“Los españoles primero”: la escasez artificial bajo el capitalismo

Desde el pacto entre PP y Vox en Extremadura en abril, la cuestión de la “prioridad nacional” ha estado en boca de todos, incluso en la de los supuestamente moderados como Feijóo, o Moreno Bonilla, que esta semana acaba de quitarse la careta al pactar con quienes era “imposible gobernar” en Andalucía. Pero la mayor fan de la “prioridad nacional” ha sido sin duda Isabel Díaz Ayuso que, inspirada por la ultraderecha, decidió limitar el bono de metro en la Comunidad de Madrid a aquellos que estuvieran empadronados, dejando fuera del descuento a muchas personas (españolas y extranjeras) que viven y que trabajan en Madrid.

Lo importante no es determinar si las cláusulas pactadas con Vox son legales o ilegales, realizables o irrealizables, sino combatir a todos estos reaccionarios que agitan a favor de la “prioridad nacional” con argumentos sólidos. Pero no basta con poner los datos sobre la mesa, lo que necesitamos es un programa de clase que ofrezca una alternativa a su discurso demagógico, clasista y racista, y resuelva los verdaderos problemas de los trabajadores.

Mismos derechos para nativos y migrantes

Desde que el gobierno puso en marcha el proceso extraordinario de regularización de migrantes, gracias a la incansable presión y lucha en las calles, y por necesidades de sectores significativos de la burguesía, la derecha no ha parado de quejarse. Mientras que para la derecha es un escándalo que los migrantes puedan votar (aunque saben perfectamente que regularizar no significa dar la nacionalidad, requisito para poder votar), para nosotros el derecho a voto es un derecho fundamental que debemos defender y que fortalece a la clase obrera en su conjunto para luchar por nuestros intereses de clase y contra la explotación capitalista.

La clase dominante se aprovecha de la división entre obreros nativos y migrantes para sacar el máximo beneficio posible. De hecho, a muchos capitalistas les interesa mantener a los migrantes en situación irregular para precisamente poder amenazarlos en cualquier momento y encadenarlos a una situación de brutal explotación. Incluso a quienes beneficia la regularización, les interesa el ambiente de criminalización contra los trabajadores inmigrantes, para mantenerlos aislados y separados de los demás trabajadores y fomentar el odio y la desconfianza entre ellos, para que permanezcan desorganizados sin capacidad de luchar junto a sus hermanos de clase nativos. Así es como en algunas zonas, donde gran parte de la población migrante carece de derechos políticos como el voto, la derecha consigue una mayoría artificial. Nosotros luchamos por los plenos derechos para todos los trabajadores, sea cual sea su origen, para acabar con la competencia entre hermanos y fortalecer la unidad de quienes trabajan contra quienes se apropian del trabajo ajeno. Esa es la única lucha que librar: la lucha entre clases.

Los trabajadores migrantes, igual que cualquier trabajador, generan riqueza con su trabajo y aportan a la economía. Según datos oficiales, aportan el 10% de ingresos a la Seguridad Social y generaron el 25% del crecimiento del PIB en 2024 (Ser, 24/09/2025). Además, llegan con formación, lo que supone un ahorro al país que los recibe. A pesar de todo, la propaganda reaccionaria gira en torno a la idea de que “no hay para todos” porque “los migrantes quitan a los españoles los pocos recursos que hay”. Nada más falso.

El mito del “no hay dinero”

Es verdad que la clase trabajadora, y especialmente la migrante, siente cada vez más la presión asfixiante del capitalismo: el empeoramiento de las condiciones laborales, la crisis de la vivienda, el desmantelamiento de la sanidad y educación públicas, etc. La derecha se aprovecha de este panorama para supuestamente priorizar a los “españoles primero”. Pero no es cierto que no haya dinero. La cuestión no es quién debería recibir migajas primero, sino quién se apropia de la riqueza y quién la gestiona.

Como bien explica y demuestra Carlos Marx en El Capital, los trabajadores, inmigrantes o no, reproducen con su trabajo, no solo su salario (que le sale gratis al capitalista), sino también todo el coste de su mantenimiento y reproducción, incluidos los costes médicos y de formación. Es decir, no cuesta un extra a la sociedad. El problema está en que los empresarios no quieren pagar más impuestos para financiar más gasto social porque prefieren quedarse con esa plusvalía, ese extra de riqueza generada por el trabajador que se apropian por la cara,  para su beneficio propio antes que entregarla al Estado para financiar esos servicios. Hay dinero de sobra. La escasez, bajo el capitalismo, es totalmente artificial: como decía Marx, la acumulación de miseria en un polo es, al mismo tiempo, la acumulación de una riqueza obscena en el otro. ¿Cómo se atreven a decir que “no hay dinero” para los servicios públicos, por ejemplo, mientras los bancos, el oligopolio energético y otros tantos consiguen beneficios récord?

El enemigo de la clase obrera nativa no es el migrante, sino la clase dominante. Culpan a los migrantes de los males causados por el sistema capitalista que defienden. Nosotros señalamos directamente a las grandes empresas, como las del IBEX35, que, de ser expropiadas sin indemnización y bajo control obrero, pondrían de nuevo la riqueza en manos de quienes la producen, y esa riqueza, hoy en los bolsillos de unos pocos, podría ser utilizada en beneficio de la sociedad.

¿Cómo lo pagaríamos?

Sin acudir a bolsillos tan grandes como los del billonario Elon Musk o las empresas del IBEX35, tomemos simplemente a los 33 millonarios más ricos de España, que suman una riqueza conjunta de 197.500 millones de euros (equivalente a casi el 40% de la riqueza de la población total). ¿Qué podríamos hacer con esa cantidad de dinero?

Para empezar, podríamos climatizar todas las escuelas públicas. Según CEAPA, se calcula que climatizar un centro costaría de media unos 150.000 euros. Si nos pusiéramos la tarea de climatizar los 19.338 colegios públicos de este país, tendríamos que invertir unos 2.900 millones de euros. Todavía nos quedarían 194.600 millones.

Podríamos invertir en construir más escuelas y hospitales, aunque está claro que hay mucho margen para contratar más personal y equipar con mejores recursos las instalaciones ya existentes. Si quisiéramos contratar 40.000 profesionales sanitarios (de atención primaria, especialidades, enfermería, etc.) para reducir las listas de espera, esto supondría un coste anual aproximado de 3.500 millones de euros. Teniendo en cuenta que las empresas del IBEX35, solo en el año 2025, ganaron 66.000 millones de euros, bastaría con derivar el 5,3% de estas ganancias cada año para mantener la ampliación del personal sanitario.

Actualmente, solo hay aproximadamente 2,4 camas por cada 1.000 habitantes. Para acercarnos a otros países con mayor dotación, necesitaríamos construir unos 50 hospitales comarcales nuevos (200 millones € por hospital) y 20 grandes hospitales (1.000 millones € por hospital). Los cálculos podrían variar, pero podrían rondar los 30.000 millones de euros de inversión. Después del pagar el plan de aclimatación, el primer año de ampliación de personal médico, y la construcción de 70 hospitales bien equipados, todavía tendríamos un fondo de 161.100 millones de euros.

La lista podría seguir, pero merece abordar un último problema más: la crisis de la vivienda. Con el dinero que nos queda, tendríamos recursos de sobra para elaborar un plan público de viviendas que se ajustara a las necesidades actuales. Si usáramos todo el dinero que nos queda, podríamos construir 500.000 viviendas nuevas (por 180.000€ cada una) y rehabilitar 875.000 viviendas (por 80.000€ cada una). Se podría comparar este plan de vivienda con el Nuevo Plan que propone el gobierno, que ya analizamos aquí.

¡Acabemos con el capitalismo!

Estas medidas son solo una demostración del enorme potencial que existe para transformar la sociedad, pero solo podremos conseguirlo si la clase trabajadora toma el control de esa riqueza. Para eso necesitamos una revolución social en la que expropiemos a la burguesía las palancas fundamentales de la economía, para gestionarlas bajo control obrero democrático y planificarlas racionalmente.

Los capitalistas son los verdaderos culpables de los problemas que sufre la mayoría de la población (precariedad, sanidad, vivienda, educación, etc.), pero, en vez de reducir sus beneficios, prefieren seguir acumulando riqueza y señalar a los migrantes que ellos mismos explotan. Hasta que no acabemos con la propiedad privada de los medios de producción y hasta que no gestionemos los recursos en base a un plan racional bajo control de los trabajadores, las condiciones de vida y de trabajo no harán más que empeorar. Solo la clase trabajadora unida puede acabar con este sistema explotador. Para acabar con la escasez artificial y la miseria, ¡acabemos con el capitalismo!

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