Las acciones de Blocus sirven a la reacción
En la última semana, una plataforma social llamada Blocus (bloqueo, en francés) ha saltado al primer plano tras haber organizado acciones vandálicas en Barcelona y Bilbao por medio de centenares de jóvenes que acudieron a sus llamamientos para sembrar el caos en ambas ciudades. Un nuevo llamamiento se ha hecho en una docena de ciudades españolas para acciones similares este sábado 31 de octubre.
En Barcelona, el sábado 24 de octubre 23 comercios fueron vandalizados, incluyendo saqueos, y los daños al mobiliario urbano ascendieron a 36.000 euros, según el ayuntamiento de Barcelona. Hubo 130 detenidos, 72 de ellos menores de edad. En Bilbao, el lunes 26 de octubre, al término de una manifestación magnifica y ejemplar de miles de jóvenes contra la presencia del ultraderechista y provocador Vito Quiles, que no se atrevió a aparecer por la ciudad, aparecieron decenas de jóvenes vestidos de negro y con capucha, igual que en Barcelona, y se dedicaron a vandalizar la calle. El resultado fue 5 vehículos quemados, y saqueos y destrozos de mobiliario público por valor de 55.000 euros. Aquí hubo 19 detenidos, 11 menores de edad.
Los llamamientos de Blocus se dirigían especialmente a estudiantes de instituto y los emulaban a “hacer lo mismo que en Francia”.
La derecha y ultraderecha callan ante la violencia de su sistema
Por supuesto,la derecha y la ultraderecha no han perdido el tiempo en lanzar la fantástica acusación de culpar al gobierno por los incidentes “por calentar la calle”, haciendo referencia a las magníficas movilizaciones por la vivienda de semanas atrás y a la huelga masiva en la educación pública madrileña contra el gobierno regional de Díaz Ayuso. La ultraderecha española y catalana ha utilizado los desmanes para culpar de ello a la juventud de origen inmigrante de los barrios periféricos y así exacerbar la xenofobia y el racismo para sus cínicos cálculos políticos. En realidad, quien ha estado “calentando la calle” ha sido la brutal represión policial durante estas semanas, contra los profesores en huelga y los estudiantes universitarios de Madrid, y contra los jóvenes que protestaban contra los actos de Vox en Galicia y Asturias, o de Vito Quiles en Pamplona y Zaragoza. Para la derecha y la ultraderecha, no hay violencia cuando se trata de proteger a los suyos. No hay violencia en los miles de desahucios que se producen cada año en interés de los bancos y fondos buitre, en las decenas de mujeres asesinadas por sus parejas y exparejas, en los cientos de inmigrantes golpeados y torturados en Ceuta por los legionarios, en los cientos de accidentes laborales mortales por falta de medidas de seguridad suficientes en las empresas, o en las acciones genocidas e imperialistas de Netanyahu y Trump que se cobran miles de vidas. Tampoco hay violencia para ellos en el acoso policial permanente contra jóvenes de origen inmigrante solo por el color de su piel en los barrios deprimidos de las grandes ciudades.
Dicho esto, ¿qué se busca y a quién benefician las acciones promovidas por Blocus?
Ninguna comparación con Francia e Italia
Algunos en la izquierda tratan de justificar este vandalismo sin sentido diciendo que esto es una repuesta de los jóvenes de los barrios deprimidos a la violencia cotidiana que el sistema les infringe.
Como siempre, los hechos son siempre concretos, y no valen abstracciones ni comparaciones simplistas con lo que pasa en Francia o incluso con lo que pasó en Milán (Italia), cuando varios centenares de jóvenes, la mayoría inmigrantes de segunda generación, protagonizaron actos similares en las tiendas de lujo del centro de la ciudad.
En Francia, hay un largo historial policial y sistemático de marginación acoso, violencia y asesinatos, que se ceban en los jóvenes de origen extranjero de segunda y tercera generación. A esto se suma la brutal represión policial contra los estudiantes de secundaria tras un mes de movilizaciones masivas con el resultado de jóvenes que han sufrido amputaciones y pérdidas de un ojo. Los destrozos y saqueos se produjeron después de la brutal represión policial de las manifestaciones de masas del pasado 17 de octubre que dio paso a un estallido de cólera acumulado. En Italia, aunque el fin de semana del 17-18 de octubre hubo un llamamiento explícito a saquear comercios de lujo en Milán, esto fue a cargo de un grupo anarquista con un dirigente conocido que fue detenido, incluso, antes de los incidentes. Lo llamativo de esta iniciativa por las redes sociales es que detonó un movimiento de protesta más amplio con miles de jóvenes en las calles, a partir del cual el movimiento ha cobrado vida propia y le ha dado la espalda a los métodos conspirativos de las redes sociales. Ahora el movimiento de la juventud se ha encauzado por la movilización de masas, hasta tal punto que forzado la convocatoria de dos huelgas generales, la primera para el 30 de octubre convocada por el pequeño sindicato combativo USB, y la siguiente el 20 de noviembre por la central sindical CGIL.
Nada de esto resiste comparación con la situación concreta del Estado español.
Las acciones de Blocus no sirven a la juventud ni a los trabajadores
Las luchas obreras y estudiantiles, que buscan la mas amplia participación, siempre son convocada por organizaciones y dirigentes reconocidos que se muestran públicamente, y donde los objetivos y programa de las luchas son discutidos en asambleas y otros actos públicos. Y así debe ser. Pero ¿qué es eso de gente absolutamente desconocida que solo se representa a sí misma, que no ha sido elegida por nadie, y que tras el anonimato sustituye la actividad consciente de la clase y de la juventud para arengarlas a luchar, sin programa ni perspectivas, por la facilidad que alcanza la difusión de tales acciones a través de las redes sociales? Estos son los métodos individualistas de grupos conspirativos y de la pequeña burguesía “radical”. Y por lo tanto, aunque persigan los más nobles fines (que no es el caso de Blocus), deben ser rechazados. Tales métodos empequeñecen el papel de los trabajadores y jóvenes comunes y su conciencia, la necesidad de organizarse y de debatir, de tomar decisiones conscientes en reuniones amplias y democráticas, y de tener el control de sus propias acciones. Todo eso es sustituido por la labor de “un salvador”, o grupo de salvadores autoelegidos, que se postulan a sí mismos como el “gran líder”. Frecuentemente, tales convocatorias de lucha “fantasma” terminan en colisiones violentas con la policía, que la clase dominante utiliza para desacreditar las luchas genuinas de la juventud y de los trabajadores, para aislarlas de la sociedad, como estamos viendo.
Una acción de masas debe tener el objetivo de mostrar nuestra fuerza, de atraer a capas más amplias de jóvenes y trabajadores, incluso de capas de la pequeña burguesía empobrecida, estimuladas por la fuerza de nuestro numero y nuestra determinación de lucha, con un programa y consignas claras que provoquen la simpatía popular. No somos ingenuos, frecuentemente la policía reprime las luchas, como estamos viendo y entendemos perfectamente la necesidad de la autodefensa; pero debe quedar claro para las mas amplias masas que tal reacción a la violencia policial es un mecanismo de autodefensa ante una violencia ejercida por iniciativa policial en primer lugar. También hay que decir que el mayor disuasivo para la violencia policial es la masificación de la protesta, ante multitudes enormes la policía, como la clase dominante, entran en pánico y parálisis y tienen que abandonar sus planes represivos por miedo a un conflicto social muy peligroso para ellos.
Métodos ajenos a la clase obrera
Ahora bien, lo que hace Blocus es llamar directamente al vandalismo y al saqueo, sin provocación policial previa. Que llame a saquear negocios de lujo, cuando es el caso, no cambia la esencia reaccionaria de estas acciones. Estas actuaciones provocan un rechazo y una indignación naturales en las familias obreras y la juventud luchadora, desprestigian las luchas en general y son utilizadas por la reacción (las fuerzas policiales, judiciales y la clase dominante) para desacreditar y desalentar nuestras luchas, y para criminalizar la protesta social. No hay que esforzarse mucho para apreciar el carácter completamente reaccionario de estos métodos. La clase obrera es una clase caracterizada por la creación, no por la destrucción. Los trabajadores crean toda la riqueza social, quienes la destruyen son los capitalistas y sus gobiernos, cerrando empresas o bombardeando países enteros. El método de la mal llamada “acción directa” destructiva es la metodología típica de los intelectuales de clase media y la pequeña burguesía enrabietada; no tiene nada que ver con la clase obrera, su psicología y sus métodos de lucha.
Estas acciones de Blocus son doblemente reaccionarias. Una de ellas la acabamos de exponer. La otra es que se producen en medio de un alza de la lucha de clases en el Estado español iniciada hace un mes, con las protestas por la vivienda y que ha continuado con otras: educación, pensiones, sanidad, salarios, etc. y que culminará en una huelga general el 11 de noviembre. Con sus acciones, Blocus está boicoteando la lucha de masas, al hacerla pasar a un segundo plano, pues la burguesía y sus medios están muy interesados en destacar el “caos”, el “vandalismo”, la violencia ciega”, y no la justa lucha por vivienda, salarios y pensiones, poniendo un signo igual entre el vandalismo ciego e irracional y la lucha de masas actualmente en curso. Con ello persiguen alejar a la pequeña burguesía y a capas de trabajadores mas atrasados de la simpatía y la participación en la lucha de masas y la huelga general del 11N.
¿Quién está detrás de Blocus?
Por último, hay un aspecto central ¿quien está realmente detrás de Blocus? Como es natural, hay varias hipótesis, pero ninguna confirmada. En las capturas de pantalla de sus cuentas de Telegram, que son cerradas y abiertas varias veces al día, se destacan mensajes incoherentes, redactados en un castellano confuso, con mensajes dirigidos a la juventud llamando a sembrar el caos y saquear comercios. Es llamativo que sus convocatorias en Barcelona y Bilbao se utilice exclusivamente el castellano, deslizándose en la convocatoria de esta última una bandera española monárquica y con el lema “España también se levanta”. En algunos de los chats, el principal animador de la red, un tal Fuckeat, se queja de los altos impuestos y hace criticas directas al gobierno de Pedro Sánchez, todo muy en línea de la extrema derecha. Algunas de las imágenes difundidas para las convocatorias tienen una similitud a carteles recientes llamando a policías y guardias civiles a protestar contra el gobierno.


Todo parece indicar que quienes animan estos actos vandálicos son sectores de la extrema derecha que utilizan la confusión, la rabia e incluso la curiosidad de jóvenes desencantados para perpetrar estas acciones. No cabe duda que la mayoría de los cientos de jóvenes, gran parte de ellos menores, que acudieron a las acciones de Barcelona y Bilbao, son chicos de barrio; pero es indudable que entre ellos había grupos organizados de instigadores que iniciaban los saqueos y desmanes arrastrando a una parte de los chicos que acudieron a la convocatoria por curiosidad o para dar rienda suelta a su malestar.
Cómo luchar contra Blocus
La juventud revolucionaria organizada y el movimiento obrero deben pronunciarse alta y resueltamente contra Blocus y sus acciones, que trabajan objetivamente a favor de la reacción. Pero no cabe cruzarse de brazos de manera fatalista o depositar esperanzas en las investigaciones y actividades policiales para poner fin a esto. La mayor parte de la policía está ahora infiltrada por la extrema derecha, con sus sindicatos policiales mayoritarios afines a Vox, muchos de ellos simpatizaran con las acciones de Blocus para incrementar la sensación de caos y desprestigar al gobierno de Sánchez y a la izquierda en general.
Lo que debe hacerse para contrarrestar esta arremetida reaccionaria es organizar servicios de orden bien nutridos en cada manifestación de la juventud revolucionaria, para proteger sus manifestaciones y concentraciones, y expulsar sin contemplaciones a todos los elementos provocadores, que siempre aparecen claramente identificados para quienes tienen cierta experiencia en la movilización social. Este servicio de orden debería permanecer en el lugar incluso después de disolverse la movilización para impedir que se agrupen en el lugar estos elementos lúmpenes y provocadores. Hay que estar atentos a sus convocatorias y presentarse en las mismas de manera nutrida y organizada, dirigiendo discursos combativos a quienes vayan concentrándose, explicando el carácter reaccionario de la violencia irracional y destructiva. Esto servirá para escindir estos grupos y separar de ellos a los jóvenes sinceramente luchadores, la gran mayoría, que pueden encontrar en nuestras organizaciones y métodos de lucha una alternativa para volcar su rabia contra este sistema. En paralelo, deberían lanzarse campañas de agitación en los institutos y los barrios obreros para concienciar a la juventud de lo que representan Blocus y sus seguidores y contrarrestar así las intrigas reaccionarias de esta plataforma.
Levantar una bandera comunista para la juventud revolucionaria
Al final, de lo que se trata es de ofrecer a la juventud combativa de los barrios una bandera y un objetivo por el que luchar de manera organizada que colme sus aspiraciones. No hay objetivo más grande para ello que ofrecer la bandera roja del comunismo revolucionario, la lucha por ganar a la mayoría de la juventud y de la clase trabajadora para la tarea de la revolución socialista que haga posible dejar atrás las injusticias, violencias y falta de futuro al que nos condena este sistema capitalista y quienes lo sostienen. La OCR esta empeñada en esta tarea, únete a nosotros.
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