¿Qué han hecho los “moros” por nosotros?
En la divertida película La vida de Brian, se escenifica una reunión conspirativa de rebeldes judíos opuestos a la dominación romana en Judea. De pronto, uno de ellos, exclama indignado, a modo de reproche contra los invasores: “¿Qué han hecho los romanos por nosotros?”. A continuación, todos los presentes van detallando uno a uno los avances conseguidos: acueductos, carreteras, alcantarillado, baños públicos, etc.
Queremos tomar como excusa esta escena alegórica para abordar, como irónicamente plantea el título de nuestro artículo, qué aportó a la cultura y al desarrollo de la humanidad la civilización musulmana y, de paso, la Hispania islámica (Al-Ándalus).
Abordamos este tema –de manera fragmentaria, limitada e insuficiente por razones de espacio– no por amor abstracto a la cultura y a la historia. Es una respuesta modesta, pero de combate, a todos los reaccionarios e ignorantes de la derecha y la ultraderecha, española y occidental, que han tomado como chivos expiatorios de todos los problemas de la sociedad capitalista a los inmigrantes, y muy particularmente a los “moros”, como despectivamente llaman a las personas originarias del mundo musulmán y a sus descendientes. Así pues, recogemos el guante de estos reaccionarios y respondemos a su pregunta: ¿Qué han hecho los “moros” por nosotros?
El advenimiento de la civilización musulmana en la historia, en el siglo VII de nuestra era, fue uno de los grandes acontecimientos de la historia de la humanidad. En menos de un siglo, desde el 622 al 718, lo que empezó como un movimiento de tribus semitas apartadas en un rincón de la península arábiga, culminó en la formación de una nueva civilización que abarcaba desde el Asia Central hasta el sur de Francia.
El éxito de la expansión musulmana se explica por la crisis y decadencia de los imperios y sociedades con los que se encontraba a su paso, así como por el mensaje igualitario que transmitía el Islam original, y que impactó de lleno en las miserables condiciones de vida de millones de campesinos y artesanos empobrecidos. Persia, Siria, Palestina y Egipto, las zonas más ricas del decadente imperio bizantino, fueron incorporadas al naciente dominio musulmán. En el caso del reino visigodo de Hispania, en la actual península ibérica, la conquista solo duró 3 años, lo que se explica por la descomposición interna del reino y porque los árabes y bereberes que componían los ejércitos invasores fueron recibidos como libertadores por el grueso de la población hispana. Frente a las mentiras y distorsiones de los fundamentalistas islámicos y de la ultraderecha occidental, la civilización musulmana toleraba las demás religiones, a cambio de pagar una modesta contribución que en cualquier caso era menos onerosa que los impuestos que padecían los campesinos y artesanos de sus amos anteriores.
Como explica Alan Woods:
“Los árabes se adueñaron de las provincias más ricas del Imperio romano [bizantino], incluyendo las magníficas metrópolis de Alejandría y Antioquía. Esto dio lugar al despertar espiritual e intelectual de este nuevo imperio, que afectó también a los conquistadores musulmanes. A pesar de los intentos posteriores de los llamados fundamentalistas de interpretar el islam en clave estrecha y fanática que niega el pensamiento independiente y la iniciativa cultural, en su etapa originaria la revolución islámica dio un potente impulso a la cultura, el arte y la filosofía”. (Alan Woods, Historia de la Filosofía, Pág. 126. Edic. Lucha de Clases)
Los musulmanes hicieron grandes avances en múltiples campos, como geografía, agricultura, física, química, matemáticas, medicina, farmacología, arquitectura o astronomía.
En contacto con la cultura de viejas naciones y pueblos más avanzados, los eruditos musulmanes estudiaron las antiguas civilizaciones de Grecia, Roma, Persia, China y la India. Las obras de Aristóteles, Ptolomeo, Euclides, y otros, fueron traducidas al árabe, y de ahí fueron vertidos al latín desde donde entraron en Europa a través de la Hispania musulmana (Al-Ándalus). Era tradición en todos los eruditos musulmanes, incluidos los nacidos en Al-Ándalus, hacer largos viajes por todo el mundo musulmán para contactar y trabajar junto a otros eruditos y sabios, adquirir libros y escribirlos, y poner en práctica sus conocimientos.
La grandeza de la cultura islámica no fue haber creado algo nuevo desde la nada, sino haber fundido en un crisol los conocimientos más avanzados de la antigüedad y de su época, sueltos y diseminados en el oriente y en partes del imperio bizantino, y haberlos aunado y elevado a un nivel superior de desarrollo, añadiendo sus propias aportaciones, para depositarlos en el umbral de la Europa prerrenacentista para que ésta tomara el relevo en el desarrollo del pensamiento humano a partir de los siglos XV y XVI. Esta fue la gran contribución de los “moros” a la humanidad en su época clásica de desarrollo.
Trataremos de detallar, sucintamente, algunas de estas aportaciones y mencionaremos las personalidades más descollantes.
Contenido
- 1 Las ciencias naturales
- 2 Matemáticas
- 3 Astronomía
- 4 Geografía
- 5 Medicina
- 6 Aeronáutica
- 7 Educación y cultura
- 8 Agricultura
- 9 Filosofía
- 10 Sociología
- 11 Economía
- 12 Literatura y música
- 13 Maravillas arquitectónicas
- 14 Lo “moro” está entre nosotros
- 15 La responsabilidad imperialista en el “atraso” actual del mundo árabe
Las ciencias naturales
Los musulmanes introdujeron el papel (procedente de China) y lo fabricaron a gran escala, lo que favoreció y multiplicó la publicación de libros. También introdujeron la pólvora, siendo utilizada para fines militares por primera vez en Al Ándalus.
Dieron un poderoso impulso a la química, nombre que deriva de Alquimia, creada por ellos para fines mágicos pero que les permitió, en el proceso, inventar el alambique y la destilación y descubrir y sintetizar los ácidos sulfúrico, clorhídrico y nítrico. También la palabra alcohol tiene origen árabe. En este campo, la figura principal fue el científico de origen persa del siglo VIII, Ŷabir ibn Hayyan, conocido en Occidente como Geber.
Igualmente, desarrollaron la zoología y la botánica para fines farmacéuticos.
En el campo de la botánica, destacó el malagueño Ibn-Baytar (1197-1248) y el agrónomo Ibn al-Awam, a quien debemos un exhaustivo y valioso tratado de agricultura. Todos ellos influyeron decisivamente en la Europa contemporánea, y sus textos fueron estudiados hasta bien entrado el siglo XVII.
Matemáticas
Los árabes introdujeron el cero en las matemáticas; de hecho, la palabra “cero” es de origen árabe, igual que la palabra “cifra”. También introdujeron el sistema numérico que usamos actualmente, y que había sido inventado por los hindúes (los llamados números arábigos), lo que dio un poderoso desarrollo al cálculo matemático.
El primer gran matemático musulmán, Al-Juarizmi, desarrolló el campo del álgebra (al-Jabr). El trabajo de Al-Juarizmi, traducido al latín, dio origen a las palabras “algoritmo” y “guarismo”, que derivan de su nombre.
Gracias al álgebra, llegaron a resolver ecuaciones. Las necesidades prácticas les llevaron a proponer fórmulas aritméticas y geométricas para calcular superficies, volúmenes, distancias, creando la trigonometría.
En al-Ándalus destacaron en el campo de las matemáticas numerosos autores, como el madrileño Maslama al-Mayriti, Ibn Mu’ad, al-Mu’taman ibn Hud o Ibn Bayya (Avempace), entre otros.
Astronomía
Los musulmanes inventaron el astrolabio moderno y el cuadrante para orientarse en la navegación. Paradójicamente, en esto influyó también la necesidad de ubicar la dirección de la Meca en el amplio orbe musulmán para construir las mezquitas, dirigir los rezos o sacrificar animales. Las tablas astronómicas elaboradas por los musulmanes en la Edad Media fueron utilizadas en Europa hasta el siglo XVIII, entre quienes se incluían Copérnico, Ticho Brahe, Kepler y Galileo.
El persa Al Biruni, formuló como una posibilidad lógica el movimiento de la tierra alrededor del Sol, en el año 1000, casi 500 años antes que Copérnico, para que fuera congruente el cambio de posición observado de las estrellas a lo largo del año. También calculó el radio de la esfera terrestre con un error inferior al 1% de su valor medio actualmente aceptado; el mundo occidental no llegó a tener un resultado equivalente hasta el siglo XVI.
Geografía
Una de las aportaciones más significativas en este campo fue el «Libro de Roger» del geógrafo árabe Al-Idrisi. Este texto, escrito en el siglo XII, recopilaba conocimientos geográficos de diversas culturas, incluyendo información detallada sobre regiones, pueblos, recursos naturales y rutas comerciales. Al-Idrisi no solo recopiló datos geográficos, sino que también los representó cartográficamente, contribuyendo así al desarrollo de mapas y sistemas de navegación.
Medicina
En medicina sus avances fueron notables, diseccionaron cadáveres (prohibido en la cultura cristiana medieval) lo que les hizo dar avances en la cirujía. Crearon los primeros hospitales (llamados maristanes), en una fecha tan temprana como el 636 en el actual Irán, y luego los extendieron por el todo el mundo islámico. En la Europa cristiana habría que esperar al siglo XVI.
Un personaje como Ibn al-Haytham (Alhacén), nacido en el actual Irak a fines del siglo X, sentó las bases de la óptica moderna al descubrir que la luz viaja en línea recta del objeto al ojo. Sus contribuciones incluyen el desarrollo de la «cámara oscura«, y la invención de las primeras lentes de lectura o lupas, antecedente de las actuales gafas. Algunos derivan, justamente, el origen de la palabra “gafas”, en castellano, del científico hispano-musulmán cordobés, Al-Gafiqi, quien describió las lentes de lectura en su “Guía del oculista”. Al-Gafiqi fue uno de los mejores oculistas de su época, y llevó a cabo cirugía de cataratas.
El «Canon de Medicina» de Avicena, escrito en el siglo XI, se convirtió en un referente clave en el campo de la medicina durante siglos. Avicena, originario de la antigua Persia, recopiló el conocimiento médico de la antigüedad, incluyendo a Hipócrates y Galeno, y lo combinó con sus propias observaciones y teorías innovadoras. Su enfoque científico y sistemático sentó las bases para la medicina moderna, abordando temas que van desde la anatomía y fisiología hasta la farmacología y la terapéutica.
El hispano-musulmán Abulcasis, nacido en Medina Azahara en el 936, es considerado el «padre de la cirugía moderna» y el mejor cirujano de la Edad Media. La obra principal de Abulcasis es el al-Tasrif, una enciclopedia de medicina práctica de treinta volúmenes. El capítulo sobre cirugía de este trabajo fue traducido al latín, convirtiéndose en un libro de texto de referencia en Europa en los siguientes cinco siglos. Inventó el fórceps y fue pionero en el uso del hilo quirúrgico para cerrar heridas.
Ben Al- Jatib, el constructor principal de la Alhambra de Granada, diplomático, historiador y médico, fue autor del Tratado sobre la peste (1349), donde se explica por primera vez la noción de “contagio”, producido por el contacto entre personas y objetos manipulados, y recomienda el aislamiento para evitar la propagación de la epidemia. Aunque religioso sufí, en esta misma obra escribe la afirmación audaz y materialista: “Debe sentarse el principio de que cualquier prueba originada por la tradición debe ser modificada cuando está en contradicción con la evidencia percibida por los sentidos” (Ver Concepción Vázquez, La materia médica de Ibn Al Jatib, Pág. 140). Esto fue 200 años antes de que los primeros filósofos empiristas ingleses formularan una conclusión semejante, en lo que tradicionalmente es considerado el origen del materialismo filosófico moderno.
Aeronáutica
Ben Firnās, nacido en Ronda (Málaga) a comienzos del siglo IX, poeta y químico, fue precursor de la aeronáutica. Casi 700 años antes que Leonardo da Vinci, construyó el primer planeador de transporte humano, similar a un paracaídas. Incluso realizó un breve vuelo exitoso con él, que es considerado el primer vuelo humano.
Educación y cultura
No había ninguna ciudad que no contara con una o más bibliotecas públicas y privadas, con escuelas y estudiantes dependientes de las mezquitas, que eran al mismo tiempo centros religiosos y educativos. Incluso las mujeres recibían instrucción elemental en su casa. Se alentaba la búsqueda de libros o copias de los mismos por todo el orbe musulmán. En lo urbano proliferaban los baños públicos, en claro contraste con el oscurantismo, atraso y suciedad de los reinos cristianos primitivos del norte de la península y del resto de Europa. ¡No es casualidad que la palabra “jabón” también sea de origen árabe!
Una de las bibliotecas andalusíes más importantes fue la del califa cordobés al-Ḥakam II (961-976) en Córdoba. Según los historiadores, la biblioteca contaría con unos 40.000 volúmenes, incluyendo muchas obras griegas provenientes de Bizancio (actual Constantinopla). En aquel momento, Córdoba era, con diferencia, la mayor ciudad y la más rica y fastuosa de toda Europa.
También fueron los musulmanes quienes crearon las primeras universidades, más de un siglo antes que la Universidad de Bolonia, la más antigua de Europa (1080). Tales fueron la Universidad de Al-Qarawinyyin, en Fez (actual Marruecos) en el año 859 y la Universidad de Al-Azhar en El Cairo (actual Egipto), en el 972.
Agricultura
Los avances en infraestructuras agrícolas fueron incontestables: inventaron la noria y la introdujeron en Al-Ándalus. También introdujeron nuevos cultivos: arroz, naranja, zanahoria, la seda, el algodón, la alcachofa, el café, el papel, el limón, el melón, la granada, o la caña de azúcar.
Extendieron el sistema de canalización subterránea, existente en la antigua Persia, y construyeron acequias que dieron origen a la robusta agricultura de regadío del levante español y del sureste andaluz.
Filosofía
En los primeros tiempos del Islam en Oriente pronto se cultivó la ciencia de la filosofía y la lógica en un clima de tolerancia religiosa e intelectual. En al-Ándalus se introdujeron las primeras traducciones al árabe de los filósofos griegos, en especial Aristóteles, y fue surgiendo un pronunciado interés por esta materia. El propulsor del estudio de la filosofía fue Ibn Masarra, autor del siglo X. El siglo XII vio florecer al zaragozano Ibn Bayyah (Avempace), y a su discípulo Ibn Tufayl, cuya obra, El filósofo autodidacta, tuvo una honda repercusión entre los cristianos.
Pero sin duda, el que más influyó, tanto en el mundo musulmán como en toda Europa, fue el cordobés Averroes (Ibn Rushd, 1126-1198), a través del cual y de sus comentarios fue redescubierto en Occidente el pensamiento de Aristóteles.
Sociología
Una de las figuras más brillantes del pensamiento musulmán fue Ibn Jaldún, tunecino procedente de una familia andalusí emigrada tras la conquista cristiana de Sevilla, a mediados del siglo XIII. Su obra enciclopédica, Al-Muqqadimah, de mediados del siglo XIV, abarca múltiples campos del conocimiento en historia, economía y geografía, lo que hoy llamaríamos sociología, además de algunos temas religiosos. Justamente por eso, es considerado el fundador de la sociología.
Aun siendo creyente y místico, adopta ideas materialistas. Ibn Jaldún desdeña las leyendas y los mitos religiosos para explicar el origen de las hechos históricos, exige una explicación racional y documentada para todo. Afirma que la cultura nace con la vida sedentaria. Así explica por qué la gran mayoría de los grandes pensadores, científicos y literatos musulmanes no eran árabes –pues éstos, al proceder del nomadismo, partían de un estadio cultural más bajo– sino de los pueblos más civilizados, fundamentalmente persas, incluso bereberes.
Ibn Jaldún afirma: «sin trabajo no se obtendría nada». Define el «sustento» como la adquisición de los medios de vida indispensables a través del trabajo, y afirma que el beneficio y la ganancia también son fruto del trabajo humano, declarando: «los beneficios y las ganancias en su totalidad, o en parte, no son más que el valor del trabajo humano». De esta manera, Ibn Jaldún anticipó algunas de las conclusiones más importantes de la economía clásica moderna ¡400 años antes que Adam Smith!
Economía
Fue tan intenso el comercio en toda la cuenca del Mar Mediterráneo, a través de los diferentes territorios musulmanes, y entre éstos y el naciente capitalismo en el norte de Italia y el Condado de Barcelona, que términos de origen árabe como aduana, arancel y tarifa, quedaron incorporados en la terminología económica internacional moderna.
Literatura y música
La prosa y la poesía fueron dos disciplinas altamente valoradas por musulmanes de la edad media, y por los andalusíes en particular. La época de los “reinos de taifas” en Al-Ándalus (siglos Xi-XII) supuso también una “descentralización” del saber. Los reyes de taifas compitieron entre sí por lograr el más alto grado de erudición y la corte más sabia, y cultivaron en especial la poesía. Uno de los poetas que alcanzaron más alta fama fue el rey de la taifa de Sevilla, al-Mu‘tamid. Otro poeta destacado fue Ibn Zaydun (1003-1071), lo mismo que su amante, la princesa Wallada. Es una gran tragedia que esta poesía hermosa y delicada, de una calidad artística muy superior a la lírica coetánea de la Hispania cristiana o a la europea, haya sido vetada durante siglos a los estudiantes españoles en la programación de los cursos académicos, siendo tratado como “extranjera”. Otros poetas renombrados fueron al–Ramadi (m. 1015) y, siglos más tarde, Ibn Zamrak, el poeta del siglo XIV que plasmó sus versos en los muros de la Alhambra. En al-Ándalus proliferaron grandes músicos, entre los que cabe destacar el célebre Ziryab, procedente de Bagdad en el siglo IX, quien, además de revolucionar las modas en el vestir, la cosmética y la cocina, fue un magnífico tañedor de laúd, instrumento al que agregó una quinta cuerda, antecedente de la actual guitarra.
Maravillas arquitectónicas
El arte musulmán, en particular su arquitectura, no tiene parangón en cuanto a belleza, estilo y sensibilidad. Muestras de ello en el Estado español tenemos la Alhambra de Granada, la Mezquita de Córdoba (que corre peligro de supervivencia en las manos codiciosas de la Iglesia Católica), el Alcázar y la Giralda de Sevilla, o el palacio de la Aljafería en Zaragoza. Recomendamos a nuestros lectores mirar la película Los constructores de la Alhambra, que recrea muy fielmente la historia de este monumento, uno de los más visitados del mundo, y todas las vicisitudes de esa etapa en el reino “moro” de Granada, donde destaca la figura de Ibn Al-Jatib, el gran erudito y personalidad del Al-Ándalus tardío que ya mencionamos. Fuera de la arquitectura, hicieron contribuciones originalísimas en la manufactura de cerámicas y del vidrio.
Lo “moro” está entre nosotros
Lo “moro” está entre nosotros. Alrededor de 4.000 palabras del castellano provienen del árabe. Esto representa aproximadamente el 5% de su vocabulario; es decir, una de cada veinte palabras. Es llamativo que los arabismos se concentren en los campos creativos de la actividad humana: construcción (albañil, adoquín, azulejo, barrio, arrabal), agricultura (acequia, noria, albahaca, azafrán, algodón), alimentación (aceite, azúcar, arroz, alfajor, albóndiga, café), arquitectura (azotea, zaguán, tabique, alhóndiga), mobiliario (alcoba, almohada, diván, sofá, alfombra) o la ciencia (álgebra, algoritmo, alcohol, química, azufre, alambique, jarabe); frente a la pobreza inicial de las lenguas romances en el campo del conocimiento de su época. Por no hablar de expresiones populares como: ojalá, olé, fulano, mengano, titiritero, baladí, arroba, etc. Incluso una de las preposiciones más importantes de la lengua castellana es de origen árabe: hasta.
Nueve capitales de provincia, incluida la capital del Estado, fueron fundadas por los musulmanes: Madrid, Granada, Almería, Albacete, Badajoz, Alicante, Guadalajara, Murcia, Lleida; por no hablar de los cientos de pueblos y localidades fundados a lo largo de la geografía peninsular, como delatan sus nombres.
Instituciones seculares, aún en funcionamiento, como el Tribunal de las Aguas de Valencia, tienen su origen en la época musulmana.
En la gastronomía está acreditado el origen morisco de la paella valenciana y del cocido, así como numerosos dulces y postres, sobre todo en Andalucía, Valencia y Murcia.
Gran parte del actual folklore español ubicado desde el arco dibujado por el Ebro y el Duero hasta el sur: como el flamenco, la Jota, el Cant d’estil valenciano, las tonadas campesinas de la Mancha y Andalucía, los cantes serranos andaluces (fandangos, verdiales) y hasta (¡oh, sorpresa!) los villancicos de Navidad, tiene su origen o influjo en la población mudéjar, mozárabe o morisca asentada en todas estas zonas conquistadas por los cristianos del norte.
Consecuentemente, gran parte de los instrumentos musicales de nuestro folklore tienen también un origen andalusí: la guitarra/Laud, los timbales, el triángulo, los platillos, panderos, panderetas, y el acompañamiento con las palmas de la mano.
Se ha exagerado por motivos ideológicos y religiosos la extirpación de lo “moro” en la sociedad española. En primer lugar, hay que decir que cuando hablamos de musulmanes o “moros” en la península ibérica, entre los siglos VIII y XVII, asumimos que el 90% eran de origen étnico hispano, sin vinculación étnica con los árabes y los bereberes norteafricanos, más allá que muy pronto estas dos poblaciones se diluyeron en la mezcla con la población hispana nativa. Aun así, es significativa la ascendencia bereber en el noroeste español. Así, numerosos estudios atestiguan que los “maragatos”, en la comarca leonesa de la maragatería, son de origen bereber o morisco. Tal parece ser también el origen de los “mercheros” o “quinquis”. A los reaccionarios y ultraderechistas hispanos les produce urticaria tener que reconocer que, en algún momento, millones de hispanos adoptaron voluntariamente la religión islámica y que defendieran sus creencias y modo de vida con la espada en la mano durante siglos. Como bien afirma Alan Woods en la obra citada:
“Lejos de perseguir a otros credos, los árabes de España eran mucho más tolerantes que los cristianos, tanto antes como después del dominio islámico. Protegieron todas las religiones y dieron de inmediato la libertad de culto a los judíos oprimidos. Recordemos que más tarde la Inquisición española expulsó salvajemente a los judíos de España. Como los gobernantes mogoles de la India, fomentaron los matrimonios mixtos entre los conquistadores y los conquistados para lograr la fusión de ambos pueblos. Desarrollaron la agricultura y fueron los demiurgos de las maravillas arquitectónicas de Granada, Córdoba y Sevilla. No es de extrañar que una parte importante de la población española se convirtiera al islam, y demostrara su lealtad luchando para proteger su tierra y sus libertades contra los ejércitos de la reacción cristiano-feudal en el norte”. (Íbídem, Pág. 127).
Oficialmente, se admite la expulsión de 200.000 moriscos en el siglo XVII, aunque una parte indeterminada regresó clandestinamente. Incluso aceptando que, en los siglos anteriores a la expulsión de 1609-1614, otros varios cientos de miles de musulmanes emigraran fuera de Al-Andalus, había varios millones más de sus descendientes que permanecieron en la península ibérica. Por ejemplo, en la época de mayor esplendor del Califato de Córdoba, vivían aquí varios millones de personas. Es decir, había millones de hispanos arabizados (fueran musulmanes, cristianos o judíos), y con su bagaje linguístico, cultural y gastronómico, se integraron en los nuevos reinos cristianos conforme avanzaba la conquista. Allí perdieron su lengua y religión (si fuera el caso) con el paso de las generaciones, incluso la conciencia de su origen anterior, pero conservando gran parte de su bagaje acumulado. Esto explica la pervivencia que hemos señalado de las palabras, el folklore, la gastronomía, etc. Apellidos como Benjumea, Benavides, Chaves y Chávez, Gálvez, Marín, Benegas o Venegas, Albarrán, Godrid, Rabadán, Alabadí, Alcantud, y cientos más son de origen árabe o morisco, y muchos cientos de miles de mudéjares y moriscos adoptaron nombres y apellidos cristianizados (en castellano, aragonés o catalán) para diluirse en el seno de la sociedad hispana durante siglos.
Como bien dice el historiador Enrique Soria Mesa, “la investigación que llevo realizando a lo largo de los últimos tres años demuestra sin género de dudas que, cuando menos en lo que respecta al reino de Granada, se cuentan por millares los moriscos que lograron quedarse en su solar originario a pesar de todas las órdenes regias”. (Los moriscos que se quedaron. La permanencia de la población de origen islámico en la España Moderna. Reino de Granada, siglos XVII-XVIII).
Es significativo que en una fecha tan tardía como 1727; es decir, más de un siglo después de la supuesta expulsión total de la población morisca de los reinos hispanos, se descubriera una comunidad clandestina de musulmanes en Granada, compuesta ¡por unas trescientas personas! que mantuvieron en el más absoluto secreto la práctica de su religión (Íbidem). Y si este era el caso de descendientes de moriscos que conservaban la clara conciencia de sus orígenes y hasta de su religión, podemos multiplicar este número por 100 o por 1000 para el caso de aquellos descendientes de mudéjares y moriscos que habían perdido dicha conciencia en los siglos precedentes.
Resulta, por tanto, bastante patético cuando los racistas y españolistas más acérrimos nos hablan de que los “moros” deben respetar y aceptar “nuestras” costumbres y cultura, cuando muchas de éstas se asientan en la herencia que dejó la civilización musulmana en la Península Ibérica en los siglos anteriores a la formación del Estado español.
Llegado a este punto, es justo reconocer la amplitud de miras y cultural de un rey castellano como fue Alfonso X “El sabio”, a diferencia de sus descendientes en la derecha española, que creó en el siglo XIII la Escuela de Traductores de Toledo, para traducir al latín y al castellano las obras de incalculable valor científico y cultural de los musulmanes, desde donde se difundieron por toda Europa.
De manera que sí, lo “moro” vive entre nosotros, por mucho que esto hiera el orgullo de los racistas y reaccionarios que quieren extirpar de la historia de nuestra geografía peninsular esta parte de nuestra herencia de la que debemos sentir orgullo por lo que representó de avance y luz en una etapa del desarrollo de la humanidad.
La responsabilidad imperialista en el “atraso” actual del mundo árabe
Es una realidad que la “edad de oro” de la civilización musulmana quedó muy atrás hace siglos. La historia ha conocido innumerables civilizaciones avanzadas (como en Egipto, Grecia o Roma) que alcanzaron la cúspide de su desarrollo y, en determinada etapa, se estancaron y declinaron, hasta desaparecer. Esta es una regla histórica en todas las sociedades basadas en la división de clases y la propiedad privada. Y el destino del capitalismo tampoco será una excepción a esta regla. Marx explicó este proceso hace tiempo. La base del desarrollo de la sociedad humana es el desarrollo de las fuerzas productivas (la ciencia, la tecnología, la industria y agricultura, y la cultura). Cuando este desarrollo entra en contradicción con la estrechez de las formas de propiedad imperantes, dicha sociedad humana entra en crisis, se estanca y es sustituida por otra formación social más avanzada. Y si no encuentra un sustituto adecuado, se produce un paso atrás hacia el declive socio-cultural y la barbarie, como vimos en Europa tras la caída del imperio romano.
Al final, el mundo musulmán de la Edad Media tardía se estancó en el estrecho marco del autoconsumo localista, el declive de las rutas comerciales en el Mediterráneo, desplazadas hacia el Atlántico; las guerras de pillaje constantes y el parasitismo de las castas dominantes, ejemplificado en el lento declive y putrefacción del imperio otomano, que ejerció el dominio en el mundo musulmán desde mediados del siglo XV hasta comienzos del siglo XX.
La dominación y el saqueo imperialista del mundo árabe, a cargo del imperialismo occidental desde entonces, no ha hecho más que agravar el atraso de esta región hasta conducir a amplias zonas a una verdadera barbarie con la serie de guerras y masacres que la han sacudido durante décadas. En relación al atraso cultural y religioso, hay que decir que fueron los servicios secretos occidentales y proimperialistas (de EEUU, Gran Bretaña, Francia e Israel), quienes promovieron y financiaron los movimientos de fundamentalismo islámico reaccionario para oponerlos a las tendencias seculares y socialistas que empezaron a emerger en la lucha de estos pueblos contra la opresión imperialista a lo largo del siglo XX. En Egipto, Sudán, Irak o Irán, se formaron poderosos partidos comunistas de masas entre las décadas de 1930 y 1960. Fueron los británicos quienes promovieron a los Hermanos Musulmanes en Egipto a fines de la década de 1920, o EEUU quien promovió a los talibanes y a los antecesores de Al-Qaeda (Bin Laden) al final de la década de 1970, e Israel quien promovió y financió a Hamás desde fines de la década de 1980. Al final, el perro terminó mordiendo a su amo, aunque eventualmente se reconcilian para coordinar esfuerzos contra enemigos comunes como vemos en la relación estrecha entre la los restos de la antigua Al-Qaeda y el ISIS con EEUU, Israel y la UE, por ejemplo, en la actual Siria.
Los reaccionarios y racistas utilizan la pobreza y miseria actual que asolan a los países musulmanes, aquejados por guerras y fanatismo religioso, cuya responsabilidad última es del imperialismo, para extender todo tipo de prejuicios contra los “moros”. Igualmente, es responsabilidad de los países capitalistas e imperialistas las la de refugiados y migrantes del mundo árabe tras destruir sus países con el saqueo de décadas y las guerras criminales que lo acompañan. Así pues, el problema del atraso social y cultural actual que asola esta región no proviene de la religión islámica en sí ni de las “costumbres” populares en esta región, sino de la terrible opresión y violencia que han ejercido durante el último siglo las potencias capitalistas occidentales, conduciendo a un infierno viviente la situación de millones de personas en Oriente Medio.
Para terminar con esta terrible opresión material y espiritual, sólo hay una salida: la revolución socialista en todo Oriente Medio y el mundo árabe con el derrocamiento y expropiación de las camarillas proimperialistas teocráticas y semifeudales que están al frente. Esto también daría un estímulo poderoso a la revolución social en occidente. Una vez los pueblos árabe, druso, turco, bereber, y kurdo de esta amplísima y antiquísima región sean dueños de su destino, a través de una federación socialista, y puedan utilizar sus riquísimos recursos naturales en interés propio y del progreso social y cultural, volveremos a ver un renacimiento económico, social y cultural de estas sociedades que harán palidecer los destellos luminosos de Bagdad y Córdoba en su época de mayor esplendor, colocando nuevamente a este región a la vanguardia del conocimiento científico y del desarrollo cultural de la humanidad.
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