Crisis migratoria de Ceuta: Contra al racismo y la reacción se necesita una alternativa de clase

La crisis migratoria de Ceuta se ha convertido en una formidable crisis social y política que la derecha está utilizando para desgastar aún más al gobierno y forzar su caída. En general, se señala la responsabilidad del régimen marroquí de Mohamed VI en provocar esta crisis, pero no nos engañemos: la responsabilidad final es del imperialismo europeo (el español incluido) y el sistema capitalista que lo sustenta.

La responsabilidad del régimen marroquí

Parece claro que el ingreso súbito, los pasados 30 y 31 de julio, de alrededor de 70.000 migrantes marroquíes y subsaharianos cruzando a nado la frontera con Ceuta, ante la pasividad de las fuerzas policiales marroquíes, no fue algo improvisado. Todas las sospechas apuntan con razón al régimen marroquí. Razones puede haber varias: vengarse del gobierno español por su acercamiento reciente a Argelia, la concesión de la nacionalidad española a los saharauis que vivían en la excolonia española hasta su abandono en 1976, maniobras de complicidad con Israel y EEUU para socavar al gobierno de Sánchez, conseguir más fondos europeos para su papel de guardafronteras del imperialismo europeo, etc. El régimen de Mohamed VI ha venido utilizando la inmigración  como una herramienta de extorsión para conseguir ventajas políticas de la UE y del Estado español en particular, como el vergonzoso y traicionero reconocimiento de Sánchez del Sáhara Occidental como territorio “autónomo” de Marruecos, tras un suceso similar en 2021 donde ingresaron 10.000 migrantes. Pero habría otra razón más, y es la asfixiante situación social interna y el desprestigio popular cada vez mayor del monarca marroquí por su lujoso tren de vida, que exige jugar la carta nacionalista (la marroquineidad de Ceuta y Melilla) para desviar la atención de la población marroquí de los ardientes problemas sociales del país, sobre todo de la juventud que en el otoño pasado se movilizó por cientos de miles en las calles de Marruecos haciendo temblar de pánico al régimen del Majzén.

El “efecto llamada” se llama capitalismo e imperialismo

La derecha española e internacional no perdió el tiempo en atribuir las causas de lo ocurrido a la política de regularización de inmigrantes efectuada hace meses por el gobierno de Sánchez. Según ellos, eso habría ejercido un “efecto llamada”. Lo mismo, dicen, de la decisión del Tribunal Supremo una semana antes de sólo permitir la devolución inmediata de los migrantes que fuercen una barrera física (vallas), lo que no incluiría a quienes entraran a nado. Pero esto es una excusa cínica conveniente. Quieren tapar la realidad. Los inmigrantes regularizados por el gobierno ingresaron al Estado español, en un 99%, por avión o por las fronteras terrestres europeas. Son personas que ya formaban parte del engranaje económico y social de la sociedad española. Ya eran explotados como cualquier trabajador, pero en condiciones de marginación y abuso extremo, para enriquecer a empresarios que se apropiaban de toda la plusvalía generada por esos trabajadores sin aportar nada al fisco. Estos inmigrantes son, en su amplia mayoría, parte de la clase obrera que construye la sociedad y deben tener idénticos derechos sociales y políticos que el resto de los trabajadores nativos, incluido el de la nacionalidad. Los comunistas no distinguimos entre nacionales y extranjeros sino entre obreros y empresarios, entre explotados y explotadores. No sobran obreros que con su trabajo generan la riqueza suficiente para cubrir sus salarios, sus gastos educativos y sanitarios, y además dejan beneficios a los empresarios que se apropian de su trabajo no pagado, como le ocurre a todo trabajador asalariado. Lo que sobran con explotadores y capitalistas.

Por otro lado, y es lo más importante, quienes emigran no lo hacen porque haya fronteras abiertas, lo hacen porque se ven obligados a huir de sus países de origen por las guerras imperialistas, guerras civiles, la pobreza extrema, y por la persecución política por regímenes sostenidos, en la mayoría de los casos, por EEUU y los gobiernos capitalistas europeos. Estos conflictos son el resultado directo de la intervención de los países imperialistas, europeos y estadounidenses, que causan catástrofes humanas con sus políticas de saqueo y expolio, por vía económica y militar, en su afán de ampliar sus esferas de influencia y apropiarse de nuevos mercados y fuentes de materias primas. ¿Cómo tienen la desvergüenza la derecha europea y norteamericana y sus acólitos en el Estado español (Feijóo, Abascal, Ayuso, Aznar y Orriols) que han aplaudido la devastación de Palestina y África, y las guerras de Ucrania e Irán, provocando miseria y sufrimiento a millones de seres humanos y se quejan ahora porque cientos de miles golpean sus puertas para huir de ese infierno? Para ser claros: los responsables del ingreso masivo de 70.000 personas en Ceuta fueron el imperialismo europeo (incluido el español) y su agente regional, el régimen dictatorial marroquí. Y los 141 jóvenes marroquíes y subsaharianos ahogados en las costas de Ceuta durante el ingreso masivo de fines de julio, son otro de los tantos crímenes que debemos depositar sobre los hombros de estos canallas.

En la crítica de esta gente al gobierno español hay un elemento de venganza. Independientemente de lo que pensemos de Sánchez y de sus razones, éste los humilló a lo largo del último año ante la opinión pública mundial cuando mostró su apoyo, al menos de palabra, al pueblo de Gaza y denunció abiertamente a Netanyahu, así como rechazó aceptar el 5% del PIB del gasto militar, desairando abiertamente a Trump, y apareció como el dirigente político occidental más opuesto a la guerra de Irán; mientras que el resto agachaba la cabeza y mantenía una actitud servil, o de medias tintas, ante Netanyahu y Trump.

El gobierno, acorralado

No obstante, el gobierno mismo debilita su posición. En su afán de no desairar al régimen marroquí, que sigue teniendo la llave de la frontera, y también para preservar  los lucrativos vínculos económicos de los capitalistas españoles con Marruecos (22.000 millones de euros en intercambios comerciales), no sólo rechaza culparlo, sino que lo defiende, apareciendo esta posición falsa ante la opinión pública, también en la izquierda.

Felipe VI también ha abandonado al gobierno, cobardemente, para preservar su posición. Parece que el gobierno le propuso contactar directamente a Mohamed VI para conocer las verdaderas intenciones del régimen marroquí, pero rehusó. Según las fuentes dijo que sólo lo haría cuando se considere “útil y razonable”. Pero, ¿quién y cuándo debería considerarlo “útil y razonable”? El Borbón, por supuesto, según la Casa Real; no el gobierno elegido por los representantes del pueblo.

Y para colmo, está la crisis interna que enfrenta a la ministra de defensa, Margarita Robles, con el resto del Ejecutivo. Robles afirmó que el servicio secreto, el CNI, informó “verbalmente” al gobierno la víspera de la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta, pero el gobierno lo niega tajantemente. Robles siempre fue el miembro más derechista del gobierno y una defensora acérrima de la casta militar y judicial, enemistada con el ministro del interior Grande-Marlaska porque ansiaba su cargo (según El País) del que parece que ha tratado de vengarse con esta afirmación y, de paso, eludir cualquier responsabilidad de su parte por lo sucedido en Ceuta, aun a costa de debilitar más al gobierno.

Al final, el gobierno acorralado, ha cedido a última hora a endurecer la ley de extranjería  para bloquear cualquier pedido de asilo, como demandaban la derecha y la UE, favoreciendo las campañas racistas y contra los derechos humanos de esta gente.

Contra el racismo y la xenofobia: Por una alternativa de clase

¿Qué salida hay? Realmente, la derecha no tiene ninguna alternativa. Sabe que los 5000 migrantes que aún quedan en la ciudad, incluidos 1500 menores, no pueden ser expulsados sin más, porque en las demandas de asilo la ley obliga a atender y responder cada caso individualmente. Los menores no pueden ser expulsados si no se acredita su filiación y si nadie los reclama. Debemos denunciar la hipocresía moral y política de esta gentuza, que habla de “invasión” y de “colapso” de los servicios públicos en un país que permite entrar, alojar y atender sanitariamente (cuando es el caso) a 100 millones de turistas cada año, que recibió con el entusiasmo de la derecha a 260.000 ucranianos que huían de la guerra con Rusia y a decenas de miles de venezolanos críticos con el régimen de Maduro, poniendo a disposición de todos ellos los recursos del Estado. Esto palidece con 5000 personas que ingresaron a Ceuta huyendo de la miseria a la que les condena el capitalismo y las políticas de saqueo y miseria del imperialismo.

Desde luego, hay que entender la reacción airada de gran parte de la población ceutí ante la situación, por el pequeño tamaño del territorio y los inconvenientes cotidianos generados. Aun así, cientos de vecinos de los barrios más humildes se han implicado voluntariamente en la atención a los inmigrantes, llevándoles comida, ropa, atención sanitaria, etc. En los primeros días de agosto, los propios vecinos expulsaron de la calle a ultraderechistas reconocidos como Alvise Pérez, Vito Zoppellari Quiles y miembros de la organización nazi Núcleo Nacional, que habían viajado a Ceuta para exacerbar la situación.

Pero el cansancio y la falta de un final cercano de esta dramática situación están siendo aprovechados por los despreciables racistas y xenófobos locales en una ciudad de perfil conservador con una alta proporción de personal militar y policial (más de 4.000 efectivos), a los que se han sumado activistas fascistas y racistas de la península, muchos de ellos alentando pogromos y palizas a los inmigrantes que viven en condiciones deplorables de acoso, desnutrición e insalubridad. Estos canallas han prendido fuego a las modestas cabañas y pertenencias de inmigrantes refugiados en la playa, e impedido el reparto de comida. Incluso han atacado a ciudadanos ceutíes musulmanes.

El gobierno ha quedado a merced de la derecha y carece de alternativa para reconducir la situación, que pasaría por el reparto de estos 5000 migrantes entre las diferentes comunidades autónomas, y así descomprimir la explosiva situación social que se vive en esa ciudad. Pero eso pasa por la aprobación de cada comunidad autónoma, donde el PP gobierna en 12 de las 17 existentes, en varias de ellas con el apoyo de Vox.  El asunto es que la derecha no tiene la intención de favorecer esta vía. Por el contrario, ha estado apostando por el estallido social en Ceuta con un resultado violento, y seguramente sangriento, para forzar la caída del gobierno. Esta es toda la verdad del asunto. Y esta es la realidad que deberían explicar abiertamente el gobierno y sus aliados si quieren movilizar a su lado sus bases sociales de apoyo y contrarrestar la campaña criminal de la derecha. Sólo a última hora, cuando en la práctica se han podido palpar los enormes peligros de tal desarrollo, sobre todo el pasado jueves 26 de agosto, es cuando la clase dominante ha dado la orden de parar y la derecha ha tenido que ponerle la correa a sus cachorros racistas. Ahora todos hablan de «evitar la violencia», mientras se sigue criminalizando y deshumanizando a los inmigrantes que sobreviven en condiciones inhumanas. No obstante, ante la histeria racista de la derecha y la extrema derecha, cualquier chispa imprevista puede hacer explotar el combustible social acumulado.

Frente a esto, el gobierno debería decretar el estado de emergencia nacional en toda la península y tomar el control directo de los recursos públicos a nivel estatal para forzar el traslado de los migrantes a la península, distribuyéndolos en edificios y propiedades del Estado, en condiciones dignas, en proporción a los habitantes de cada comunidad autónoma. El asunto es que el gobierno carece de la valentía para dar este paso.

El gobierno se enfrenta al abandono de la UE, de la derecha y de Felipe VI, todos ellos enemigos de la clase trabajadora. Sólo hay una alternativa de clase para lidiar con la situación. Si el gobierno no actúa con decisión y firmeza, la situación solo empeorará con las consecuencias más terribles y la posible caída del gobierno mismo. La derecha ha convocado concentraciones reaccionarias contra los inmigrantes de Ceuta el 2 de septiembre en todo el Estado. Hay que responderles. Como ya se ha empezado a hacer, es urgente salir a la calle en todo el Estado ese mismo día, y en cualquier momento, para enfrentar a los racistas y disputarle el relato ante la clase trabajadora sobre la actual situación y cuál es la alternativa.

Por nuestra parte defendemos:

– No a la expulsión de los 5000 inmigrantes. Deben ser acogidos en condiciones dignas y saludables, e integrarlos en la sociedad.

– Que el gobierno decrete el estado de emergencia nacional y sean repartidos en todo el territorio del Estado de manera inmediata.

– No al racismo ni a los pogromos contra inmigrantes. Abajo la sucia campaña contra el pueblo marroquí.

– Salir a la calle, organizar actos de protesta lo más masivos posibles contra la reacción racista y reaccionaria.

La inmigración no se puede parar con leyes ni fronteras. Hunde sus raíces en el capitalismo mismo, favorecida por la opresión y el saqueo de los imperialistas. Sólo la revolución socialista puede terminar con todo tipo de opresión y miseria y establecer un mundo sin fronteras ni opresión, una verdadera hermandad universal de seres humanos. Ese es el futuro comunista por el que debemos luchar.

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