¿Es viable el frente electoral de izquierdas que promueve Gabriel Rufián? – Posición de la OCR
El diputado de ERC, Gabriel Rufián, ha presentado la propuesta de organizar una lista unificada de la izquierda independentista, regionalista y estatal para las próximas elecciones legislativas de 2027. Según Rufián, mientras que la izquierda independentista y nacionalista es fuerte en Catalunya, Euskadi y Galicia, fuera de estos territorios la debilidad de liderazgo de la llamada izquierda “alternativa” (SUMAR y Podemos) hace muy probable que la representación parlamentaria de ésta quede muy mermada y eso facilite una mayoría absoluta de PP y Vox en un futuro Parlamento. Rufián no oculta que, actualmente, gente como él en el Congreso español, tiene una popularidad y una fuerza de arrastre de la que carecen los dirigentes de SUMAR y Podemos. De esta manera, al presentar una lista unida de la izquierda “alternativa” en todo el territorio español, que incluya a ERC, EH Bildu y BNG, Rufián tiene la esperanza de que eso mejoraría sustancialmente el resultado electoral de esta izquierda fuera de Catalunya, Euskadi y Galicia, y haría más difícil a PP y Vox sumar una mayoría absoluta de diputados en el Congreso.
Esta propuesta ha levantado una amplia polvareda en el mundillo político, pero también ha generado ciertas expectativas en muchos votantes de izquierda desencantados, que se sienten angustiados por el avance de la ultraderecha de Vox y la posibilidad de que llegue al gobierno de la mano del PP.
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Una “izquierda” sin alma y sin dientes
Como explicamos en un artículo reciente, ciertamente el estado de la llamada izquierda “alternativa” (la coalición SUMAR por un lado, y Podemos por otra) es calamitoso. Sobre todo la primera, mimetizada completamente con el PSOE, ha perdido todo atractivo para cientos de miles de votantes de izquierdas. Más aún, está obligada a compartir con el PSOE el escepticismo que su acción de gobierno genera en muchos votantes de izquierdas frustrados por su incapacidad de ofrecer soluciones a problemas básicos como el de la vivienda, el transporte, y la carestía de la vida, entre otros.
En el pico de la contestación social de los años 2011-2015, la izquierda “alternativa” hablaba al menos de cambiar este régimen político injusto, e incluso de república, señalaba a los banqueros y ricos como los culpables de los problemas, y llamaba a luchar en la calle. Hoy es imposible escuchar de la boca de los dirigentes de SUMAR y de Podemos una sola palabra de aliento, alguna frase que conecte con las esperanzas y deseos de la gente que sufre las calamidades de este sistema. A la hora de la verdad, una vez en el gobierno, todos ellos traicionaron sus promesas de derogar la reforma laboral y la ley mordaza del PP, ambas muy sentidas por los votantes y la militancia de izquierdas que los auparon al poder en enero de 2020. Todos estos partidos se han mostrado impotentes en el gobierno para aliviar, siquiera parcialmente, el sangrante problema de la vivienda. Para peor, los partidos que componen SUMAR se alinearon con el imperialismo occidental apoyando la guerra de Ucrania que sentó las bases del militarismo y del aumento de los gastos militares en Europa y el Estado español.
Al final, si de lo que se trata es de votar al “mal menor”, para frenar a la derecha y la ultraderecha, para la mayoría de los votantes de izquierdas ya están Sánchez y el PSOE, puesto que no existe ninguna diferencia sustancial que sea percibida entre aquél, SUMAR y Podemos, que sigue orgulloso de su paso por el gobierno de Sánchez.
El papel de Gabriel Rufián
La paradoja es, y hay que reconocerlo, que el político más popular hoy en la base de la izquierda española es Gabriel Rufián, el portavoz de la izquierda independentista catalana en el parlamento español. Esto no habla tanto de las buenas cualidades de Rufián, sino de la profunda orfandad de dirección política que sienten las bases de la izquierda española y el escaso crédito que le merecen los dirigentes de SUMAR y Podemos.
Rufián ha podido conectar con una capa importante de votantes de izquierdas fuera de Catalunya porque se ha convertido, en primer lugar, en el azote número uno de la derecha y de la ultraderecha, con discursos muy fogosos y llenos de ironía. Ha sabido, por tanto, conectar como ningún otro dirigente de la izquierda estatal, con el sentimiento de odio e ira que tienen millones de jóvenes, mujeres y trabajadores hacia la derecha y sus amenazas de regresión social. Esto es lo que luego le da autoridad a Rufián para dirigir sus críticas a Sánchez. Esta situación peculiar también tiene un efecto en Catalunya. Según las últimas encuestas, ERC es la única fuerza de la izquierda catalana que mantiene, e incluso amplía levemente, su apoyo electoral, tanto para las elecciones generales como catalanas, lo que indica que ERC ha conseguido asentar una base en un sector de la clase obrera catalana castellanoparlante, tradicional granero de votos del PSOE y de los Comuns. Pero Rufián también se beneficia de no ser parte del gobierno, lo que le da más libertad de actuación, pese a que ERC es uno de los principales pilares de apoyo al gobierno central y, por lo tanto, también debemos señalarlo como corresponsable de sus políticas.
Ahora bien, seria un error crear expectativas demasiado optimistas sobre el impacto electoral de un frente de izquierdas estatal encabezado por Rufián. La pregunta central que millones en la izquierda se harán, sean votantes activos o se inclinen por ahora hacia la abstención, es ¿qué cambiará esta vez si derrotamos nuevamente a PP y Vox? Hay una parte sustancial en la izquierda que no pondrá ninguna condición para prestar su voto al nuevo frente de izquierdas porque tiene claro qué representa el retorno de la derecha al poder, mas aún de la mano de Vox; pero otra parte más numerosa del electorado, que será quien tendrá en su mano la llave de la mayoría, no se moverá por cuestiones abstractas tan manoseadas de izquierda y derecha, sino por esperanzas claras de mejoras y avances en sus condiciones de vida. Y ya han tenido una experiencia de 8 años de gobierno “de izquierda”, que no les ha satisfecho.
¿Qué programa?
Esto nos lleva a la cuestión crucial del programa, que es lo que está ausente de la propuesta de Rufián. Quedarse en el lema: “Que viene la ultraderecha” no le va a llevar muy lejos. Lo que se estarán preguntando cientos de miles de votantes indecisos que pueden tener cierta simpatía hacia la propuesta de Rufián es: ¿Qué utilidad tendrá este voto para asegurar vivienda asequible de calidad para todos y terminar con la especulación inmobiliaria? ¿qué hay del transporte de cercanías? ¿Qué hay de las listas de espera en sanidad? ¿qué hay del elevado coste de las matrículas y másteres universitarios? ¿qué hay del despilfarro de dinero público en guerras y gastos de armamento? ¿qué hay de la evasión de impuestos de bancos y grandes empresas?
La única manera de entusiasmar a la base de la izquierda y conseguir el apoyo de los indecisos, incluso de sectores desesperados que pueden estar mirando a Vox porque son los que más ruido hacen, es con un programa audaz y valiente que desafíe los intereses de los ricos y que muestre al mismo tiempo los hilos que unen a éstos con el PP y la ultraderecha, que se opondrían ferozmente a dicho programa.
Para conseguir viviendas para todos hay que proponer la expropiación de las decenas de miles de viviendas en manos de los fondos buitre y de los rentistas que poseen más de 3 viviendas en alquiler, prohibir la compra de viviendas para alquilar, tasar con impuestos especiales las viviendas turísticas, organizar un plan de construcción de cientos de miles de viviendas públicas al año. Se necesita un plan de inversiones en transporte que modernice y dignifique los ferrocarriles de cercanías. Hay que romper todos los conciertos privados en sanidad, incrementar las plantillas y pagar aquí salarios decentes. Debemos tener un sistema de educación pública gratuito de 0 años hasta la universidad, eliminar el gasto en armamento y destinar los más de 30.000 millones de euros que se destinan anualmente a esto para financiar estos gastos sociales. Hay que meter en vereda a bancos, empresas y ricachones, expropiando las empresas implicadas en la corrupción y evasión de impuestos, y nacionalizar las redes de comercialización para que se pague un precio justo a los agricultores y asegurar precios baratos a los consumidores. Hay que nacionalizar íntegramente el sistema energético para tener luz barata y no para lucrar a un puñado de monopolios parásitos. Dinero hay. Además del despilfarro de dinero público en armamento e intereses de la deuda, los bancos y grandes empresas acumulan beneficios como nunca antes, por tanto deben ser expropiados sin indemnización y bajo control obrero para que sirvan al interés general, a la inmensa mayoría que somos la clase trabajadora que creamos toda la riqueza, y no al puñado de plutócratas no elegidos que son realmente los dueños de nuestras vidas.
Hay que desafiar a Vox a que se pronuncie sobre un programa como éste, que se vea obligado a explicar que hay que proteger a los banqueros y rentistas usureros y no a los trabajadores y familias sin recursos. Quedará expuesto que toda su fraseología contra la inmigración solo busca crear una pantalla de humo para ocultar su defensa de los ricos y poderosos.
Sólo un programa como éste puede despertar entusiasmo y movilización electoral, y más aún si no está atado a participar en una coalición con el PSOE en la Moncloa para guardarlo en el cajón si se reedita el gobierno “progresista”. Ante la negativa del PSOE a apoyar estas propuestas, la izquierda “alternativa” debería mantenerse fuera, dando apoyo a las medidas progresistas que impulsara al gobierno y oponiéndose a las demás. Esto sí sería visto “útil” por el electorado de izquierdas y no sacrificar los principios por puestos en el consejo de ministros que sólo provocan desencanto y escepticismo.
Confiar en la clase trabajadora
El lado débil de Rufián es el mismo de todos los políticos reformistas de izquierdas: su desconfianza hacia la capacidad de movilización de la clase trabajadora y hacia la capacidad de ésta para dirigir la sociedad. Estos políticos solo ven a la clase trabajadora como sujetos pasivos cuya única función es depositar votos en una urna. Por el contrario, hay que basarse en la movilización y concienciación activa de los millones de trabajadores, jóvenes y mujeres que sostenemos todo el andamiaje social. Cada propuesta programática debe ir acompañada de mítines de masas, manifestaciones, y de la edición de millones de octavillas y carteles para popularizarla y para poner a la gente en pie. Es lamentablemente patético escuchar a Rufián decir que si triunfan “éstos”, refiriéndose a Vox y Abascal, habrá detenciones, ilegalizaciones, prohibiciones, etc. como si el miedo fuera un activo movilizador. Pero es al contrario, el efecto de la histeria y del pánico de los políticos reformistas de la izquierda al clamar contra la amenaza de la ultraderecha, es transmitir su miedo, impotencia e histeria al conjunto de la clase obrera, desarmándola, exagerando la fuerza del enemigo de clase. Lo que hay que decir es que hemos abierto una trinchera social infranqueable que está ocupada por millones de trabajadores y jóvenes, que las amenazas y algaradas de la ultraderecha se van a encontrar con el puño de los explotados, que no vamos a dejarlos pasar, que no vamos a permitir que arrasen nuestros derechos democráticos sin luchar hasta las últimas consecuencias. Esta es la manera de responder a las bravatas de Vox y compañía, son ellos quienes tienen que sentir miedo y no los millones que formamos parte de la única clase progresista y productiva de la sociedad. Esta será, además, la mejor manera de atraer a sectores confundidos, desencantados y atrasados de la clase obrera y de los pequeños propietarios que miran a Vox como una alternativa, y que deben sentir que nuestro puño es mucho más poderoso que el de la reacción, además de ofrecer un programa de transformación social con avances incuestionables.
¿Tendrá éxito el frente de izquierdas que propone Rufián?
La propuesta de Rufián está hoy aún lejos de poder ser llevada a la práctica. Por lo pronto, Bildu y BNG se han desmarcado y declinado el ofrecimiento. Bildu no necesita arriesgar nada en un frente electoral amplio para asegurarse una buena representación parlamentaria y no quiere quedar expuesto a la crítica maliciosa de su competidor, el PNV, que lo acusaría de participar en una lista electoral “española”. Ni siquiera está claro que la propuesta de Rufián tenga el apoyo explícito de la dirección de ERC, que también quedaría expuesta a la misma crítica por parte de Junts y Aliança Catalana. Por su parte, Podemos está jugando con la ambigüedad, y será el último en decir “Sí quiero” en caso de que tal frente electoral se lleve a la práctica, y no tenga más remedio que sumarse para no quedar completamente aislado y desacreditado ante la opinión pública en la izquierda. Pese a que no estaba en su guión, a regañadientes, los componentes de SUMAR (Izquierda Unida, Más Madrid, Compromís, Comuns, y Movimiento Sumar, la agrupación minúscula alrededor de Yolanda Díaz) sí parecen abrirse favorablemente a la propuesta de Rufián. Es lógico, son sus cargos públicos los que están en juego y son los que más tienen que perder en unas próximas elecciones.
En realidad, la situación en SUMAR es crítica. Su dirigente principal, Yolanda Díaz, no despierta ningún entusiasmo en la izquierda, su carisma está muy mermado y está cada vez más cuestionada. Es un secreto a voces que dará un paso al lado como principal cabeza electoral de SUMAR. Más Madrid es simplemente un partido madrileño, sin verdadera base militante ni social, y muy escorado a la derecha dentro de la coalición. Los Comuns llevan un tiempo prolongado de declive y actualmente está encabezado por su ala derecha, los viejos exdirigentes y cuadros de la antigua Iniciativa per Catalunya. Izquierda Unida, el grupo más organizado y con mayor extensión geográfica, ha perdido mucha militancia e influencia conforme se ha fusionado con la maquinaria del gobierno y del Estado, y ha abandonado cualquier pretensión de aparecer como “radical”. Ahora, IU ha lanzado la propuesta al resto de SUMAR de “refundarse” con un acto público este sábado 21 de febrero. Pero ¿en qué va a consistir esta refundación? ¿Van a proponer salir del gobierno Sánchez? ¿van a adoptar un nuevo programa radical? ¿Van a ponerse a la cabeza de las reivindicaciones populares por vivienda, empleo decente y sanidad digna? Nada de eso, la “refundación” simplemente consistirá ¡en cambiar de nombre! Y a lo sumo, suplicar a Podemos que se integre para hacer más fuerza.
De un modo u otro, las iniciativas de Rufián y de SUMAR (frente electoral amplio, refundación, etc.) se limitan simplemente a cambios exteriores: ser más, ir unidos, cambiar de nombre, etc. pero no plantean cambios de fondo: revisión crítica de su participación/colaboración en el gobierno PSOE, adoptar un programa de izquierdas radical, apostar por la movilización social, deslindar completamente con el PSOE, etc. No se comprometen a ningún gran cambio respecto de lo que llevan haciendo 6 años. Lo que falta es una “gran idea” por la que luchar y guiar las esperanzas e ilusiones de los descontentos, de los oprimidos y de los que sufren. Por este camino, las perspectivas para esta izquierda “alternativa” son sombrías en el plano electoral.
Independientemente de cómo termine la propuesta de Rufián, la lucha por los intereses de la clase obrera ni empieza ni acaba en el parlamento burgués, como creen los políticos reformistas, pese a que no despreciamos las posiciones que pueden y deben tomarse en los parlamentos para utilizarlas como un gran altavoz para llegar con nuestras ideas a las más amplias capas de la población y de la clase trabajadora. Pero, al final, es en la lucha de clases donde se dirime el destino de los explotados. Es el capitalismo el responsable primero y último de nuestros problemas. Por eso la tarea urgente es organizarse y fortalecer y expandir las ideas del comunismo revolucionario entre la clase obrera y la juventud para los tumultuosos acontecimientos que están por venir.
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