BH Bikes: cuando la mala gestión se paga con los derechos de los trabajadores
Los trabajadores denuncian vulneraciones sistemáticas de sus derechos mientras la cuestionable gestión de la junta directiva empuja a la empresa hacia una situación financiera cada vez más crítica.
Durante los últimos meses hemos seguido muy de cerca la situación de los compañeros de BH Bikes en Vitoria, y ahora nos hacemos eco de la lucha que mantienen por defender sus derechos.
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Una empresa histórica en una situación crítica
Desde hace más de un año, sus representantes sindicales vienen denunciando públicamente la vulneración sistemática del derecho laboral en esta compañía con casi 120 años de historia. A la gravedad de estas prácticas se suma además una situación empresarial cada vez más delicada: según las últimas informaciones, la empresa atraviesa un momento crítico, fruto en gran medida de las cuestionables decisiones adoptadas por su junta directiva, cuya gestión está conduciendo a la compañía hacia una deriva financiera cada vez más preocupante.
Deslocalización y deterioro de las condiciones laborales
Para ponernos en contexto debemos saber que esta empresa, de renombre en el sector de la fabricación de bicicletas, deslocalizó su producción durante la primera década de los años dos mil, lo que provocó una gran reducción de personal en sus instalaciones vitorianas. Los empleos que se mantuvieron en su sede original sufrieron un drástico empeoramiento de sus condiciones laborales: primero con un cambio de convenio ilegal —que fue denunciado y será juzgado por la vía legal el próximo mes de mayo— y posteriormente con recortes en todos los ámbitos: salariales, aumento de la jornada laboral, merma en los días de libranza y un largo etcétera.
La dirección carga el peso de su mala gestión sobre la plantilla
La dirección de la empresa, asesorada por su equipo legal, ha utilizado todos los subterfugios posibles —y algunos imposibles— para saquear las nóminas de los trabajadores, que hasta ahora poco han podido hacer para defenderse de estos atropellos. Lejos de asumir su responsabilidad en la delicada situación económica de la compañía, la cúpula directiva ha optado por trasladar el peso de su mala gestión a la plantilla. Los trabajadores han sido amedrentados y, en algunos casos, incluso amenazados y vilipendiados por sus jefes directos, quienes han actuado como auténticos perros de presa de la dirección.
La movilización empieza a dar resultados
Desde que los trabajadores, ya hartos de esta situación insostenible, decidieron movilizarse y pasar a la acción, han conseguido que algunas de estas atrocidades se reviertan y que la dirección de la empresa tenga que dar marcha atrás. Sirva como ejemplo que, en menos de seis meses, las nóminas tuvieron que ser modificadas en cuatro ocasiones, ya que no cumplían con los mínimos parámetros legales.
Más allá de estas pequeñas victorias —más morales que salariales—, las posibilidades de mejora en las condiciones de nuestros compañeros siguen siendo escasas. El marco legal fundamental por el que se rigen es un convenio colectivo secundario que, además, se encuentra caducado desde el año 2009. Como consecuencia, los derechos contemplados en él son exiguos y, en algunos casos, claramente anacrónicos.
La unidad de los trabajadores como única garantía
A pesar de ello, no hay que caer en el desánimo, ya que la batalla no está perdida en absoluto. Queda mucho camino por recorrer y la lucha no será fácil, pero si los compañeros y compañeras permanecen unidos, sus posibilidades de éxito son incuestionables.
La unidad de acción de todos los trabajadores es el arma fundamental que están obligados a utilizar frente al autoritarismo y al despotismo del que presume, de manera arrogante, la dirección de la empresa. Si los compañeros superan el escollo de la división —que desde la cúpula empresarial se ha fomentado durante años jugando con los intereses individuales de los trabajadores—, el camino hacia el éxito se allanará considerablemente.
Del mismo modo que el comité de empresa ha sabido superar cualquier diferencia de criterio para empujar juntos en la misma dirección, el conjunto de los trabajadores debe permanecer unido y participar activamente en las acciones que se lleven a cabo para triunfar en esta lucha, que es la lucha de todos. Los compañeros deben tener muy presente que, si no se movilizan y pelean por sus propios derechos, nadie vendrá a hacerlo por ellos, y si confían en que los mecanismos de este sistema les defiendan, pueden analizar como ejemplo los desmanes que se han llevado a cabo durante los últimos 15 años en BH, con la connivencia de las instituciones, las cuales no han intervenido ni para hacer valer las leyes laborales más básicas.
Ahora más que nunca la consigna debe ser clara: la misma con la que Marx y Engels quisieron concluir el Manifiesto.
¡Trabajadores del mundo, uníos!
¡No tenéis nada que perder salvo vuestras cadenas!
¡Tenéis, en cambio, un mundo que ganar!
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