El estado patético de la izquierda “alternativa” – Editorial de «Lucha de Clases» nº122

Conforme se amontonan los problemas para el “gobierno progresista” y las perspectivas electorales apuntan a un gobierno de la derecha (con una notable abstención), la situación de la izquierda reformista ubicada a la izquierda del PSOE es absolutamente deplorable.

Para empezar, resulta imposible para cualquiera encontrar una sola diferencia significativa entre Sumar y el PSOE, tal es el mimetismo de ambos dentro del gobierno de coalición y el seguidismo que el primero hace a Pedro Sánchez.

La principal referente de Sumar, Yolanda Díaz, lleva meses desaparecida. Sus escasas intervenciones públicas son insulsas y, casi siempre, para defender las acciones del gobierno Sánchez. Su carisma, si alguna vez lo tuvo, aparece completamente apagado.

Carrerismo y oportunismo

Sumar está integrado por Izquierda Unida, Movimiento Sumar, los Comuns y Más Madrid. Movimiento Sumar, el partido-márketing creado para uso de Yolanda Díaz en 2023, no tiene existencia real. Es una colección de personajes desconocidos con el único cometido de hocicar en cargos públicos. Todos estos grupos y partidos formaron parte en su momento de Unidas Podemos, la coalición electoral de Podemos e Izquierda Unida que, al menos durante un par de años (2016-2018), se permitía mostrar un cierto perfil “radical” que la distinguía del PSOE. Quienes hoy encabezan estos grupos ya eran entonces los sectores más derechistas de esa coalición. Es el caso del exsector “errejonista” de Podemos que se escindió en 2019 para crear Más Madrid y que integra Movimiento Sumar junto a Yolanda Díaz en el resto del país. También es el caso de los Comuns, a cuya cabeza se sitúan los viejos zorros oportunistas de la antigua Iniciativa per Catalunya que, en su momento, se escindieron por la derecha de Izquierda Unida. Desprovistos de ideas, actuando como gestores públicos grises, incapaces de suscitar ninguna emoción en los oprimidos, llamar a esta gente socialdemócrata sería un halago.

Izquierda Unida, el grupo con más tradición y organización, está completamente desdibujada dentro de Sumar, comparte todos los rasgos oportunistas de sus compañeros de viaje, y su base militante se ha estrechado a niveles históricos. En estos años han rehuido de cualquier idea o propuesta “radical” como el demonio huye del agua bendita. Ahora, consciente de la irrelevancia cada vez mayor de Sumar, el aparato de IU ha propuesto disolver esta coalición y refundarla con otro nombre, insinuando la inclusión de Podemos en la misma, como si el asunto fuera cambios de forma y de nombre, y no del contenido oportunista de este proyecto político y de su programa.

Podemos, que pasó a la oposición al gobierno Sánchez tras su expulsión del mismo después de las elecciones de julio de 2023, pretende ahora levantar cabeza mostrándose duro contra sus antiguos compañeros de coalición, tratando de recuperar el perfil “radical” que distinguió al viejo Podemos de 2014-2018. Pero, por mucho que los dirigentes de Podemos se quejen de las “traiciones” de sus antiguos compañeros, la principal responsabilidad por el patético estado de la izquierda “alternativa” descansa en la política oportunista del exdirigente de Podemos, Pablo Iglesias, y su equipo. Desde el momento que Podemos alcanzó el cénit de su apoyo popular e influencia política, con un 28% de apoyo en las encuestas a fines de 2014, imprimió un giro a la derecha a la organización con el argumento de “ganar a los no convencidos”, arrinconó a sus críticos de izquierda dentro de Podemos y sofocó su vida interna militante. En paralelo, catapultó a puestos de representación pública a toda una serie de personajes oportunistas como Manuela Carmena, Íñigo Errejón, las viejas glorias de Iniciativa per Catalunya, y a la misma Yolanda Díaz, que al final acabaron abandonándole entre recriminaciones mutuas, reduciendo Podemos a una sombra de lo que fue. Puede que Podemos avance en intención de voto y recupere apoyo entre sus antiguos votantes. Pero ha agotado su crédito y tiene dificultades para alcanzar el 5% en las encuestas.

Ninguna diferencia 

Digamos la verdad. No existen diferencias de fondo entre todos estos grupos y partidos que les impida presentarse en una plataforma electoral común, solo les enfrentan intereses de aparato por ocupar las listas. Ninguno cuestiona la continuidad de la coalición con el PSOE ni su pretensión de gestionar un capitalismo en crisis que solo ha frustrado a los millones de personas que alguna vez confiaron en ellos como una alternativa a un PSOE en decadencia.

Ya en abril de 2019 avisamos de las consecuencias desastrosas, para lo que entonces era Unidas Podemos, de su eventual entrada en un gobierno con el PSOE. Predijimos que iban a corresponsabilizarse de la gestión de un sistema y un régimen en crisis, y que serían devorados por el PSOE al no percibir los votantes de izquierda una diferencia sustancial entre ellos, como ha terminado ocurriendo. Abandonaron cualquier pretensión de movilizar en la calle a la juventud, los trabajadores, y los vecinos en los barrios en aras de la “gobernabilidad”, convirtiéndose de facto en una simple plataforma electoral y en una lanzadera de arribistas por cargos públicos.

Al final, terminaron apoyando la guerra en Ucrania, avalaron con cambios menores la continuidad de la reforma laboral del PP y su Ley Mordaza, acataron el incremento del gasto en armamento y la entrega del Sáhara a Marruecos sin el derecho del pueblo saharaui a decidir su destino, así como las deportaciones “en caliente” de inmigrantes en territorio español.

La única diferencia entre Podemos y Sumar en el gobierno de coalición con el PSOE es que el primero se quejaba pero acataba, y el segundo ni siquiera se queja.

Una “gran idea” por la que luchar

No hay un problema “objetivo” en esta crisis del reformismo de izquierdas en el Estado español. Es la ausencia de una posición mínimamente valiente y audaz, y de una “gran idea” con la que inspirar a los oprimidos, lo que explica la orfandad política a la izquierda del PSOE. Es una condena para todos estos grupos y dirigentes que el político más popular en la base de la izquierda reformista española sea hoy Gabriel Rufián, ¡un independentista catalán!, por sus fogosos discursos contra la derecha y el hecho de no estar implicado en el gobierno de coalición, aunque apoye el grueso de sus políticas.

Con todo merecimiento, la capa avanzada de trabajadores y jóvenes hace tiempo que ha dado la espalda a estos dirigentes y organizaciones, aunque muchos de ellos, por falta de alternativas y como manera de frenar el paso a la derecha, los terminen votando con la nariz tapada.

En la época de la mayor crisis social, política, interimperialista y medioambiental que se recuerda, el posibilismo reformista solo lleva a frustraciones y derrotas. Lo que se necesita es recuperar una “gran idea” por la que merezca la pena vivir y luchar. Y esta no es otra que la transformación completa del sistema capitalista a través de una revolución socialista que arrebate el poder económico y político a los ricos, los explotadores y los militaristas, y lo ponga a disposición de la clase trabajadora para construir una sociedad nueva auténticamente humana.

 

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