Airbús: SIPA y ATP traicionan y se unen al preacuerdo de CCOO con la patronal

En la madrugada de ayer, 23 de junio, sin previo aviso y a espaldas de los trabajadores, SIPA y ATP se adhirieron al preacuerdo que CCOO había cocinado con la patronal la semana pasada y que fue rechazado por la mayoría de los trabajadores de Airbus de todas la plantas. De estos dos, el caso más escandaloso es el de SIPA, que se alzó como referente sindical para la plantilla precisamente por su supuesto desmarcaje con los sindicatos mayoritarios, artífices de la traición en la firma del acuerdo para el convenio de 2024. También fueron quienes convocaron la huelga el primero de julio, identificándose con la energía de miles de trabajadores que depositaron su confianza en ellos. Ayer, de igual manera que se hiciera hace dos años, traicionaron a su base y firmaron un acuerdo a sus espaldas. Tendría razón quien dijo que la historia se repite, primero como tragedia, después como farsa.
Por supuesto, lo han intentado vender como una victoria: una subida salarial de un 5% en 2026, otro 5% a partir de abril de 2027, más un 0,5% para RSI y promociones, una paga de 2.000 euros al final del ciclo, y la promesa de que en 2028 y 2029 se aplicará el IPC más un 1%. Esto no son más que migajas que no compensan la pérdida de poder adquisitivo que se viene arrastrando desde hace años, de un 18%, y ni se acerca a las demandas planteadas por los trabajadores.

«75% de los trabajadores»

Los medios burgueses se han apresurado a afirmar que el acuerdo cuenta con un 75% de la representación sindical. CCOO, SIPA y ATP suman, efectivamente, la mayoría de los delegados que componen la mesa de negociación. Sin embargo, esta «representación» no se corresponde para nada con el ánimo de la plantilla. Los trabajadores están absolutamente indignados, y lo saben firmantes, dirección, y cualquiera que haya ido a alguna de sus asambleas.
La dimisión de José Antonio Rodríguez, tesorero de SIPA vocal de la unta Sindical y presidente del Comité, pocas horas después de estampar su firma en el preacuerdo, lo dice todo: «Abandono mis cargos después de analizar la reacción de las asambleas de trabajadores en paro».
El referéndum de hoy, 24 de julio, con urnas presenciales en todas las plantas entre las 6:00 y las 17:00, y con posibilidad de voto telemático para quienes mantengan la huelga, que legalmente sigue activa, será la prueba del algodón. Por la comunicación que hemos mantenido con los trabajadores, por la indignación que se respira en las puertas, por la dimisión de Rodríguez, todo apunta a que el preacuerdo será abrumadoramente rechazado.

El punto de inflexión

Esta huelga, la más importante del país, con capacidad de cortar la producción y bloquear un sector importante de la economía no solo española, sino también europea, se encuentra en un punto de inflexión. Los trabajadores de Airbus han aprendido lecciones valiosas a lo largo de estas cuatro semanas. Han visto cómo los sindicatos, uno tras otro, han traicionado su voluntad. Se han organizado en grandes asambleas heroicas, bajo el sol de julio, sin más sombra que las sombrillas y la determinación de no ceder. Han mostrado su fuerza, su abnegación, su ánimo de ver esta huelga hasta la victoria. Ahora deben prepararse para dar el siguiente paso necesario.

Se les plantean dos opciones:
La primera es desconvocar la huelga, volver al trabajo y aceptar las migajas que los sindicatos están cómodos negociando y la patronal se puede permitir arrojarles sin mayor duelo. Es el camino que desean los firmantes del preacuerdo, Faury y los accionistas que se reparten dividendos históricos.

La segunda es rechazar del todo a la dirección sindical como autorizada para negociar en nombre de los trabajadores. Que sean las asambleas las que escojan a sus propios representantes independientes, democráticamente, revocables en cualquier momento por mayoría simple de las mismas. No confiar en ninguna fuerza sino en la propia. No aceptar más autoridad que la suya a la hora de negociar con la patronal. Esto significará una profundización de la radicalización, la organización de los obreros y el desarrollo de una conciencia más elevada. Servirá de faro para otros trabajadores del sector, para los trabajadores de Airbus en Francia —cuyos representantes ya han visitado los piquetes españoles, con el consiguiente temor de la dirección— y para el proletariado de toda España y Europa, cuya lucha es una y la misma.

Los trabajadores de Airbus deben ser conscientes de la fuerza que sostienen. Con las previsibles trabas al tráfico marítimo de mercancías debido a la reanudación de la guerra de Irán y el consiguiente bloqueo del estrecho de Ormuz, interrupciones añadidas a la economía como consecuencia de esta huelga sería un golpe formidable para la burguesía de todos los países. Esa fuerza no puede dilapidarse aceptando una limosna y mejoras cosméticas. Debe usarse para avanzar hacia la victoria. No aceptar nada menos que todo lo que se pide.

Hoy se vota. Y si, como esperamos, el preacuerdo es rechazado, habrá llegado la hora de que los trabajadores tomen en sus manos lo que siempre debió ser suyo: la dirección de su propia lucha.

Última hora: Trabajadores denuncian maniobras en el referéndum

Según nos han podido manifestar trabajadores de Airbús cuando estábamos a punto de publicar esta crónica, las direcciones sindicales firmantes del acuerdo han diseñado un procedimiento de votación que se presta al fraude y a un escaso control desde abajo. Resulta que el comité ¡ha pagado a un contratista externo para organizar el referéndum del voto presencial! y que, según estos mismos trabajadores, «tiene una carretilla de fraudes a la espalda curiosos». Además, el voto telemático se hará a través de un formulario de Google form donde se puede votar desde cualquier correo electrónico. En palabras de estos trabajadores: «Vamos, una basura y un tongazo de miedo».

Termine como termine este conflicto, nadie podrá reprochar a los heroicos trabajadores de Airbús, en todo el Estado, no haber intentado llevar la lucha lo más lejos posible, una lucha que tiene todas las condiciones para triunfar. Pero en el proceso se están enfrentando a los aparatos burocráticos sindicales, que hacen piña con la empresa y que los tiene en el bolsillo. La lección queda clara, allí donde el aparato sindical, lejos de ser un estímulo para la lucha se convierte en un freno que abona a la derrota, hay que generalizar las asambleas de trabajadores como único marco rel de decisión y organización de la lucha y la elección de comités de huelga revocables en cualquier momento. Quedamos a la espera del resultado de este «referéndum» y animamos a los bravos obreros de Airbus a mantener su espíritu combativo.

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