La policía “calienta la calle” con una represión desatada
La huelga por la educación pública madrileña ha estado marcada por la represión desde que se inició el 14 de octubre. Ese mismo día, un despliegue de siete furgones policiales irrumpió en la Universidad Complutense para interrumpir los piquetes informativos pacíficos de los estudiantes. Frente a la Facultad de Ciencias Químicas, los agentes cargaron de manera totalmente arbitraria contra un centenar de estudiantes, hiriendo a seis personas y deteniendo a cinco.
“Había gente en el suelo, la policía pisándoles la cabeza”, explica una investigadora en la universidad. “A un chico le han abierto la cabeza. Una compañera lo vio, se echó a llorar por el impacto y un agente le dijo… que se fuese a llorar a su casa”.
Unos días después, la policía cargó contra cientos de profesores concentrados frente a la Cámara de Comercio, donde se encontraba Ayuso. Como describió un docente: “Nos han desplazado a hostias para que Ayuso pudiera salir como una rata escoltada.”
Estos ataques totalmente arbitrarios son una violación absoluta del derecho a la huelga y la protesta legítima, y tienen como objetivo intimidar a los manifestantes.
No olvidemos que a los tres días de la acampada, Ayuso anunció que los acampantes tendrían 48 horas para desacampar, amenaza que fue ignorada por todos. Sin embargo, frente a la fuerza organizada de los trabajadores, fue incapaz de reprimir. Ahora el aparato represivo de su Gobierno está vengando esa humillación.
Si bien las delegaciones del Gobierno dependen del Ministerio del Interior, también actúan por iniciativa propia. Ya el aparato del Estado es abiertamente hostil a la izquierda, pero su ala más reaccionaria —la Policía— tiene una base proultraderechista que odia ver el movimiento en lucha. Esto también ha quedado demostrado estas semanas.
Al otro lado de las barricadas, los fascistas salen de gira, para ir a atraer la rabia en ciudades donde nadie preguntó por ellos.
Vito Quiles pasa por Barcelona, Zaragoza y Pamplona. Aunque nunca cuenta con el permiso de las instituciones en las que se presenta, son los antifascistas los que siempre tienen que ir a plantarle los pies. Esto fue lo que ocurrió en Zaragoza, donde la Polícia tuvo que intervenir… para proteger a Quiles y cargar en contra de los manifestantes.
Por su parte, Abascal se pide Galicia y Baleares. Durante su parada en A Coruña, miles de estudiantes y trabajadores fueron a interrumpir su acto —hasta que la Policía intervino, dejando a varios jóvenes heridos—.
El Gobierno “progresista” no ha actuado más allá de hacer gestos simbólicos: el delegado del Gobierno, Francisco Marín (recientemente dimitido), calificó las imágenes el 14 de octubre como “muy duras” y anunció que había solicitado una investigación de urgencia al Jefe Superior de la Policía Nacional de Madrid. Es decir, le rogó a los mismos perpetradores que se autoinvestiguen.
Para garantizar que futuras huelgas y concentraciones puedan ejercerse libremente sin represión, el Gobierno debe publicar las conclusiones de toda investigación, identificar a los responsables y sancionarlos. Pero la cobardía del Gobierno le impide esto, de manera que estas promesas quedan como nada más que una cortina para la impunidad.
Mientras tanto, nosotros seguiremos reiterando que la fuerza está en la solidaridad entre trabajadores y estudiantes. Además de obligar a Vito Quiles a cancelar su último acto en Bilbao, la unidad de la clase trabajadora ya ha sacado a los fascistas de Sol en repetidas ocasiones y ha evitado que la acampada fuera reprimida. Frente a la cobardía del Gobierno, es la única fuerza en la que nos podemos basar.
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