El negocio de la visita del Papa: ¡ni un euro público más en manos privadas!

Es cierto: la visita del Papa ha obrado milagros. Si Moisés consiguió dividir las aguas, él ha conseguido inmovilizar las arterias de Madrid y Barcelona; si San Francisco de Asís creó de la nada alimento para repartirlo entre los pobres, él ha hecho surgir de la nada recursos públicos para repartir entre los ricos; si Jesús, finalmente, denunció los mercaderes que se enriquecían a las puertas del templo, él… ha enriquecido a los rentistas, “benefactores” y bancos que han participado de su visita.

La visita del Papa al Estado español ha dejado a cuerpo descubierto una vez más el parasitismo y sinvergonzoneria de la clase dominante que nos gobierna. Cuando el 19 de mayo, la presidenta de Barcelona Servicios Municipales (BSM), Laia Bonet, anunció públicamente que cedería “de balde” el estadio Lluís Companys por la visita del Papa, y que esta cesión “gratuita” costaría al erario público unos 78.000 euros, uno podría haber pensado, así medio en broma, qué hubiera pensado Lluís Companys de que el Papa hiciera un acto al estadio con su nombre.

Cuando Almeida, alcalde de Madrid, anunció aquel mismo día que llevaría 100.000 plantas a la ciudad para decorarla en honor del Papa, que negociaría con la Asociación de Hoteles de Madrid para alquilar balcones para colgar banderas del Vaticano, y que licitaría 58.750 euros públicos para que una empresa produjera banderitas de España (de los cuales la empresa Larraz Grupo Empresarial acabó utilizando unos 16.000 euros), a uno todavía le podría haber parecido una broma de mal gusto.

Pero cuando días más tarde, el 26 de mayo, desde la Moncloa se aprobó el Real Decreto 12/26, por el cual la visita del Papa se declaraba “Acontecimiento de Excepcional Interés Público”, ya era más que evidente que nos estaban pasando la mano por la cara, porque declarar algo “de interés público” significa aprobar por ley la exención fiscal de las empresas que inviertan en el acontecimiento. Es decir, es recompensar a las empresas por haber invertido mediante la reducción de lo que ellas tienen que pagar en impuestos al Estado y sufragando parte de estos impuestos con dinero público. Es el caso del impuesto sobre sociedades, del cual el Estado asumirá un 45% (!), o el 15% de reducción por todo anuncio que lleve el sello del Vaticano.

La lista de empresas que participan de la financiación de la visita del Papa parece una estampa extraída del “Inferno” de Dante: Banco Sabadell, Telefónica, Iberia, El Corte Inglés, Iberdrola, Indra o Bankinter son solo algunas de las empresas privadas que a “invertir” un total de 11’25 millones de euros en la visita.

7’5 millones extras de financiación provienen de los fondos públicos apropiados por la Iglesia a partir del IRPF, que el año pasado extrajo 429’3 millones de euros, una cifra récord que hace empequeñecer la aportación que ha hecho la Iglesia para que venga su representante al Estado español. Pero la cifra todavía empequeñece más si se considera que la Iglesia, a pesar de haber perdido muchos de sus privilegios fiscales, todavía conserva significantes, como es, por ejemplo, su exención de pagar el IBI, el Impuesto sobre Bienes Inmuebles, o el impuesto de sucesiones, o el de donaciones, o el de sociedades, o el de transmisión patrimoniales… Exenciones, por cierto, que fueron pactadas por el gobierno de Adolfo Suárez el 1979 directamente con la “Santa Sede”, y reafirmadas por los sucesivos gobiernos hasta el día de hoy.

Al milagro de los recursos públicos drenados de forma indirecta hacia manos privadas, hay que sumar los ingentes gastos en los salarios de los funcionarios públicos que Madrid y Barcelona, los dos focos principales de la visita del papa, han desplegado para cubrir el acontecimiento: desde servicios de limpieza, pasando por los operarios de transporte público, los servicios sanitarios y, evidentemente, los enormes despliegues policiales. En Madrid se han llegado a abrir escuelas públicas “gratuítamente” para que los peregrinos duerman dentro: los gastos de limpieza, salarios de los conserjes, logística y demás corre, como no, a cargo del erario público de la Comunidad de Madrid. Las administraciones públicas ocultan la cifra oficial de este gasto, pero según una investigación de La Directa (5/06), este despliegue costaría unos 3’6 millones a Madrid y 1’8 millones a Catalunya.

Hay algún que otro milagro menor que ha obrado el Papa estos días (como, por ejemplo, el disparar los precios de los alquileres, tanto legales como ilegales, de los pisos ubicados en las zonas por donde pasará), pero hay un último que, desde el punto de vista de la clase trabajadora, es todavía más vergonzoso.

La visita del Papa ha conseguido que la frecuencia del transporte público de Madrid y Barcelona aumente; ha conseguido que haya más personal sanitario trabajando a todas horas; ha conseguido que se instalen más contenedores de reciclaje por las dos ciudades y que el tráfico bullicioso dé tregua al medio ambiente durante unos días. Estas son medidas que los trabajadores y trabajadoras pedimos, porque cotidianamente nos tenemos que mirar frente a frente con la supuesta “falta de recursos”, que para nosotros significa una mayor ansiedad, peor asistencia médica, jugarnos el trabajo, llenar nuestros pulmones y venas de contaminantes. Y todo esto ha aparecido milagrosamente con la visita del Papa. Una vez se vaya, se llevará con él todas estas cosas.

Pero esto es una prueba de que los recursos existen. Si hay dinero para invertir en la visita del Papa, también lo hay para invertir en sanidad, educación, transporte público… Todavía más si tenemos en cuenta que las empresas, a pesar de no parar de batir récord tras récord en beneficios, todavía reciben dinero público a nuestras espaldas. Los recursos generados por los trabajadores tendrían que ser utilizados para mejorar las condiciones de vida de la mayoría, no para visitas del Papa que sólo enriquecerán a unos pocos, ni para que las empresas los distribuyan entre sus accionistas.

¡Ni un euro público más en manos privadas!

¡Que se publiquen los gastos públicos reales de la visita del Papa!

La riqueza que crean los trabajadores, ¡que sea controlada por los trabajadores!

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