Introducción: Historia del trotskismo británico
Ya sea el genocidio en Gaza, la masacre en Ucrania, la crisis climática o los ataques cada vez más intensos contra todos los logros obtenidos por la clase trabajadora en la posguerra, la crisis del sistema capitalista se hace sentir en todos los ámbitos de la vida. En un período tan complejo, solo una comprensión lo más clara posible de la situación puede ayudarnos a poner fin a este sistema podrido.
Solo las ideas de Marx, Engels, Lenin y Trotsky, rescatadas por Ted Grant de la degeneración de la Cuarta Internacional en la posguerra, pueden ofrecer un método científico de análisis y una salida. La historia de cómo se mantuvo y transmitió a la generación actual el hilo conductor ininterrumpido de estas ideas se cuenta en la nueva edición de Historia del trotskismo británico, publicada recientemente por Centro de Estudios Socialistas Carlos Marx.
A continuación la nueva introducción a este título por Rob Sewell.
La presente obra se publicó por primera vez en 2002. El autor, Ted Grant, falleció en 2006, tras una vida dedicada a la política revolucionaria. Este libro representa una contribución única a la historia del trotskismo británico escrita por uno de sus principales protagonistas.
La presente edición se ha publicado con una introducción y un epílogo actualizados para tener en cuenta los cambios ocurridos desde 2002. También se han corregido los pequeños errores que se habían colado en el texto.
Ted se convirtió en el principal teórico del trotskismo británico durante la Segunda Guerra Mundial y fue el responsable de redactar sus principales documentos políticos. Desde entonces, fue una figura central en el movimiento trotskista. Esto le proporcionó una colosal experiencia personal que aprovechó para escribir este libro, que abarca desde los orígenes del trotskismo británico hasta la disolución del Partido Comunista Revolucionario (RCP) en junio de 1949.
Fueron años tumultuosos de revolución y contrarrevolución, depresión, fascismo y guerra mundial, que pusieron a prueba al movimiento trotskista hasta el límite. En este libro se describe la forma en que el movimiento fue capaz de afrontar sus tareas históricas, sus éxitos y sus fracasos. Como resultado, está lleno de lecciones, especialmente para la nueva generación.
Durante más de setenta años, Ted realizó una contribución duradera al movimiento trotskista y fue considerado su principal teórico marxista. Dejó un enorme legado, que hoy se plasma en el Partido Comunista Revolucionario de Gran Bretaña, así como en la Internacional Comunista Revolucionaria.
Contenido
Los primeros años
Ted Grant nació en Sudáfrica, justo antes de la Primera Guerra Mundial, en un lugar llamado Germiston, a las afueras de Johannesburgo. Su padre había emigrado a Sudáfrica desde Rusia, mientras que su madre era originaria de Le Marais, en París. Tras un largo matrimonio, sus padres acabaron divorciándose y, después de pasar seis meses con su padre, Ted se fue a vivir definitivamente con su madre. Mientras ella regentaba una pequeña tienda de alimentos en Johannesburgo, Ted fue enviado a un internado y sus hermanas a un convento para continuar su educación.
En su juventud, se sintió inspirado por los acontecimientos que tenían lugar en Rusia. Pero, como suele ocurrir, su primer contacto con el movimiento revolucionario fue fortuito.
Para complementar los ingresos familiares, su madre acogió a inquilinos, uno de los cuales era Ralph (Raff) Lee, que había sido miembro del Partido Comunista Sudafricano desde 1922, pero fue expulsado durante las primeras purgas estalinistas. Ralph, un comunista dedicado, mantenía conversaciones regulares con Ted y le introdujo en los escritos de Bernard Shaw, HG Wells, Máximo Gorki, Jack London y otros.
En poco tiempo, el material de lectura pasó a ser los escritos de Marx y Engels, y también de Lenin. A los quince años, Ted era un marxista convencido.
La hermana mayor de Ted, Rae, recuerda vívidamente cómo su madre alimentaba a la familia y a los amigos, incluido Ralph, en una gran mesa familiar; el estofado francés parece haber sido el plato favorito. Ralph, que se convirtió en un amigo íntimo de la familia, era seis años mayor que Ted. «Ralph y Ted eran inseparables», dice Rae. Ella recuerda:
Una vez que Ralph convenció a Ted sobre el marxismo, eso lo cambió todo para él. Yo solía dar largos paseos con Ralph y él también intentó convencerme del marxismo, pero yo estaba ocupada con otro círculo de amigos, así que nunca lo consiguió.
Sin embargo, sí convenció a la hermana menor de Ted, Zena, para que se uniera al movimiento trotskista. Lee, junto con otros, entre ellos Ted Grant, de quince años, se había puesto en contacto con el movimiento trotskista internacional a principios de 1929 a través del American Militant, que había sido enviado a Sudáfrica por la recién fundada Liga Comunista de América. «Cambió nuestras vidas por completo –dice Ted– y yo empecé un camino político que ahora abarca más de setenta años».
La inspiradora historia de cómo los trotskistas sudafricanos comenzaron su labor revolucionaria en las condiciones más difíciles imaginables es una de las partes más interesantes del presente libro. Su trabajo en el Sindicato de Trabajadores de Lavanderías de Johannesburgo sigue siendo una inspiración hoy en día.
Pero las condiciones en Sudáfrica dificultaban el éxito de la labor revolucionaria, y en 1934 Ted partió hacia «nuevos horizontes» en Inglaterra en compañía de otro joven sudafricano llamado Max Basch. Nunca volvería.
Hicieron una parada en Francia, donde conocieron al hijo de Trotski, León Sedov, miembro del Secretariado Internacional y coordinador del trabajo de la Liga Comunista Internacional, que más tarde fue asesinado por agentes de Stalin.
A su llegada a Gran Bretaña en diciembre de 1934, Max Basch cambió su nombre por el de Sid Frost, mientras que Ted cambió su nombre de Isaac Blank por el de Ted Grant, aparentemente «tomado prestado» de dos miembros de la tripulación del barco. De la misma manera, Trotski había tomado su nombre de uno de sus antiguos carceleros zaristas. Ted lo hizo por razones personales, para proteger a su familia: pasara lo que pasara con él, no quería que le ocurriera nada malo a su familia en Sudáfrica.
En Londres, ambos se unieron al Grupo Marxista dentro del Partido Laborista Independiente (ILP). Sin embargo, las posibilidades de trabajo revolucionario eran cada vez menores y, al cabo de un tiempo, Ted Grant abandonó el ILP para unirse a los trotskistas que trabajaban dentro de la organización juvenil del Partido Laborista, la Liga Laborista de la Juventud (LLY).
A partir de entonces, Ted ayudó a desarrollar el Grupo BolcheviqueLeninista dentro del Partido Laborista, que más tarde se conocería como el Grupo Militant, por el nombre de su periódico.
En ese momento, su trabajo principal consistía en combatir la creciente infl uencia estalinista dentro del movimiento juvenil. Los estalinistas se esforzaban por penetrar en la Liga Laborista de la Juventud y fusionarla con la Liga Comunista Juvenil. Su facción estaba liderada por Ted Willis, que más tarde se hizo famoso como autor de Dixon of Dock Green, una conocida serie de televisión de los años 50 que retrataba la vida de un simpático policía británico, y que fue nombrado lord por sus servicios al establishment británico. Su colega Jim Mortimer acabó siendo secretario general del Partido Laborista. Irónicamente, Mortimer ayudó a expulsar a Ted Grant del Partido Laborista en 1983.
Poco después de su llegada a Gran Bretaña, Ted también se involucró activamente en la lucha contra el fascismo, participando junto con otros compañeros en enfrentamientos con las Camisas Negras moselyistas en el este de Londres. Allí participó en la famosa batalla de Cable Street, cuando los trabajadores del East End se movilizaron para detener a los fascistas. Existe una fotografía de Ted en una barricada en Long Lane, Bermondsey, al sur de Londres, tomada en 1937, que fue reproducida en la edición de 1948 de su folleto The Menace of Fascism (La amenaza del fascismo), publicado por el RCP.
El Grupo Paddington
Los primeros años de Ted Grant en el grupo sudafricano le proporcionaron una sólida base teórica en el marxismo, lo que le situó en una buena posición para el papel que más tarde desempeñaría en el movimiento trotskista.
Al cabo de unos años, el fracaso de la dirección del Grupo Militante a la hora de desarrollar la tendencia de forma significativa provocó un creciente descontento entre sus filas. En otoño de 1937, la propia rama de Ted en Paddington se había convertido en la sección más activa del Grupo, vendiendo la mayor parte de sus periódicos, interviniendo en el movimiento obrero en general y participando en una amplia actividad pública.
Hacia finales de año, estalló una disputa sobre la elección de la dirección del Grupo, en la que se difundieron calumnias sobre Ralph Lee. Lee se había unido recientemente al Militant Group tras llegar con otros compañeros de Sudáfrica durante el verano. Este episodio provocó una huelga y la formación de un nuevo grupo, llamado Workers’ International League (WIL) [Liga Internacional Obrera].
Engels comentó una vez que, a veces, una escisión podía ser algo saludable. La escisión de 1937-38 entró sin duda en esta categoría, como demostraron los acontecimientos posteriores. Constituyó un paso decisivo en el desarrollo del trotskismo en Gran Bretaña. Los métodos tradicionales de construcción de partidos de los antiguos grupos —que en realidad eran un vestigio de los métodos de las agrupaciones socialistas de antes de la guerra— se habían convertido en un obstáculo para el crecimiento.
Los cuadros de la WIL dieron la espalda a los métodos sectarios fallidos del pasado y se orientaron firmemente hacia las capas más amplias de la clase obrera organizada. En realidad, esto marcó el verdadero comienzo del trotskismo británico. Ted Grant desempeñó un papel destacado en esta labor, no solo dentro de la WIL, sino también dentro del RCP, formado en 1944, que se trata ampliamente en este libro.
Los años de la guerra
El período que abarca los años de la guerra también está bien documentado en este libro. Fue una época difícil. En los primeros meses de la guerra, una parte de la dirección se trasladó a Irlanda para establecer una base en caso de que la WIL fuera prohibida, dejando a Ralph, Millie Lee y Ted al frente de la organización.
En este periodo, Ralph Lee elaboró casi en solitario un boletín diario, Workers’ Diary, para su uso en los lugares de trabajo. Sin embargo, a finales de 1940, Ralph regresó a Sudáfrica por motivos personales y de salud, y la tarea de construir la organización recayó sobre los hombros de los demás compañeros dirigentes.
Por encima de todo, la WIL acogió con entusiasmo la nueva política militar proletaria cuando Trotski la presentó por primera vez. En realidad, se trataba de un desarrollo y una profundización de la posición de los internacionalistas durante la Primera Guerra Mundial y, aunque mantenía una oposición de principios a la guerra imperialista, permitía a los trotskistas conectar con la clase obrera.
Sin embargo, la interpretación de la nueva política en Youth for Socialism (Juventud por el Socialismo) provocó una disputa dentro de la dirección en febrero de 1941, con Ted y Gerry Healy (la «mayoría») por un lado, y Millie, Jock Haston y Sam Levy (la «minoría») por otro. Según Millie, las cosas se calentaron bastante. Pero después de unos cuantos artículos en el boletín interno, la discusión se apagó.
Más urgente era la invasión de la Unión Soviética por Hitler en junio de ese año. Sin embargo, dado que la política militar proletaria era un programa nuevo, era probable que surgieran desacuerdos de este tipo, si no inevitables dadas las circunstancias. En cualquier caso, la disputa demostró que los dirigentes de la WIL podían manejar las diferencias de opinión de una manera camaraderil y madura.
Los compañeros de la WIL desafiaron decididamente los ataques de los estalinistas, que después de junio de 1941 asumieron un papel rabiosamente chovinista y antigrevista. La WIL, en un claro cambio de orientación, cambió el nombre de su periódico de Youth for Socialism (Juventud por el Socialismo) a Socialist Appeal (Llamado Socialista). La WIL se volcó enérgicamente hacia las fábricas, consolidó su posición en la industria y desarrolló un perfil nacional.
Por el contrario, la sección oficial de la Cuarta Internacional, la Liga Socialista Revolucionaria (RSL), que rechazaba la política militar proletaria, se derrumbó. Finalmente, sus restos se fusionaron con la WIL para formar el RCP en 1944.
Poco después, Jock Haston, Roy Tearse, Heaton Lee y Ann Keen fueron arrestados por apoyar una huelga nacional no oficial de aprendices. Tras su salida de prisión, el RCP se orientó por primera vez hacia el plano parlamentario y participó en unas elecciones parciales en la circunscripción galesa de Neath. Esto les permitió poner a prueba sus ideas, consolidar su perfil y desarrollar su organización en el sur de Gales. Estos grandes acontecimientos se tratan en detalle en el libro y constituyen un capítulo heroico en la historia de nuestro movimiento.
Sin duda, la WIL y el RCP desempeñaron un papel destacado en la Segunda Guerra Mundial. Dada su condición legal y sus políticas acertadas, pudieron aprovechar las posibilidades y conectar con las capas más avanzadas de la clase obrera.
Su éxito llevó al ministro del Interior, Herbert Morrison, a proporcionar al Gabinete de Guerra un memorándum secreto en el que se esbozaban las políticas del RCP y se incluían breves biografías de sus dirigentes. Aunque al final no se llevó a cabo, está claro que la clase capitalista estaba considerando seriamente la posibilidad de prohibir el RCP.
Gracias a su trabajo, los trotskistas británicos salieron de los años de guerra con una organización sólidamente proletaria, muy reforzada numéricamente y con importantes puntos de apoyo dentro del movimiento obrero. Se puede decir sin exagerar que la WIL/RCP llevó a cabo el trabajo más exitoso en tiempos de guerra de cualquier organización trotskista del mundo.
El período de posguerra
El período inmediatamente posterior a la guerra planteó enormes retos al movimiento trotskista internacional. La victoria del Ejército Rojo contra el fascismo alemán fortaleció enormemente a la URSS y a los partidos estalinistas a nivel internacional. Pudieron utilizar esta posición dominante, junto con los socialdemócratas, para descarrilar la ola revolucionaria que barría Europa.
A pesar de la crisis revolucionaria, la burguesía pudo salvarse apoyándose en los partidos obreros para llevar a cabo una contrarrevolución en «forma democrática». Esto proporcionó al capitalismo un respiro y las condiciones políticas necesarias para una cierta estabilidad social.
Esta nueva situación mundial, que los trotskistas no habían previsto, sirvió para falsificar su perspectiva original durante la guerra de que el movimiento conduciría a la restauración del capitalismo en la URSS o a una revolución política, y a una crisis revolucionaria que socavaría los viejos partidos y prepararía el camino para la creación de partidos trotskistas de masas. En palabras de Trotski, no quedaría piedra sobre piedra de las antiguas organizaciones, y la Cuarta Internacional se convertiría en la fuerza dominante del planeta.
Pero los trotskistas eran demasiado débiles para aprovechar la situación revolucionaria que siguió a la guerra. El poder cayó en manos de los líderes estalinistas y reformistas, quienes, al igual que en la Revolución Alemana de 1918-19, traicionaron el movimiento y entregaron el poder a la burguesía.
Esta nueva situación requería urgentemente una nueva perspectiva para reorientar el movimiento trotskista internacional. La dirección del RCP comprendió rápidamente las nuevas realidades y cambió su perspectiva en consecuencia. Ted Grant desempeñó un papel clave en esta reorientación. Fue su comprensión del método marxista lo que le permitió entender y explicar lo que estaba ocurriendo.
Por el contrario, todos los «líderes» de la Cuarta Internacional se comportaron como formalistas y empiristas sin remedio, y por lo tanto fueron incapaces de comprender lo que estaba ocurriendo ante sus narices. Al no haber comprendido en absoluto el método dialéctico de Trotski, se limitaron a repetir sus palabras y declaraciones pasadas, que no eran aplicables a la nueva situación. En lugar de cambiar el pronóstico original, se aferraron a él como si les fuera la vida en ello.
Por supuesto, los dirigentes del RCP no fueron los únicos que trataron de desentrañar y comprender lo que estaba ocurriendo. Inmediatamente después de la SegundaGuerra Mundial, otras personas también hicieron un serio intento por lidiar con la nueva situación, al menos al principio. Entre ellos se encontraban, en particular, David Rousset en Francia, y Felix Morrow y Albert Goldman en Estados Unidos. Estos dos últimos mantuvieron una intensa correspondencia con la mayoría del RCP y, sin duda, contribuyeron en cierta medida a moldear algunas de las opiniones de Grant y Haston.
Morrow y Goldman argumentaban que la burguesía podía utilizar métodos democráticos burgueses para descarrilar la revolución europea. También creían que, dados los éxitos del Ejército Rojo, el estalinismo se vería fortalecido, y no debilitado, como sostenían los líderes del SWP. Además, creían que la Cuarta Internacional debía luchar enérgicamente por las reivindicaciones democráticas y transicionales.
Sin embargo, dada la debilidad de las fuerzas trotskistas, Morrow y Goldman plantearon la idea de que los grupos trotskistas debían entrar en las organizaciones de masas, pero, en ese momento, no había base para tal enfoque. Independientemente de las deficiencias de la posición de Morrow y Goldman, al menos intentaban reevaluar la situación, dada la peculiar forma en que se había desarrollado la guerra. Su posición apuntaba sin duda en muchos aspectos en la dirección correcta.
Desgraciadamente, representaban a minorías dentro de sus propias secciones nacionales y se vieron obligados a librar una lucha de retaguardia infructuosa contra las ideas de la dirección internacional. Posteriormente fueron marginados o expulsados, o ambas cosas. Su oposición aislada redujo su capacidad para llegar a una posición plenamente elaborada y posteriormente tomaron diferentes tangentes políticas. Lo mismo ocurrió con la posterior tendencia Vern-Ryan dentro del SWP estadounidense.
Por el contrario, los dirigentes del RCP tenían una gran ventaja. Estos «disidentes» de la Internacional contaban con la mayoría política dentro de la sección británica. Así, pudieron elaborar sus opiniones de forma exhaustiva y llegar a una valoración marxista precisa de lo que se estaba desarrollando en Gran Bretaña y a nivel internacional.
Como principal teórico del RCP, Ted fue capaz de ampliar y desarrollar la teoría marxista en toda una serie de nuevas direcciones después de 1945. Estas abarcaban desde la teoría marxista del Estado hasta la defensa de la teoría económica marxista, desde el peculiar desarrollo de la revolución colonial hasta las tácticas marxistas hacia las organizaciones de masas y la construcción del partido. Estos documentos son un importante legado que merece ser mucho más conocido por la nueva generación de revolucionarios a nivel internacional.
El período de las «memorias» de Ted Grant que contiene este libro es un relato único de uno de los principales participantes y teóricos clave del movimiento trotskista. Examina las cuestiones y dificultades a las que se enfrentaba la tendencia revolucionaria y revela las diferentes posiciones adoptadas en ese momento por sus principales participantes.
Sin embargo, este libro no es simplemente una historia, sino un intento de transmitir las ricas lecciones de este período turbulento a la nueva generación de marxistas, tanto en Gran Bretaña como a nivel internacional.
Las maniobras de Cannon
Era inevitable que parte de la presente obra tratara también de las intrigas perpetradas por los llamados líderes de la Cuarta Internacional contra la dirección de los trotskistas británicos. Se ponen de manifiesto las contribuciones clave de personas como Ralph Lee y Jock Haston, así como el miserable papel de Gerry Healy, James P. Cannon, Michael Pablo, Pierre Frank y Ernest Mandel.
Desde 1943, Cannon había conspirado para destituir a la dirección de la sección británica y sustituirla por un grupo de personas más dóciles. Cannon se formó en los métodos de Zinóviev y se consideró a sí mismo zinovievista al menos hasta 1928. Conspiró con Healy, que lideraba una minoría dentro del RCP, para destruir la dirección de Haston-Grant.
Los dirigentes internacionales apoyaron una escisión en el RCP, con la minoría de Healy entrando en el Partido Laborista a finales de 1947 y la eventual fusión de los dos grupos a mediados de 1949, en los términos de Healy, con consecuencias desastrosas.
Como explica el libro, su apoyo a Healy y su sabotaje de la sección británica —en el que Pierre Frank también desempeñó un papel destacado— provocaron trágicamente la ruptura del RCP en junio de 1949 y la destrucción de toda una capa de cuadros experimentados. El títere de Cannon, Healy, junto con sus compinches en la dirección de la Internacional, fueron los responsables directos de esta situación criminal.
Una vez que se produjo la fusión bajo el liderazgo de Healy, este actuó de la manera más dictatorial, expulsando a personas con los pretextos más triviales. Como resultado, Jock Haston estaba ya completamente desmoralizado. Las actividades de Healy y la camarilla de París lo expulsaron efectivamente del movimiento.
Roy Tearse, Jimmy Deane, junto con otros antiguos dirigentes del RCP, fueron expulsados del llamado grupo fusionado, conocido como el Club. A finales de 1950, las acciones destructivas de Healy habían destruido el partido.
Tony Cliff y sus partidarios, que defendían la falsa posición del capitalismo de Estado, nunca fueron amenazados con la expulsión del RCP por sus opiniones. Ahora Healy los expulsó sin ceremonias del Club. ¡Los que no votaron a favor de las expulsiones fueron expulsados ellos mismos!
Posteriormente, el grupo de Cliff se alejó del trotskismo y se organizó como el grupo Socialist Review. Su posición «capitalista de Estado» les llevó a adoptar una postura neutral en la Guerra de Corea, sin defender el estado obrero deformado de Corea del Norte contra la agresión del imperialismo estadounidense.
A pesar de esto y de otros desacuerdos fundamentales, Ted Grant protestó vehementemente contra el trato dado al grupo de Cliff y la violación de sus derechos democráticos. ¡Esto fue utilizado por Healy como pretexto para la expulsión del propio Ted!
Fue expulsado tras veintidós años de pertenencia al movimiento trotskista. También era miembro del Comité Ejecutivo de la Cuarta Internacional, y su expulsión fue ratificada en el Tercer Congreso Mundial a propuesta de Ernest Mandel (Germaine). De manera escandalosa, Mandel describió a Haston y Grant como «la encarnación de la tendencia del trotskismo británico, que se negaba obstinadamente a integrarse en la Internacional, a asimilar el nuevo rumbo del trotskismo».
La destrucción de la sección británica
Toda una capa simplemente abandonó la política revolucionaria por pura desilusión con el «nuevo rumbo». El movimiento, que parecía tan prometedor, estaba en ruinas. Harry Ratner, entonces seguidor de Healy, dijo años más tarde:
Ahora parece claro [!] que Healy y sus colaboradores más cercanos acogieron con satisfacción estas deserciones, ya que eliminaban una amenaza para su propio liderazgo, hasta tal punto que otros que no dimitieron, como Ted Grant, Roy Tearse y Jimmy Deane, fueron expulsados con diversos pretextos. Por ejemplo, cuando se propuso la expulsión de Jock Haston en el Buró Político del Club (a los compañeros no se les permitía simplemente dimitir, tenían que ser expulsados), y Jimmy Deane pidió que se le diera a Haston la oportunidad de presentar una declaración escrita en su defensa antes de que se sometiera a votación la expulsión, se le dijo que «es necesario que indique por escrito su apoyo político a la resolución que condena a Haston sin reservas inmediatamente». Al negarse a hacerlo, Deane fue expulsado por «simpatía críptica» hacia Haston. Cuando Roy Tearse se negó a romper sus relaciones personales con Haston, también fue expulsado.
Los acontecimientos de 1950, que representaron la destrucción de la sección británica de la Cuarta Internacional, constituyeron un punto de inflexión en el desarrollo del trotskismo británico. Este período marca el final de la Historia de Ted Grant. El nuevo capítulo en el desarrollo posterior del movimiento trotskista, que lleva la historia hasta nuestros días, se esboza en el epílogo al final del libro.
Marx explicó que la historia la hacen los individuos. La colosal contribución de Ted Grant a la historia de nuestro movimiento es una inspiración para todos aquellos que luchan por cambiar la sociedad. Este libro es una parte valiosa de nuestro patrimonio y merece ser estudiado por la nueva generación que está despertando a las ideas del trotskismo y a los ideales del futuro socialista.
Un libro complementario esencial a este es Ted Grant: El Revolucionario Permanente, de Alan Woods, escrito para conmemorar el centenario del nacimiento de Ted.
Rob Sewell
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