Crisis migratoria en Ceuta: el imperialismo, culpable
A lo largo del pasado jueves cerca de 50.000 personas han cruzado a nado la frontera entre Marruecos y Ceuta en el mayor pico de inmigración “ilegal” en la frontera desde 2021. Este suceso, que se ha cobrado la vida de 57 jóvenes marroquíes que no han logrado hacer el cruce, ha desatado una auténtica tormenta política con las políticas migratorias del gobierno español como epicentro. A lo largo del viernes la casi totalidad de los 50.000 que habían logrado cruzar la frontera han regresado a Marruecos, en una combinación de deportaciones en caliente y regresos voluntarios.
En paralelo a este hecho, con el despliegue de fuerzas armadas en Ceuta y refuerzos policiales provenientes de Andalucía; los medios de comunicación y las redes sociales han sido inundadas rápidamente por rabiosos discursos antiinmigración, denunciando las políticas migratorias del gobierno de Pedro Sánchez como su causa principal. Los principales detractores del gobierno sitúan las causas del incidente en dos frentes: la regularización masiva de inmigrantes en el Estado Español realizada este año y la reciente sentencia del Supremo sobre la imposibilidad de deportar en caliente a aquellos que lleguen por mar. Ambas explicaciones, aparte de carecer de fundamento, son poco más que una expresión del discurso reciente de la derecha española alrededor de la “prioridad nacional”.
Estas denuncias no han quedado tan solo en boca de los sospechosos habituales (PP y VOX) sino que han adoptado dimensiones internacionales, con representantes de distintos gobiernos europeos (como los de Italia, Dinamarca, Finlandia, y otros) expresando hipócritamente su indignación contra el gobierno español. Incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha aprovechado la situación para sumarse a la avalancha antiinmigratoria, sentenciando: “Recuerden esta imagen. Eso seremos nosotros en tres años si el bando equivocado llega al poder… Si los Demócratas llegan al poder, no vivirán una vida muy buena”.
Por supuesto, no podía faltar a la ocasión la habitual basura neonazi. Núcleo Nacional y su sombra a regañadientes, Democracia Nacional, han convocado manifestaciones en respuesta en Madrid y Barcelona este viernes. En la manifestación de Madrid, Iván Ricos, fascista profesional y dirigente del grupo, ha anunciado que se desplazarán a Ceuta, podemos asumir que a mostrar su solidaridad con la escoria que durante la noche del jueves y la mañana del viernes se ha dedicado a recorrer las calles de Ceuta para “cazar” inmigrantes y apalearlos.
Esta vorágine política, a todas luces más que desproporcionada, no debe sorprendernos en absoluto. No es más que la expresión más reaccionaria de una burguesía desesperada que se enfrenta a la crisis irresoluble del capitalismo y que, incapaz de encontrar una solución, no puede más que crear chivos expiatorios para dividir a la clase obrera.
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Las razones de fondo
Aunque demagogos como Abascal buscan convencernos que la migración es una especie de invasión orquestada no se sabe muy bien por quién con fines malignos, las causas reales, sin embargo, son bastante evidentes.
Los migrantes se ven obligados a huir de sus países de origen por los conflictos bélicos, la inestabilidad y la pobreza extrema. Estos conflictos son el resultado directo de la intervención de los países imperialistas que ahora quieren cerrar sus fronteras, que causan inestabilidad con sus políticas de saqueo y expolio, por vía económica y militar, en su afán de ampliar sus esferas de influencia y captar nuevos mercados y fuentes de materias primas. En particular en el caso de África, los países imperialistas continúan dominando económicamente a sus antiguas colonias y a través de regímenes burgueses extremadamente violentos que actúan como títeres de las grandes multinacionales. Son los lacayos del imperialismo, bien pagados por mantener su población sometida a la pobreza.
En el caso de Marruecos, esto es más que evidente. Se trata de un país empobrecido con una economía estrechamente ligada a la inversión europea, norteamericana e israelí; cuyos habitantes se ven forzados a emigrar para huir de la miseria y la más extrema pobreza.
Para explicar la actual situación en Ceuta, sin embargo, debemos fijarnos en la particular relación entre Marruecos y el Estado español.
En los últimos años, el Estado español se ha esforzado en mantener un equilibrio delicado entre Marruecos y Argelia para explotar al máximo las ventajas de cada uno; del primero, su posición geográfica vital para controlar las rutas terrestres entre el Sahel y el norte de África, además de rutas marítimas y aguas pesqueras, del segundo su acceso a gas natural barato. Este baile es particularmente delicado por la enemistad tradicional entre Marruecos y Argelia, rivales tradicionales en la disputa por la hegemonía en el Magreb que incluye el apoyo del segundo a las aspiraciones del pueblo saharahui contra Marruecos por un Estado propio.
Esta relación particular ha resultado de un lado en que el despótico régimen marroquí se sostenga en parte gracias al continuo apoyo del imperialismo español, que colabora en la dominación marroquí del Sáhara occidental y le apoya económicamente, con intercambios comerciales entre los dos países por valor de 22.000 millones. De otro lado, ha resultado también en que cada vez más el gobierno español exporte a Marruecos el control de la frontera, evitando así mancharse las manos directamente en el asesinato continuo de migrantes que intentan llegar a Europa a través del estrecho. De hecho, en los últimos años Marruecos ha recibido cientos de millones combinados entre el gobierno español y la Unión Europea, a través de Frontex, para realizar esta función.
Sin embargo, esta particular relación y la patente debilidad del imperialismo español, han otorgado una ficha a Marruecos para presionar diplomáticamente al Estado español y condicionar la política de éste en el Magreb a favor de sus intereses, con la amenaza de dejar pasar la migración.
Las imágenes del jueves muestran que los mismos soldados marroquíes que usan la represión más descarada para frenar a aquellos que intentan cruzar la frontera se han mantenido impasibles mientras todo ocurría. Esto ya había ocurrido en el pasado, en 2021, cuando 10.000 personas llegaron a Ceuta. En aquel momento, respondía a un conflicto diplomático por las pretensiones del gobierno marroquí de controlar directamente el Sáhara Occidental, y el conflicto se saldó con la declaración por parte de Pedro Sánchez de que la región debía ser administrada directamente por Marruecos. Esta vez, parece responder al reciente acuerdo entre Argelia y el Estado español para aumentar el suministro de gas argelino, que amenaza los intereses geopolíticos de Marruecos en el Magreb, y a la implementación el pasado julio de una ley que otorgaría la ciudadanía española a aquellos saharauis nacidos antes del 1976, cuando el Sáhara occidental aún era una colonia española.
Aunque lejos de estar confirmado, las declaraciones de Trump y representantes del gobierno israelí, aprovechando lo ocurrido en Ceuta para lanzar flechas contra el gobierno de Pedro Sánchez, ha hecho que muchos sugieran también una intervención de los imperialismos norteamericano e israelí en esta crisis. La realidad es que ambos gobiernos no han perdonado a Sánchez sus posicionamientos a favor de Palestina y contra la guerra de Irán, y contra la aceptación servil de gastar el 5% del PIB en rearmar la OTAN, aunque en los hechos haya aplicado la línea marcada por Estados Unidos. Sean los artífices del incidente de Ceuta o no, todo lo ocurrido les brinda una gran oportunidad para causar una crisis diplomática a Sánchez y presionar al gobierno español para ceñirse a las pautas del imperialismo norteamericano.
Este fenómeno es fácilmente instrumentalizado por el discurso derechista de la “invasión”, pero no debe distraernos de las causas reales que se esconden detrás. Más allá de cómo Marruecos pueda usar el control de la frontera en su beneficio, esto no es más que un resultado accidental de los actos del capitalismo español.
Ante la hipocresía de la burguesía debemos ser claros, el único causante del aumento de la migración es el mismo capitalismo, y el responsable en última instancia de lo ocurrido en Ceuta este jueves no es otro que el imperialismo español y europeo.
La derecha se abalanza contra Sánchez
Desde el PP, la reacción ante la situación en Ceuta no se ha hecho esperar. Siguiendo su patrón habitual cuando se encuentran con una “crisis” entre manos, su presidente autonómico, Juan Jesús Vivas, se ha apresurado a solicitar ayuda del gobierno central mientras Feijóo preparaba sus primeros puñales contra Sánchez por su supuesta inacción. Aprovechando la situación para reforzar el discurso antiinmigración que defienden desde hace años, han solicitado que se modifique urgentemente la Ley de Extranjería para que quede garantizada la deportación en caliente de cualquier inmigrante “ilegal”.
Por parte de Vox no ha habido esfuerzo alguno por disfrazar el carácter racista de su discurso en las declaraciones de Abascal en las redes: “No vienen huyendo de ninguna guerra, ni de la pobreza. Es una invasión. Son hombres […] llamados por el Gobierno corrupto de Sánchez para que asalten nuestras fronteras […]». Posteriormente, el partido ha anunciado que sus vicepresidentes en Andalucía, Aragón, Castilla y León y Extremadura han ordenado revisar los programas en vigor con ONGs para paralizar las ayudas a las que supuestamente “amparan la invasión migratoria”.
A nivel internacional la reacción de varios gobiernos europeos no ha distado mucho de esto. La respuesta más drástica ha venido por parte del gobierno italiano, que ha anunciado este viernes que suspende el Acuerdo Schengen con España por temor a que los inmigrantes llegados a Ceuta puedan de alguna forma llegar a Italia. Más tarde han puntualizado que la medida solo se aplicaría a personas no españolas ni europeas.
En la misma línea, el gobierno francés ha decidido triplicar la presencia policial en la frontera española y Emmanuel Macron se ha sumado a la propuesta de Ursula Von der Leyen de implicar a Frontex, la agencia europea contra la inmigración, para “ayudar a España a controlar la situación”.
A todo este discurso hay que dar una respuesta contundente. Lo sucedido en Ceuta estos días de ninguna forma supone una crisis nacional ni mucho menos una invasión. Tal perspectiva solo es aceptable en el marco de lo que Vox ahora denomina “prioridad nacional” pero que lleva siendo el discurso de la derecha desde hace años: que no hay recursos suficientes para hacer frente a la inmigración y que por tanto la única solución es cortarla tanto como sea posible. Como hemos indicado en el pasado, esto es demagogia barata que nada tiene que ver con la realidad.
Pese a lo que guste decir a las clases dominantes, el problema nada tiene que ver con la falta de recursos sino con cómo se usan éstos y a quién van destinados. Bajo la anarquía del capitalismo, las gigantescas montañas de capital creadas a diario por la clase obrera son apropiadas por una minoría parasitaria y malgastados en una economía ineficiente y derrochadora, buscando proteger los beneficios de un puñado de capitalistas por encima de los intereses de la mayoría.
El motivo por el que la burguesía centra su discurso en la inmigración y nos intenta convencer de que supone una “crisis” inafrontable, es que no pueden ofrecer soluciones a los problemas reales que atenazan a la clase obrera actual: el acceso a la vivienda, el aumento del coste de vida, la precarización de la sanidad y educación…
Por añadido, y sobretodo en el marco internacional, esta avalancha de críticas al gobierno y la amenaza del endurecimiento de las fronteras con el Estado español por parte de gobiernos europeos, muestra también los verdaderos intereses de la burguesía europea. Pese a que en la práctica el gobierno de Sánchez haya sido el más adepto en defender los intereses de la burguesía española aplicando una política de paz social a la vez que endurecía sigilosamente la frontera con Marruecos, este gobierno ya les resulta incómodo y empiezan a acumularse las presiones para acabar con él de un empujón. La realidad es que para hacer frente a la crisis actual la burguesía requiere de una política abierta de austeridad y rearme, objetivo para el cuál el actual gobierno del PSOE supone una molestia por las reticencias de éste a aplicarla a la escala que demanda la clase dominante por miedo a reducir aún más su base electoral de apoyo .
En su reacción desmedida al incidente de Ceuta las clases dominantes española y europeas dejan claro su mensaje al Estado español, es hora de aplicar la línea dura del resto de gobiernos.
La respuesta del gobierno
A todo esto, el gobierno de Pedro Sánchez tampoco se ha mostrado tímido en su respuesta. Declarando que lo ocurrido suponía una “violación de la integridad territorial de España” ha aprobado el despliegue del ejército en Ceuta para ayudar a la Guardia Civil a detener y deportar los inmigrantes llegados, además de preparar dispositivos policiales adicionales provenientes de Andalucía. El resultado ha sido contundente, prácticamente todas las personas que habían logrado cruzar la frontera han sido ya deportadas. La situación de “crisis”, al parecer, invalida la sentencia del Supremo.
Por añadido, Sánchez ha instado al gobierno marroquí a “agilizar” y “dar una respuesta mucho más contundente”. Es decir, insta a Marruecos, a quien el Estado español ha exportado el control de la frontera desde hace años, a que se manche las manos y asuma de nuevo su papel de guardia fronterizo para Europa. Parece que el gobierno de Marruecos, tras dar una lección al gobierno español, y para no indisponerse con el imperialismo de la Unión Europea, ha sido receptivo a la solicitud y ha colaborado diligentemente en la repatriación de los jóvenes marroquíes desesperados a los que 48 horas antes había instado a cruzar la frontera a nado.
En su discurso, además, Sánchez reafirma de nuevo la amistad y colaboración con Marruecos, a la vez que culpa del incidente a las mafias del tránsito de personas. Hay que ser claros, Pedro Sánchez falsea la situación con tales declaraciones; permite al régimen marroquí lavarse la cara para que la “relación especial” entre ambos países pueda proseguir sin más dificultades.
Como respuesta a largo plazo, el gobierno ha puesto sobre la mesa el despliegue de boyas en el espigón que separa Ceuta de Marruecos. Dado que la Ley de Extranjería actualmente no permite la deportación en caliente salvo que se hayan cruzado obstáculos físicos (por ejemplo, las vallas de Ceuta y Melilla), la ausencia de obstáculos en el mar hasta ahora impedía deportar al momento a aquellos que llegaban a nado o en patera. Las boyas acabarían con este vacío.
Si bien en palabras, el gobierno rechaza la reforma de la Ley de Extranjería propuesta por el PP, en la práctica esta medida consigue el mismo objetivo de garantizar las deportaciones en caliente, y supone por tanto la aceptación del discurso del PP.
La presente situación es irresoluble mientras continúen la miseria y la opresión del proletariado y campesinado marroquí. Aunque sin duda sirva de baza discursiva a la derecha, endurecer las políticas migratorias sin atajar las causas de fondo de la migración no puede ofrecer resultado alguno, como han demostrado ya los gobiernos de Italia o EE.UU.
La única solución real pasa por la lucha socialista internacional. Debemos acabar con la dictadura marroquí, que se sostiene por su alianza con el imperialismo español y occidental, reclamando un fin al beneplácito que el Estado español otorga al despotismo de Mohamed VI a través de la lucha obrera en casa.
En Marruecos, debemos llamar a los obreros y campesinos a la lucha revolucionaria contra su propio gobierno, que se asegura de mantener su población sumida en la miseria a cambio de grandes cheques europeos. Esta lucha, además, no sería una lucha aislada en el país, sino que ejercería un enorme estímulo revolucionario en todo el continente africano a la par que asestaría un duro golpe al imperialismo occidental y reforzaría la lucha de clases en el Estado español. Justamente, nuestra tarea aquí es acabar con el dominio capitalista e imperialista en la península ibérica y en toda Europa.
Para acabar con la miseria extrema a la que miles de millones son sometidos, solo puede haber una respuesta: la lucha revolucionaria internacional contra el capitalismo.
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