8M: ¡Libres de la opresión, libres del capital!
Apenas en lo que llevamos de año ya ha habido 10 víctimas mortales por violencia de género, una cifra tres veces mayor a la de los últimos años. 6 de ellas habían denunciado previamente a su agresor, 5 tenían una orden de protección en vigor y 2 no pudieron continuar el proceso judicial iniciado. Denunciar no basta para solucionar un problema estructural mucho más profundo. Y las denuncias son solo la punta del iceberg de toda la violencia que sufrimos las mujeres bajo el capitalismo.
En los medios de comunicación, y especialmente entre los partidos de derecha, se quiere transmitir la idea de que la violencia es fruto de “monstruos”, de hombres retorcidos que encontramos por la calle o incluso de su chivo expiatorio favorito: los inmigrantes magrebíes. Nada más lejos de la realidad. Los agresores son “hombres normales” y, de hecho, la mayoría proceden del ámbito cercano de la víctima. Según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2025 (elDiario.es, 03/12/2025), el 88% de las víctimas de violaciones afirman que su agresor fue alguien conocido y el 68,5% de las agresiones sexuales se produjeron dentro de casa. Entre las víctimas de violencia machista en general, el 30,3% lo sufrieron por parte de su pareja o expareja.
En realidad, estos no son casos aislados, pues la violencia es parte integral del sistema capitalista. A medida que se profundiza la crisis y la decadencia del sistema, aumenta también su cara más violenta.
No nos protege la policía
Muchos podrían pensar que las leyes, los jueces, los policías, en definitiva, el Estado podría protegernos, pero ¿es esto así? El mes pasado salió a la luz una denuncia por agresión sexual contra el número dos de la Policía Nacional (DAO) José Ángel González. La víctima, una agente de policía, denuncia que fue agredida sexualmente el año pasado y después fue coaccionada para que no denunciara los hechos, ya que González se aprovechó de su autoridad, la manipuló psicológicamente e incluso le ofreció “compensaciones laborales” (Onda Cero, 17/02/2026). No es sorprendente teniendo en cuenta que la Policía desestimó la mitad de las 51 denuncias de agentes por acoso sexual en los últimos 3 años (El País, 26/02/2026). Si las mujeres policías, que gozan de mejores condiciones y privilegios al ser parte del cuerpo policial, son ignoradas, la situación entre las mujeres trabajadoras es mil veces peor. ¡Solo el 16,8% de las que afirman haber sufrido violencia han acudido a la Policía o al juzgado para poner una denuncia! (Macroencuesta, 2025).
¿Y los políticos?
No es sorpresa para nadie que el PP proteja a agresores, así lo demuestra la reciente denuncia contra el alcalde de Móstoles, que se suma a una larga lista de casos. Tampoco el PSOE se libra, pues ya conocimos el caso de Ábalos y de cuatro alcaldes con denuncias. PP, PSOE, Vox, Más Madrid, IU, ERC… con más o menos impacto mediático, políticos de todos los partidos han recibido denuncias, pero no debemos verlos como casos aislados, sino como un patrón que se repite en este sistema que normaliza la violencia y garantiza impunidad a la clase dominante.
Es aún más grave cuando se trata de políticos de izquierda progresistas, que supuestamente defienden la lucha contra la opresión y abanderan el feminismo. Véase Errejón, que acaba de recibir una segunda denuncia, y podría tener bastantes más. Realmente, ningún partido de la izquierda se propone transformar radicalmente las condiciones de vida de las mujeres y poner fin a su opresión.
Los políticos, tanto de izquierdas como de derechas, reciben salarios superiores al resto de la clase trabajadora, no suelen estar sometidos al control colectivo desde la base de sus partidos, etc. Son parte de este sistema podrido. A nivel internacional, el ejemplo más claro son los archivos de Epstein, que incluyen a republicanos y demócratas, empresarios, millonarios, es decir, a la clase dominante en su conjunto.
Lucha contra este sistema enfermo
Como comunistas, sabemos que para acabar con el machismo necesitamos acabar con el sistema que lo sustenta y perpetúa: el capitalismo. No confiamos en que el aparato estatal nos proteja, tampoco en que los políticos burgueses nos ofrezcan soluciones reales. Este 8M salimos a las calles para combatir la doble opresión que sufrimos: como mujeres y como trabajadoras. ¡Solo el comunismo podrá liberarnos!
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