El movimiento por la vivienda hacia la huelga general del 11N

A menos de una semana para la huelga general por la vivienda, el movimiento entra en una fase decisiva. Pese a la confusión del adelanto electoral y la languidez de CCOO y UGT, la juventud y la clase trabajadora han comenzado a organizarse desde abajo a través de comités unitarios de huelga. Para garantizar el éxito del 11N frente al coste de vida y la precariedad, es imprescindible armar al movimiento con un plan de acción y una dirección revolucionaria.

Con el alquiler absorbiendo casi la mitad de los salarios, no es casualidad que un 76% apoye la intervención del mercado inmobiliario «tanto como sea necesario» (CIS, 8/10/26) y que el 60% apoye abiertamente la huelga general (elDiario.es 13/10/26). Estos datos indican que la frustración acumulada bajo la superficie en los últimos años se ha transformado en un salto de la conciencia de la clase trabajadora.

Sin embargo, la huelga no se limita a la vivienda. Durante los últimos años la clase trabajadora ha visto cómo se atrofia su poder adquisitivo, con la inflación absorbiendo con creces cualquier mísera subida salarial. De hecho, según los informes históricos de salarios reales ajustados de la OCDE, ¡el sueldo real de la clase trabajadora española apenas se ha movido en 30 años! (El País, 25/04/26).

Por ello, para unir al conjunto de la clase obrera, es vital vincular la lucha por el techo con las demandas laborales centrales: subidas salariales que garanticen la recuperación del poder adquisitivo, ajustadas a una escala móvil de salarios automática al IPC real cada seis meses. Solo así se puede garantizar la eficacia de las medidas sobre el alquiler en su lucha contra la miseria asumida por la clase trabajadora en el Estado español y contra los beneficios empresariales, ahora en cifras récord.

Los comunistas entendemos que la garantía de éxito para la huelga reside en dos factores: elevar la conciencia de clase, haciendo comprender al conjunto de la clase trabajadora que son quienes generan toda la riqueza, y que paralizando la producción ponen encima de la mesa la cuestión de quién controla realmente la sociedad; y trazar un plan estratégico claro en caso de que el gobierno resultante del 29N se niegue a aplicar estas medidas.

Las cúpulas sindicales de CCOO y UGT no habían accedido de buen grado a la convocatoria de huelga general, pero el clamor de centenares de miles en las calles ha forzado su mano. Ahora, cuando la clase trabajadora les exige volcar sus recursos y dotar de dirección al movimiento, arrastran los pies para socavar las posibilidades del 11N. La huelga general es una cuestión muy seria, cuyo fracaso podría tener graves consecuencias sobre la conciencia. Por lo tanto, la actitud de la dirección de los sindicatos mayoritarios es poco menos que criminal.

El Sindicato de Inquilinas y otras organizaciones están impulsando comités unitarios de huelga para coordinar la agitación hacia el 11N, una iniciativa crucial ante la inacción de la burocracia sindical de CCOO y UGT. No obstante, estos comités están fragmentados y es urgente unificarlos mediante la elección de delegados para conformar una asamblea de coordinación a nivel municipal, regional y estatal. 

Por su parte, la Coordinadora Juvenil Socialista (CJS) está impulsando comités juveniles paralelos para atraer a la juventud desencantada con los sindicatos mayoritarios. Saludamos su militancia y la iniciativa de organizar a la juventud; sin embargo, consideramos que estos esfuerzos deben volcarse directamente en los comités unitarios para no duplicar tareas en el escaso tiempo disponible y equipar de métodos revolucionarios el trabajo de los mismos. 

Es en los comités unitarios donde una organización de vanguardia puede triunfar: dotándolos de una dirección revolucionaria, erigiendo estructuras de coordinación por delegados, afilando y expandiendo las consignas para poner en cuestión la legitimidad del sistema en su conjunto, y preparando la batalla más allá del 11N.

La ola de movilizaciones que recorre Europa demuestra que la incapacidad del capitalismo de resolver la precariedad que él mismo genera empuja a las masas a la acción. Es imperativo unificar estas luchas. Como agitan nuestros camaradas en Portugal, debemos construir movimientos huelguísticos coordinados para golpear al capital europeo como una sola clase. Solo una dirección revolucionaria internacional será capaz de impulsar esta ofensiva histórica hacia la abolición del capitalismo, y construirla es la tarea más urgente de nuestra época. ¡Ayúdanos a construir la Internacional Comunista Revolucionaria!

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