La burguesía le suelta la mano a Sánchez ¿Y ahora qué? – Editorial de «Lucha de Clases» nº121
El régimen político español atravesó una cierta estabilidad en los últimos años, coincidiendo con los gobiernos de Pedro Sánchez, tras la liquidación de Podemos y del proceso independentista catalán como factores políticos relevantes. El acoso de la derecha, de la extrema derecha y del aparato del Estado, fue utilizado hábilmente por Sánchez para agrupar a su alrededor a los nacionalistas catalanes y vascos, y una mayoría electoral y parlamentaria suficiente, que ha garantizado la continuidad de su gobierno durante más de 7 años. Las direcciones sindicales cumplieron su parte, manteniendo baja la conflictividad laboral pese a la intensa subida de precios, el auge del precio de la vivienda y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. Esta menor capacidad adquisitiva quedó camuflada con la intensa creación de empleo, precario y mal pagado, que permitía a las familias sostener el consumo con más miembros del núcleo familiar trabajando.
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Sánchez, como “mal menor”
Tras esta estabilidad relativa se situaba el auge económico de la economía española, que es la que más crece en la UE y la que más empleo ha creado, a un ritmo de 500.000 empleos netos cada año, sobre las bases débiles que hemos explicado.
Pero también existía otro factor de estabilidad. Y era el hecho de que sectores decisivos de la clase dominante en la industria y los bancos han sostenido durante este tiempo a Sánchez, como el “mal menor” para salvaguardar sus intereses. La inquietud inicial por el apoyo de Podemos, Bildu y ERC a Sánchez (las fuerzas parlamentarias formalmente “Anti-Régimen del 78”), se disipó en poco tiempo, una vez que éstos arrimaron el hombro en aras de la “gobernabilidad” del Estado. Además, la burguesía española ha conseguido los mayores beneficios que se recuerdan bajo el gobierno de Sánchez, y éste ha mantenido el grueso de las contrarreformas del gobierno del PP de Rajoy (2012-2018), con solo unos cambios cosméticos, como fueron la reforma laboral y la Ley Mordaza. En el proceso, tuvimos el desarrollo explosivo de Vox que era visto por este sector de la clase dominante con suspicacia y desconfianza, no por su programa, que no desafía en lo más mínimo los intereses capitalistas, más bien al contrario, sino porque con sus discursos y políticas agresivos e híper reaccionarios, en un eventual gobierno PP-Vox, podía generar inestabilidad social y provocar innecesariamente una reacción radicalizada en sentido contrario en la juventud y amplias capas de la clase obrera.
Sánchez contra las cuerdas
Sin embargo, este periodo “dorado” parece que ha llegado a su fin. Las elecciones de julio de 2023 ya dejaron al gobierno colgando de un hilo, a expensas de Junts. La ley de amnistía a los independentistas condenados por el Procés y concesiones más cosméticas que de fondo (el derecho a utilizar en el parlamento estatal el catalán, vasco y gallego, la promesa de una nueva ley de financiación más favorable para Catalunya, etc.) aseguraron durante dos años el apoyo de Junts al gobierno. Pero el surgimiento de Aliança Catalana por la derecha, que le está comiendo el terreno a Junts, ha obligado a éste a marcar distancias con Sánchez y anunciar su paso a la oposición, aunque sin romper del todo por la presión de la patronal catalana Foment del Treball, que ve con suspicacia un eventual gobierno PP-Vox.
Sin duda, el gobierno de Pedro Sánchez se encuentra en la situación más delicada de su mandato. A la precariedad de sus apoyos parlamentarios se suma el acoso constante de los aparatos judicial y policial, con casos como el de su esposa, Begoña Gómez, o del Fiscal general del Estado, claramente fabricados. También está el caso de corrupción de Koldo-Ábalos-Cerdán, que tampoco ha estado exento de maniobras del aparato policial, a través de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, donde supuestamente anida una llamada “UCO patriótica” destinada a buscar casos de corrupción en el PSOE en íntima relación con la derecha y sus jueces afines. Incluso en este caso, donde sí aparecen claros elementos de corrupción, hay puntos oscuros, como el de Koldo García que parece haber estado ejerciendo de confidente de la Guardia Civil durante 20 años. También están los casos de acoso sexual de algunos cargos públicos del PSOE, aunque estos también se han producido en el PP y Vox. De igual manera, los casos de corrupción también golpean al PP y su entorno (Caso Montoro, exministro de Hacienda de Rajoy que redactaba leyes a pedido de empresas a cambio de dinero, o el del novio de Díaz Ayuso, Alberto González Amador) pero son tratados con parsimonia por los aparatos policial y judicial.
Operación derribar a Sánchez
En este contexto, ahora el sector de la burguesía que ha sostenido al gobierno de Sánchez ha puesto en marcha una operación de acoso y derribo contra él, y contra Sánchez mismo, al entender que ya les ha dejado de ser útil. Quien mejor ejemplifica este giro es el “progresista” diario El País, donde todas sus plumas principales vienen cargando desde hace semanas contra Sánchez, implorándole que adelante las elecciones y renuncie a ser candidato del PSOE. Histéricos por el avance de Vox, a quien además ven como un Caballo de Troya de Trump en España, sobre todo tras los acontecimientos en Venezuela, piensan que es la hora de que un PP “centrado” regrese al gobierno con apoyo exterior del PNV y de un PSOE renovado sin Sánchez. Es más, por alguna razón culpan a Sánchez del auge de Vox. Piensan que la “intransigencia” de Sánchez es la causa de que el PP se haya echado en brazos de Vox. No hay más ciego que el que no quiere ver. Realmente, no hay ninguna diferencia sustancial entre PP y Vox; de hecho, el segundo es una escisión del primero. Ninguno de los dos ha condenado jamás la dictadura franquista, de la que ambos provienen. Tienen los mismos políticos ignorantes y venales al frente, y los mismos lazos directos con la capa más parásita y rentista de la clase dominante.
Al perseguir este objetivo, este sector de la clase dominante camina hacia el mismo sendero del resto de países europeos, que ya pusieron esta política en práctica, con resultados desastrosos para los partidos tradicionales. Al atar a la socialdemocracia al carro de la derecha “liberal”, dejando a Vox como única oposición, no harán más que propulsar a éste aún más, dado el descrédito actual de los dos partidos tradicionales y del resto de la izquierda reformista, SUMAR y Podemos.
Por lo pronto, Sánchez se resiste a tirar la toalla, pese a los resultados electorales adversos de Extremadura en diciembre y, probablemente, de Aragón en febrero.
La derecha no entusiasma
No obstante, hay que decirlo. No hay una mayoría social sólida y entusiasta de apoyo a la derecha. El mismo PP y su dirigente, Núñez Feijóo, están desprestigiados, y esta es la razón del trasvase de sus apoyos a Vox. Sin duda, Vox ha incrementado significativamente su base de votantes, pero parece que tiene un límite, alrededor del 18%, que le cuesta superar. Y esto no tiene nada de extraño, su carácter ultrarreaccionario, y sus vínculos con el sionismo y con Trump, le han granjeado el odio activo de millones de jóvenes y trabajadores. Sus apoyos en la clase obrera se concentran en las capas periféricas, individualistas y más atrasadas políticamente.
Lo que existe es una enorme desmovilización y escepticismo en la base tradicional de votantes de la izquierda y en capas nuevas que le han dado la espalda a la política oficial, a la que consideran inútil para cambiar sus condiciones de vida. Particularmente, sectores significativos de la juventud se están moviendo rápidamente hacia conclusiones revolucionarias ante el caos capitalista y el sufrimiento humano sin límites que ven por todas partes.
Ante un posible adelanto electoral en los próximos meses, sería prematuro aventurar un pronóstico definido. Si no hay un cambio en la situación, la victoria de la derecha parece lo más probable, en medio de una abstención elevada. Pero, como ocurrió en otoño pasado en el clímax de la barbarie genocida de Israel en Gaza, acontecimientos imprevistos pueden actuar como un punto focal que haga salir toda la rabia acumulada, con la movilización de millones en las calles que busquen luego dar una expresión política a su descontento votando contra la derecha, si ésta aparece claramente alineada con el objeto de su furia; como sucedió en las movilizaciones de solidaridad con Gaza.
Por nuestra parte, seguiremos agitando por una salida socialista revolucionaria a la crisis del capitalismo, tanto español como internacional, que barra a este sistema bárbaro e irracional, no importa qué gobiernos se sitúen al frente. El malestar y la indignación creciente están preparando un giro radical hacia la izquierda, y los comunistas revolucionarios debemos prepararnos para estar en las mejores condiciones de encauzar estas energías revolucionarias cuando se desaten.
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