Vitoria 3 de marzo de 1976: el poder de la asamblea

Cuando se cumple el 50º aniversario de los sucesos de Vitoria-Gasteiz, publicamos un testimonio de Jesusmari Soubies Garate, que fue miembro de la Comisión Representativa de Forjas Alavesas en las huelgas del 3 de marzo de 1976. En este testimonio, el compañero Jesusmari detalla con colores vívidos cómo se desarrolló el proceso de autoorganización obrera que dio origen a uno de las luchas obreras más destacadas de la mal llamada «Transición democrática». Los acontecimientos de Vitoria jugaron un papel clave en acelerar la descomposición de la dictadura franquista moribunda que se resistía a abandonar la escena de la historia, como no fuera con la represión y la brutalidad que caracterizó a este régimen asesino durante 40 años.


En Vitoria, luchadores de diferentes tendencias se organizaron con cierta solidez, Ya en los años 1970 hubo reuniones y mini asambleas clandestinas de comités de empresa para defender los derechos laborales y para hacer frente a la dictadura franquista.

Las relaciones jerárquicas en las fábricas eran autoritarias, la clase obrera estaba acosada, humillada y tratada con poca dignidad. Salarios miserables, pluriempleo, muchas horas extras. En suma, el sistema productivo reproducía el esquema dictatorial franquista. Tras las huelgas, este ambiente y trato vejatorio en el trabajo dio un giro de 180 grados.

Estos comités de empresa divulgaron en las fábricas los derechos laborales y salariales. Propusieron el boicot al Sindicato Vertical y la necesidad de una negociación directa entre portavoces de la asamblea y la empresa. Difundieron tablas reivindicativas firmadas por cientos de compañeros y las entregaron a los jurados y enlaces del Sindicato Vertical para su defensa.

A finales del 1975, una vez que los trabajadores se juntaron en la fábrica, de inmediato empieza a coger protagonismo la propia Asamblea, que convoca automáticamente la siguiente, y va construyendo su propia estructura orientada a la consecución de sus objetivos: unas condiciones laborales y salariales justas”. Las propias asambleas, ante la negativa patronal a negociar, deciden en su momento pasar a la huelga indefinida. A la semana deciden que la lucha tiene que salir de la fábrica. Hay que coordinarla y vincularla con otras fábricas y necesidades sociales. La Asamblea es el mando central de la lucha y de todas las cuestiones: determina la plataforma reivindicativa, nombra la Comisión Representativa, decide las iniciativas…

La gente se siente unida y esto da fuerza y seguridad en lo que está haciendo. La Asamblea informa, escucha, opina y debate sobre los problemas que van surgiendo. Decide los pasos a dar. Además, introduce una novedad: la asamblea misma ejecuta sus propias decisiones: reparte las cuartillas por los barrios; forma los piquetes de vigilancia en entrada y salida de las fábricas, habla con comercios y bares para recabar solidaridad, informa a otras fábricas que no han parado para que se unan a la lucha, busca recursos económicos para resistir, etc. Los trabajadores se comprometen con estas tareas con entusiasmo y con lo que ellos mismos han decidido.

La Asamblea no veía con buenos ojos iniciativas no aprobadas por ella y se convierte en el verdadero sujeto de la huelga y de la movilización. Lo primordial era profundizar en las razones de la huelga, conocerse, tener confianza mutua entre todos nosotros… luego vendrían las movilizaciones, siempre garantizando que fueran concurridas: entendía que lo importante era generalizar la lucha, no por solidaridad sino por las reivindicaciones propias de cada empresa.

La Asamblea y la Coordinadora de Comisiones Representativas de fábricas en lucha van cogiendo prestigio social y un gran protagonismo, solidez y fuerza. La gente confía en ellas. La asistencia a las asambleas diarias es masiva, la intervención de los asistentes va en aumento, se analiza la situación que vive la clase obrera y va aumentando la conciencia obrera.

La Asamblea se convierte en escuela de formación. Se desmoronan los discursos patronales acusando de antidemocráticos, politizados y agitadores profesionales a las Asambleas y a las Comisiones Representativas. Cada fin de semana, prensa, radio, TV franquistas bombardean la lucha obrera con mentiras, patrañas y metiendo miedo, aduciendo que aquello no era legal. Ante esta ofensiva, las asambleas deciden informar directamente a la ciudad de Vitoria sobre nuestra lucha. Esto se hizo fundamentalmente a través del reparto de cuartillas y asambleas en todos los barrios de Gasteiz.

Una lucha que empezó siendo principalmente laboral y económica se amplió a las libertades sociales y políticas: fuera el Sindicato Vertical, readmisión de los despidos y libertad de los detenidos… Otros sectores de la ciudad se dieron cuenta de su propia situación de explotación y acudían a la Asamblea general de San Francisco para hacerse oír. Se dieron cuenta que el franquismo y su Sindicato Vertical sólo defendía los intereses de la patronal.

Así es cómo las asambleas fueron capaces de levantar aquella estructura obrera basada en la democracia directa: La Coordinadora de Comisiones Representativas como medio de coordinación. La Asamblea General de Fabricas en lucha (Iglesia de San Francisco) donde podían acudir y exponer sus realidades los sectores populares que apoyaban la lucha: enseñanza, estudiantes, mujeres, banca, profesiones liberales… La patronal impidió la realización de asambleas en los centros de trabajo, los trabajadores tomaron las iglesias en sus barrios para hacer las asambleas y eso ayudó a convertir la lucha en una cuestión social y política. La sociedad se dio cuenta de lo que estaba en juego en esta huelga, y la apoyó sin reservas, y la sostuvo económicamente con la recién creada Caja de Resistencia y Reparto de Alimentos.

Intentaron tumbar la lucha con despidos y represión. Intentaron relegar a las comisiones representativas ofreciendo mediaciones para negociar. Viendo que la Asamblea no cedía, atacaron directamente y a tiros la Asamblea y la democracia directa.

Fraga se escudaba en que la calle era suya, pero atacó en la única dirección donde no había ningún peligro para la policía, la iglesia. Lo que quería era el poder absoluto, para ello mandó reventar directamente la asamblea y la democracia obrera, produciendo cien heridos de bala y asesinando a tiros a Pedro María Martínez Ocio, Francisco Arnaz Clemente, Romualdo Barroso Chaparro, José Castillo García y Bienvenido Pereda Moral.

Tras la masacre las instituciones y muchos partidos, incluso “los que dirigían la nueva democracia” dieron la espalda a aquella clase obrera, y lo que es peor, dieron la espalda a las víctimas. Su lema era “hay que olvidar …”. Pero Vitoria no olvida. Pasaron 10, 20 y 50 años y “Vitoria hermanos nosotros no olvidamos”. Ahora aquellos impostores de la transición esbozan una falsa e hipócrita postura de reconocimiento y relatos… pero sin entrar en el fondo.

Tras el 3 de marzo, la represión policial fue brutal, prohibición de grupos de más de dos personas. Ante esta situación, el 18 de marzo, la Comisión Representativa llama a entrar en la fábrica y comenzar la negociación de la plataforma reivindicativa y el convenio: 6.000 lineales y 44 horas, la readmisión de los detenidos y perseguidos, castigo a los culpables del 3 de marzo, etc…todo se consiguió y la asamblea de fábrica impuso la jornada de 44 horas.

En Forjas Alavesas la Asamblea decide crear la Comisión de Seguridad en el Trabajo y la Caja de Resistencia a la que se adscriben entre 980 compañeros (100 pts. /mes). La celebración de las elecciones sindicales en 1977 supuso la institucionalización de los sindicatos y el protagonismo de la asamblea va decayendo poco a poco. Aun así, ésta siguió ostentando con fuerza el poder de decisión en las negociaciones de convenio, en las convocatorias de huelga, en las reconversiones, etc., al menos durante los siguientes 15 años.

¡¡¡VITORIA HERMANOS, NOSOTROS NO OLVIDAMOS!!!

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