El capitalismo mata al planeta ¡Hace falta una revolución! – Parte I: Una situación global alarmante

Coincidiendo con la celebración de la Cumbre del Clima en Madrid, del 2 al 13 de diciembre, Lucha de Clases va a publicar por partes el contenido del documento que produjimos en el mes de septiembre acerca del cambio climático y cómo luchar contra él de manera consistente. Comenzamos esta serie publicando la Introducción y el primer capítulo del documento: Una situación global alarmante.

INTRODUCCIÓN

El inicio a gran escala de un cambio climático en la Tierra, de consecuencias alarmantes e imprevisibles, es ya una realidad como atestiguan las mediciones más serias de los organismos científicos implicados en este asunto, así como nuestra propia experiencia vital año tras año.

No por casualidad, el cambio climático se ha convertido en uno de los principales asuntos de la política internacional, con un tratamiento similar al que reciben cotidianamente la frágil economía mundial, las relaciones diplomáticas que enfrentan a las diferentes potencias imperialistas, las guerras que asolan regiones enteras, o la crisis de refugiados que afectan a millones de personas que deambulan sin destino por nuestro planeta. La cuestión del cambio climático se suma así al turbulento panorama que nos presenta el capitalismo global, un sistema absolutamente enfermo que amenaza con conducir a la especie humana, y con ella a la vida misma del planeta, a la barbarie y la destrucción.

Contra esta negra y reaccionaria perspectiva, vemos alzarse un movimiento inspirador de decenas de millones de jóvenes en todo el mundo, comenzando por los estudiantes de enseñanza secundaria y bachillerato, que está teniendo un maravilloso impacto en todos los países y en la clase trabajadora en particular.

A lo largo de 2019 ha habido diversas convocatorias de huelgas y movilizaciones estudiantiles, fundamentalmente en Europa, Norteamérica y Australia, que han tenido un alcance cada vez mayor. En el Estado español vimos el pasado 15 de marzo la primera movilización de este tipo, que llevó a cientos de miles de estudiantes a las calles.

Para el 27 de septiembre hay convocada una nueva jornada de lucha y movilización internacional contra el cambio climático y para denunciar la inacción de los gobiernos y organismos internacionales que se muestran impotentes y apáticos para hacerle frente.

Lo que distingue a esta convocatoria de huelga y movilización de las anteriores es que su alcance va mucho más allá de una simple movilización estudiantil. Ha sido convocada por más de un centenar de organizaciones y movimientos juveniles, sindicales, sociales, y campesinos de todo el mundo, y pretende sumar a todas las clases y capas progresistas de la sociedad, no sólo a estudiantes secundarios y universitarios, sino también a trabajadores, pequeños campesinos, mujeres, intelectuales y profesionales progresistas. Estas fuerzas representan todo lo que existe de vivo, progresivo y avanzado en nuestra sociedad; son las más numerosas y fuertes, de las que depende su desarrollo cotidiano, y son estas fuerzas quienes deben asumir la tarea de levantarse contra el atraso, la reacción y la sórdida ganancia capitalista, para transformar el mundo y poner fin a este sistema de lucro, explotación y degradación medioambiental que sólo sirve a una minoría opulenta y privilegiada.

Sobre los hombros de cientos y cientos de millones de jóvenes, trabajadores, campesinos pobres y oprimidos de todo el mundo descansa la responsabilidad de salvar al planeta de la destrucción, de la opresión, de la contaminación, de la barbarie, y de un cambio climático imprevisible, cuyo responsable real es el capitalismo global con la depredación rapaz de unos recursos naturales que nos pertenecen a todos.

Marx escribió que cuando “en cierta etapa de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en conflicto con las relaciones de producción existentes… entonces comienza una época de revolución social.” Estas palabras mantienen toda su validez hoy, en medio de la mayor crisis del sistema capitalista desde su nacimiento. Además, en la época actual, se podría añadir sobre esta conclusión que las revoluciones sociales van a explotar también como consecuencia de la contradicción entre el desarrollo capitalista de las fuerzas productivas y su relación con la naturaleza.

La burguesía como clase en su conjunto es consciente de la tremenda crisis medioambiental que ha creado. Es bien conocedora que continuando por este camino de acelerada destrucción a nivel global se vislumbra un planeta agónico de dolor y muerte. Al fin y al cabo, la misma ciencia que ha sido desarrollada maravillosamente por el capitalismo y que nos ha permitido avanzar a pasos de gigante como sociedad concluye sin ninguna duda que estamos llegando a un punto sin retorno. Sin embargo, la principal característica de la clase dominante en esta época de “estancamiento secular” es su decadencia senil; una clase parasitaria que vive de la renta y del mercado financiero, incapaz de desarrollar la sociedad, y mucho menos de hacerlo de manera armoniosa con la naturaleza.

Sin embargo, el propio sistema ha creado, desarrollado y hecho germinar la técnica y la tecnología para hacer florecer a la humanidad y resolver la crisis medioambiental. El principal escollo es la base de todas las contradicciones inherentes al  capitalismo: la propiedad privada de los medios de producción.

Justamente, lo más relevante de este movimiento es que, al señalar como principal responsable de esta situación a las grandes corporaciones multinacionales capitalistas que se enriquecen a costa de destruir el planeta, eso le otorga un potencial desarrollo revolucionario muy prometedor.

En todo el mundo, se ha abierto un debate muy vivo que involucra  a científicos, gobiernos, empresarios, ambientalistas, sindicalistas  y a la izquierda, sobre las causas y consecuencias del cambio climático, sus perspectivas de desarrollo, y las medidas que se podrían poner en práctica para frenarlo, contenerlo o atajarlo.

Desde la Corriente Marxista Internacional en el Estado español, representada por la corriente política organizada alrededor de la revista y la página web Lucha de Clases, también nos hemos sumado a este debate. Para ello, hemos escrito este documento donde abordamos todos estos aspectos desde el punto de vista del marxismo, del socialismo científico. Además de lo ya mencionado, en este documento abordamos otros puntos principales: ¿Somos todos culpables del cambio climático? ¿es compatible una “economía verde” con el capitalismo? ¿Son suficientes y realmente aplicables las medidas suscritas por los gobiernos y organismos internacionales? ¿Hay alternativa a las energías contaminantes? ¿Es posible un nivel elevado de desarrollo económico y social para todos los habitantes del planeta sin devastarlo? ¿Qué papel debe desempeñar la clase trabajadora en la lucha contra el cambio climático? ¿Sería posible el Socialismo sin contaminación ni cambio climático?

Te invitamos a que leas este documento y nos hagas llegar tu opinión. Estaríamos muy interesados en debatirlo personalmente contigo, así como con tu grupo de amigos, conocidos y compañeros de estudio o trabajo. Sólo cuando seamos millones de luchadores informados, concienciados y armados con una alternativa completa a la sociedad actual, y con la voluntad clara de luchar por ella, estaremos preparados para vencer y doblegar a los mandamases de este sistema capitalista irracional que nos conducen a un presente y a un futuro negros y sin esperanza ¡Pongámonos manos a la obra! ¡No hay tiempo que perder!

UNA SITUACIÓN GLOBAL ALARMANTE

El cambio climático plantea el mayor desafío al que se ha enfrentado la especie humana en toda su historia. La causa principal del cambio climático es la emisión de los llamados gases de efecto invernadero, como el CO2 (dióxido de carbono), procedentes de la combustión de fuentes de energía fósil: como el petróleo, el carbón y el gas natural. Estos gases crean una película debajo de la atmósfera (como los plásticos en un invernadero, de ahí su nombre), que retienen el calor del sol, haciendo aumentar la temperatura en la superficie terrestre.

Actualmente, la presencia de CO2 en la atmósfera ha alcanzado su mayor nivel desde que existen registros, 415,26 partes por millón (ppm) según midió en febrero de 2019 el Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California, en San Diego (EEUU). Esto es un crecimiento alarmante en comparación con el nivel de CO2 en la atmósfera que existía en 1910, según las estimaciones científicas, y que era de 300 ppm.

Desde que se tienen mediciones científicas contrastadas, la temperatura media de la superficie terrestre se ha elevado 0,85ºC (1,1ºC, según otras estimaciones) desde la época preindustrial a mediados del siglo XIX. Lo grave es que desde los años 80 del pasado siglo la temperatura media se ha elevado 0,6ºC, lo que indica una aceleración del calentamiento terrestre en las últimas décadas. Este aumento de la temperatura puede parecer muy poco, pero sus efectos ya están provocando los efectos meteorológicos y ambientales más drásticos en miles de años.

Durante más de una década, se han sucedido innumerables Cumbres del Clima entre los principales gobiernos mundiales para discutir este asunto y buscar una solución. Así se llegó al Acuerdo de París, firmado en diciembre de 2015 por 120 países del mundo, que estableció contener el aumento de la temperatura terrestre por debajo de 1,5ºC en 2050, en relación a la era preindustrial, imponiendo topes de emisión de gases de efecto invernadero a cada país firmante.

Ya en 2013, el 5º Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), certificó que hasta 2010 el nivel del mar había subido 19 cm. desde 1901, por el derretimiento de los polos. También estableció que la extensión del hielo marino en el Ártico había disminuido ininterrumpidamente desde los años 70, a razón de 115 kilómetros cuadrados cada década. Desde entonces, la situación no ha hecho más que empeorar.

El último informe del IPCC de octubre de 2018 predice que un aumento de la temperatura en la superficie terrestre superior a 1,5ºC, en relación a la temperatura media terrestre existente en la era preindustrial, sería realmente desastroso, con efectos perjudiciales irreversibles en grandes partes del planeta y con episodios meteorológicos violentos (calor extremo, sequía y lluvias torrenciales). El aumento del nivel del mar tendría consecuencias negativas para millones de personas en todo el mundo. Esta situación provocaría oleadas incontable de desplazados por todas partes. La biodiversidad se vería afectada: se estima que con un aumento de hasta 2ºC, el 18% de los insectos, el 16% de las plantas, y el 8% de los vertebrados perderían la mitad de su extensión geográfica. Las consecuencias también se harán sentir en la agricultura, con problemas de desertificación y escasez de agua para el riego, y la filtración de agua salina en los acuíferos cercanos a la costa.

Las blancas superficies polares reflejan fuera de la atmósfera una buena parte de la radiación solar. Sin embargo, el derretimiento del hielo de los polos, o al menos de la mayor parte de su superficie, incrementará sensiblemente la radiación solar absorbida por la atmósfera y el suelo terrestre, haciendo subir aún más la temperatura terrestre.

Un aspecto especialmente preocupante vinculado al derretimiento de los hielos de las zonas polares es el derretimiento del “permafrost”, la tierra congelada bajo la superficie polar y en sus zonas adyacentes. Este “permafrost” almacena microorganismos y restos vegetales congelados hace cientos de miles y millones de años que, expuestos directamente a la radiación solar, reactivarían su metabolismo con la emisión de CO2, agravando dramáticamente el problema ya que se calcula que este “permafrost” almacena 1,6 billones de toneladas de carbono, una cantidad de carbono superior a la que existe actualmente en la atmósfera. Otro tanto sucede con el metano –un gas venenoso para las especies animales– acumulado en las profundidades más frías de los océanos, y que son restos también de la descomposición de organismos y microorganismos marinos durante decenas de millones de años, y que podría liberarse a la atmósfera con el calentamiento global de los mares.

En realidad, la emisión de gases de efecto invernadero no explica todo el problema. A eso debe añadirse la deforestación a gran escala de las zonas selváticas en América, África y Asia por los  intereses de las corporaciones mineras, madereras y agropecuarias. El uso de la tierra para fines agrícolas, forestales y de otra índole supone el 23 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, generados por la acción humana, en esto momentos. Teniendo en cuenta, según el IPCC, que los procesos naturales de la tierra absorben una tercera parte de las emisiones de dióxido de carbono causadas por la quema de combustibles fósiles y la industria, la desaparición creciente de los bosques por la deforestación hace disminuir la absorción natural de CO2 al destruirse una gran parte de la vegetación.

Para contener el aumento de las temperaturas por debajo de 1,5ºC, el informe del IPCC apunta a medidas drásticas, como la reducción en 2030 del 45% de las emisiones de dióxido de carbono en comparación con los niveles de 2010, y establece el objetivo de lograr la neutralidad del carbono (es decir, que la emisión de CO2 a la atmósfera se compense con la absorción natural de CO2 que realizan las plantas y la tierra) para 2050. Esto significaría un cambio drástico en la política económica y energética en todo el mundo, con una fuerte reducción en los combustibles fósiles, no solo el carbón, sino también de petróleo y gas natural.

Sin embargo, pese a todas las cumbres climáticas celebradas y al mandato establecido por el Acuerdo de París, el mundo capitalista actual es absolutamente incapaz de avanzar un solo paso, como lo demuestra el fracaso de todos los líderes internacionales que han tratado de solucionar el problema del calentamiento global, y cuyo último ejemplo ha sido el anuncio del presidente de EEUU, Donald Trump, de abandonar el Acuerdo de París y de incumplir sus compromisos de emisión de gases.

La última cumbre intergubernamental sobre el cambio climático en Katowice (Polonia), celebrada en diciembre de 2018, quedó de nuevo en nada, pues no se encontró una solución debido a la oposición de los principales países vinculados a los combustibles fósiles, como EEUU, China e India. A pesar de los compromisos asumidos en los últimos años por los diversos líderes mundiales, la situación no ha mejorado en absoluto y de hecho sólo va a peor. Justo cuando tenían lugar las discusiones en Katowice, salió otro informe técnico, el Proyecto Global de Carbono, que mostró cómo las emisiones de gases de efecto invernadero de los combustibles fósiles y la industria aumentaron un 2,7% en 2017, con la perspectiva de mayores aumentos en 2018, un aumento muy sustancial, dado que de 2010 a 2017 el aumento fue en promedio del 1% por año. (Continuará…)

Parte II >>

Puedes pedir el documento impreso en: [email protected] (Precio: 3€, incluyendo gastos de envío)

Puedes enviarnos tus comentarios y opiniones sobre este u otro artículo a: [email protected]

Para conocer más de “Lucha de Clases”, entra a este enlace

Si puedes hacer una donación para ayudarnos a mantener nuestra actividad pulsa aquí