Artemis II: la nueva carrera imperial por la Luna
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El regreso a la Luna con Artemis II
En los últimos días, la misión Artemis II difícilmente ha pasado desapercibida. Los titulares han orbitado en torno a este nuevo hito espacial que muchas personas siguieron con expectación el pasado 1 de abril, día de su lanzamiento, aunque sin llegar a alcanzar el simbolismo del aquel Apollo 8 en 1968.
La misión Artemis II llevó durante 10 días a cuatro cosmonautas a rodear la Luna, sin llegar a alunizar ni a entrar en su órbita. La trayectoria, con forma de ocho, aprovechó los campos gravitatorios de la Tierra y la Luna para reducir en buena parte del recorrido la necesidad de propulsión. Se ha convertido en la misión tripulada que más lejos ha llegado desde la Tierra, con la distancia récord de 400.000 kilómetros y, por primera vez, el viaje ha permitido observar directamente la famosa cara oculta de la Luna [1].
Artemis II forma parte del programa Artemis, dirigido por la NASA. Su nombre no fue elegido por casualidad, ya que Artemisa es la hermana gemela de Apolo en la mitología griega. Este programa tiene como objetivo establecer una base permanente en la Luna para la próxima década mediante una serie de misiones que irán escalonando el nivel de complejidad. Desde su puesta en marcha en 2012, el programa ya supera los 100.000 millones de dólares, tal suma invita a plantearnos ¿por qué invertir tanto dinero en volver a la Luna si ya se logró hace más de 50 años? ¿Es que desde entonces la tecnología espacial ha estado estancada?
Seríamos muy ingenuos si pensáramos que el amor a la ciencia en la sociedad actual justifica dicha inversión. Pero antes de adentrarnos en el terreno de la geopolítica, sería conveniente mencionar brevemente las razones científicas detrás de este ambicioso proyecto. La cara oculta de la Luna, por ejemplo, permitiría estudiar las ondas de radio procedentes de la Edad Oscura del universo, que son inaccesibles desde la Tierra debido a la atmósfera. Para ello, se han propuesto radiotelescopios gigantes desplegados en cráteres con estructuras similares a telas de araña [2]. También existiría la posibilidad de instalar conjuntos de telescopios ópticos y ultravioleta que, gracias a la interferometría, podrían observar agujeros negros supermasivos, exoplanetas o estrellas lejanas con una resolución extremadamente alta [3]. Incluso se han propuesto detectores de ondas gravitacionales en la Luna que complementen instalaciones como LIGO [4]. Desde el punto de vista geológico, la superficie de la Luna ha permanecido casi intacta durante miles de millones de años. No tiene atmósfera significativa, sin tectónica de placas ni erosión, lo que permitiría estudiar el sistema solar primitivo. En sus polos, además, la presencia de hielo abre nuevas preguntas sobre el origen del agua en la Tierra y el papel de los asteroides en su transporte.
Sin duda, el potencial científico es enorme. Pero para responder a la pregunta inicial y entender por qué realmente queremos volver, es necesario remontarnos a la Segunda Guerra Mundial.
De la guerra a la carrera espacial
Durante la Segunda Guerra Mundial, la Alemania nazi desarrolló los cohetes V2 bajo la dirección de Wernher von Braun. Se lanzaron miles de estos misiles contra ciudades como Londres o Amberes, aunque su impacto militar fue limitado en comparación con otras armas. Con esto demostraron que tenían la capacidad de enviar una carga explosiva a cientos de kilómetros sin necesidad de aviación. Paralelamente, EEUU desarrollaba la bomba atómica enmarcada en el proyecto Manhattan, y acabaría demostrándole al mundo el poder destructivo de la energía nuclear. Si juntamos ambas tecnologías, la capacidad de un cohete autónomo y la potencia de una bomba atómica, tendríamos en nuestras manos el arma más destructiva jamás desarrollada que marcaría la Guerra Fría. Quien dominara esta tecnología tendría en su poder la posibilidad de destruir ciudades como Nueva York o Moscú desde miles de kilómetros de distancia con solo pulsar un botón. Y si el lector nunca se ha fijado, un misil balístico se parece bastante a un cohete, por tanto, quien pudiera poner un objeto en órbita, sería más que capaz de alcanzar cualquier punto del planeta.
Al acabar la guerra, EEUU reclutó mediante la Operación Paperclip a unos 1.600 ingenieros alemanes que habían trabajado en el desarrollo del cohete V2, incluido el propio von Braun, que pasaría de diseñar armas para el Tercer Reich a liderar el programa Apollo. Por otra parte, solo alrededor de 150 científicos e ingenieros alemanes de más bajo nivel fueron llevados a la URSS, lo que les dejó en desventaja. Sin embargo, este factor no impidió que la URSS pasara de ser un país mayoritariamente agrario a una de las principales potencias industriales del mundo. La alfabetización aumentó desde niveles del 25–35% en el Imperio ruso hasta prácticamente la universalización en los años 50. El sistema educativo se expandió de forma masiva sobre todo en las ciencias y la ingeniería, y atrajo a un gran número de mujeres.
Con estos avances en la sociedad soviética, en 1957 le dieron el primer golpe psicológico a EEUU con el lanzamiento del Sputnik 1 en el que demostraba su poder tecnológico, hasta entonces infravalorado. EEUU respondió pocos meses después con el fallido Vanguard, apodado Kaputnik tras estallar en la plataforma de lanzamiento. Durante los años siguientes, los soviéticos siguieron marcando una clara ventaja. Enviaron el primer ser vivo al espacio (nuestra querida perra Laika), el vuelo de Yuri Gagarin en 1961, el primer paseo espacial y el viaje de Valentina Tereshkova (incluso años más tarde, en 1980, la URSS envió al primer americano afrodescendiente antes que EEUU, Arnaldo Tamayo Méndez).
Dados estos acontecimientos, John F. Kennedy convirtió la llegada a la Luna en una prioridad nacional con una inversión de casi el 5% del presupuesto federal [5]. La carrera entre ambas potencias avanzaba velozmente, con el ex-nazi von Braun en el lado estadounidense y Serguéi Koroliov en el soviético. La muerte prematura de Koroliov debilitó el programa soviético y permitió a EEUU recortar distancias hasta alcanzar su objetivo final, el alunizaje en 1969 del Apollo 11.
El programa Apollo tuvo una duración de apenas doce años y un coste estimado de unos 225.000 millones de dólares actuales y hasta 1972, seis misiones distintas llegaron a la Luna. En ese entonces, EEUU vivía una crisis económica y tensiones internas debido a la Guerra de Vietnam. Con la llegada de Nixon a la presidencia se dejaron de financiar las misiones a la Luna debido al alto coste, argumentaban que su objetivo político ya lo habían cumplido.
Esto no quiere decir que desde entonces se haya abandonado la exploración espacial. Las misiones no tripuladas, mediante sondas o robots, han sido mucho más baratas y menos arriesgadas. Estos últimos años ha habido muchas conquistas espaciales, se han enviado misiones a Marte, Venus, Júpiter, Saturno, Plutón e incluso a los límites del sistema solar como en el caso de Voyager 1 y Voyager 2, a la vez que se ha desarrollado la Estación Espacial Internacional.
La nueva carrera por la Luna
Después de este repaso histórico llegamos a la actualidad, donde las piezas del tablero geopolítico han cambiado drásticamente y China se presenta como el nuevo rival de EEUU. China ha declarado que quiere replicar el éxito que tuvo EEUU en 1969 mediante su programa Chang’e. Con este programa ya han conseguido alunizar una sonda en la cara oculta de la Luna y antes de 2030 pretenden lograr un aterrizaje tripulado [6]. Para más a largo plazo, tienen como objetivo establecerse permanentemente en el polo sur lunar, lo que supone una amenaza para EEUU en la renovada carrera espacial. De hecho, el mismo Trump declaró que no va a dejar a China hacerlo solos [7].
En terreno estadounidense no todo es de color rosa, ya que el programa Artemis ha ido acumulando retrasos. El regreso a la superficie lunar estaba previsto originalmente para 2024 y se ha pospuesto hasta al menos 2028 [8], a la vez que se acumula presión política por acortar plazos para adelantar a China. Por otra parte, Rusia ha sufrido fallos importantes y retrasos continuos en su propio programa, y al menos hasta 2028 no prevé la próxima misión [9]. A diferencia del modelo de Apollo, Artemis cuenta con la colaboración de distintas potencias como Europa, Canadá, Japón o incluso la India, además de numerosas empresas como SpaceX (Elon Musk) o Blue Origin (Jeff Bezos), que han recibido contratos públicos por miles de millones de dólares [10]. Esta transferencia masiva de fondos estatales sigue la lógica capitalista: se socializa el riesgo pero se privatiza el beneficio. No es de extrañar que muchos empresarios, incluido el Administrador de la NASA Jared Isaacman (que fue elegido por Trump), estén parasitando cada vez más el sector espacial.
Las potencias hoy no se disputan el prestigio simbólico por la capacidad de desarrollar un arma nuclear destructora de mundos como en la Guerra Fría. El espacio hoy se ha convertido en un área estratégica para el dominio global. Es evidente la dependencia de nuestra sociedad en los distintos satélites para la navegación, las comunicaciones, la vigilancia y también la guerra. La órbita baja, que sirve para comunicaciones rápidas y la observación terrestre de alta resolución, está saturada ya que cuenta con más de 10.000 satélites [11]. No es la única, la órbita geoestacionaria también está en disputa entre los distintos países. Visto este panorama, no es de extrañar entonces que la OTAN reconociera el espacio como dominio operativo en 2019, y EEUU creara la United States Space Force como rama específica de sus fuerzas armadas.
Con esto ya tenemos claro que el espacio es clave para el dominio de la tierra, pero ¿por qué el interés en la Luna en sí? Se piensa que la Luna podría albergar tierras raras, imprescindibles para la fabricación de dispositivos electrónicos. Además, la Luna posee reservas de hielo en regiones polares, que puede descomponerse en oxígeno e hidrógeno, éste último siendo un posible futuro combustible. Y hablando de futuros combustibles, hay uno muy especial que existe abundantemente en la Luna pero escasea en la Tierra: el Helio-3 [12]. Este isótopo permitiría dar lugar a la famosa fusión nuclear (que no fisión, que es la que se da en los actuales reactores nucleares), una fuente prácticamente ilimitada de energía (casi) limpia.
Sin duda, la Luna es rica en recursos para el desarrollo humano, pero el objetivo no se trata tanto de traer estos recursos a la Tierra (ya que sería excesivamente caro) sino de utilizarlos allí mismo para construir infraestructura. Como hemos mencionado previamente, estas misiones espaciales pretenden establecerse en la Luna de forma semipermanente, y más en concreto, en el polo sur que es donde hay hielo. En un futuro, la Luna actuaría como una plataforma de producción y transporte, un paso intermedio para extenderse al espacio profundo. Pero hay algo que puede ser incluso más decisivo que el control de los recursos, que es el control de las rutas hacia esos recursos. Pasaba igual durante la expansión colonial de los siglos XVIII y XIX cuando el Imperio Británico consolidaba su hegemonía gracias al control de las principales vías marítimas. Actualmente, estamos en un momento bastante crítico porque aún no existe una regulación plena de la administración de los recursos en la Luna. Este vacío legal favorecerá al primero que llegue, quien definirá las reglas del juego, como la gestión de los recursos, las rutas, la comunicación y quién puede y quién no acceder a ellos.
Conclusiones
Como vemos, la Luna es la puerta al dominio mundial y la carrera por conquistarla ya moviliza el orden de cientos de miles de millones de dólares a escala global. Llegados a este punto, es inevitable preguntarse si realmente merece la pena invertir semejante cifra en la colonización lunar. Aunque no sea obvio a simple vista, la exploración espacial puede elevar el nivel de vida de las personas. Muchas veces, el conocimiento que genera la comunidad científica acaba trasladándose a la sociedad en forma de tecnología. Por ejemplo, las cámaras de nuestros móviles, el sistema GPS que usamos para la navegación, los algoritmos de procesamiento de señales en las resonancias magnéticas e incluso las mantas térmicas son producto de la investigación en la astronomía. Por ello, la exploración espacial tiene un potencial enorme para la humanidad y debemos invertir en ella.
Los frutos de estos avances son el resultado de un trabajo colectivo de generaciones de científicos, ingenieros y trabajadores, sostenido sobre siglos de conocimiento previo. A pesar de ello, la clase trabajadora, que hace posible estos logros, no tiene capacidad real de decisión sobre su desarrollo, su aplicación o la gestión de los recursos. Es la clase capitalista la que se apropia de los avances para proteger y reproducir sus propios intereses, que giran en torno a la acumulación, la competencia y el dominio geopolítico. Es evidente que esto entra en contradicción con las necesidades de la mayoría. Si bien es verdad que en fases de expansión el capitalismo ha impulsado innovaciones que han terminado beneficiando a la población, cada vez le resulta más difícil traducir ese progreso en mejoras para la clase trabajadora.
Un ejemplo claro es el turismo espacial, convertido en un bien de lujo que impulsan las empresas de Jeff Bezos o Elon Musk. Estas empresas, que reciben contratos públicos de miles de millones de dólares, ofrecen viajes al espacio de unos diez minutos cuyo billete ronda el millón de dólares [13]. Es evidente que es un servicio sin impacto social relevante pero con unas consecuencias medioambientales estratosféricas. Es más, proyectos como Orbital Reef, impulsado por Jeff Bezos y que cuenta con financiación de la NASA, buscan desarrollar estaciones espaciales comerciales de cara a la retirada de la Estación Espacial Internacional [14]. Y ya que mencionamos a estos magnates, es interesante ver lo mucho que a las élites les gusta la narrativa del “genio individual”, donde destacan también Bill Gates, Steve Jobs o Mark Zuckerberg. Lo cierto es que esta narrativa oculta tanto el trabajo de la clase obrera como el papel del Estado en el desarrollo tecnológico. Por poner un ejemplo, la NASA se creó después del impacto que supuso el lanzamiento del Sputnik. Así, se pudo reorganizar su estructura científica y tecnológica bajo una dirección estatal centralizada. De hecho, el ascenso de China en la carrera espacial se puede explicar en gran parte gracias a cómo la intervención estatal centralizada puede dirigir la investigación y movilizar recursos.
Lejos de ser un gran salto para la humanidad, esta misión está siendo un gran salto para el capital. Una federación socialista mundial unificaría todas las agencias espaciales, cuyos programas están duplicados en los países ya mencionados. De esta forma, se compartirían datos, recursos y científicos para impulsar el progreso en beneficio de toda la humanidad. Solo cuando expropiemos a la clase capitalista, la exploración espacial podrá despegar.
Referencias
- [1] NASA. Artemis II Resumen de la Misión. url: https://ciencia.nasa.gov/sistema-solar/artemis-ii-resumen-de-la-mision/.
- [2] NASA Jet Propulsion Laboratory. Lunar Crater Radio Telescope: Illuminating the Cos-mic Dark Ages. url: https://www.jpl.nasa.gov/news/lunar-crater-radio-telescope-illuminating-the-cosmic-dark-ages/.
- [3] NASA. Lunar Long Baseline Optical Imaging Interferometer. url: https://www.nasa.gov/general/lunar_long_baseline_optical_imaging_interferometer/.[4]
- [4] J. et al. Lunar-based gravitational wave detection concepts. url: https://ui.adsabs.harvard.edu/abs/2025arXiv250811631J/abstract.
- [5] BBC Future. Apollo in 50 numbers: the cost of going to the Moon. url: https://www.bbc.com/future/article/20190712-apollo-in-50-numbers-the-cost.
- [6] China National Space Administration. Lunar Exploration Program Overview (Chang’e Program). Official program overview. 2025.
- [7] Fox News. Trump wants Moon landing by 2028. 2024. url: https://www.foxnews.com/opinion/trump-wants-moon-landing-2028-nasa-already-hedging.
- [8] France 24. Se retrasa el regreso a la Luna: Artemis. 2026. url:https://www.france24.com/es/programas/ciencia-y-tecnolog%C3%ADa/20260410-se-retrasa-el-regreso-a-la-luna-esto-viene-ahora-en-artemis-de-la-nasa.
- [9] El País. Rusia se descuelga de la carrera a la Luna y aplaza su misión a 2028. 2026. url: https://elpais.com/ciencia/2026-04-09/rusia-se-descuelga-de-la-carrera-a-la-luna-y-aplaza-a-2028-el-envio-de-su-proxima-nave.html.
- [10] NASA. NASA selects Blue Origin as Artemis lunar lander provider. 2023. url: https://www.nasa.gov/news-release/nasa-selects-blue-origin-as-second-artemis-lunar-lander-provider/.
- [11] Discover Magazine. About 15,000 satellites are circling Earth. 2024. url: https://www.discovermagazine.com/about-15-000-satellites-are-circling-earth-and-they-re-disrupting-the-sky-48550.
- [12] Ian A. Crawford. “Lunar resources and potential for Helium-3 extraction”. En: Plane-tary and Space Science 39 (2015), págs. 137-146. url: https://ui.adsabs.harvard.edu/abs/2015PrPG…39..137C/abstract.
- [13] Xataka. Quemar un millón de dólares en diez minutos: se han filtrado los números del turismo espacial de Blue Origin y son una locura. 2026. url: https://www.xataka.com/espacio/quemar-millon-dolares-diez-minutos-se-han-filtrado-numeros-turismo-espacial-blue-origin-locura.
- [14] Xataka. Jeff Bezos está construyendo una estación espacial que acogerá a turistas espaciales: costará unos 100.000 millones de dólares. 2023. url: https://www.xataka.com/espacio/jeff-bezos-esta-construyendo-estacion-espacial-que-acogera-a-turistas-espaciales-costara-unos-100-000-000-000-dolares.
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