Israel y la Unión Europea: unidos por sus intereses imperialistas

El reconocido genocida y primer ministro israelí Benjamín Netanyahu acusó hace unas semanas al gobierno de Pedro Sánchez de librar una “guerra diplomática” contra Israel, advirtiendo que “pagará un precio por ello”.
Entre las decisiones más recientes adoptadas por el gobierno de Sánchez en relación a los ataques imperialistas contra Irán y Líbano que han molestado a la entidad sionista, están la exigencia de suspender el acuerdo de asociación UE-Israel, la retirada de la embajadora española de Israel —dos años después de que lo hiciera Israel tras el reconocimiento del Estado palestino— y la reapertura de la embajada española en Irán.
A la espera de otros movimientos, parece que el “precio” ha sido la expulsión de los representantes españoles del Centro de Coordinación Civil y Militar (CMCC), un órgano multinacional encargado de “supervisar” el alto el fuego farsa que fue impuesto a los gazatíes sin su participación en octubre del año pasado —es decir, de supervisar la continuación del sitio de Gaza—.
Desde inicios de este año, varios diplomáticos europeos ya han abandonado el CMCC, que es ampliamente percibido como inútil, pues Israel hace lo que le viene en gana. “Todo el mundo piensa que es un desastre», reveló un diplomático occidental a la agencia Reuters, según Forbes (20/01/26). Para añadir seguidamente, de manera cínica: “Pero no hay alternativa”. Esta situación ilustra el estado general de los organismos internacionales supuestamente neutrales ante la agudización de los conflictos en Oriente Medio y su papel cómplice en mantener la “paz” imperialista.

Sánchez, una de cal y otra de arena

Si bien Sánchez adopta una postura más crítica hacia Israel y contra la ofensiva en Irán que el resto de sus colegas europeos, las medidas antes enunciadas —junto con sus declaraciones desgarradas de “no a la guerra”— son, en gran medida, una concesión retórica a la población, que rechaza ampliamente esta guerra imperialista y las acciones desalmadas del gobierno israelí. Estas riñas diplomáticas no le cuestan nada, pero sí le permiten presentarse como el gran defensor de los oprimidos al tiempo que el Estado español funciona como engranaje dentro de la maquinaria bélica del imperialismo occidental, a través de la OTAN, participando incluso en tareas de defensa de la base británica de Akrotiri en Chipre que EEUU ha utilizado en su guerra contra Irán.
Esta posición le ha permitido dar golpes a una derecha vacilante, que oscila entre el apoyo explícito al belicismo sionista y un distanciamiento pusilánime ante la opinión pública. Y también a Abascal, que tras su apoyo abierto inicial permanece ahora callado de manera cobarde y lacayuna ante las acciones de Netanyahu y Trump.
El ministro israelí de Exteriores, Gideon Saar, habla de la “obsesión antisraelí” del gobierno español por prohibir el tránsito de armamento hacia Israel. Pero la realidad es que detrás de las declaraciones de intención de Sánchez, el Gobierno ha arrastrado los pies y encontrado maneras indirectas de suplir armas. Así España mantiene vigentes contratos armamentísticos con empresas israelíes que fueron adjudicados antes de la aprobación del Real Decreto-ley de embargo de armas. Según el Centro Delàs de Estudios por la Paz, la dependencia de tecnología israelí persiste, manteniendo contratos para mantenimiento, actualización de equipos y compra de componentes. Incluso en el Decreto Ley de fines de 2025 que decretaba el embargo de armas a Israel figura una cláusula con el título “defensa de los intereses generales”, que permite hacer excepciones al embargo. Esto fue usado por Airbus para requerir piezas y componentes creados por la israelí Elbit Systems.
Lo que exigimos es claridad y firmeza en la acción. Si realmente Sánchez quiere eximirse de la guerra imperialista y de sus vínculos con el Estado sionista, que actúe en consecuencia y aplique un embargo real y efectivo a Israel, que salga de la OTAN y cierre las bases militares estadounidenses que se encuentran en el Estado español.

La UE está con Israel

En lo que a la Unión Europea capitalista se refiere, su papel de sostenedor del imperialismo israelí ha quedado claro. Sin el suministro de armas y munición europeo, Israel no podría mantener por largo tiempo su campaña criminal. El reciente rechazo de la mayoría de los gobiernos europeos a la propuesta española e irlandesa de suspender el acuerdo comercial de Asociación con Israel ha hundido la poca credibilidad que le quedaba a la UE. Este sería un paso decisivo. La economía israelí está tambaleándose. Su déficit comercial de mercancías escaló un 40% en 2025, hasta situarse en los 38.000 millones de dólares, el 6,22% del PIB, 2 veces y media más que el déficit comercial español (2,5%). En el primer trimestre de 2026, este déficit comercial ha subido a una tasa mayor, ascendiendo a 10.500 millones de dólares. La UE absorbe el 46% de las exportaciones israelíes, descontando la exportación de diamantes sintéticos. De manera que la suspensión del acuerdo comercial (una suerte de acuerdo de libre comercio) sería un golpe demoledor para la economía israelí.
Sin embargo, a las damas y caballeros de la UE no les tiembla el pulso para mantener las sanciones comerciales a Irán, un país agredido y devastado por el imperialismo. El “socialista” Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo, y participante en la reciente cumbre “progresista” en Barcelona, junto a Pedro Sánchez, declaró que “es demasiado pronto para hablar de aliviar ningún tipo de sanción” a Irán. Mientras, permiten la impunidad de Israel que arrasa todo rastro de vida civilizada en Líbano en una campaña que ya se ha cobrado cerca de 3.000 muertos y provocado un millón de desplazados. Hasta la timorata ONU ha emitido una declaración diciendo que ve “posibles crímenes de guerra de Israel en Líbano”. Estos son los mismos gobiernos que se disponen a hacer pagar a la clase obrera de sus países las consecuencias económicas devastadoras de la guerra criminal de EEUU e Israel en Oriente Medio.

Ninguna confianza en la diplomacia capitalista – Solo la clase obrera puede parar la guerra y sus consecuencias

Este es el doble rasero de esta tropa que, en el fondo, entiende que, pese a sus declaraciones hipócritas a favor de la paz y contra la violencia, Israel es el valedor de los intereses imperialistas occidentales en Oriente Medio, incluidos los intereses del imperialismo europeo.
Por todo esto, no tenemos ilusiones ni en los organismos internacionales burgueses ni en la diplomacia entre los gobiernos capitalistas como una manera de asegurar la paz, ya que la paz es inalcanzable dentro del marco del capitalismo en su etapa imperialista.
La única fuerza capaz de poner fin a la guerra es la acción organizada de la clase trabajadora, que a diferencia de los capitalistas no tiene ningún interés en prolongarla. Somos la única clase capaz de paralizar la economía y destruir la maquinaria de guerra, redirigiéndola hacia fines productivos.
Debemos exigir a los sindicatos de clase de toda Europa, comenzando por el Estado español, que pongan en pie un movimiento masivo contra la guerra imperialista, por la ruptura de todos los acuerdos comerciales y diplomáticos con Israel y contra los ataques sociales derivados del conflicto. Hay que poner en pie piquetes, bloqueos de puertos y empresas que paralicen todo envío de armas y suministros para Israel, acompañado de manifestaciones de masas. Debe prepararse una jornada de lucha en toda Europa, que tendría un impacto mundial.
Frente a la crisis y la barbarie ocasionada por la guerra imperialista y el matón sionista, nuestras demandas son claras:

• ¡Ruptura completa con Israel en todos los planos —económico, diplomático y militar— y el fin de toda complicidad con su política de guerra y genocidio!
• ¡Salida de la OTAN y cierre de sus bases en el Estado español!
• Aumento automático de los salarios con el aumento de los precios.
• Nacionalización del todo el sistema energético y de las industrias de armamento. ¡Que estos piratas no hagan negocio con nuestro sufrimiento! Esto permitiría reducir el precio de los combustibles y de la electricidad, y redirigir la producción militar a fines productivos.

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