas elecciones de medio mandato.
En todas partes, lo que vemos es un proceso de polarización, a derecha y a izquierda, independientemente de que exista o no una referencia en la izquierda capaz de reflejar esta radicalización en el frente electoral. De hecho, como ya señalamos en su momento, allí donde existe una referencia a la izquierda, por limitada que sea, esta encuentra un eco en millones de trabajadores y jóvenes. La reciente victoria de Die Linke en las elecciones municipales de Berlín, el auge de candidatos “socialistas” en las primarias Demócratas e incluso los resultados de Adelante Andalucía en las elecciones andaluzas de mayo han corroborado esta perspectiva.
La necesidad de la dialéctica
Bloqueado el frente político, sin una alternativa en la izquierda, el desahucio de Maricarmen ha servido de punto focal para canalizar el verdadero ambiente y la correlación de fuerzas en la sociedad que hasta ahora no tenía oportunidad de emerger a la superficie. Vemos aquí aplicada una de las leyes de la dialéctica (la filosofía del marxismo), la transformación de la cantidad en calidad, en que la acumulación de cabreo, rabia y ganas de luchar en la clase trabajadora y la juventud, que durante todo un periodo resultaba aparentemente imperceptible, ha emergido de golpe.
Como afirmó Trotski, la teoría representa la superioridad de la previsión sobre la sorpresa. El marxismo su filosofía, la dialéctica, es una doctrina científica para comprender los procesos generales de la naturaleza y la sociedad. El método del marxismo nos permite ver más allá de la superficie y entender las corrientes profundas que moldean la situación política y social, separando aquello secundario y accidental de la tendencia general.
Sin una comprensión de la dialéctica, uno fácilmente quedará desorientado en la lucha de clases. En particular, dada la crisis histórica del factor subjetivo, eso es, la ausencia de un partido comunista en un momento de crisis orgánica de este sistema, la ira de clase puede expresarse dando lugar a todo tipo de fenómenos políticos de lo más particulares. Trump es un ejemplo de ello.
Con una visión impresionista de la situación política, en lugar de anticipar los acontecimientos, uno puede ir reaccionando y quedar asombrado ante cada nuevo giro superficial a izquierda o derecha, pasando de la euforia a la desesperación y viceversa.. Hemos visto recientemente a muchos en la izquierda pasar de lamentar el “ascenso del fascismo” a celebrar ahora el levantamiento revolucionario de la juventud, también de declarar el fin de la democracia burguesa en EEUU a descubrir sólo unos meses más tarde el renacimiento del comunismo en ese país.
La perspectiva real no es un período de reacción, sino de cuestionamiento de este sistema, de creciente radicalización no sólo a la derecha sino también hacia la izquierda y extrema izquierda, y de auge de la lucha de clases. El inspirador movimiento por la vivienda demuestra esta perspectiva y representa una nota para todos los comunistas de estudiar la dialéctica para poder comprender el período actual y las tareas que tenemos por delante.
Cómo sí combatir a la derecha y su racismo
En este contexto de polarización, existe un sentimiento ardiente en miles de jóvenes y trabajadores por combatir a la derecha, a la que identifican correctamente como la defensora más fiel de nuestros enemigos de clase, y sus discursos racistas con los que pretenden dividir a la clase trabajadora.
Sin embargo, por parte de la izquierda, también la revolucionaria, muchas veces se ha centrado la crítica a la derecha en la condena moral de su racismo y xenofobia y a las acusaciones de “fascismo”, oponiendo en su lugar consignas igualmente moralistas como “ningún ser humano es ilegal”. Esto, por sí sólo, esto no ha impedido el avance de estos partidos.
La realidad es que en la medida en que las ideas anti-inmigración han calado en un sector de la clase trabajadora, es porque estas ideas conectan con algo real y objetivo en la sociedad. No se trata de que miles de trabajadores se estén volviendo racistas o supremacistas, sino que millones experimentan una creciente miseria, degradación de los servicios públicos, dificultades para acceder a una vivienda, etc.
Es únicamente por la incapacidad de la izquierda de ofrecer una explicación a estos problemas, de señalar a los verdaderos culpables – la clase capitalista y su sistema – y ofrecer una salida, que la derecha puede utilizar a los inmigrantes como explicación – falsa – de los problemas de la clase trabajadora.
Es por ello que las simples condenas morales al racismo de la derecha son impotentes, pues no se dirigen ni dan respuesta a los problemas que sirven de base material para el florecimiento de estas ideas. La única manera de combatir la derecha y su veneno anti-inmigración no es desde la crítica moral, sino desde una crítica de clase. Las últimas movilizaciones por la vivienda representan una valiosa lección en este sentido.
Hay que recordar que hace pocas semanas, sí estaba logrando imponer un ambiente social reaccionario por parte de la derecha, aprovechando la crisis migratoria en Ceuta para expandir su racismo a un nivel cualitativamente superior, con movilizaciones reaccionarias de decenas de miles en Madrid. Sin embargo, en cuestión de 24 horas, este ambiente fue cortado cuajo por la irrupción de la juventud y la clase trabajadora en la escena, dando la vuelta por completo al debate social y planteando sus propios problemas y reivindicaciones.
Se ha barrido de un sólo golpe todo el humo anti-inmigración y la sociedad ha quedado dividida dos campos definidos y opuestos, en definitiva, dos clases de personas: aquellos que, pese a crear toda la riqueza de la sociedad con su trabajo, no se pueden permitir un alquiler, y un puñado de parásitos que acumulan fortunas a costa del trabajo ajeno, gracias al negocio de la vivienda.
En esta situación, la derecha ha quedado totalmente paralizada y desorientada, sin tener nada que ofrecer en el momento en que la cuestión de la inmigración desaparece del primer plano del debate, y en particular en relación a la crisis de la vivienda, donde no puede evitar quedar expuesta como la representante más abierta de los rentistas y especuladores, enfrentada así a los intereses de la mayoría social.
Esto es una gran lección. Incluso sin poner el foco específicamente a la cuestión racista y los discursos de la derecha, sin necesidad siquiera poner como principal prioridad la lucha contra la “extrema derecha”, ha sido en el momento en que la clase obrera y la juventud han marcado su propia agenda, llevando al frente las cuestiones de clase, cuando la demagogia racista ha sido cortada y la derecha ha tenido que agachar la cabeza.
En sólo un par de semanas, esto se ha demostrado más eficaz para retroceder más las ideas racistas y anti-inmigración que mil condenas morales acerca del racismo o meses de “lucha cultural”.
¡Optimismo revolucionario!
Lejos de una perspectiva pesimista, el horizonte que se abre ante nosotros está impregnado de una profunda confianza en la capacidad de la juventud y la clase trabajadora de transformar la sociedad, por encima de cualquier división de raza, religión o género. La correlación real de fuerzas no la marcan los parlamentos odiados ni el ruido mediático de la reacción, sino la energía inagotable de los millones que mueven el mundo con sus manos y que hoy empiezan a sacudirse. El movimiento por la vivienda, como las luchas estudiantiles en Francia, anuncian los tiempos que están por venir y que las ideas del comunismo no son reliquias del pasado sino el futuro de la humanidad. Con este optimismo revolucionario y armados con las ideas del marxismo construiremos el partido que nos garantizará la victoria.
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