Reseña de cine – “Palestina 36”: el poder de la revolución

Palestina 36 es una película trágica. Retrata la calamidad histórica del pueblo palestino bajo el yugo del imperialismo británico y su política colonial, guiada por la Declaración de Balfour y su apoyo al proyecto sionista en Palestina.

Sin embargo, es sobre todo una representación de la resiliencia, el coraje y la absoluta determinación del pueblo palestino de luchar hasta el final contra la ocupación británica y la colonización sionista.

Cuestión de clase

Ya en la primera escena, en la inauguración de la primera radio en territorio palestino, observamos el cinismo y la hipocresía del imperialismo británico. En la persona de Sir Arthur Wauchope, el Alto Comisionado británico para Palestina, se celebra el avance civilizador del acontecimiento, entre aplausos de la burguesía y los terratenientes palestinos.

Estos temas forman dos de los pilares de la película. Por un lado, la falsedad del imperialismo británico, que busca esconder sus intereses de expolio y dominación de la región mediante palabras y gestos civilizadores, ¨democráticos¨, de falsa humanidad hacia el oprimido pueblo judío. Disfraces clásicos del imperialismo. Pero la directora, Annemarie Jacir, no puede resistirse y, más adelante, en una reunión del mando militar y político británico, el capitán Orde Wingate, quien personifica abiertamente el carácter reaccionario del imperialismo británico, exclama que ¨los sionistas proporcionan la clave para preservar el Imperio¨.

Por otro lado, el servilismo de la clase dominante autóctona, que se beneficia del status quo y lo defiende, a pesar de ser lacayo de sus amos británicos. En una escena, un grupo de burgueses y terratenientes discute la situación y pregunta a Yusuf, uno de los principales protagonistas, que en ese momento trabaja para uno de ellos, cuál es su opinión. Yusuf explica el sufrimiento creciente del pueblo, pero los respetables hombres alrededor de la mesa se incomodan. Uno de ellos, el más gordo, le contesta que el pueblo no paga sus deudas. Yusuf responde, pero le invitan a callarse.

El carácter de clase también se expone nítidamente en el campo opuesto, en las masas de trabajadores y campesinos palestinos. La película presenta esta cuestión a poco de empezar: un grupo de trabajadores del puerto discute abiertamente la necesidad de organizarse y luchar contra el imperialismo y la colonización sionista. Uno de ellos, sin embargo, solo quiere trabajar para poder mandar dinero a su familia. Tratan de convencerle, pero se resiste: “yo no quiero luchar”. La respuesta es poderosa, impactante: “nadie quiere luchar». En la siguiente escena, al trabajador que se opone a organizarse y combatir no le pagan las horas extras y, cuando se enfrenta pacíficamente a las autoridades para reclamar lo que es suyo, le dan una paliza. La secuencia de este apartado culmina mostrándonos a este mismo trabajador uniéndose a la revolución, con la lapidaria frase “o pan, o balas”.

El poder de la revolución

Y aquí la película muestra muy bien el poder de arrastre que tiene la lucha de clases, sobre todo en los momentos críticos de la historia. Ante la creciente espiral de los acontecimientos, no solo es el trabajador del puerto quien se ve obligado a entrar en las filas de la revolución, también lo son Yusuf, que se debate entre la posibilidad de escalar socialmente o defender su aldea ante los colonos y el ejército británico; Rabab, la madre que destila elegancia, dignidad y fuerza, quien se hace con un arma y ayuda a los rebeldes; Kareem, un niño de la aldea, que acaba vengando la muerte de su padre.

El motor de todo este proceso arrollador es la lucha progresista contra la reacción imperialista y sionista, el combate a muerte por el pan, la tierra, la familia y una vida mínimamente digna. La obra es capaz de transmitir la moral revolucionaria, esa a menudo abstracta nebulosa que se concreta en una tremenda valentía y capacidad de sacrificio, incluso con la propia vida.

El imperialismo británico, alarmado por la situación e incluso en parte perdiendo el control, moviliza sus recursos con la intención de aplastar la revolución. Emplea tácticas de división, hostigamiento contra la población civil y una brutal violencia contra cualquiera que se ponga delante. Arma y emplea como fuerzas paramilitares a los colonos sionistas, que saldrán bien organizados, confiados y armados hasta los dientes de la derrota de la revolución.

A pesar de que el imperialismo consigue su objetivo, la película muestra la inquebrantable voluntad del pueblo palestino en seguir luchando y nunca rendirse. En un momento, más o menos en medio de la obra, la abuela Hanan le dice a su nieta Afra que su pueblo “tiene algo más poderoso que el Imperio británico”.

Después de la Nakba, de todo el sufrimiento y la barbarie bajo el yugo sionista, del genocidio en Gaza: una gran idea, la libertad del pueblo palestino.

Además de ser una producción artística de mucho nivel, con un ritmo que hace que el espectador no pueda dejar de verla, un guion excelente y buenas actuaciones, es una obra de arte altamente inspiradora para cualquier revolucionario, incluso para cualquiera que se oponga a la barbarie del imperialismo occidental y el sionismo contra el pueblo palestino. No es casualidad que una vez terminada, la sala llena permaneció en silencio hasta el final de los créditos, con el único sonido que irrumpió siendo un grito de ¡Palestina libre! lleno de emoción, rabia y fuerza.

 

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