Italia: ¡Debemos organizarnos para paralizar el país!
El 30 de octubre fue un día importante de lucha en Italia, que marcó un nuevo salto cualitativo para el movimiento.
[Publicado originalmente en italiano en rivoluzione.red]
Las manifestaciones tuvieron una participación muy numerosa: al menos 50.000 personas en Milán y Turín, 40.000 en Bolonia y 20.000 en Nápoles y Roma. En total, varios cientos de miles de personas salieron a las calles, una contundente demostración de fuerza contra el gobierno y sus intentos de represión.
También es significativo que hubiera tantas marchas en pueblos más pequeños, con la participación de miles de personas. De hecho, en algunos lugares donde los organizadores de la huelga no habían planeado nada, otros grupos o colectivos locales convocaron manifestaciones.
Esto da una idea de la naturaleza y la magnitud del movimiento. Lo que se ha desarrollado en las últimas semanas, desde el 16 de octubre en adelante, es un movimiento juvenil masivo y espontáneo. Al frente están caras nuevas que no pertenecen a ninguna organización.
Son jóvenes que a menudo participaron en las manifestaciones del año pasado en apoyo a Palestina, pero que ahora han dado un paso al frente para desempeñar un papel de dirección. Primero, organizaron manifestaciones fuera de los canales tradicionales, y luego inundaron las plazas en masa cuando se convocaron las manifestaciones.
El 30 de octubre, un primer contingente de trabajadores —sobre todo del sector educativo y del sector público, pero con apoyo de otros sectores también— se unió a estos jóvenes. A quienes impulsaron la huelga les hay que reconocer el mérito de haber fijado una fecha, lo que catalizó todo el proceso.
La imagen de las manifestaciones reflejaba claramente esta etapa inicial del movimiento: largas procesiones serpenteantes con pocos contingentes que representaran a grupos políticos o lugares de trabajo; compañeros que se encontraban en la marcha y discutían quién se había sumado a la huelga; un claro predominio de jóvenes, con grupos que llegaban de las escuelas —donde nadie recuerda haber visto piquetes en años— llegaban a la plaza y se mezclaban con la multitud.
¿Por qué lucha el movimiento?
Este resurgimiento forma parte de la ola de luchas que se está desarrollando en toda Europa. El 30 de octubre, los jóvenes de Italia les dijeron a sus compañeros franceses, españoles y albaneses: «Nosotros también estamos aquí».
Los movimientos estallaron por diferentes motivos —la crisis de vivienda en España, la situación de las escuelas en Francia, el costo de vida en Italia, el saqueo del campo en Albania— pero todos se transformaron rápidamente en una lucha más general.
¿Por qué sale la gente a la calle? La respuesta más sencilla que podríamos dar es: por todo. Es decir, las condiciones de vida se han vuelto insoportables en cuanto a vivienda, trabajo, educación, guerra, medio ambiente, salud, represión y la falta de un futuro. Todos estos temas están inextricablemente ligados porque son consecuencias de la crisis del sistema capitalista.
Pero aunque está claro contra qué luchamos, necesitamos traducir este sentimiento en un programa que establezca objetivos claros. Te proponemos los siguientes puntos:
- Duplicar de inmediato los fondos para educación y salud, y recortar drásticamente el gasto militar.
- Un aumento generalizado de los salarios y ajustes automáticos de los salarios de acuerdo con la inflación.
- Una reducción de la jornada laboral y la contratación de los desempleados. ¡Menos trabajo y trabajo para todos!
- La construcción y asignación de vivienda social y la expropiación de los activos de los grandes fondos inmobiliarios.
- Negarse a pagar la deuda pública a los bancos y a los fondos especulativos.
- La nacionalización, bajo control obrero, de las empresas estratégicas y las que están en crisis.
La clase dominante dice que medidas como estas no son viables. Esto es cierto si te quedas dentro del sistema capitalista, donde todo está subordinado a generar ganancias privadas y donde no se puede desafiar a quienes controlan las riendas económicas de la sociedad.
Sin embargo, sin duda son factibles siempre y cuando desafiemos la propiedad privada de los principales medios de producción y de la inmensa riqueza de la sociedad. La cuestión es que hoy mismo existen los recursos para garantizar una sociedad diferente y una forma de vida diferente. Pero esto implica necesariamente una lucha por ver qué clase tiene el control: los capitalistas o los trabajadores.
¡Paralicemos el país! ¡Derroquemos a Meloni!
Mientras tanto, el presupuesto del gobierno les está dando otra cachetada a quienes se están movilizando. Se van a recortar 5.000 puestos de maestros y 2.000 de personal de apoyo escolar. Se están asignando fondos a las escuelas privadas mientras se recortan los fondos para las guarderías, se eleva la edad de jubilación y se reducen las pensiones en términos reales. En lugar de bajar las rentas, se les están dando exenciones fiscales a los propietarios.
Meloni, sin embargo, tiene problemas: la propaganda contra los manifestantes «violentos» en las calles no ha funcionado. Hay una simpatía generalizada por el movimiento, y la represión, en todo caso, ha llevado a una mayor radicalización. Incluso Vannacci, el líder del partido de extrema derecha Futuro Nacional, ha desaparecido de repente del debate político.
En otros lugares también, las protestas han puesto a la derecha a la defensiva. Lo que informan las secciones española y francesa de la ICR es bastante revelador: el 65 por ciento de los votantes del partido populista de derecha Vox y del Partido Popular en España apoyan las demandas del movimiento por la vivienda. En Francia, alrededor del 50 por ciento de los votantes de Le Pen apoyan el movimiento. Esto demuestra que la tendencia predominante en la sociedad no es un giro hacia la derecha, sino la falta de alternativas políticas creíbles.
Una crisis de gobierno también es totalmente posible en Italia. No faltan posibles puntos de tensión.
Junto con el movimiento juvenil, la lucha de los trabajadores del transporte le ha dado un golpe duro al gobierno. Pero lo más significativo es que, en el sur, los estudiantes se han sumado a ellos saliendo a las calles. Mientras tanto, los trabajadores no se han quejado de los estantes vacíos, sino que han dicho: «Así es como nosotros también deberíamos estar luchando». La idea de paralizar la economía está ganando terreno.
El 30 de octubre fue un día de grandes manifestaciones, pero aún no una huelga general que paralizara el país. Este es un hito decisivo que aún no se ha alcanzado.
Hoy hay que organizar esta huelga. La huelga general convocada por la CGIL (la federación sindical más grande de Italia) para el 20 de noviembre —que seguirá a la jornada de acción del 5 de noviembre en Francia y a la huelga general del 11 de noviembre en España— debe tener este objetivo.
Seamos claros: no creemos que la dirección de la CGIL vaya a hacerlo, ya que promueve la conciliación de clases. Su único interés son las próximas elecciones generales y un gobierno de coalición amplio y reformista tipo «Campo Largo», que no resolverá nada. En Milán, la CGIL incluso organizó una marcha por la «cohesión social» después de las manifestaciones juveniles.
Pero los trabajadores mismos pueden hacerlo. El modelo existe: el 3 de octubre del año pasado, fue la presión y la movilización espontánea de los trabajadores lo que obligó a los líderes sindicales a organizar una huelga general política de importancia histórica.
Hoy deben ser los trabajadores, junto con los estudiantes y los jóvenes en general, quienes se organicen en los lugares de trabajo, hagan asambleas, discutan un programa de lucha, tomen las riendas de la acción y conviertan el 20 de noviembre en un día que paralice por completo al país.
El objetivo de derrocar al gobierno de Meloni —que ha surgido espontáneamente en las consignas que se gritan en las calles— se puede lograr de esta manera.
En este sentido, las políticas que dividen al movimiento —ya sea a través de fechas diferentes o de manifestaciones separadas promovidas por distintos grupos sindicales, o entre sindicatos y organizaciones juveniles— son inaceptables. El frente debe estar unido, y la unidad se logra cuando los trabajadores tienen el poder de decidir. ¿Hay diferentes organizaciones con ideas distintas? Eso es totalmente normal. Que se debatan abiertamente, y luego que los trabajadores decidan en sus asambleas (tal como lo están haciendo los estudiantes en las escuelas).
Por eso ahora es necesario complementar la movilización pura y simple con el debate y la organización.
¡Necesitamos un partido revolucionario!
Un último punto. El movimiento en la calle ha dado un salto cualitativo, incluso en lo que respecta a la necesidad de una organización política. En el pasado, los movimientos espontáneos —incluso los muy radicales— convertían su rechazo a la política institucional en un sentimiento generalmente antipartidista, si no abiertamente antipolítico. Este sentimiento era genuino, pero inmaduro. Esa etapa ya ha quedado en gran parte atrás.
Hoy, en las calles, hemos encontrado una sed de ideas políticas y un deseo de organización. Las movilizaciones de los últimos tiempos nos han enseñado que un gran movimiento espontáneo es maravilloso, pero no es suficiente. Necesitamos entender cómo se puede derribar el sistema, y tenemos que organizarnos con ideas claras para lograrlo. Muchos ya defienden las ideas del comunismo genuino. Otros aún no han llegado a ese punto, pero están abiertos al diálogo.
Este cambio de conciencia se ha reflejado en parte en el éxito que tuvieron las manifestaciones callejeras del Partito Comunista Rivoluzionario —la sección italiana de la Internacional Comunista Revolucionaria— el 30 de octubre. Pero está claro que el proceso es mucho más amplio que esto.
Por eso nos proponemos ofrecer nuestro partido a los trabajadores y jóvenes radicales y movilizados que han llegado a estas conclusiones, y construirlo junto con ellos.
Si entendemos la profundidad del proceso que se ha puesto en marcha, entonces entendemos la necesidad de construir un partido revolucionario fuerte. Eso significa un partido en el verdadero sentido de la palabra: no un simple grupo electoral, sino un organismo colectivo y militante que busca interiorizar las lecciones de la historia del movimiento obrero en forma de teoría, y usarlas para impulsar la lucha de la clase trabajadora hoy en día.
Significa un partido que, aunque comprometido con impulsar todas las luchas, prioriza derrocar y superar el sistema capitalista. Un partido que reúna a jóvenes y trabajadores y los organice como una fuerza colectiva; que discuta democráticamente cómo actuar, haga una evaluación honesta de sus propias acciones y, sobre esa base, esté a la altura de los desafíos que plantea la época en la que vivimos.
A quienes comparten la convicción de que un partido así es necesario, los invitamos a unirse a nosotros para construir el PCR en Italia y la Internacional Comunista Revolucionaria en todo el mundo.
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