El Valle de Cuelgamuros: primero como tragedia, después como farsa
En 1958 Franco construyó “el Valle de los Caídos” (Cuelgamuros) con el trabajo de miles de presos políticos en condiciones de esclavitud para, en sus palabras, “perpetuar la memoria de los que cayeron en nuestra Gloriosa Cruzada”. Totalmente intacto durante la dictadura y también durante la “democracia”, no fue hasta 2019 que se exhumó finalmente al dictador de la cripta, y solo en 2023 comenzaron —con un equipo limitado e insuficiente de 20 personas— los trabajos de identificación y exhumación de las más de 33.000 víctimas que yacen allí todavía.
Hoy, 67 años después, la mayor fosa común del Estado sigue con la cruz franquista en pie, y con la única perspectiva de añadir algunos paneles informativos para “resignificar” el lugar. Hace unas semanas se anunció el proyecto ganador para la “remodelación” del mausoleo franquista, llamado “La base y la Cruz”. Este supuesto “gran éxito” que “culmina la lucha por la memoria histórica” en boca del PSOE es, en realidad, un gesto simbólico en la lucha por la memoria, la justicia y la reparación de las víctimas del régimen franquista. No permitiremos que esto se presente como una victoria.
Victoria de la Iglesia
Este proyecto, para el cual se destinarán 30,5 millones de euros, ha sido el ganador del concurso organizado por el gobierno. Tiene como intención construir un centro de interpretación con testimonios y material audiovisual, que es un paso adelante importante por la memoria histórica, pero advierten de que dentro del templo la intervención será “mínima”.
La Iglesia, que tan estrechamente colaboró con el régimen franquista e incluso permitió enterrar a Franco en el altar mayor de la Basílica (honor reservado exclusivamente a obispos y santos), finalmente ha impuesto su voluntad. La abadía y la cruz quedaron fuera de concurso desde el principio, pidiendo “respeto a los elementos religiosos”, ya que el PSOE dio su brazo a torcer. Por tanto, los monjes benedictinos de Cuelgamuros no serán desalojados, la Iglesia ha contado con un miembro como jurado en el concurso, quedará todo intacto y no pagarán un solo euro. Difuminar o minimizar el papel y la colaboración de la Iglesia con Franco es un acto cobarde y cómplice.
El proyecto también contempla un espacio o esfera abierta al cielo que busca ser “un lugar de encuentro que invite al diálogo y a una visión más plural y democrática”. Este falso disfraz de “democracia” y “convivencia” es la otra cara de la moneda que ya conocemos: por un lado, los franquistas y demás reaccionarios reivindican el Valle como un “monumento a la reconciliación” entre dos bandos antagónicos —tal y como defendió Vox en una exposición polémica en la Eurocámara este pasado verano— mientras que, por otro lado, los políticos de “izquierda” no consiguen conciliar palabras y hechos.
“Resignificar” no, ¡derrumbar!
La justicia es impensable sin comprender el verdadero significado de este aberrante mausoleo fascista. 50 años después de la muerte del dictador, no es solo que sigue intacta la simbología franquista, peor aún, hay cientos de miles de cuerpos bajo tierra, aún sin recuperar, en esta gran fosa y en las otras 6.000 fosas que hay por toda la península. De todas las solicitudes recibidas, tan solo se han identificado 25 en Cuelgamuros.
Han pasado casi 90 años desde el inicio de la barbarie franquista, muchos familiares de las víctimas han fallecido ya sin obtener justicia y el urgente trabajo de exhumación de cuerpos se hace cada vez más difícil por la inacción del PSOE y de sus aliados parlamentarios. Los datos son escalofriantes: de las 6.000 fosas identificadas, aún hay 2.300 por exhumar; de las 140.000 personas enterradas aproximadamente, en el último cuarto de siglo se han recuperado a 17.000; y ¡uno de cada tres municipios españoles tiene o ha tenido una fosa común! (RTVE: “El país de las 6.000 fosas”).
El proyecto de Cuelgamuros forma parte del circo mediático coincidente con el aniversario de la muerte del dictador. Ya han pasado demasiados años de silencio, complicidad y medidas tibias. Aunque la clase dominante se esfuerce por reconciliar a víctimas y verdugos, debemos oponernos a esta farsa “democrática” y movilizarnos para derrumbar el Valle por completo, preservando los 33.000 cuerpos y acelerando las labores de identificación para atender a las familias. Es más, debemos acabar la lucha inconclusa contra el franquismo: derrumbar el régimen del 78 y todo su aparato de Estado franquista, separar completamente a la Iglesia del Estado, proclamar una república y luchar por la transformación socialista de la sociedad. Contra la desmemoria, ¡lucha de clases!
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