Los gritos de los pijos del Colegio Mayor Elías Ahuja, una cuestión de clase

El pasado miércoles 5 de octubre comenzó a viralizarse un vídeo en el que estudiantes con residencia en el colegio mayor Elías Ahuja de Madrid salían por la ventana a gritar a las  residentes del colegio mayor de chicas Santa Mónica: «Putas, salid de vuestras madrigueras como conejas, sois unas putas ninfómanas, os prometo que vais a follar todas en la capea, ¡vamos Ahuja!».

Desde entonces se han abierto varias polémicas en torno a los hechos y la reacción de ambos colegios mayores implicados. Para analizar estos hechos hay que empezar a tener en cuenta la clase social a la que pertenecen estos universitarios. Si tenemos en cuenta que tal como informó Público, que por este colegio mayor han pasado actuales políticos del PP y Vox y que la cuota que pagan las familias ascienden a los 1.2000€ al mes, nos podemos hacer una buena idea de qué tipo de gente estamos hablando. Igual ocurre con el colegio mayor femenino a cuyas residentes iban dirigidos los gritos bárbaros e insultantes.

Ante la difusión de los videos y la repercusión y el rechazo generalizado en redes sociales, el colegio mayor se ha visto obligado a pedir disculpas y a expulsar a un alumno. Por su parte, el Colegio Mayor Santa Mónica lanzó un comunicado apoyando a sus vecinos y justificando los hechos como parte de una tradición.

Estos hechos no hacen más que mostrar a las claras la imagen que tienen estos pijos sobre la mujer y cómo piensan que deben ser tratadas. Ya los conocemos, este tipo de gente son los mayores clientes de prostíbulos o quienes abusan de su posición de poder para acosar y/o agredir sexualmente a sus subordinadas en los centros de trabajo.

Ellas los justifican por una cuestión de clase. Esas chicas son las hijas de las mismas familias pudientes y no han hecho más que cerrar filas para preservar sus intereses de clase. No dudan en aceptar una posición de inferioridad con respecto a cualquier hombre de la burguesía, si ello les garantiza mantener su estatus social, que les coloca por encima de cualquier hombre o mujer de la clase trabajadora y les permite tener una vida despreocupada y de lujo.

Es por ello que los marxistas rechazamos la unidad de las mujeres de la clase trabajadora con las mujeres de la burguesía, porque las burguesas siempre se beneficiaran de la lucha de las mujeres obreras por demandas democráticas, que les permitan tener más cuota de poder, pero no dudarán en defender los intereses de la burguesía cuando esa lucha suponga un cuestionamiento de sus privilegios. De hecho son ellas mismas, las mujeres de la burguesía, las que en el ámbito empresarial o político, llevan a cabo acciones que oprimen a la clase obrera.

La brecha salarial, la mayor dificultad para encontrar empleo, las condiciones más precarias en el trabajo, la carga de las tareas domésticas, el hecho de que las mujeres seamos las que tomemos  la mayoría de excedencias para cuidar a hijos/as o familiares dependientes… Son estas las condiciones de vida que nos impone el sistema capitalista y que nos colocan socialmente en una situación de subalternancia con respecto al hombre y son, por lo tanto, el origen de todos los prejuicios, comportamientos y actitudes que implican el menosprecio, las vejaciones y las agresiones que sufrimos en nuestro día a día. En pocas palabras, a las mujeres de la clase obrera, el capitalismo nos condena a una doble opresión, como mujeres y como trabajadoras. Por lo tanto, la lucha por nuestra emancipación completa debe ser sobre la base de una lucha por la superación del sistema capitalista y por una transformación socialista de la sociedad que elimine las condiciones materiales que permiten la desigualdad.

Esta lucha debe ser de forma unida con nuestros compañeros de la clase trabajadora porque la lucha por la revolución socialista requiere inexcusablemente de la unidad de toda la clase obrera, sin distinción de sexo, color, orientación sexual, religión, etc, y porque la mejor manera de combatir los prejuicios que aún tienen muchos compañeros hacia la lucha de las mujeres y las actitudes machistas que puedan tener, por influencia de la ideología de la clase dominante, es incorporarlos a nuestra lucha y sensibilizarlos de nuestra situación.

Debemos levantarnos y responder de forma contundente y unida ante cada agresión, cada discriminación y cada vejación, como la de los pijos del Colegio Mayor Elias Ahuja, y sin duda la clase obrera, y sobre todo la juventud, debemos organizarnos para luchar por una transformación socialista de la sociedad, que establezca la base para poder vivir en plena igualdad plena, sin ningún tipo de opresión y como personas verdaderamente libres.

Imagen de portada: EPE

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