Papeles del 23F: Un maquillaje escandaloso de la monarquía
El pasado 25 de febrero se desclasificaron “153 unidades documentales” que, según el gobierno, incluyen “todos” los documentos oficiales relacionados con el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, el 23F.
El “liberal” diario El País solo tardó una hora en anunciar, aliviado, que no había ningún papel que comprometiera a Juan Carlos I con el golpe.
Paralelamente, todos los palmeros del régimen en las tertulias de TV, el archirreaccionario Felipe González, los dirigentes del PSOE y del PP, celebraban al unísono. Por fin quedaba acreditado, sin ninguna duda, que “Juan Carlos detuvo el golpe y salvó la democracia”. Fin de la historia.
En realidad, se trata de una operación desvergonzada de maquillaje. Del material desclasificado han sido eliminados los archivos de vídeo y audio, y las conversaciones y llamadas durante la tarde-noche del 23F entre el Palacio de la Zarzuela (Juan Carlos) y los cabecillas del golpe (Armada, Milans del Bosch), salvo frases aisladas.
Baste decir que el exdirector del CNI en el primer gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, Alberto Saiz, afirmó en una entrevista en el programa “Salvados” de La Sexta: “Desde el 23F han desaparecido muchos papeles. Al menos esta es la información que yo recibí nada más llegar. Es decir, allí había habido un proceso de eliminación de documentación de aquellos turbios años y, por tanto, los archivos estaban muy empobrecidos”.
Incluso, en los papeles desclasificados, la censura es evidente. Numerosos nombres aparecen tachados, incluidos los grupos económicos que apoyaron el golpe.
El reputado historiador Julián Casanova declaró enfáticamente en TVE que es “imposible” que Juan Carlos no conociera los preparativos del golpe, como Jefe de Estado y del Ejército.
Lo que sí han aportado los papeles es la confirmación de que los servicios secretos (CESID, antecesor del CNI) estaban implicados. La “prueba” de “lealtad” con la democracia que esgrimen quienes exculpan a Juan Carlos es que algunos oficiales implicados aparecen criticando al Rey y llamándolo traidor por desmarcarse del golpe. Pero eso ya se sabía, y ocurrió cuando Juan Carlos y su entorno comprendieron que el golpe era una aventura y que podría terminar desacreditando a la monarquía ante la población.
No obstante, los documentos aportan información interesante sobre la respuesta del movimiento obrero al golpe, que fue tomado completamente de improviso. Se habla de asambleas populares en pueblos como Lebrija (Sevilla) la misma tarde del 23F, juramentándose para no dejar pasar el golpe, o la convocatoria de una huelga general de 2 horas convocada tímidamente por UGT y CCOO que tuvo un acatamiento unánime en las grandes empresas, o de manifestaciones convocadas por pequeños grupos de la izquierda radical.
El golpe no fracasó por las credenciales democráticas de Juan Carlos y del ejército. Audios filtrados en el programa “Mañaneros” de TVE muestran que casi todos los jefes del ejército estaban dispuestos a secundar el golpe si lo pedía Juan Carlos. El entonces Jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campos, dejó testimoniado antes de morir que él convenció a Juan Carlos para que se desmarcara del golpe. Así, este fracasó porque los sectores decisivos de la clase dominante consideraron que era prematuro y que podría detonar una respuesta insurreccional desde abajo.
La realidad es que había en marcha un “golpe blando” con el objetivo de echar a Adolfo Suárez del poder, al resistirse este a dimitir. La burguesía y los militares lo culpaban del caos económico-social y de blandura frente a las acciones armadas de ETA. Pretendían imponer un gobierno cívico-militar con participación de la UCD, el PSOE, AP (antecedente del PP) y miembros aislados del PCE (Ramón Tamames). Lo grave es que dirigentes del PSOE y Tamames parecían apoyar esto. Pero la dimisión de Suárez desactivó esta perspectiva. Un sector del ejército no lo aceptó, y siguió adelante con la complicidad o, al menos, la actitud ambigua de Juan Carlos, que a última hora los traicionó.
Por falta de espacio no podemos profundizar en el contexto y las ramificaciones de la conspiración. Recomendamos a nuestros lectores la lectura del apasionante libro testimonial sobre el 23F y la Transición en su conjunto, La Gran Traición, escrito por el historiador y teórico marxista británico, Alan Woods, que fue testigo en España de los acontecimientos en esa época.
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