Airbus: los trabajadores desafían las maniobras de la burocracia sindical y extienden la huelga a todas las factorías
La huelga de Airbus no cede. Al contrario, se extiende, se endurece y, sobre todo, enseña. Si hace dos semanas visité un piquete que era pura efervescencia obrera, hoy el conflicto ha dado un salto cualitativo que confirma lo que ya apuntaban los trabajadores bajo aquellas sombrillas abrasadas por el sol de Getafe: esto no va de un correo sobre el teletrabajo ni de una subida salarial concreta. Va de quién manda aquí. Y la respuesta de la plantilla, tumbando en asamblea el preacuerdo que Comisiones Obreras pretendía colarles, ha sido tan contundente como esperanzadora.
El pasado jueves, mientras el CEO Guillaume Faury aterrizaba en Getafe para escenificar una preocupación que llega con varios años de retraso, la dirección y los burócratas sindicales de CCOO cocinaban a puerta cerrada un pacto que aspiraba a desactivar la protesta. Las cifras ofrecidas (un 5% en 2026 y otro 5% a partir de abril de 2027, más alguna concesión cosmética sobre vacaciones y teletrabajo) apenas maquillan la realidad de que un 8,75% total en dos ejercicios que, descontando la inflación prevista, deja la recuperación del poder adquisitivo perdido en migajas. «Es el IPC más 1,75, cuando hemos perdido cerca de un 18% en los últimos años», me resume por teléfono un trabajador del comité que prefiere mantener el anonimato. «Ni de lejos se acerca a lo que exigimos».
El problema va más allá de la lucha por el salario: implica el método de lucha y negociación por parte de los sindicatos. Mientras Faury difundía un vídeo lleno de empatía corporativa («queridos colegas», «falta de reconocimiento», «decisiones tomadas demasiado lejos de la realidad española»), Comisiones Obreras aceptaba unilateralmente un preacuerdo sin haberlo sometido a votación de su afiliación, y mucho menos de la plantilla. «Actuaron de manera completamente unilateral, aceptando algo que nadie les había pedido que aceptaran», denuncia el trabajador consultado. «O sea, nuevamente lo que hicieron en el convenio: sentarse mientras todos estábamos en huelga para firmar un acuerdo a favor de la empresa».
La jugada, sin embargo, no ha funcionado. Este viernes, las asambleas convocadas en las seis plantas españolas de Getafe, Sevilla, Illescas, Puerto de Santamaría, Albacete, han rechazado mayoritariamente el preacuerdo. CCOO, que cuenta con 3.500 afiliados, ha visto cómo su propuesta era tumbada incluso en sus propios feudos. La huelga continúa y, con ella, una reconfiguración acelerada del mapa sindical en la compañía. Los trabajadores desde las asambleas, sin embargo, preparan ya una nueva papeleta de huelga conjunta que sitúa a la plantilla, y no a los aparatos, como sujeto de la negociación.
Contenido
El miedo viaja a Francia
Lo que ocurre en Getafe no es un episodio aislado. La visita de Faury, más allá de su retórica autocrítica, responde a un temor perfectamente identificable, a saber: la extensión del conflicto a Francia. Representantes de los trabajadores galos han estado presentes en las protestas españolas, y en la sede corporativa de Toulouse saben que una chispa prendida al sur de los Pirineos puede incendiar también las plantas de Saint-Nazaire, Nantes o Toulouse. La importancia estratégica de Airbus para la economía europea ,con casi 150.000 empleos directos, una cadena de suministro que se cuenta por miles de empresas auxiliares, convierte esta huelga en el conflicto laboral más relevante del continente en estos momentos.
No es casualidad que Faury haya pasado en un mismo discurso de admitir «una fuerte expresión de insatisfacción» a anunciar un equipo de cuatro personas que le digan «lla verdad sin filtros». La burguesía europea intuye que el malestar no se apaga con gestos. «Hay mucha energía en este movimiento que podemos utilizar para construir un futuro mejor», dijo el CEO. La frase, involuntariamente, encierra una verdad profunda: hay mucha energía, sí, pero no para el futuro que convendría a la clase a la que pertenece.
Lecciones de una traición
El episodio de la dirección de Comisiones Obreras es pedagógico. En la anterior firma del convenio, en 2024, ya ocurrió algo parecido: miles de trabajadores manifestándose en la puerta norte de Getafe mientras CCOO y ATP-SA rubricaban un preacuerdo a espaldas de la plantilla. Ahora el guion se repite con una diferencia fundamental: las bases no están dispuestas a que les vuelvan a tomar el pelo. «Durante los primeros días de huelga se ha intentado dejar claro que esto no es algo exclusivo del teletrabajo, que no salimos solo por eso, sino que ha sido la gota que ha colmado el vaso», me habían dicho en aquella asamblea. La contundencia del rechazo al preacuerdo demuestra que el mensaje ha calado.
La huelga de Airbus está trazando los contornos de un salto cualitativo en la conciencia de la clase obrera y en los métodos de lucha de clases: desobediencia para con los pactos de élite, asambleario en sus decisiones, con potencial internacionalista en su horizonte. Los obreros ya no piden permiso y entienden que la unidad no se construye con llamamientos abstractos, sino con hechos: hoy son los de oficina, mañana serán los del taller, y pasado todos a una contra la patronal.
Lo que está en juego
Airbus registró el año pasado 5.000 millones de euros de beneficio. Reparte dividendos históricos a sus accionistas mientras pretende que sus trabajadores asuman una pérdida de poder adquisitivo que ya suma casi un 18%. La empresa recibe cuantiosos fondos públicos, especialmente del área de Defensa, cuyo presupuesto no deja de crecer en un contexto de militarización acelerada de la Unión Europea. «Al final es algo que pagamos los trabajadores y está acabando directamente en bolsillos de jefes y accionistas en lugar de volver a nosotros», como muy correctamente apuntan los propios trabajadores.
Lo que está en juego es si los beneficios récord se traducen en en recortes récord. Y la respuesta de la plantilla de Airbus está siendo contundente.
Construir la huelga general
Desde la OCR saludamos la determinación de las trabajadoras y trabajadores de Airbus y llamamos a todas las organizaciones obreras, a todos los sectores en lucha, a mirar esta lucha. La huelga de Airbus debe ser el catalizador de una respuesta mucho más amplia. Cada centro de trabajo, cada polígono, cada empresa donde los de arriba imponen su dictado mientras se embolsan beneficios escandalosos, tiene que encontrar en esta lucha un espejo y un impulso.
El camino es la extensión, la coordinación, la solidaridad activa. El objetivo, una Huelga General que ponga sobre la mesa la cuestión clave de nuestros tiempos: quién produce la riqueza y quién decide sobre ella.
ÚLTIMA HORA: Hemos tenido conocimiento de que esta madrugada, a las 3 de la mañana, SIPA, ATP y CCOO han firmado con la empresa otro preacuerdo a espaldas de los trabajadores de Airbús, desconvocando unilateralmente la huelga. Esta es una nueva traición a esta magnífica y ejemplar lucha obrera. La indignación de los trabajadores es grandísima, según nos han hecho llegar algunos de ellos. Lo que se requiere es convocar asambleas masivas de trabajadores, elegir comités de huelga en cada factoría revocables en todo momento, desautorizar al actual comité de empresa intercentros y elegir una comisión negociadora basada en los comités de base ¡Ni un paso atrás! ¡Adelante la huelga en Airbús hasta conseguir las justas reivindicaciones! (Ampliaremos la información…)
Puedes enviarnos tus comentarios y opiniones sobre este u otro artículo a: contacto@comunistasrevolucionarios.org
Para conocer más de la OCR, entra en este enlace
Si puedes hacer una donación para ayudarnos a mantener nuestra actividad pulsa aquí










