La patronal y su falso concepto de “absentismo laboral”
Cada vez se escucha más fuerte en los medios de comunicación de la burguesía el mal llamado “absentismo laboral”. Esta batalla descarnada que libramos día a día la clase trabajadora contra nuestros explotadores empresarios, dueños del capital y los medios de producción, tiene tantos años como el propio sistema capitalista. El último período, que abarca grandes acontecimientos como la pandemia COVID-19 y las sucesivas guerras interimperialistas por el dominio de los recursos estratégicos para la producción y la acumulación de capital, ha generado una intensificación en la extracción de la plusvalía de la clase trabajadora. Una de las herramientas que está utilizando la burguesía para su cometido es el concepto de “absentismo laboral”.
Básicamente, los empresarios dicen, por una parte, que los trabajadores “faltamos” cada vez más a trabajar, mientras que por otro lado apuntan al sistema de salud pública que “facilita” bajas médicas.
Ahora bien, ¿qué es lo que no dicen en su discurso?
Para comenzar a explicar esta situación hay que mencionar que es cierto que la clase trabajadora enferma cada vez con más frecuencia, pero hay que partir de un enfoque claro: Trabajar en el sistema capitalista enferma y mata.
Según los datos recogidos por Randstad, empresa de empleo de trabajo temporal (ETT), las incapacidades temporales, es decir, no asistir al trabajo por prescripción médica (en adelante, IT) equivalen al 5,5% del “absentismo” en el Estado español, frente al 7,1% del “absentismo general”. El 5,5% corresponde a 1.239.732 personas con IT (tomando como muestra un día cualquiera del cuarto trimestre de 2025).1 Este dato es muy relevante porque demuestra que el grueso del mal llamado “absentismo laboral” corresponde a trabajadores y trabajadoras que se han visto forzados a dejar de percibir una parte de su salario por estar enfermos. El Estatuto de los Trabajadores y la mayoría de los Convenios Colectivos mandan a abonar a las personas en situación de IT de la siguiente forma: del día 1 al 3 no se les paga nada, del 4 al 20 se recibe el 60% de la base reguladora, y a partir del 21, el 75%.2 Esta situación provoca, al contrario de lo que reza el discurso patronal, que muchos trabajadores se vean obligados a ir a trabajar incluso estando enfermos para no ver menguados sus ya reducidos salarios. Si bien existen algunos Convenios Colectivos que garantizan que se pague el 100% del salario al causar baja por enfermedad, estos no son la mayoría y es importante remarcar que estas mejoras en las condiciones han sido conseguidas a fuerza de luchas sindicales organizadas de forma colectiva por los trabajadores regulados bajo esos Convenios Colectivos.
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La patronal es la principal responsable de las IT generadas por los trabajadores
Es sabido que en el afán de aumentar sus beneficios, los empresarios recortan al máximo posible los gastos de sus empresas. Y rápidamente concluyen que las primeras cuestiones de las que se puede prescindir es de un correcto seguimiento y actuación en la prevención de riesgos laborales (PRL). A esta situación le sumamos que la institución encargada de investigar, controlar y sancionar estos hechos: Inspección de Trabajo y Seguridad Social, es extremadamente deficiente, con poco personal y saturados de trabajo. De esta forma obtenemos la mezcla perfecta para que trabajar sea una actividad de alto riesgo.
En 2025, 620.386 personas sufrieron accidentes trabajando, registrados de manera adecuada.3 Lamentablemente, el número de accidentes es mucho mayor, ya que muchas empresas no registran adecuadamente, o directamente no registran dichos accidentes, falseando así las estadísticas. Esta situación vulnera nuestros derechos como trabajadores, a la vez que nos expone a todo tipo de riesgos. En el mejor de los casos, enfermamos o tenemos accidentes leves, mientras que en el peor de ellos, los accidentes son de gravedad alta o incluso se muere en el tajo o a causa del trabajo.
En el conjunto del Estado español se han producido al menos 735 muertes laborales en 20254 pero los estudios de los sindicatos clarifican que no son todas las muertes causadas por trabajar, porque una gran mayoría de las muertes no se contabilizan correctamente.5 Un ejemplo de esta lamentable y terrible situación es el caso de los cuatro transportistas fallecidos en un accidente de tráfico en Fitero, Navarra. En cada camión iban dos conductores, un hombre búlgaro y una mujer checa para hacer los relevos, obligando de esta forma prácticamente a vivir en el camión. Al ser extranjeros que viven fuera de la región donde ocurrió el accidente, las cuatro muertes laborales no son contabilizadas como tales.6 7 En Euskal Herria se pudieron constatar 84 muertes laborales en el año 2025, pero realmente son muchas más porque la forma en la que se recogen los datos evita que se puedan mencionar todos los fallecimientos como defunciones provocadas por el trabajo. Un ejemplo de ello son las muertes oncológicas producidas por el amianto.8 También debemos mencionar que la población trabajadora activa sufre a consecuencia de la presión del ritmo de trabajo, de los turnos, y de las condiciones de riesgo, un alto nivel de estrés y ansiedad. Los trastornos psicológicos aumentan de manera acelerada, a pesar de que cada vez queda más claro que están ligados al modelo productivo basado en la acumulación de capital, en la que se entiende al trabajador como una máquina o engranaje descartable y fácilmente sustituible. No están tratados como enfermedad profesional, salvo en los casos en los que se provoca intencionadamente y se consigue probar, cosa que es difícil de lograr, como pueden ser el “burnout” (síndrome del quemado) o el “mobbing” (acoso moral). Estos dos tipos de enfermedades profesionales están especificadas por la OMS, pero en el Estado español necesita ser probada por la persona que la padece en instancias judiciales. Las cifras muestran un crecimiento muy significativo de los trastornos mentales asociados al trabajo. Entre 2018 y 2024: las bajas por síntomas emocionales aumentaron cerca de un 490 %. Los diagnósticos de estrés grave crecieron un 230 %, los trastornos de ansiedad subieron un 120 %.9
Es habitual tener una larga lista de espera en intervenciones quirúrgicas programadas, y una media muy elevada de espera en los PAC (Puntos de Atención Continuada).
Conforme a los últimos datos disponibles de las listas de espera en consultas del Sistema Nacional de Salud, se estima que una media del 56,3% de los pacientes tiene una cita con una demora superior a 70 días. Actualmente, el tiempo medio de espera por paciente es de 101 días.10
Lo que no es tan evidente es cómo se degrada este servicio indispensable que mantenemos todos los contribuyentes; y, sobre todo, quiénes son los máximos responsables. Hay un dato que es imposible de conocer y es de verdadera relevancia, esto demuestra que no es un dato que falte y ya está. Este dato es ocultado adrede y para ello es necesario que haya connivencia entre Estado, Comunidad Autónoma, patronal y mutuas. Se trata de la respuesta a la pregunta: ¿Cuántos trabajadores y trabajadoras que deberían estar siendo atendidos por una mutua debido al origen de la dolencia, e incluso del accidente, son derivados a nuestro sistema sanitario público?
Las mutuas deben responsabilizarse de los accidentes de trabajo, cargando con los costes que ocasione la intervención para curar al trabajador accidentado. Además, las mutuas intervienen en incapacidades temporales comunes, es decir, no ocasionadas por accidentes de trabajo. En ambos casos, el objetivo real de las mutuas es devolver al trabajador al puesto de trabajo lo más rápido posible.11 Esto genera muchas altas médicas emitidas con un juicio más centrado en los objetivos de la patronal que en la salud del trabajador. A su vez, el trabajador vuelve a trabajar sin estar curado y recae. Generalmente, todos estos casos son derivados a la sanidad pública.
Con la excusa de que las mutuas se hacen cargo de una parte importante de las enfermedades traumatológicas se desfinancia el Sistema de Salud Pública y esto afecta desde su infraestructura, hasta equipos médicos, herramientas y profesionales de la salud degradando de esta forma un pilar fundamental de la sociedad.
Nuestras reivindicaciones
Contra esta situación, exigimos:
– Nacionalizar íntegramente el sistema de salud público y ponerlo a funcionar bajo control obrero.
– El personal sanitario es el único verdaderamente capacitado para gestionar y brindar un servicio sanitario de calidad que cubra las necesidades de la clase trabajadora de manera integral.
– Expropiar sin indemnización a las grandes empresas privadas, como mutuas, laboratorios, farmacéuticas, que se lucran a costa de socavar la sanidad pública y como consecuencia empeoran nuestras condiciones de vida.
¡Por una sanidad pública y de calidad!
¡Acabar con la precariedad de los profesionales sanitarios!
¡Basta de hacer negocios con la salud de la clase trabajadora!
¡Lucha de clases contra la degradación de la sanidad pública y el socavamiento de nuestros derechos laborales!
Fuentes:
1: https://d2xlh7jfmz7hr5.cloudfront.net/wp-content/uploads/2026/03/randstad-research-infografia-absentismo-4T-2025.pdf?x52624
2: Estatuto de los Trabajadores
3 y 4: https://www.uso.es/735-muertes-en-2025-la-siniestralidad-laboral-sigue-sin-freno-en-espana/
5 y 6: InformedeSiniestralidadlaboralde2025EuskalHerria:LAB,ESK,STEILAS,EHNE-etxalde, HIRU.
8: InformedeSiniestralidadlaboralde2025EuskalHerria:LAB,ESK,STEILAS,EHNE-etxalde, HIRU.
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