Elecciones andaluzas: la derecha se estanca; PSOE e IU-Podemos retroceden ¿Qué viene ahora?

Los resultados de las elecciones andaluzas son muy instructivos para evaluar las tendencias del ambiente político y social. Por supuesto, sería un error trasladar mecánicamente al ámbito de todo el Estado español las conclusiones que se derivan de estas elecciones debido a las especificidades de la realidad andaluza, y que analizaremos, pero aun así también se han verificado y profundizado aquí tendencias que habían empezado a asomar semanas atrás a nivel general.

La participación ha sido superior a las elecciones andaluzas de 2022, un 64,8% frente a 56,1%, pero sigue sin ser alta. Además, ha habido un 2,04% de votos blancos y nulos, lo que sitúa la votación real a las formaciones políticas en un 62,8%.

Con cerca de medio millón de votos más en estas elecciones, casi todos los partidos han incrementado sus votos, aunque algunos han retrocedido en porcentaje de apoyo.

La derecha se estanca

El aumento de participación ha favorecido más a la izquierda que a la derecha. Porcentualmente, ha habido un leve descenso de la derecha de PP-Vox (pierde un 1,1%) y una pequeña subida global del voto de la izquierda, 2,3%, del que solo se ha beneficiado Adelante Andalucía, frente electoral formado a partir de la escisión de Podemos Andalucía en 1921, encabezada por Teresa Rodríguez. PSOE y Por Andalucía (IU/Podemos) retroceden en porcentaje de votos.

Las consecuencias directas de esto es que el PP de Moreno Bonilla ha perdido la mayoría absoluta que tenía en el parlamento andaluz (pasa de 58 a 53 diputados) y tendrá que apañarse con Vox para asegurarse el gobierno, que sube un diputado (de 14 a 15). Así, la derecha pasa en conjunto de 72 diputados a 68, mientras la izquierda suma 41 (PSOE 28, AA 8 y PA5), frente a los 37 que tenía antes (PSOE 30, PA 5 y AA 2).

Estos son los datos a grandes rasgos, ahora debemos ir al detalle.

Aunque la derecha mantiene una holgura apreciable en su mayoría, un 55,4% del voto, se ha estancado. Se confirma así la tendencia que se vio en las elecciones de Castilla y León. El PP no ha podido alcanzar la mayoría absoluta en ninguna de las 4 elecciones regionales celebradas desde diciembre pasado (Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía).

Vox se topa contra un muro

Vox no escapa a este estancamiento, y mantiene prácticamente el mismo porcentaje conseguido en las anteriores elecciones autonómicas andaluzas de 2022 (un 13,8% ahora frente a un 13,5% entonces). Ni siquiera ha podido sobrepasar el 14%, siendo este porcentaje el más bajo para Vox de todos los conseguidos en las 4 elecciones regionales celebradas estos meses. Esto aleja aún más la aspiración de Abascal de llegar a un 20% de intención voto antes de las elecciones generales de 2027. Este es un varapalo que difícilmente se puede vender como un éxito, más allá de que la pérdida de la mayoría absoluta del PP le otorgue una gran palanca para condicionar la política de Moreno Bonilla en Andalucía, a partir de ahora. Hablemos claro, la clase obrera andaluza, en su inmensa mayoría, ha levantado un dique contra el avance de la extrema derecha en la región, fuera de las zonas donde predomina la pequeña propiedad agraria y existe una masa de mano de obra inmigrante en situación de “apartheid” político, sobre todo en la parte oriental de la región y, en menor medida, en la provincia de Huelva. En la provincia de Sevilla, Vox apenas ha sobrepasado el 10% del voto. En las provincias de Cádiz, Córdoba y Jaén sus votos han oscilado entre el 12% y el 13,6%. En la ciudad de Cádiz, Vox sólo ha sacado el 8,3% de los votos. Y ha sido sobrepasado en votos por Adelante Andalucía en las provincias de Sevilla y Cádiz, quedando en cuarto lugar en estas circunscripciones. Esto es tanto más destacable cuanto que Vox ha estado monopolizando las portadas de los informativos desde hace semanas con su propuesta reaccionaria de la “prioridad nacional” fomentando todo tipo de prejuicios y resquemores contra la población inmigrante, que han favorecido la difusión masiva de sus políticas y de su marca electoral.

Realmente, la llamada izquierda “alternativa” de Adelante Andalucía y Por Andalucía ha conseguido, en conjunto, un apoyo electoral significativamente mayor que Vox en la región. Sus votos suman un 15,9% frente al 13,8% de Vox. El voto combinado de ambas formaciones de izquierda alcanza el 20,4% en la provincia de Sevilla, el 19,6% en la de Cádiz y el 17% en la de Córdoba. Estos datos desmontan la histeria del “auge reaccionario” que tanto se promueve dentro de la misma izquierda. Está claro que una candidatura unitaria de ambas formaciones, de haber mantenido estos votos, habría incrementado sus diputados mucho más y reducido los de Vox, que se hubiera enfrentado a una sensación de derrota humillante con implicaciones más profundas a nivel estatal.

Fracaso de la izquierda del régimen

Quizás las lecciones que más deben interesarnos se sitúan en el campo de la izquierda reformista, la izquierda del régimen del 78.

Si hay que hablar de perdedores sin apelación en estas elecciones, se encuentran aquí. El PSOE, otrora dominador absoluto en Andalucía, ha conseguido el porcentaje de votos más bajo de su historia, un 22,7% de los votos. Desalojado del poder institucional en Andalucía hace 7 años, tras acumular un desprestigio profundo con sus políticas de recortes sociales y derechismo bajo la tutela de Susana Díaz, salpicado por los casos de corrupción de los ERES bajo Chávez y Griñán un poco antes, no puede salir de la impotencia que representa ser una simple máquina electoral y una plataforma de cargos públicos. La calle le es ajena. La insatisfacción con las políticas del gobierno central, sobre todo en materia de vivienda, más el golpe que acusó con el accidente ferroviario de Adamuz (66 fallecidos) han hecho el resto. Su candidata, la exministra Maria Jesús Montero, ha sido vista desde el principio como una paracaidista lanzada desde Madrid, una candidata postiza sin arraigo social. Montero centró exclusivamente sus ataques al PP en la situación de la sanidad pública, pero sin grandes propuestas alternativas era como un cuchillo romo que poco daño podía causar a Moreno Bonilla. Ya hace 4 años el PSOE andaluz perdió una cantidad significativa de votos que migraron al PP “centrado” de Moreno Bonilla, como una manera de asegurarle a éste una mayoría que evitara un pacto de gobierno con Vox. Moreno Bonilla ha seguido explotando su imagen de “hombre tranquilo”, “dialogante” y “cercano al pueblo”, de manera que, en el contexto actual, esa franja de antiguos votantes socialistas no ha encontrado razones de peso para retornar al PSOE.

De todas maneras, seria un error colegir de esto que el PSOE no pueda recuperar una parte de este voto y de un sector de abstencionistas para las elecciones generales de 2027, que se sienten mas movilizados a cerrar filas alrededor del partido en unas elecciones legislativas estatales; sobre todo ante un PP nacional mucho mas escorado a la derecha que lo que muestra actualmente, por razones de conveniencia política, el PP andaluz.

El otro gran perdedor ha sido la coalición “Por Andalucía” que agrupa a Izquierda Unida y Podemos, aunque éste es casi inexistente. Ha cosechado el 6,31% de los votos, el menor porcentaje de votos conseguido por Izquierda Unida (con y sin Podemos) en unas elecciones al parlamento andaluz. De hecho, “Por Andalucía” (PA) ha sido el único partido que ha perdido votos en estas elecciones (más de 21.000 votos) pese a haber habido medio millón de votantes más. Aquí se paga actuar como perrito faldero de un PSOE desprestigiado que ha hecho indistinguible a Por Andalucía del primero. De hecho, Antonio Maíllo, dirigente estatal de IU y cabeza de lista de PA ha basado su campaña en reivindicar un gobierno PSOE-PA para Andalucía. Esta izquierda “alternativa” empotrada en las instituciones, envejecida, sin dientes, sin rostro, si un solo atisbo de radicalismo, concebida igual que el PSOE como una plataforma de cargos públicos, ha pagado merecidamente su oportunismo orgánico, carente de utilidad social alguna. Este resultado es un reflejo del lento y continuo declive de Izquierda Unida en Andalucía, su base estatal más importante. Pese a acumular decenas de alcaldes y centenares de concejales está sumergida en el institucionalismo burgués, con una pérdida significativa de militancia y de músculo social. Al final, Por Andalucía, la marca andaluza de la coalición SUMAR, es un reflejo del declive y de la bancarrota de ésta, que es percibida cada vez más como indistinguible del PSOE de Sánchez y comparte con éste la insatisfacción popular hacia sus políticas.

Los buenos resultados de Adelante Andalucía, ¿qué expresan?

El verdadero revulsivo y ganador de estas elecciones que se presentaban anodinas, aburridas y sin sustancia ha sido la coalición «Adelante Andalucía» (AA), que ha exhibido como principal mérito no aparecer como una comparsa del PSOE y del gobierno central. Eso solo (ya que a nivel programático sus propuestas son casi indistinguibles de «Por Andalucía») le ha otorgado a ojos de cientos de miles de electores andaluces una patente de “izquierda radical”. Estos votantes han querido ver en esta formación un desafío radical a los partidos del sistema, ante la ausencia de otra alternativa, y no querían aceptar pasivamente la continuidad de la derecha en el gobierno andaluz. AA puede exhibir el mérito de haber elevado el voto de la izquierda en la región, compensando las caídas del PSOE y de PA, y de haberle arrebatado al PP su mayoría absoluta, al haberle ganado diputados decisivos en Cádiz, Sevilla, Córdoba, Málaga y Huelva. AA consiguió 401.000 votos y 8 diputados, alrededor de 240.000 votos y 6 diputados más que en 2022. AA consiguió el 9,6% de los votos, con porcentajes del 14,4% en la provincia de Cádiz y del 12,9% en la de Sevilla.

Hay que destacar también el carácter de clase del voto de AA, concentrado en los pueblos jornaleros y los barrios obreros de las ciudades. Destaca el caso de Cádiz capital donde AA quedó segunda, con el 24% de los votos, por encima del PSOE. AA le ganó a PA en la mayoría de las ciudades y pueblos. Esto tiene un gran mérito porque AA carece del aparato, la militancia y los recursos de Izquierda Unida y Podemos, en particular fuera de la provincia de Cádiz, que es su plaza fuerte. Pese a ser una formación mucho menos conocida que PA semanas antes de la campaña, con referentes electorales igualmente desconocidos en la mayoría de los casos, pronto superó en las encuestas a PA. Cierto es que en la arena parlamentaria andaluza, AA ha sido vista mucho más activa, pero es una minoría de la población la que presta atención a la vida aburrida de los parlamentos a los que ven poco menos que inútiles.

Hay quien ha querido ver la fuerza de AA en su defensa de un nacionalismo andaluz “de izquierdas”. Eso no es verdad. En Andalucía nunca existió una conciencia nacional, que tampoco avala su historia, más allá de especificidades lingüísticas y culturales que no carecen de relevancia. Lo que ha habido es una conciencia del subdesarrollo, confundiéndose el “andalucismo” con la aspiración a salir del atraso económico, social y cultural legado por un desarrollo capitalista tardío, una economía agraria y una clase dominante rentista y parásita. Lo que ha caracterizado la historia andaluza en los últimos 200 años no ha sido su lucha nacional sino su lucha de clases, llevada hasta el más elevado extremo. Por mucho que los dirigentes de AA se empeñen en llevar su andalucismo a niveles folclóricos, al final tienen que recurrir a posiciones y un lenguaje de clase para conectar realmente con su base social de apoyo.

Así, la pregunta se viene encima; si no han sido el aparato, ni la publicidad institucional, ni el “andalucismo” las armas principales de AA en su gran resultado de estas elecciones ¿dónde ha residido la fuente de su impacto? El secreto del impacto de AA está en el ambiente explosivo de rabia, descontento y malestar de cientos de miles de familias obreras, que odian profundamente a la derecha, que desprecian a la izquierda apoltronada e institucionalizada, y que carecían de una referencia en la que reflejarse. Esa franja está presente por millones en todo el Estado, de la que AA ha conseguido captar para el voto, y en muy poco tiempo, a 400.000 de ella, sólo en Andalucía. Lo que se le puede reprochar a los dirigentes de AA es no haber sido aún más radicales, el no haber propuesto medidas más audaces contra los ricos, mas allá de subidas de impuestos, lo que se necesitaba era proponer medidas socialistas de expropiación contra los grandes ricachones, en vivienda, latifundios, grandes empresas, exigiendo también la expropiación de las grandes propiedades de la Iglesia, incluyendo la Mezquita de Córdoba y decenas de Monumentos Nacionales en su poder. Eso hubiera tenido un impacto muy poderoso y habría sacado de su letargo a cientos de miles de trabajadores y jóvenes que le han dado la espalda a elecciones como éstas en las que no confían en absoluto para que le resuelvan sus problemas. Aun así, es verdad que AA ha tenido el mérito de sacar a una franja de electores de la abstención, generando expectativas e ilusión, que de otro modo se hubieran quedado en casa.

La emergencia de partidos como AA no ha sido una novedad en este ciclo corto electoral de diciembre a mayo. Con especificidades, allí donde aparecía nítidamente una fuerza de izquierda con una apariencia mínimamente “radical”, aunque fuera solo en palabras, ha tenido un impacto, mientras el PSOE retrocedía. Este fue el caso de Unidos por Extremadura (IU y Podemos), que sacó el mayor apoyo de su historia en esta región, un 10%, lo mismo que Chunta Aragonesista en las elecciones aragonesas de febrero con cerca del 10%. Con la excepción de Extremadura, IU y Podemos, igual que en Andalucía, retrocedieron fuertemente en Aragón y Castilla y León, asolados por la misma enfermedad del oportunismo y del carrerismo político.

¿Qué viene ahora?

No parece probable que se forme rápidamente gobierno en Andalucía. Las conversaciones entre PP y Vox se alargarán. A Moreno Bonilla se le antoja una pesadilla compartir gobierno con Vox. Eso lo va a desgastar y le va a quitar la careta de “moderado” que tantos réditos le ha valido para seducir a una parte del electorado tradicionalmente socialista. Tratará de gobernar en solitario e intentará chantajear a los diputados del PSOE para que se abstengan, acusándolos desvergonzadamente de favorecer la presencia de Vox en el gobierno andaluz. Esta es la misma posición del “progresista” diario El País, quien no dudó en promocionar a Moreno Bonilla en los días previos a las elecciones. Vox sopesará si le interesa de verdad entrar el gobierno andaluz. La realidad es que cada vez que se adentra en gobiernos de coalición con el PP su intención de voto retrocede. En cualquier caso, la realidad es que el PP necesita a Vox para aprobar sus políticas en el parlamento andaluz y tendrá que plegarse a sus exigencias.

El PSOE no puede abstenerse y permitir la elección de Bonilla sin apoyo de Vox. Sería la sentencia de muerte para Sánchez y el PSOE, si quiere tener una posibilidad en las elecciones generales de 2027. Al contrario, Sánchez necesita mostrar los resultados de los gobiernos PP-Vox en Extremadura, Castilla y León, Aragón y Andalucía en los próximos meses para tratar de galvanizar a su electorado.

Conclusiones y lecciones a sacar

Las conclusiones que podemos sacar de estas elecciones para el resto del Estado, sobre la base de la experiencia acumulada, son varias. Primero, que la derecha y la ultraderecha parecen haber alcanzado un tope en cuanto a apoyo electoral. Las bravatas de la derecha y la ultraderecha han alcanzado un punto en que están empezando a provocar un efecto contrario: rabia y deseo de revancha en amplias franjas de la clase trabajadora y la juventud. Segundo, que la actual mayoría parlamentaria que pronostican las encuestas a favor de la derecha descansa en la desmotivación de una franja importante de trabajadores y jóvenes, frustrados por el retroceso en sus condiciones de vida (vivienda, salario, empleo precario, subida de precios) y que el gobierno “progresista” se muestra incapaz de satisfacer. Tercero, que esa franja desmotivada es capaz de reaccionar rápida y masivamente en el plano electoral si encuentra una referencia “radical” dispuesta, al menos discursivamente, a luchar. Por último, e independientemente de la cuestión electoral, que el malestar por las condiciones de vida está preparando una explosión de lucha de clases, como ya preanuncian las huelgas masivas de maestros en Catalunya y Valencia, la huelga del metal de Pontevedra, las luchas del metal del año pasado en Cádiz y Cartagena, o el reguero de huelgas que lleva un tiempo recorriendo Euskadi.

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