Torturas a migrantes en Ceuta: La herencia del franquismo
Estamos presenciando ante nosotros el otoño más combativo en años, donde las inspiradoras luchas de la juventud y la clase obrera en todo Europa están esclareciendo cada vez más qué papel juegan las fuerzas represivas en el Estado.
Cientos de vídeos de agentes y policías agrediendo a manifestantes plasman lo que Lenin ya advirtió que era el Estado: “Destacamentos especiales de hombres armados en defensa de la propiedad privada”. Y Lenin no hablaba solo de policías, sino también del ejército permanente, ambos enormes consumidores de recursos públicos para ejercer las políticas represivas e imperialistas de los Estados.
La actuación de los policías y el ejército en Ceuta
Frente a las imágenes de orden y seriedad que intentan mostrar anualmente en el desfile del 12 de octubre, la crisis migratoria de Ceuta ha plasmado realmente qué carácter tienen estas agrupaciones de mercenarios y cuáles son sus políticas reales.
Más allá de la nefasta actuación del gobierno ante la entrada de 80.000 migrantes en Ceuta, en la que miles de ellos se han tenido que enfrentar a condiciones de miseria por falta de hospedaje, medidas sanitarias, alimentación y formas de atender sus necesidades básicas; se dejó la seguridad en manos de la Policía Nacional, Guardias Civiles y el Ejército. Es ampliamente conocida la cercanía entre estas instituciones y la ideología fascista y de extrema derecha y no es de extrañar los ataques que han recibido la población migrante en Ceuta. En un barómetro del CIS con estimaciones para las elecciones al Congreso del 2023, indicaba, que el 42,9% de las personas que formaban parte del grupo laboral de militares y policías votarían a VOX; y entre militares y policías, la derecha alcanzaba un 70% de intención de voto. Sin duda que estos datos se han agudizado aún más en los últimos 3 años.
Amnistía Internacional ha denunciado torturas a las personas migrantes por parte de soldados y policías, con tratos inhumanos tales como torturas, palizas, robos, agresiones sexuales (incluidas menores) y todo tipo de vejaciones. Empezando por el uso de porras para golpear en la cabeza a los migrantes, pasando por la inmovilización y palizas en grupo a puñetazos y porrazos, y llegando a patrullas de militares actuando de noche con la cara cubierta para evitar ser identificados, rociando la cara y el cuerpo de las personas que dormían a la intemperie con espráis irritantes antes de golpearles o ejecutar devoluciones ilegales de los migrantes a Marruecos.
No solo eso, sino que también ha habido hostigamientos para evitar el descanso, hay testimonios de cómo se obligó a personas musulmanas a arrodillarse para besar una cruz cristiana y agresiones sexuales a menores y mujeres, habiendo alrededor de 800 mujeres y cientos de menores no acompañados durmiendo a la intemperie.
Y, por último, la tan sagrada propiedad personal no ha estado tampoco a salvo. Militares y agentes habrían roto o incautado deliberadamente los teléfonos móviles de los migrantes y también se han reportado robos de dinero antes de ser trasladados o expulsados.
Dios, patria y rey
Por supuesto, como añadido a la actuación de los militares y la policía, tuvimos la visita del mando supremo de las fuerzas armadas, el rey Felipe VI, con un discurso en base a “la soberanía y la integridad territorial de nuestro país” y recordando que se debe tratar a los migrantes “con dignidad y humanidad”, pero también “se les debe exigir un respeto escrupuloso de las normas de convivencia ciudadana y de los derechos y libertades de los ceutíes”.
La visita del monarca es una forma de blanquear la actuación de los efectivos militares y policiales, encuadrando sus acciones como un “deber patriótico” o “defensa de la soberanía”, sin exigirles en su trato a los migrantes ese “respeto escrupuloso”. Es sumamente cínico por parte del rey apelar al civismo y al respeto a las leyes, mientras el propio brazo armado del Estado vulnera todo tipo de derechos a los migrantes.
Igual de cínico es invocar la “soberanía nacional indiscutible” cuando presenciamos los ataques imperialistas de EE. UU. tanto a Venezuela, como Cuba o Irán, y no surge ningún tipo de crítica o defensa de la soberanía nacional de dichos países.
Remarcamos, que el migrante es para la burguesía, el chivo expiatorio al que culpar de todo el malestar generado por décadas de recortes y ataques a la clase trabajadora. Las personas migrantes son utilizadas como monedas de cambio geopolíticas tanto por la dictadura burguesa marroquí, como por el Gobierno español y la Monarquía; y los millones de personas que se ven obligadas a migrar anualmente lo hacen como consecuencia de la barbarie creada por las políticas imperialistas.
¡Abajo el régimen del 78!
La Constitución del 78 otorgar al rey el mando supremo del Ejército y el poder de sancionar leyes, sin cuya firma no pueden aplicarse y además se declara: “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”, negando cualquier tipo de responsabilidad frente a sus actos e inmunidad para delinquir y actuar como le convenga. El rey es guardado por la clase dominante como un “Bonaparte” en reserva, por si los métodos democrático-parlamentarios se vuelven insuficientes, y el ejército es la guardia pretoriana del Capital.
Frente al discurso hipócrita de la moral burguesa, vemos a lo largo de todo el mundo como la policía y el ejército se vuelven los guardias de presa de la burguesía, que intimidados, no pueden dejar de temblar ante los inspiradores movimientos de la clase trabajadora y la juventud que recorre Europa.
Sus actos bárbaros con los migrantes en Ceuta no son más que un reflejo del sistema que defienden, que ya no es capaz de ofrecer una salida progresista a su sistema y nos arrinconan frente a la disyuntiva: socialismo o barbarie.
Corona, Ejército y Capitalismo forman una tríada indisoluble en el Estado español, y no se puede combatir uno de estos tres elementos sin hacerlo, al mismo tiempo, contra los otros dos. Esta es la herencia que recibimos del régimen del 78.
Nuestro papel es luchar por la depuración completa del aparato del Estado de toda esa chusma reaccionaria, por el control democrático de las Fuerzas Armadas basado en comités de soldados y de las organizaciones obreras, como un paso hacia la demolición de todo el aparato estatal burgués, para ser sustituido por otro que descanse en las manos exclusivas de la clase trabajadora.
Tanto la población migrante como la clase trabajadora nos enfrentamos a la misma realidad: salir a defender nuestros derechos, nuestras condiciones de vida o nuestra propia existencia frente al saqueo capitalista, implica la única respuesta que ofrece el Estado burgués: porras, gases, detenciones y represión. La violencia ejercida en la frontera de Ceuta contra los migrantes no es una excepción, sino el rostro desnudo del mismo aparato estatal que mañana se despliega para aplastar una huelga o desahuciar a una familia trabajadora. No podemos abrigar la menor ilusión en sus instituciones, en su justicia ni en la Constitución del 78.
Ante la descomposición del sistema y la reacción en marcha, la única salida real no vendrá del reformismo ni de la gestión del Estado capitalista, sino de la organización consciente, la solidaridad internacionalista de clase y la lucha abierta por la revolución socialista y el comunismo.
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