Manuel Castells: La bancarrota “espiritual” del progresismo
«La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, y el alma de una situación desalmada. Es el opio del pueblo.» (Karl Marx)
Manuel Castells es sociólogo y experto en las tecnologías de la información de una gran reputación internacional. Ostenta 21 premiaciones, posee doctorados honoríficos de 18 universidades de Europa, América y Asia. Es autor de 26 libros y sus obras han sido traducidas a 23 idiomas. Según el Social Sciences Citation Index 2000-2017, es el sexto académico del ámbito de las ciencias sociales más citado del mundo y el primero en comunicación. Más recientemente, fue ministro de Universidades con Pedro Sánchez, a propuesta de Podemos, en 2020-2021.
Hace poco, Castells fue entrevistado por El País (20/12/2025) donde abordó la ardiente situación internacional, el auge de la Inteligencia Artificial y del nacionalismo extremista de Trump y de la derecha “radical”. Podría esperarse de alguien como él, con su conocimiento histórico, currículum académico y reputación, que alumbrara una perspectiva liberadora a “los que no saben” y sufren los males de este mundo. Pero la conclusión a la que llegó nuestro excelso académico fue la siguiente: “el mundo está en un proceso de autodestrucción”. O, para decirlo de otra manera, no hay salvación para este mundo pecaminoso. En esto no hay un gramo de ironía por nuestra parte. Castells añade: “Yo personalmente creo que es fundamental en este momento reclamar el papel de la religión y la espiritualidad como contrapeso a un mundo que se autodestruye”.
Esta afirmación sorprende a primera vista en un académico de izquierdas, culto, que ha labrado su carrera (y su nivel de vida) expresando y defendiendo la ciencia y las ideas racionalistas. Pero esto tiene una explicación perfectamente “racional”. Lo que expresa Castells es el reflejo del pesimismo y callejón sin salida al que ha llegado el “progresismo” posibilista del pequeñoburgués de izquierdas asustado. Con todos sus títulos académicos, Castells no puede comprender que la “locura” de este mundo no es más que el propio callejón sin salida al que está conduciendo el capitalismo a la humanidad. Marxista en su juventud, no queda ni rastro de sociología materialista de clase en los análisis e ideas actuales de Castells. Carente de un mundo alternativo por el que luchar, solo le queda aconsejar el refugio individual y narcotizante de la religión, con su irracionalismo y supersticiones. En lugar de aconsejarnos luchar por un mundo nuevo en esta Tierra, nos aconseja buscar el consuelo en el mundo “del más allá”.
Es cierto que Castells se declara católico desde hace tiempo. Pero él no consiguió su posición académica, sus títulos y honores aconsejando a la gente acudir a la Iglesia. Eso le habría desprestigiado inmediatamente como científico social. En un pasado de ascenso social y de optimismo en el futuro, no necesitaba la religión. La necesita ahora, cuando su mundo se derrumba.
Los comunistas, como los trabajadores, los oprimidos y los que sufren, no nos resignamos. No podemos permitirnos recluírnos en la religión y seguir sufriendo injusticias y barbarie. Estas no vienen de ningún diablo, vienen de los grandes monopolios, de los ricachones y sanguijuelas que nos chupan la sangre. No nos aterra la destrucción del mundo capitalista, luchamos por acelerarla. Es necesario que el capitalismo muera para que la humanidad viva. Luchamos por un mundo nuevo, socialista. Ese mundo ya late en nuestros corazones, y crece minuto a minuto.
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