Sánchez, Netanyahu y la “guerra diplomática” contra Israel

El reconocido criminal de guerra y primer ministro israelí Benjamín Netanyahu ha acusado al gobierno de Pedro Sánchez de librar una “guerra diplomática” contra Israel, advirtiendo que “pagará un precio por ello”. Como parte de esta ofensiva diplomática, el Ejecutivo israelí ha ordenado la expulsión de los representantes españoles del Centro de Coordinación Civil y Militar (CMCC), un órgano multinacional encargado de “supervisar” el alto el fuego farsa que fue impuesto sobre los gazatíes sin su participación en octubre del año pasado —es decir, de supervisar la continuación del sitio de Gaza—.

Desde inicios de este año, varios diplomáticos europeos ya han abandonado el CMCC, que es ampliamente percibido como disfuncional. “Todo el mundo piensa que es un desastre,” reveló un diplomático occidental. Esta situación ilustra el estado general de los organismos internacionales supuestamente neutrales en el contexto de la agudización de los conflictos interimperialistas y el papel nulo que juegan los mismos en la defensa de los oprimidos, ya que solo sirven para mantener la “paz” imperialista.

Esta es solo la última escalada de represalias políticas que el gobierno israelí viene desplegando contra Madrid por el endurecimiento de su posición frente al genocidio en Gaza y la guerra imperialista contra Irán. Además de exigir la suspensión del acuerdo de asociación UE-Israel, el Estado español retiró a su embajadora en marzo —dos años después de que lo hiciera Israel tras el reconocimiento del Estado palestino— y ha anunciado la reapertura de su embajada en Irán.

Pero si bien Sánchez adopta una postura más crítica hacia Israel y la ofensiva en Irán que la media, tales medidas —junto con sus declaraciones desgarradas de “No a la guerra”— no son más que una concesión retórica a la población, que rechaza apliamente esta guerra imperialista. Estas riñas diplomáticas no le cuestan nada, pero sí le permiten presentarse como el gran defensor de los oprimidos al tiempo que el Estado español funciona como engranaje dentro de la maquinaria bélica del imperialismo occidental, como se ha visto con el escándalo en Chipre y la presencia española en el Líbano.

Esta posición le ha permitido dar golpes a una derecha vacilante, protagonizada por Feijóo y otros dirigentes populares que oscilan entre el apoyo explícito al belicismo sionista y un distanciamiento pusilánime ante la opinión pública. Por su lado, Abascal sigue reforzando sus vínculos con Netanyahu, quien lo calificó a él y a sus secuaces europeos de “compañeros de armas” durante una visita a Jerusalén por delegados de Patriotas por Europa, bloque al que se ha incorporado el Likud como socio observador.

Por otro lado, el gobierno más progresista desde la introducción de la escritura cuneiforme ha presumido de introducir el “mayor escudo de toda Europa”: un paquete de 80 medidas de emergencia valorado en torno a los 5.000 millones de euros para paliar la subida de los precios; es decir, para mermar el impacto económico interno de la guerra imperialista y así mantener la estabilidad social cuanto se pueda en un contexto de crisis profunda.

Si bien estas medidas incluyen rebajas fiscales en energía y algunas ayudas sociales, el premio gordo se lo llevarán las grandes empresas energéticas, como ya hemos señalado, mientras que la clase trabajadora pagará la factura. Como el propio Sánchez ha indicado en tono de lamento —como si se saliera de sus manos— estas medidas se pagarán con “dinero que podríamos dedicar a becas, a sanidad, a dependencia”. No lo podríamos haber dicho mejor.

El ministro israelí de Exteriores, Gideon Saar, habla de una supuesta “obsesión antisraelí” por parte del gobierno español, criticando la decisión de Madrid de limitar el tránsito de armamento hacia Israel. Pero la realidad es que detrás de las declaraciones de intención de Sánchez, el Gobierno ha arrastrado los pies y encontrado maneras indirectas de suplir armas, o si no entonces naves, o si no entonces bases, y así sucesivamente.

Lo que exigimos es claridad y firmeza en la acción. Si realmente Sánchez quiere eximirse de la guerra imperialista, que actúe en consecuencia y salga de la OTAN, cerrando las bases militares que se encuentran en el Estado español.

No tenemos ilusiones ni en los organismos internacionales burgueses ni en la diplomacia entre los gobiernos capitalistas como una manera de asegurar la paz, ya que la paz es inalcanzable dentro del marco del capitalismo en su etapa imperialista.

Mas bién, la única fuerza capaz de poner fin a la guerra es la acción organizada de la clase trabajadora, que a diferencia de los capitalistas no tiene ningún interes en prolongarla. Somos la única clase capaz de paralizar la economía y destruir la maquinaria de guerra, redirigiéndola hacia fines productivos.

Frente a la crisis ocasionada por la guerra imperialista, nuestras demandas son claras:

  • ¡Ruptura completa con Israel en todos los planos —económico, diplomático y militar— y el fin de toda complicidad con su política de guerra y genocidio!
  • ¡Salida de la OTAN y cierre de las bases en el territorio nacional!
  • ¡Redirigir la producción militar a fines productivos!

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