Huelga general del 11N: ¿Cómo desatar todo su potencial?
La conciencia de cientos de miles de trabajadores y estudiantes ha sido sacudida de su letargo y lanzada a las calles en cuestión de unas pocas semanas. Lo que empezó siendo una protesta particular contra el desahucio de Maricarmen se ha convertido en una convocatoria de huelga general dirigida contra los parásitos rentistas y con claros tintes anticapitalistas, señal de que estamos en una encrucijada histórica en que la incapacidad del sistema capitalista para atenuar los efectos de su crisis está despertando la clase trabajadora y su auténtico potencial.
De un día para otro han aparecido las principales características que anuncian este inicio de la lucha de clases a un nivel superior; y es un signo de los tiempos que la disposición a la lucha de unos cientos de miles en las calles haya sido suficiente para desbordar las direcciones sindicales de CCOO y UGT y forzarlas a convocar la huelga general, en este caso gracias a la presión ejercida por el Sindicato de Inquilinas y la CGT. Tales intentos de superar los grandes aparatos sindicales han sido característicos de las principales luchas de este año, por ejemplo en Airbus y en las huelgas docentes de Catalunya y País Valencià.
Todo ello caracteriza el enorme potencial revolucionario de la época actual. Por tanto, debemos esclarecer mediante qué programa y mediante qué métodos podemos lograr que la huelga general sea el punto de partida de una resuelta lucha contra los rentistas y capitalistas que nos oprimen.
Hacia la huelga general: ¿convocatoria desde arriba u organización desde abajo?
El objetivo inmediato que se plantea en toda huelga general es la detención temporal de la vida económica del país para arrancar de quienes se enriquecen con nuestro trabajo algunas mejoras. Pero desde el punto de vista de los intereses de la clase trabajadora, la huelga general cumple una función todavía más importante si cabe: mostrar a los trabajadores la fuerza que tienen por su posición en la producción, la que les capacita para organizar la sociedad. Esto es lo que la clase dominante teme de una huelga general y no la detención de la producción por un día, que pueden resistir sin problema. Por tanto, aumentar el grado y la extensión de la organización de los trabajadores tendría que ser uno de los objetivos fundamentales en la preparación de la huelga.
Desde este punto de vista, la actitud de la dirección de CCOO y de UGT ha sido la contraria hasta ahora, a pesar de recaer sobre sus espaldas la mayor responsabilidad. Han mostrado una absoluta parsimonia, no siendo hasta tres semanas después de haber convocado la huelga que han mantenido las primeras reuniones de delegados. Ahora, los delegados son quienes deben volver a sus centros para convencer al resto de que se adhieran a la huelga.
Para ello, creemos que el mejor método sería convocar asambleas que unieran a todos los trabajadores del centro, en las que se pudieran discutir abiertamente las reivindicaciones generales de la huelga a la vez que recoger propuestas de reivindicaciones particulares del sector para añadirlas a aquellas, lo que contribuiría a extender la base de apoyo de la huelga desde abajo. También sería necesario que la adhesión a la huelga no se hiciera de forma individual, sino mediante una votación abierta con todos los trabajadores del centro. Así se podría conocer el porcentaje de la plantilla que iría a huelga y se ganaría una perspectiva en vistas a preparar piquetes para ese día.
Más allá del papel fundamental que tienen los trabajadores sindicados en el éxito de esta huelga, celebramos que el Sindicato de Inquilinas y la CGT ーentre otrosー impulsaran comités en los barrios de las principales ciudades del Estado. Estos comités tienen el potencial de alcanzar aquellas enormes capas de trabajadores que están fuera de los sindicatos, involucrarlos directamente en la organización de la huelga y establecer formas organizativas permanentes de cara a futuras luchas. Desarrollar este potencial requeriría que los comités organizaran brigadas móviles de jóvenes y trabajadores que fueran a los centros de trabajo, plazas, bloques, etc. de cada barrio y fomentaran la creación de comités propios con el objetivo de ganar la adhesión a la huelga de nuevos centros de trabajo.
Para asegurar la mayor participación, coordinación y efectividad de la lucha, otro paso fundamental sería estructurar democráticamente los comités mediante la elección de delegados, con los que se debería formar un comité de huelga superior que coordinara la lucha de toda la ciudad. En el caso de los comités de huelga creados en empresas sin sindicatos, sus delegados tendrían que ponerse en contacto con el comité de barrio o con los sindicatos que organizan a la mayoría de su sector para coordinar la lucha con el resto de trabajadores de su rama. Sobre la base de estos comités de huelga a escala urbana, se tendrían que elegir nuevos delegados para formar un comité central de huelga a escala nacional, que dirigiera la lucha por todo el país.
Las reivindicaciones de la huelga y la solución del problema de la vivienda
Hasta ahora, las reivindicaciones más audaces han sido lanzadas por el Sindicato de Inquilinas y por la CGT: expropiación de los fondos buitre y de los pisos en manos de bancos, construcción de un parque público de vivienda con estos pisos y mediante mayores impuestos a los ricos, actualización recurrente de los salarios en base a la subida del IPC, reducción de la jornada laboral a las 35h…
Creemos, sin embargo, que es necesario ir más allá y conectar la lucha por la vivienda con la necesidad de acabar con el capitalismo. Hay que señalar que las grandes empresas y sus políticos a sueldo son los responsables de la situación de crisis que sentimos en los servicios públicos, en la cesta de la compra, en nuestros alquileres o hipotecas… Debemos dejar claro que mientras niegan tener recursos que destinar a los servicios públicos, a subidas salariales, a mejoras de las condiciones laborales, etc., ellos son los primeros en exigirnos a la clase trabajadora que paguemos sus políticas militaristas y las subvenciones públicas a sus grandes empresas. En pocas palabras, conectar las demandas de la huelga con el hecho objetivo de que mientras viva el capitalismo, nosotros no podremos vivir.
Partiendo de esta base, desde la OCR avanzamos la necesidad de exigir al próximo gobierno que cumpla todas las demandas del movimiento desde el minuto uno. De no ser así, tendríamos que escalar el movimiento convocando una huelga general de 48h, 72h o incluso indefinida. En el actual contexto de intensificación de la lucha de clases, las masas cada vez buscarán una salida más claramente anticapitalista, donde los comunistas deberemos avanzar diferentes consignas para conectar con el ambiente y explicar pacientemente la necesidad de la expropiación de toda la clase capitalista y la creación de un gobierno obrero, que represente y defienda los intereses de nuestra clase y la juventud ante la burguesía, sus lacayos y el Estado burgués. Las consignas que están en juego son:
- Expropiación sin indemnización de los inmuebles de fondos buitre, bancos, y grandes y medianos propietarios de más de tres viviendas, para alquiler social equivalente al 10% de los ingresos familiares y bajo control de los sindicatos de vivienda y de las comunidades de vecinos.
- Creación de un plan de construcción anual de 200.000 viviendas mediante la expropiación sin indemnización del terreno necesario, las cinco grandes constructoras y la banca.
- Subida inmediata de los sueldos un 5% y ajuste automático de estos cada 6 meses para seguir el nivel de la inflación.
- Expropiación sin indemnización y bajo control obrero de las empresas energéticas.
- Oposición a las amenazas de PP-Vox de atacar las bajas laborales y de privatizar las pensiones.
La necesidad del partido revolucionario
De todo lo dicho anteriormente, se desprende la necesidad de un partido lo suficientemente grande y arraigado en la clase trabajadora como para dirigir el movimiento a la única solución real, la revolución socialista. Los sindicatos tienen ahora la principal responsabilidad para asegurar el éxito de la huelga, elevar el nivel de conciencia y de confianza de la clase obrera y aterrorizar a la clase dominante. Pero los sindicatos son órganos que surgen históricamente de la lucha por cuestiones económicas particulares, límite que no llegan a superar. El partido, por su parte, generaliza esas luchas y plantea su carácter político común, expresado en la necesidad de que la clase obrera tome el poder como clase. Desde la OCR estamos construyendo con entusiasmo y optimismo revolucionario dicho partido internacionalmente a través de la Internacional Comunista Revolucionaria. Esta es la mayor tarea histórica de nuestros tiempos.
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