Imaz y Trump: la vanguardia de la burguesía vasca en la primera línea del imperialismo
Apenas una semana después de la agresión imperialista contra Venezuela, la Administración Trump había convocado a grandes compañías petroleras norteamericanas y extranjeras, entre las que se encuentra Repsol, a una reunión en la Casa Blanca para abordar la situación de la industria petrolera venezolana, bajo control de facto por Estados Unidos desde la captura de Maduro. Josu Jon Imaz, ex presidente del PNV y hoy consejero delegado de Repsol, se presentaba en la Casa Blanca dispuesto a negociar el reparto del botín. Su promesa de “triplicar” la explotación de Repsol en Venezuela, agradeciendo a Trump “que abra las puertas a una mejor Venezuela” difundida en todos los medios españoles, lo convierten en la expresión más cruda y reconocible de la subordinación de la burguesía española al imperialismo de EEUU. Trump respondía con un escueto “buen trabajo”.
No es casualidad que el rostro subordinado ante Trump, que le come la oreja con estas promesas, sea el de un viejo dirigente del PNV. Imaz no llegó por azar, méritos o esfuerzo al corazón de la petrolera. Su paso del aparato del PNV a los consejos de dirección forma parte de una histórica circulación entre política y negocios que define a la burguesía vasca: mientras se está en el aparato del partido, se negocian la protección o favoritismo institucional, favores, promesas, intereses compartidos, influencia hacia las empresas y la burguesía… a cambio de acceso a contratos, mercados y poder económico. Estas relaciones no desaparecen tras el fin de la etapa política en los partidos. Es lo que comúnmente denominamos “puertas giratorias” y que darían para un artículo más extenso. Esta mutación, de miembro dirigente del aparato nacionalista a gestor del capital (en el caso de Repsol, transnacional) está documentada en su trayectoria política y profesional, tanto en la suya como la de muchos otros dirigentes e integrantes del PNV.
La narrativa dominante de la burguesía vende “inversión”, “empleo” y “recuperación” para Venezuela como si Repsol fuera a triplicar su explotación como parte de un progreso de mejora social para los venezolanos. La realidad es la contraria: estamos ante una expoliación total de los recursos naturales de Venezuela diseñada de forma conjunta con las empresas entrando a repartirse las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. Repsol no actúa sola ni tampoco solo por sus propios intereses. La coordinación con Washington y la búsqueda de “mecanismos” para operar bajo la tutela estadounidense demuestran que la operación es tanto política como económica, algo a lo que están acostumbrados en el PNV y sus empresas afines, y que, en este caso, en términos mucho mayores, no es tan diferente de lo que vemos en el día a día en Euskadi con la subcontratación, las “empresas amigas” del PNV y la difusa línea entre lo privado y lo público en la que tanto les gusta moverse.
Bajo la dirección de Imaz, Repsol ya ha sido una pieza clave en la explotación del petróleo venezolano. La empresa opera en Venezuela desde hace más de treinta años, principalmente en la producción de gas natural (que representa hasta el 85% de su actividad allí) y que ha sido vital para el sistema eléctrico de amplias regiones del país sudamericano. Repsol, sin embargo, no opera por amor al arte o a la estabilidad venezolana. A Imaz y a Repsol les interesa la estabilidad de los beneficios empresariales y el flujo de crudo hacia los mercados internacionales.
La burguesía vasca, representada en este caso por Imaz, ha demostrado con creces que su horizonte no es defender la soberanía nacional en el caso del pueblo vasco, sino maximizar beneficios para el capital al que representan, ya sea en su propio país o en países ajenos, aunque esto signifique la explotación total de recursos en territorios sometidos a crisis políticas, sanciones y devastación social como es el caso de Venezuela, sin importarles ni un ápice la clase trabajadora. No debemos limitarnos a la crítica moral de estos sujetos, sino a la lucha por una emancipación real de la clase trabajadora de ellos, tanto en Euskadi como en Venezuela y a nivel internacional.
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