Elecciones 29N: Derrotar a la derecha con una alternativa revolucionaria
La situación social y política española ha dado un cambio brusco con la irrupción de las masas de la juventud y de la clase obrera en la escena de los acontecimientos, imprimiendo un giro a la izquierda a la sociedad. El protagonismo social, claramente, ha pasado de los salones del Parlamento y de las tertulias televisivas, a la calle; arrastrando a toda la sociedad una vorágine de manifestaciones, protestas, movilizaciones y acampadas que culminará en una primera etapa en la huelga general del 11 de noviembre. Es la calle, y el miedo que provoca en las cumbres de la sociedad, lo que dicta ahora los debates, tertulias y movimientos políticos por arriba. Hasta cierto punto, y sólo de manera embrionaria, están presentes todas las características de una situación revolucionaria: disposición de las masas a las luchas más decididas, división y confusión en la clase dominante y sus partidos, actitud expectante e incluso simpatía en amplios estratos de la pequeña burguesía hacia la movilización de masas.
La clase obrera da un paso adelante
La reacción está en pánico y ha sido humillada. Todos esos “valientes” bravucones que se muestran tan violentos en las redes sociales contra el activismo de izquierda en las redes sociales, han exhibido su extrema debilidad numérica y social cuando han intentado confrontar con las masas movilizadas en la calle: los Vito Quiles, Núcleo Nacional y demás, han tenido que huir como conejos cuando se han encontrado con las masas, sobre todo de jóvenes, decididas a enfrentárseles. La derecha PP-Vox, que se mostraba tan arrogante y confiada en ganar las elecciones anticipadas del 29 de noviembre, cuando Sánchez hizo el anuncio, ahora está en un mar de dudas y pesimismo. Teme, con razón, que la movilización social, que la ha situado en la diana del odio y la indignación popular por su actitud ante la cuestión de la vivienda y las pensiones, encuentre una expresión electoral con un voto masivo hacia las opciones de la izquierda reformista, pese a la incapacidad del gobierno de Sánchez en resolver los problemas apremiantes de la clase trabajadora.
Todo esto ha confirmado el análisis político que la OCR ha defendido en los últimos años, en contra de lo que defendían las demás corrientes de izquierda sin excepción, desde las reformistas a las revolucionarias: no había un auge de la reacción y del fascismo, sino una acumulación de ira y fermento, un descrédito creciente del sistema y sus instituciones, que carecía de una referencia política radical, y que tarde o temprano iba a expresarse en un auge de la lucha de clases, como lo estamos viendo ahora aquí, igual que en Francia, Italia, Bélgica o Albania, por hablar solo de Europa.
El movimiento iniciado a fines de septiembre por la dramática situación de la vivienda, empalmó luego con la huelga indefinida de la educación pública madrileña que aún continúa. Ahora, se ha sumado el movimiento pensionista, y nuevos sectores se incorporan a las protestas casi a diario. En todos ellos, ha destacado la juventud estudiantil y trabajadora. Banderas rojas y consignas socialistas, como la expropiación de determinados grupos de capitalistas, son parte del paisaje político de la calle. En este contexto, se ha informado que la búsqueda en Google del término “Manifiesto Comunista” ¡se incrementó un 5000%! entre la última semana de septiembre y la primera semana de octubre. La OCR está participando activamente en todas estas luchas, aportando su programa comunista revolucionario, e incorporando diariamente nuevos militantes a sus filas.
Polarización a derecha e izquierda
La característica mas sobresaliente es la extrema polarización política y social: las posiciones de extrema derecha han ampliado su base social de apoyo, centradas en la demagogia racista y antiinmigrante, o en el odio irracional hacia la figura de Pedro Sánchez; pero más significativa es la polarización hacia la extrema izquierda que se expresa en la rapidísima politización y organización de miles de jóvenes en grupos comunistas y revolucionarios. El movimiento masivo por la vivienda se ha destacado tanto por la radicalidad de las fuerzas al frente del mismo como por sus consignas: “expropiar a los rentistas”, “esto es lucha de clases, no queremos hacer las paces”, e incluso “socialismo o barbarie”. Ya el informe del CIS de octubre señalaba que la franja de entrevistados que se ubicaban en las posiciones 1 y 2 del espectro ideológico (las más a la izquierda) suponían un 26,1% del total. Esto también se percibe en un odio a la derecha y la ultraderecha en las capas activas de la clase obrera y de la juventud como nunca se había visto.
La clase obrera y la juventud radicalizada movilizadas dominan ahora la escena, con ánimo y disposición de pelea. Las bases sociales de la reacción en la calle han mostrado su extrema debilidad. El sector más inteligente de la burguesía, que suele expresar su punto de vista a través del grupo de comunicación PRISA (diario El País y la Cadena SER), comprende la situación igual que los comunistas. Y están muy alarmados. Saben que un posible gobierno PP-Vox se sustentaría en un apoyo social muy endeble, e inevitablemente se enfrentaría, si tratan de imponer su programa reaccionario, a una explosión social que puede evolucionar rápidamente a una situación revolucionaria. Miran la situación de Francia, y les da pavor.
Las elecciones del 29N – Un balance del gobierno del PSOE
En este contexto van a celebrarse las elecciones generales del 29N. El gobierno llegaba asfixiado a fines de septiembre, sin apoyos parlamentarios y con la oposición de derechas impulsando un ambiente reaccionario con la crisis migratoria de Ceuta. Rápido de reflejos, Sánchez cabalgó sobre la movilización de la vivienda, una vez que la derecha se le opuso frontalmente, para adelantar las elecciones. Por su parte, la derecha PP-Vox, henchida de arrogancia y ajena al explosivo ambiente social, no ha tardado en revelar sus auténticos planes de gobierno: privatizar las pensiones para reducir el gasto público y que bancos y fondos de inversión hagan negocio con ellas, penalizar a los trabajadores con bajas laborales reiteradas, recortar impuestos (hasta 85.000 millones de euros del IRPF), recortar el gasto social, amenazar el derecho al aborto, y dar más poderes a la policía para reprimir la protesta social. Con este programa, los demagogos de Vox se quitan completamente la careta y muestran su verdadera faz de mercenarios al servicio de sus amos del gran capital. Su demagogia racista ha quedado expuesta como una cortina de humo para ocultar la responsabilidad de los problemas que generan los ricos y explotadores, para volcarla sobre los trabajadores inmigrantes y dividir a la clase trabajadora.
Ante la perspectiva de un gobierno PP-Vox, es comprensible que muchos trabajadores y jóvenes traten de impedirlo votando al PSOE y al Frente Amplio (FA) o Podemos. Otros optarán por la izquierda soberanista en Euskadi, Catalunya, Galicia y Andalucía. Simpatizamos con ese impulso sano. Pero debemos advertir que la responsabilidad de que la derecha pueda llegar al poder de la mano de Vox, es en primer lugar del gobierno de Sánchez, que ha sido incapaz todos estos años de satisfacer las necesidades sociales, con políticas timoratas y de medias tintas que no convencen a nadie. Simplemente, se ha dejado llevar por el boom de la economía española esperando que algunas migajas cayeran en el plato de las familias obreras. Pero los ricos se han hecho más ricos, y los salarios no alcanzan para la vivienda, la luz y los alimentos. En estos 8 años, Sánchez incumplió su programa original de gobierno en alianza con lo que hoy es Frente Amplio y Podemos: mantuvo el grueso de la reforma laboral del PP y dejó sin cambios la odiada Ley Mordaza, cuando había prometido derogar ambas. No tocó un pelo a la Iglesia que sigue sin pagar impuestos y mantiene decenas de miles de propiedades conseguidas fraudulentamente. Dejó hacer negocios a los fondos buitre de la vivienda y no subió un céntimo los impuestos a los ricos, con el 5% acaparando el 53% de la riqueza, mientras triplicó el gasto militar con 24.000 millones de euros más al año. Al final, dos semanas de lucha en la calle han conseguido más que 8 años de gobierno «progresista» en materia de vivienda, y se ha demostrado que existe una amplia mayoría social para una política anti-capitalista incluso para temas más amplios.
Por eso, incluso si a última hora Sánchez logra alargar la vida de su gobierno, eso solo prepararía el camino para la victoria del PP-Vox más adelante.
Se necesita una alternativa revolucionaria
Lamentablemente no hay una alternativa seria anti-sistema a la izquierda que recoja todo ese descontento. Nadie toma en serio a la izquierda reformista a la “izquierda” del PSOE: Frente Amplio y Podemos. Su lamentable estado es el resultado de haber participado en este gobierno, en lugar de mantenerse fuera, haciéndose indistinguibles del PSOE y avalando sus políticas de medias tintas, abandonando completamente la movilización en la calle. Se han convertido en un club de cargos públicos como ha quedado expuesto en su fracaso para lograr un acuerdo electoral, que ha desmoralizado a sus bases. En ningún momento se habló de diferencias de programa, sino de los puestos a ocupar en las listas. Gabriel Rufián, que alcanzó una notoria popularidad en la base de la izquierda española por sus fogosos discursos contra la derecha y la ultraderecha, y que se propuso como el adalid de la unidad de la izquierda en todo el Estado, finalmente optó por romper esta perspectiva aliándose con Podemos en una maniobra electoral incomprensible y que ERC no necesitaba para reforzar sus posiciones electorales, ya que Podemos no existe en Catalunya. Toda su autoridad en la base de la izquierda española, se ha derrumbado como un castillo de naipes. Paradójicamente, el principal beneficiado de esto será el mismo PSOE que puede ahora reclamar ser el único “voto útil” para vencer a la derecha.
Gane quien gane las elecciones, se encontrará con una clase obrera y una juventud movilizada y al alza. La incapacidad del capitalismo español de satisfacer las necesidades populares no depende del color político de quien está al frente, sino de las contradicciones mismas del sistema. Con una deuda pública equivalente al 100% del PIB y unos pagos anuales en intereses de 45.000 millones de euros, sumado a la presión para incrementar aún más el gasto militar, todo eso hace que los ataques y recortes sociales sean inevitables, tarde o temprano. Pero cualquier intento de descargar sobre nuestra clase la crisis del sistema capitalista se encontrará con una respuesta masiva de ira.
El posibilismo reformista ha mostrado sus límites en el gobierno y en la oposición. Ante la demanda de un cambio radical en la sociedad que exigirán millones de personas en la calle, sólo cabe la tarea urgente de construir una alternativa revolucionaria. Contribuye a esta tarea. Únete a la OCR.
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