Hacia un “otoño caliente”: la lucha docente marca el camino

En los primeros 6 meses de este año hemos visto un giro significativo en el carácter de los conflictos laborales que pueden indicar un cambio de tendencia. La cuestión no es tanto el incremento de las luchas obreras, que permanecen a un nivel similar de años pasados, como la intensidad y duración de las luchas, y la actitud mucho más crítica de los trabajadores en conflicto con las direcciones obreras que están al frente, con elementos de indisciplina sindical muy extendidos.

Este tipo de conflictos ya fue anticipado hace un año por las magníficas luchas de los obreros del metal de Cádiz y de los astilleros de Navantia-Cartagena. El primero resultó en una derrota y el segundo en una victoria parcial. En la primera, las direcciones de UGT y CCOO desertaron y traicionaron la lucha, pese a lo cual los trabajadores mantuvieron el conflicto con la patronal durante varias semanas. En el segundo, fue la dirección de CCOO quien boicoteó la lucha pero los trabajadores crearon sus propios comités de lucha elegidos en asamblea, prolongando un conflicto que duró meses, con un gran apoyo popular.

Ahora, hemos visto una serie de conflictos laborales, sobre todo en el área de la educación, aunque no sólo aquí, que repiten el mismo patrón: luchas radicalizadas y prolongadas, traición de un sector de las direcciones sindicales que es rebasada por la determinación de los trabajadores en lucha, papel dirigente de las capas de trabajadores más jóvenes, revitalización de las asambleas de trabajadores, creación de cajas de resistencia, etc.

En todo esto, convergen diferentes factores: deterioro de las condiciones de vida por el aumento de los precios y de la vivienda, deterioro de las condiciones laborales por el empleo masivo de la subcontratación o eliminación de pluses, la resistencia de los empresarios a otorgar mejoras pese a los beneficios insultantes que tienen, quizás apostando a un cambio de gobierno que revierta algunas conquistas alcanzadas en materia de bajas laborales y otras, y lo mismo en la administración pública por su interés recortar gastos y privatizar servicios públicos en las comunidades autónomas. Por último, y no menos importante, está presente el tapón que ejercen las direcciones de UGT y CCOO comprometidas con la política de la “paz social”.

El deterioro de las condiciones de vida y de trabajo

Según la estadística de costes laborales publicadas por Eurostat, la hora de trabajo en España se pagaba a 19,5 euros en 2025, 7 euros menos que el promedio de los 27 países de la UE. De hecho, la mejora del poder adquisitivo de los trabajadores españoles (medido con el índice oficial de inflación, que no computa el precio de la vivienda ni del alquiler y diluye el aumento del precio de los alimentos) fue del 0,5% en 2025, el más bajo de toda la UE, con países de nuestro entorno como Portugal, Irlanda o Italia mejorando el poder adquisitivo, respectivamente, en un 3,8%, un 1,8% y un 1,1%.

Según los datos recopilados por Century 21 en el III Informe de Acceso a la Vivienda en España, los hogares destinan el 40% de su sueldo al alquiler en las grandes ciudades. En concreto, Barcelona representó hasta un 46% de la renta de las familias en 2025, Madrid el 40%; Palma el 37% y Valencia el 36%.

Podemos sumar incluso la mayor incidencia de la siniestralidad laboral en el Estado español que en el promedio de la UE. Según se desprende de las últimas cifra de Eurostat, España arroja una incidencia de la siniestralidad laboral (cociente entre el número de muertes en el trabajo por cada 100.000 empleados) de 1,71, por encima de la media comunitaria (1,63), aunque con cifras del 41,31 en la minería (10,78 en la UE), 8,71 en el suministro de aguas (5,18 en la UE), 7,25 en la Construcción (6,25 en la UE), 7,17 en el campo (5,98 en la UE), 7,10 en el Transporte (4,88 en la UE) y 1,59 en la industria (1,43 en la UE). Son estas condiciones de vida y laborales las que alimentan el profundo descontento en millones de trabajadores.

Por contra, los beneficios empresariales han crecido exponencialmente. Como bien afirma un titular de un artículo aparecido en El País hace unos meses: “Las empresas españolas nunca habían ganado tanto dinero como el año pasado: 71.118 millones de euros”. Y esta masa de dinero solo cuenta las 100 empresas que cotizan en la Bolsa de Madrid. Pero en lo que llevamos de año, la senda se amplía. La banca ha alcanzado un récord de beneficios de 10.800 millones de euros en el primer trimestre de 2026, un 27% más que en el primer trimestre de 2025. Las energéticas consiguieron 4.246 millones, otro 27% más que en el mismo período de 2025. Y así podríamos seguir. Pero también el Estado está ingresando dinero a niveles récord. La Agencia Tributaria cerró el ejercicio 2025 con una recaudación histórica de 325.356 millones de euros, lo que supone un incremento del 10,4% respecto a 2024. En 2026, las Comunidades Autónomas recibirán las mayores entregas a cuenta de su historia con 156.990 millones de euros, un 6,5 % más. Ante la queja de los organismos públicos sobre la falta de dinero conviene saber cuánto ha aumentado el gasto militar español en los últimos años. Y lo cierto es que desde 2018 hasta 2025, el gasto militar anual español ha crecido ¡un 196%!, desde 17.346 millones a los 34.000 millones actuales, frente a un crecimiento acumulado del PIB del 38%. De manera que ¡sí hay dinero para bombas y tanques, pero no para salarios, educación y sanidad!

Es decir, objetivamente están dadas las condiciones para arrancar concesiones a las empresas y el Estado en materia de salarios y condiciones laborales, la cuestión es qué papel están jugando o han jugado las direcciones sindicales ante los conflictos planteados. Para ello, nada mejor que pasar revista a los conflictos laborales más destacados de estos meses.

Las luchas docentes

Las tendencias mas avanzadas que describimos al principio se han manifestado más claramente en las luchas docentes de Catalunya y Pais Valencià, que han durado meses y han llegado al final del curso con la misma movilización masiva con que comenzaron. La dinámica fue manifestaciones masivas, asambleas de trabajadores como motor de la lucha, y desobediencia sindical ante las traiciones de un sector de las cúpulas (UGT y CCOO en Catalunya, CSIF y ANPE en el Pais Valencià) Las reivindicaciones de aumentos salariales, bajada de ratios, incremento de las plantillas, defensa de la lengua (en el caso del catalán valenciano) encontraron una satisfacción parcial pero insuficiente. Gracias a haber conectado las reivindicaciones salariales con la lucha por una mejor educación, el movimiento de los docentes ha sabido ganarse la simpatía tanto de las familias trabajadoras, a cuyos hijos educan, como de otros sectores de los trabajadores públicos, como sería el caso de los bomberos de Valencia, que salieron en huelga en apoyo de los docentes el pasado día 3 de junio, o el personal de administración y servicios de los centros educativos, que también sufren pésimas condiciones laborales. Esta es la primera lección de las huelgas docentes: que es posible unir las luchas de distintos sectores a través de reivindicaciones que afecten al conjunto de la clase trabajadora.

En Catalunya, el punto de inflexión se alcanzó con el rechazo masivo de los trabajadores del preacuerdo al que llegaron USTEC y ASPEPC con la Consellera de Educación, que proponía añadir al acuerdo ya firmado por CCOO y UGT en marzo un aumento del 30% del complemento salarial autonómico para docentes en un espacio de 3 años, hasta 2029… ¡o sea, hasta un año después de que el actual gobierno de Illa se le haya terminado el mandato!, lo cual convertía en papel mojado la subida del último año ya que nada garantiza que el nuevo Govern que asuma en 2029 se comprometa a cumplir lo acordado por el Govern anterior. A pesar de que a los docentes catalanes se les había prometido una mejora salarial de hasta 600 euros en 3 años, la exclusión del preacuerdo de la bajada de las ratios, así como la poca mención a medidas significativas que aseguren una mejor calidad de la educación, hicieron que los trabajadores de la educación votaran masivamente No al preacuerdo, con un 65% de rechazo. Y lo que es más destacable: a pesar de que USTEC y ASPEC, que reúnen en sus filas la mayoría de los docentes sindicados, hicieran campaña a favor del preacuerdo y desconvocaran las huelgas previstas para desmovilizar a los docentes y favorecer su apoyo al mismo, el resultado salió igualmente en contra. Esto nos demuestra a las claras que los trabajadores están empujando a las direcciones sindicales a ir más allá y a no contentarse con migajas. Para otorgar crédito a la dirección de USTEC, debemos decir que después del resultado en contra, reconoció un error de precipitación al firmar el preacuerdo, como afirmó la portavoz de USTEC, Iolanda Segura: “A lo mejor hemos tomado decisiones que no eran las más adecuadas por el contexto de presión y viendo que había cierto desgaste del colectivo…. A veces, de la derrota sale un aprendizaje”. Hubiera sido nefasto, tras el rotundo rechazo de los docentes catalanes, haberse reafirmado en que lo adecuado era haber votado a favor del preacuerdo, ya que los habría desacreditado completamente. El rechazo al preacuerdo permite mantener las espadas en alto para volver a la lucha a comienzos del curso que viene, y con la satisfacción de haber arrancado algunas concesiones al Govern de Illa.

Finalmente, en el País Valencià es donde la lucha ha tomado formas más avanzadas, principalmente por el elevadísimo nivel de participación docente que han conseguido gracias a la creación y coordinación de asambleas en cada centro. En la retina de todos quedará para siempre la violencia policial ejemplificada en el matón de uniforme que empujó brutalmente a una docente jubilada sobre el asfalto rompiéndole la nariz y la barbilla.

Lo más importante a resaltar es que aquí la huelga educativa tomó la forma de una huelga indefinida desde el principio. El papel fundamental de las asambleas en la organización de la lucha se ha visto reforzado por la traición que sufrieron los trabajadores cuando los sindicatos CSIF y ANPE firmaron un acuerdo sin consultar con el resto de sindicatos, aun representando los firmantes una minoría. A través de las asambleas se han realizado piquetes informativos y una preparación exhaustiva de cada jornada de movilización, cajas de resistencia y consultas constantes sobre el estado de ánimo de los docentes, los objetivos que desean alcanzar y los medios para ello, medidas que todo trabajador debería recordar de esta lucha, pues constituyen el abecé de la lucha sindical. Han sido 23 días de huelga indefinida que ha debido desconvocarse con el final del curso, como en Catalunya, y tras haber conseguido algunas concesiones insuficientes, el espíritu de lucha se mantiene alto y dispuesto a desplegarse también a partir de septiembre.

En paralelo a estas luchas hemos visto las movilizaciones de un sector nuevo en la docencia como es el de la educación infantil de 0-3 años, que incluyó una huelga estatal de este sector el 7 de mayo, impulsada por CCOO, CGT y la Plataforma Estatal de Escuelas Infantiles, contra las condiciones de los centros en materia de ratios de niños por clase e infraestructuras, y también una subida salarial, más centrada en los centros privados, donde los sueldos de las educadoras (el sector está feminizado en un 97%) apenas superan el salario mínimo interprofesional. Según los datos del Informe Eurydice 2025, la red institucional de la Unión Europea que recopila, analiza y compara los sistemas educativos de los Estados miembros, España lidera en ratios, con una media de 20 niños y niñas de dos años por educadora. Pero en varios territorios la lucha venía de antes y se ha mantenido con una huelga indefinida, tal es el caso de las educadoras de la Comunidad de Madrid, que iniciaron su huelga el 7 de abril. También se han incorporado las educadoras de Baleares por las mismas reivindicaciones. Ahora, los sindicatos docentes de Madrid se están organizando para convocar una huelga indefinida en la comunidad educativa madrileña a partir de septiembre. Las condiciones para organizar una huelga educativa en todo el Estado español están servidas si las direcciones de las organizaciones sindicales mantiene el mismo espíritu combativo que están mostrando los trabajadores docentes en todas las categorías, desde la educación infantil hasta el secundario y el bachillerato, incluyendo el personal administrativo.

Si esto se concreta, podría ser el pistoletazo de salida para una incorporación masiva de sectores de la clase obrera más amplios a lo largo y ancho del Estado.

Las huelgas del metal en Galicia

También han sido significativas semanas atrás las huelgas de los trabajadores del metal en Pontevedra y Coruña. En Pontevedra hubo 4 días de huelga masiva de los 30.000 trabajadores del sector en la primera quincena de mayo por aumento salarial y reducción de jornada principalmente, pero UGT y CCOO traicionaron la lucha en el punto álgido del movimiento alcanzando un acuerdo separado de 4 años de duración con la patronal que no colma las necesidades de los trabajadores. La CIG, sindicato mayoritario en el sector, vaciló y aunque mantuvo un día más la huelga en solitario, dio por finalizada la lucha. La experiencia reciente ha demostrado que, en este contexto, ante las traiciones de las cúpulas sindicales, si existe una referencia sindical dispuesta a luchar puede tener un eco masivo y abortar las maniobras divisionistas de las burocracias sindicales, pero faltó esa disposición en la CIG en el metal de Pontevedra. En cambio, vemos como la huelga del metal de A Coruña se mantiene tras semanas de lucha. Además de reclamar una mejora salarial adecuada y una reducción de jornada, las centrales sindicales exigen medidas que limiten el uso de los contratos fijos-discontinuos, la implantación de pluses por peligrosidad para determinados puestos de trabajo y que conste en la jornada laboral el tiempo del bocadillo. Tras 8 jornadas de huelga entre mayo y junio, CIG, CCOO y UGT han convocado 4 nuevas jornadas de huelga para los días 30 de junio, y 2, 7 y 9 de julio que muestran no sólo la cerrazón patronal sino el elevado espíritu de lucha de los 18.000 trabajadores del metal coruñés. También los 15.000 trabajadores del comercio del metal de Pontevedra (sobre todo, trabajadores de ópticas, ferreterías, talleres y ventas de automóviles, entre otras entidades) están en lucha por reivindicaciones similares con varias jornadas de huelga que se extienden hasta julio.

Una lección que debe sacarse de estas experiencias es la necesidad de haber agrupado en una sola la lucha del metal de toda Galicia, en lugar de esperar a que cada una se desarrolle aparte y separada de las demás, la potencia de lucha de decenas de miles de trabajadores sería una fuerza irresistible para las patronales provinciales. CIG, que es el sindicato mayoritario en el sector, tenía la principal responsabilidad en haber impulsado esta táctica, obligando a UGT y CCOO marchar detrás, o quedar completamente desacreditados.

Otros conflictos

Ha habido, y también siguen, otros conflictos laborales con las mismas características. Uno de ellos ha sido la magnífica lucha de las 10000 trabajadoras de la limpieza de empresas y centros públicos en Zaragoza, la mayoría mujeres migrantes del este de Europa, latinoamericanas, y magrebíes, que han estado 15 días de huelga indefinida. Inicialmente, la patronal lejos de aceptar ninguna mejora proponía empeorar las condiciones. Hubo asambleas masivas y movilizaciones diarias, que obligaron al cierre de algunas instalaciones fabriles como como las plantas de BSH Electrodomésticos (Balay) y la automovilística Stellantis. Se lanzó una caja de resistencia dirigida al conjunto de la clase obrera. Al final, UGT y CCOO volvieron a firmar un acuerdo de 4 años de duración a espaldas de las trabajadoras que recogían ciertas concesiones en salario, jornada y vacaciones. Tal fue el descontento de las trabajadoras con el acuerdo que en la asamblea final el acuerdo apenas ganó por 2 votos de diferencia.

También en Coruña tenemos actualmente la huelga en el comercio de la alimentación con las mismas características y que lleva dos jornadas de huelga. Los paros alcanzan tanto a supermercados como a plataformas logísticas y tienen como principales protagonistas a compañías como Gadisa, Froiz y Cuevas, referentes de la distribución alimentaria gallega. Otras huelgas en marcha son las del sector logístico de Sevilla, las huelgas de basuras en 18 municipios del occidente cántabro, la de los trabajadores del Museo Reina Sofía en Madrid, y ahora se anuncia la huelga del metal en Baleares.

Perspectivas

Sin duda, vamos hacia un “otoño caliente” de luchas obreras. Si el sector docente decide tomar la iniciativa, otros muchos sectores más se le unirán en cascada. El capitalismo español es débil, se sustenta en el uso intensivo de la mano de obra y los bajos salarios; es decir sobre la base de la máxima explotación posible. Las consecuencias de la guerra de Irán se harán notar a lo largo de los próximos meses con más aumentos de precios, sobre todo en la alimentación por los cuellos de botella en materia de fertilizantes, plásticos, y logística derivados del conflicto por el cierre del estrecho de Ormuz, empujando al alza la inflación. La patronal tratará de mostrarse inflexible porque cuenta que esperando solo unos meses podría tener un gobierno PP-VOX que derribaría parte de las minúsculas mejoras laborales otorgadas por el gobierno “progresista”. No importa los acuerdos que ya se hayan cerrado en sectores y empresas específicos por las cúpulas sindicales en años pasados y el presente, un incremento súbito de los precios que se coma rápidamente los débiles aumentos salariales conseguidos pondrá una presión irresistible sobre millones de trabajadores. Ante los intentos de las cúpulas sindicales de UGT y CCOO de frenar el malestar que se respira abajo podríamos ver una generalización de actos de indisciplina sindical, con métodos de lucha que rebasarán a estas organizaciones sindicales, con la creación de comités y coordinadoras para organizar e impulsar la lucha, en paralelo al surgimiento de tendencias de oposición en las mismas organizaciones sindicales.

Un programa de lucha

Ante esta perspectiva, se requiere un programa de lucha que abarque desde las consignas más inmediatas y sentidas por los trabajadores a consignas más generales que cuestionen el dominio mismo del gran capital sobre la vida de millones de trabajadores. Entre otras, hay que ligar los aumentos salariales al aumento de la inflación, con la actualización automática de los salarios cada 6 meses, que ningún convenio colectivo tenga una duración superior a un año por las cambiantes condiciones económicas e inflacionistas, ninguna eliminación de los pluses actualmente vigentes y su incorporación a la masa salarial para el subsidio de desempleo y la jubilación, incluir el índice del aumento del precio de la vivienda y del alquiler en los aumentos salariales, no a la división en las condiciones laborales y salariales de los trabajadores de las contratas y los de las empresas matrices, que se dé plena satisfacción a las reivindicaciones del sector docente y de la sanidad pública, ningún euro más a las empresas privadas de estos sectores que deberían integrarse en la red pública sin indemnización para sus dueños, que el dinero para armamento se destine íntegramente al gasto social, que los sectores que más se han lucrado con los bolsillos de los trabajadores (armamento y energéticas) sean expropiados sin indemnización (salvo a pequeños ahorristas sin recursos). Que se abran los libros de cuenta a los trabajadores para que las empresas justifiquen qué se ha hecho con los fabulosos beneficios acumulados en los últimos años. Sobre todo, hay que generalizar las luchas unificándolas, primero a nivel regional y, posteriormente, a nivel estatal. Para organizar la lucha, deberían crearse comités de huelga en cada empresa y sector en conflicto, formado por los elementos más luchadores elegidos en asambleas y revocables en todo momento. Ningún acuerdo a espaldas de los trabajadores, comités de negociación elegidos en las mismas asambleas de empresa y sector, y que las asambleas tengan la última palabra para su aprobación o rechazo.

En el horizonte, y según se desarrolle el movimiento, estaría planteada, incluso, la convocatoria de una huelga general en todo el Estado. Eso mostrará a las claras quién tiene el verdadero poder en la sociedad que no es otra que la clase obrera, sin cuyo amable permiso ni se mueve una rueda ni se enciende una luz. La lucha unida de toda la clase obrera borrará de un plumazo todas las diferencias de etnia, país, y género con que la reacción de derechas ha tratado de dividir y enfrentar a la clase trabajadora. La capa más consciente de nuestra clase sacará las conclusiones más avanzadas, de que para terminar con la explotación que sufren los trabajadores y sus familias a manos de los ricos y parásitos se necesita tomar el poder económico (expropiando al gran capital para planificar la economía en base a las necesidades de la aplastante mayoría de los explotados) y el poder político para barrer toda la estructura podrida del aparato del Estado (judicatura, policía, ejército, alta administración y la monarquía). La necesidad de luchar por una sociedad socialista se abrirá paso engrosando las filas de quienes aspiramos a un mundo sin explotación, violencia e injusticias.

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