Trump se enfrenta a un dilema imposible ante un Irán que tiene ventaja
Tras cuatro semanas de guerra de agresión de EE. UU. e Israel contra Irán, el imperialismo estadounidense no solo no ha alcanzado sus objetivos bélicos, sino que estos parecen más lejanos que antes. Trump se enfrenta a una situación imposible. Si decide cortar por lo sano y declara la victoria ahora, eso supondría una humillación enorme para el imperialismo estadounidense y un duro golpe personal para él. Pero cualquier intento de intensificar el conflicto estaría plagado de peligros y conllevaría graves riesgos, con solo una mínima posibilidad de éxito. En estos momentos, parece que está intentando hacer ambas cosas a la vez.
En los últimos días, Trump ha hecho una serie de declaraciones descabelladas, cada una de las cuales contradice directamente a la anterior. Un día anuncia con confianza que EE. UU. ya ha ganado la guerra y planea «reducir la actividad», solo para amenazar al día siguiente con una destrucción masiva, a menos que Irán capitule por completo. A esto le sigue un anuncio confiado de que se están llevando a cabo negociaciones y que estas son muy prometedoras y amistosas.
Un analista señaló que la forma de interpretar los constantes cambios en los mensajes de Trump es entender que se dirige a varios públicos simultáneamente, y que necesita decirles cosas diferentes a cada uno de ellos.
Uno de estos públicos son «los mercados», es decir, la clase capitalista, representada por los inversores en la bolsa, los especuladores y los tenedores de bonos del Estado a los que les preocupa el impacto de los altos precios de la energía en la economía mundial, por lo que Trump trata de tranquilizarles asegurándoles que todo va bien.
En una reciente conferencia de altos ejecutivos del sector energético, celebrada en Houston (EE. UU.), estos expresaron las preocupaciones de las grandes petroleras. Hablando sobre la guerra, un representante de BP dijo que:
«No hemos visto nada parecido: nunca ha habido una perturbación de esta magnitud en el pasado… Es el tema de estudio o la peor pesadilla de cualquier analista petrolero, algo que nunca pensamos que ocurriría».
En respuesta a esto, el representante de la Casa Blanca presente intentó tranquilizar a los asistentes, afirmando que «el presidente Trump sabe exactamente lo que está haciendo», y subrayando que en un par de semanas la guerra habrá terminado y que «una vez que se hayan cumplido los objetivos militares y se haya neutralizado al régimen terrorista iraní, el petróleo y el gas fluirán con más libertad que nunca y los precios volverán a caer rápidamente». Eso es confundir los deseos con la realidad. Algo muy peligroso.
El lunes 23 de marzo, media hora después de la apertura del mercado, las bolsas caían y los precios del petróleo se disparaban, tras la amenaza previa de Trump de dar un plazo de 48 horas a Irán para que reabriera el estrecho de Ormuz. Si Irán se negaba a cumplir, Trump amenazó con desatar el infierno, anunciando en Truth Social que: «Estados Unidos atacará y arrasará sus diversas CENTRALES ELÉCTRICAS, EMPEZANDO POR LA MÁS GRANDE».
Pero a medida que se acercaba el final del plazo, el mensaje de Trump cambió por completo. Empezó a cantar victoria, hablando de «conversaciones muy buenas y productivas» con los iraníes, y de que se podría llegar a un acuerdo ya que había «puntos importantes de acuerdo, diría que casi todos los puntos de acuerdo». Declaró que, sobre esta base, concedía a Irán un aplazamiento de cinco días.
Increíblemente, los mercados se lo tragaron todo: los precios del petróleo bajaron y la bolsa se recuperó parcialmente.
Queda por ver si realmente creyeron lo que decía Trump o si simplemente temían que alguien más se aprovechara.
Según se informa, quince minutos antes del discurso de Trump, alguien apostó 760 millones de dólares a que los precios del petróleo bajarían. No es la primera vez que ocurre esto, que se realizan apuestas basadas en información que solo alguien del gabinete de Trump —o quizás un familiar— podría poseer.
Trump dice cosas diferentes a personas diferentes. Aparte de los mercados, también se dirige a los iraníes, a los israelíes y a su propia base popular.
Todos los políticos mienten. Es parte del trabajo. ¡Pero hay que decir que Trump ha convertido esto en una forma de arte!
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La apuesta de Trump ha fracasado
Pero el factor principal detrás del comportamiento errático de Trump es el hecho de que su enorme órdago al lanzar la guerra contra Irán ha fracasado por completo. Al comienzo de la guerra, Trump, embriagado de confianza tras el ataque a Venezuela, pensó que sería un asunto rápido, que se podría resolver en tres días, o tal vez un par de semanas como mucho. Los objetivos declarados de la guerra eran claros e incluían un cambio de régimen en Irán. Se utilizaría una fuerza militar abrumadora para destruir al ejército iraní y su capacidad de respuesta, y se instalaría en Teherán un régimen sumiso al imperialismo estadounidense. De hecho, ha logrado todo lo contrario.
El régimen de Irán se muestra seguro y desafiante, pues tiene todas las cartas en la mano, un hecho del que es muy consciente. Fundamentalmente, Irán controla el estrecho de Ormuz. A través de él puede infligir un daño enorme a la economía mundial y a los Estados del Golfo directamente. Calculan, acertadamente, que, como resultado, los mercados presionarán a Trump para que detenga la guerra y que la amenaza de la inflación socavará su popularidad en un momento en que se acerca a las elecciones de mitad de mandato.
Por otra parte, tras casi cuatro semanas de guerra, Irán sigue siendo capaz de lanzar eficazmente misiles, cohetes y drones y de alcanzar con precisión sus objetivos en Israel y el Golfo. Hace solo unos días, Irán alcanzó con éxito las localidades de Dimona, Arad y Beersheba, en el sur de Israel, además de realizar una serie de impactos directos en el centro del país, sin que hubiera indicios de que las defensas aéreas israelíes pudieran interceptar los misiles iraníes.
Claramente, la capacidad de Israel para interceptar los ataques de Irán está disminuyendo . En primer lugar, está el hecho de que el arsenal de las defensas aéreas de Israel está gravemente mermado. Y en segundo lugar, debido al agotamiento de las reservas de misiles interceptores, Israel ya no puede proteger a todo el país.
Fuera de las principales ciudades israelíes, como Tel Aviv y Jerusalén, las localidades y ciudades más pequeñas quedan desprotegidas. Muchas escuelas en todo Israel llevan semanas cerradas, e Irán ha llevado a cabo con éxito ataques contra infraestructuras clave, como la refinería de petróleo de Haifa, la mayor del país. Todo esto está teniendo un gran impacto en la opinión pública de Israel, un país donde la clase dirigente se ha apoyado en gran medida en la idea de que puede proporcionar seguridad a los judíos israelíes frente a una amenaza extranjera.
Los iraníes han dejado claro desde el principio que tienen la capacidad de responder de manera recíproca a cualquier amenaza o ataque que les lancen EE. UU. e Israel. Cada una de las amenazas de Trump, o cada ataque de los israelíes, ha sido respondida con ataques equivalentes por parte de los iraníes.
Cuando Trump amenazó recientemente con atacar las instalaciones de almacenamiento de petróleo iraníes, Irán respondió con amenazas contra instalaciones similares en todo el Golfo. La amenaza de Trump de destruir la infraestructura eléctrica y las instalaciones de desalinización iraníes fue respondida por los iraníes con la misma amenaza hacia los Estados del Golfo, que dependen mucho más de la desalinización que Irán.
Recientemente, Irán logró de hecho obligar a EE. UU. e Israel a dar marcha atrás. Israel llevó a cabo un ataque con misiles contra la parte iraní del yacimiento de gas de South Pars —el mayor del mundo, compartido entre Irán y Catar—, a lo que Irán respondió con un ataque contra la parte catarí de la instalación. El presidente Trump se vio entonces obligado a exigir a los israelíes que cesaran tales ataques en el futuro, debido a los posibles impactos que podrían tener en la ya dañada economía mundial.
¿Escalará Trump la guerra?
Esta es la realidad de esta guerra. Solo si comprendemos que la apuesta de Trump ha fracasado estrepitosamente podremos entender lo que está sucediendo ahora.
Trump está intentando hacer creer que la guerra está prácticamente ganada, preparando el terreno para reducir sus pérdidas y retirarse. Por eso afirma que se están llevando a cabo negociaciones «muy amistosas» con Irán, algo que Irán ha negado vehementemente. También ha intentado afirmar que EE. UU. ha logrado su objetivo de cambio de régimen, ¡ya que las personas al frente del régimen iraní son diferentes a las que estaban al inicio de la guerra!
Al mismo tiempo que proclama la victoria, Trump está enviando más tropas a la región. El Pentágono ha confirmado que elementos de la 82.ª División Aerotransportada, incluyendo su cuartel general y un equipo de combate de brigada, se están desplegando en Oriente Medio, junto con más aviones de combate y buques de asalto anfibio. Se unirán a los aproximadamente 50.000 efectivos estadounidenses que ya se encuentran en la región y a los miles de marines que actualmente están en tránsito en buques de asalto anfibio como el USS Boxer y el USS Tripoli.
Los iraníes han sugerido que uno de los posibles objetivos de Trump tras su postura de negociaciones de paz exitosas es ganar tiempo suficiente para desplegar las tropas necesarias para llevar a cabo una nueva operación. Los estadounidenses tienen un historial en esto; no es la primera vez que utilizan las negociaciones como una artimaña mientras preparan una intervención militar. No se descarta que, antes de cortar por lo sano y retirarse, Trump pueda llevar a cabo algún tipo de incursión terrestre como demostración de fuerza.
Los medios burgueses de EE. UU. informan de que los estrategas militares han advertido a Trump de que, sea cual sea la operación que decida llevar a cabo, se encuentran en una posición muy arriesgada. Sus esfuerzos de la semana pasada por debilitar el control iraní sobre el estrecho de Ormuz bombardeando instalaciones en la zona no han surtido efecto; y un intento de tomar la isla de Kharg no debilitará la producción petrolera de Irán tanto como predicen, además de ser altamente peligroso.
Otro posible objetivo de la escalada sería la ocupación de una serie de pequeñas islas en el lado norte del estrecho de Ormuz. No hay duda de que EE. UU. tiene la capacidad de llevar a cabo tal operación, pero una vez que las tropas estén allí, se convertirían en blancos fáciles para los drones iraníes y otros ataques. El control directo sobre estas islas no garantizaría necesariamente la reapertura segura del estrecho.
Aún más descabellada es la propuesta de EE. UU., que se ha debatido abiertamente, de lanzar fuerzas especiales en la ciudad iraní de Isfahán para extraer el uranio enriquecido almacenado bajo tierra.
El hecho de que planes como este sean extremadamente peligrosos y estén plagados de consecuencias potencialmente desastrosas para EE. UU. no significa que Trump no esté dispuesto a llevarlos a cabo de una forma u otra, ya que puede estar calculando que necesita una victoria de gran repercusión para salvar el callejón sin salida en que se ha metido.
Pero, como le han dicho los iraníes, una guerra implica a dos partes. Una guerra no termina si una de las partes no está interesada en ponerle fin, y los iraníes no están dispuestos a acabar con esta guerra sin alcanzar sus propios objetivos bélicos, ahora que controlan el crucial estrecho de Ormuz.
Irán tiene todas las cartas
El «Plan de Paz de 15 puntos» de Trump, ofrecido a los iraníes, es esencialmente una exigencia de capitulación total, algo que EE. UU. no ha logrado ganar en el campo de batalla.
El Plan exige que Irán desmantele sus instalaciones de enriquecimiento nuclear; se comprometa a no desarrollar nunca armas nucleares; entregue su reserva de más de 400 kg de uranio enriquecido a la Agencia Internacional de Energía Atómica, que tendrá pleno acceso a las instalaciones iraníes; y desmantele sus instalaciones nucleares de Fordow, Isfahán y Natanz. También exige que Irán abandone a sus aliados regionales, dejando de proporcionarles armas y financiación; que reabra el estrecho de Ormuz; y que limite el alcance y la calidad de su programa de misiles.
En otras palabras, Trump está intentando lograr con un trozo de papel todos los objetivos que no ha conseguido en absoluto en el terreno de batalla.
Como era de esperar, los iraníes han rechazado estas exigencias de plano y ahora tienen una posición muy sólida en futuras negociaciones. Han respondido con las siguientes exigencias propias: el cese total de la «agresión y los asesinatos» por parte del enemigo; el establecimiento de mecanismos concretos para garantizar que no se vuelva a imponer la guerra a Irán; el pago garantizado de los daños de guerra y las reparaciones; la conclusión de la guerra en todos los frentes y para todos los grupos de resistencia de la región; el reconocimiento de la soberanía de Irán sobre el estrecho de Ormuz como su derecho natural y legal, que sirva de garantía de los compromisos de la otra parte.
Ya hay informes de que están cerca de alcanzar un acuerdo con varios países, y algunos petroleros han atravesado el estrecho sin incidentes. Se dice que, en algunos casos, se ha pagado a Irán a cambio de que se concediera el permiso de tránsito. En tiempos de paz, una media de 100 barcos atraviesan el estrecho de Ormuz cada día, por lo que Irán podría ganar mucho dinero si lograra imponer un peaje de paso.
Así pues, aunque el problema no está resuelto, los iraníes tienen unas cartas muy fuertes. Tienen el control total del estrecho, hasta el punto de que en las negociaciones están exigiendo cosas que, de facto, ya poseen.
En cuanto a la exigencia de la retirada de todas las bases militares estadounidenses de la región, esto acaba de ocurrir parcialmente en Irak, donde la OTAN ha retirado sus fuerzas restantes de Camp Victory, y las fuerzas estadounidenses en el país se limitan ahora a un número reducido en Erbil (en el Kurdistán iraquí) y en la frontera con Siria.
Según una investigación del New York Times, «muchas de las 13 bases militares de la región utilizadas por las tropas estadounidenses son prácticamente inhabitables» como consecuencia de los ataques iraníes, lo que obliga a las tropas a trasladarse a hoteles y a EE. UU. a lanzar ataques desde más lejos, desde buques de la Armada y bases en Europa.
En algún momento, los países del Golfo podrían plantearse si les sale a cuenta mantener una presencia militar estadounidense en su territorio. En este momento se encuentran en una situación en la que su infraestructura está siendo atacada por Irán como represalia por una guerra que inició EE. UU., no ellos.
Los iraníes parecen ser muy conscientes de su fuerte posición en las negociaciones. En respuesta a las afirmaciones de Trump de que se estaban llevando a cabo negociaciones «amistosas», Irán dijo que, para empezar, no había ninguna negociación en curso. Un representante del IRGC se presentó recientemente en una conferencia de prensa y proclamó que Irán está del lado de la verdad, y que EE. UU. está del lado de la mentira, y que las mentiras de los medios de comunicación estadounidenses no están convenciendo a nadie.
En una respuesta adicional a las afirmaciones de EE. UU. sobre las negociaciones, que los iraníes niegan, Irán declaró que:
«¿Ha llegado el nivel de vuestra lucha interna al punto de que estáis negociando con vosotros mismos?… No llaméis acuerdo a vuestro fracaso».
Irán afirma que los estadounidenses están negociando consigo mismos. Trump dice que hay negociaciones, y los iraníes dicen que no las hay; Trump afirma que EE. UU. ha destruido el 100 % de las instalaciones militares iraníes, y los iraníes responden señalando que, a pesar de carecer supuestamente de instalaciones, han impactado con éxito objetivos en Israel y otros lugares.
Esto está teniendo una enorme repercusión política en todas partes, pero especialmente en los países dominados por el imperialismo y en el mundo árabe y musulmán. La gente puede ver que Estados Unidos está siendo humillado por un país al que se suponía que iban a destruir por completo en tres días. Esto tiene implicaciones políticas potencialmente importantes para el futuro.
También está la cuestión del Líbano. A muchos les sorprende que Hezbolá haya logrado reconstruirse siguiendo un modelo similar al de los iraníes. Los iraníes han sido sorprendidos dos o tres veces por la inteligencia israelí, y ahora, en el Líbano, han sacado algunas lecciones de esa experiencia.
Por un lado, han dejado de utilizar por completo los dispositivos de comunicación digital; ya no se comunican entre ellos por medios digitales. También han adoptado el mismo modelo de defensa descentralizado «en mosaico» que los iraníes, y se han tomado el tiempo necesario para reconstruir su capacidad. Así que ahora, cuando los israelíes intentaron una incursión terrestre, les salió mal y se vieron obligados a ralentizar el avance y empezar a bombardear puentes e infraestructuras. Israel ha declarado que su objetivo es invadir de forma permanente la zona de amortiguación, hasta el río Litani, pero esto no les resultará fácil.
Impacto económico
Y luego está el impacto económico de esta guerra. El precio del petróleo está subiendo y bajando, desde los 120 dólares por barril hasta los 87, y luego vuelve a subir, oscilando generalmente en torno a los 100 dólares por barril. Si la guerra se prolonga hasta abril, esto se agravará aún más. De hecho, ya está teniendo un impacto, impulsando la inflación. El precio del combustible en las gasolineras ya ha subido en varios países, pero esto es solo el principio.
Taiwán, el mayor productor mundial de microchips avanzados, por ejemplo, se ha visto gravemente afectado por la guerra contra Irán ya que depende del gas natural licuado (GNL) para el 40 % de sus necesidades energéticas, y un tercio de este se importa de Catar, que ha detenido la producción. Es posible que Taiwán tenga que recurrir a sus reservas estratégicas, de las que solo dispone para 11 días.
Luego está la cuestión del helio, que es un componente crucial para los microchips avanzados, entre otras cosas. El helio es un subproducto de la extracción de gas natural y la mayor parte lo extrae y exporta Catar. Taiwán importa el 69 % del helio que necesita de Catar.
En Filipinas, se ha declarado una emergencia económica de un año y se han aplicado una serie de medidas para intentar hacer frente a los problemas de suministro de petróleo y gas, así como al aumento de los precios. En el Estado español, el Gobierno ha tenido que anunciar un programa de emergencia de 5.000 millones de euros para subvencionar las facturas de energía, y esto en un país que, en general, está menos expuesto al aumento de los precios del gas y el petróleo.
Además del petróleo y el gas, el estrecho de Ormuz es un punto de estrangulamiento vital para las exportaciones mundiales de fertilizantes, incluidos la urea y el amoníaco. La región representa aproximadamente entre el 25 % y el 30 % del comercio mundial de amoníaco, el 46 % de la urea y el 44 % del comercio marítimo mundial de azufre. La Qatar Fertiliser Company (QAFCO), considerada el mayor proveedor de urea del mundo, suministra por sí sola el 14 % de la urea mundial.
El cierre del estrecho ya ha provocado que los precios de la urea se disparen entre un 35 % y un 40 % en tan solo unas semanas. El tráfico de fertilizantes se ha paralizado, precisamente en un momento crucial para la temporada de siembra en el hemisferio norte, cuando se necesitan fertilizantes. Esto tendrá un efecto dominó en los cultivos de alimentos y sus rendimientos en países como la India, Bangladesh y Pakistán, pero también en los propios Estados Unidos. Hasta un 20 % de los fertilizantes importados a EE. UU. procede específicamente de Catar.
Los analistas de Goldman Sachs advierten de que el impacto del aumento de los precios de los fertilizantes y la falta de suministro se hará notar con un retraso de entre 6 y 12 meses.
La actual escasez de fertilizantes se manifestará como una «pérdida de producción agrícola» a finales de 2026, y los riesgos de hambruna más graves y los picos de precios aparecerán a principios de 2027.
Además de una mayor inflación e inestabilidad en los mercados bursátiles, las repercusiones económicas de la guerra en Irán están haciendo subir el precio de los préstamos y aumentando la carga de la deuda en los países capitalistas avanzados.
Teniendo en cuenta que la economía mundial ya es muy frágil, la crisis de Irán podría fácilmente empujarla a la recesión. Entonces no estaríamos hablando de estanflación (estancamiento económico más inflación), sino de una posible «recesión inflacionaria».
El aumento de la inflación y los nuevos recortes en el gasto social, como consecuencia del encarecimiento de los costes de financiación para los gobiernos, son una receta acabada para una explosión de la lucha de clases.
China y Rusia
Mientras tanto, los principales rivales de EE. UU. se están beneficiando de sus problemas. China ha reiterado recientemente que no descarta una intervención militar en Taiwán, lo que no significa que una invasión sea inminente, pero el mensaje de China es claro: la guerra de Irán ha puesto de manifiesto los límites del poder estadounidense; si no puede alcanzar sus objetivos militares en Irán, ni siquiera debería intentar enfrentarse a China.
Rusia es el país que quizá más se haya beneficiado de la desastrosa apuesta de Trump en Irán. Hace tres meses, Rusia se veía obligada a ofrecer fuertes descuentos en su petróleo a compradores como la India, llegando a venderlo a tan solo 22 dólares el barril. Ahora, lo vende a unos 100 dólares el barril. El Financial Times calcula que Rusia está obteniendo 150 millones de dólares al día en ingresos adicionales gracias al aumento de los precios del petróleo. Además, Rusia es un importante exportador de fertilizantes.
Estados Unidos ha levantado ahora las sanciones impuestas al petróleo ruso durante 30 días. Se desconoce cuánto durarán estos altos precios, pero han proporcionado a Rusia un enorme impulso económico, que ha llegado en un momento en que la economía rusa se estaba desacelerando.
El otro impulso para Rusia es que Estados Unidos está ahora buscando por todo el mundo más misiles Patriot, misiles THAAD, baterías de interceptores, etc. Dado que Estados Unidos está agotando sus reservas, esto significa que ya no están a disposición de los ucranianos, por lo que los rusos también obtienen una posición ventajosa en ese aspecto.
Según el Washington Post, «el Pentágono notificó el lunes al Congreso que tenía la intención de desviar unos 750 millones de dólares de la financiación proporcionada por los países de la OTAN a través del programa PURL para reponer los propios inventarios del ejército estadounidense, en lugar de enviar ayuda adicional a Ucrania». Es decir, ¡los países europeos de la OTAN están pagando a EE. UU. para que abastezca a Ucrania, pero EE. UU. utilizará ahora ese mismo dinero para reponer sus propios inventarios!
En un ataque de locura, ¡EE. UU. también ha levantado las sanciones al petróleo iraní! Al explicar los motivos, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que:
«En esencia, estamos haciendo jiu-jitsu a los iraníes, estamos utilizando su propio petróleo en su contra».
Así pues, la lógica es que los iraníes quieren aumentar el precio del petróleo, y por eso los estadounidenses no les permitirán hacerlo, comprando su petróleo a 100 dólares el barril. No estoy en posición de juzgar las habilidades de Bessent en las artes marciales, pero los iraníes, que ahora venden más petróleo a un precio más alto, se están riendo de camino al banco.
La popularidad de Trump
Por último, está la cuestión de los índices de aprobación de Donald Trump. Algunos podrían señalar que Trump sigue manteniendo una popularidad mayor que los líderes europeos, pero ese es un listón muy bajo. La popularidad de Trump ha ido cayendo, gradualmente, con el tiempo, pero en la última semana cayó cuatro puntos de forma repentina, lo cual es significativo, con un 36 % que aprueba y un 62 % que desaprueba su presidencia. Según una encuesta de IPSOS Consumer Tracker, el 92 % de la población de Estados Unidos afirma haber notado un aumento en los precios de la gasolina en su zona, y el 87 % dice que espera que la situación empeore.
Trump obtiene resultados negativos en una gran variedad de ámbitos diferentes. Una encuesta de YouGov de marzo de 2026 reveló que el 61 % de los ciudadanos estadounidenses se opone al uso de la fuerza militar para atacar a Cuba, mientras que solo el 13 % lo apoya. La misma encuesta indicó que hay más estadounidenses que desaprueban que aprueban el embargo de EE. UU., y concretamente el reciente bloqueo petrolero iniciado a principios de 2026. Aproximadamente el 46 % desaprueba el bloqueo de los envíos de petróleo, frente al 28 % que lo aprueba.
En cuanto a la guerra contra Irán, una encuesta del Pew Research Center realizada entre el 16 y el 22 de marzo revela que el 61 % de los estadounidenses desaprueba la gestión de Trump del conflicto con Irán, y el 59 % considera errónea la decisión de utilizar la fuerza militar.
El hecho de que la guerra con Irán no vaya según lo previsto se ve agravado por su impacto económico y está provocando graves divisiones dentro del movimiento pro-Trump MAGA, lo que ha dado lugar a serias fisuras dentro de la propia administración. Joe Kent, el exdirector del Centro Nacional Antiterrorista, dimitió recientemente de su cargo y ahora ha emprendido una gira por varios canales de YouTube y podcasts afines a MAGA atacando a Trump.
Los iraníes han aprovechado hábilmente estas divisiones para sembrar la discordia en el seno de la Administración Trump. Recientemente, han declarado que no quieren negociar con Steve Witkoff ni con Jared Kushner —a quienes consideran acertadamente como un par de idiotas— y que, en su lugar, quieren negociar con el vicepresidente J.D. Vance, conocido por no estar a favor de la guerra.
Tras el ultimatum de 48 horas del fin de semana, Trump pasó a un supuesto aplazamiento de cinco días en la ejecución de sus amenazas. Tras un breve respiro, la bolsa estadounidense volvió a caer en números rojos, perdiendo 1 billón de dólares en un solo día el 26 de marzo. Como resultado, Trump afirma ahora que dará a Irán otros 10 días para cumplir con sus exigencias.
Esto podría ser otra artimaña más, para darse más tiempo para preparar algún tipo de operación terrestre. Los iraníes no se dejan engañar y saben perfectamente que Trump ya ha utilizado anteriormente las negociaciones como tapadera para una agresión militar.
No hay buenas opciones
En cualquier caso, el imperialismo estadounidense no tiene ninguna buena opción. Retirarse ahora sin haber logrado sus objetivos bélicos sería una humillación enorme. Mantener la campaña no resolvería nada, sino que agravaría su impacto económico. Una escalada militar empeorará la situación desde el punto de vista del riesgo de pérdidas para el ejército estadounidense, sin ninguna garantía de que consigan alguna concesión de Irán.
En una irónica observación en X, el ministro de Defensa pakistaní comentó: «El objetivo de la guerra parece haber cambiado a abrir el estrecho de Ormuz, que estaba abierto antes de la guerra.»
Las consecuencias de la fallida apuesta de Trump contra Irán serán de gran alcance, tanto en el ámbito político como diplomático, militar y económico.
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