“EYES WIDE SHUT” y la contradicción de la moral burguesa
“Eyes Wide Shut” es la película póstuma del director Stanley Kubrick. Aunque probablemente desconocida para la audiencia más joven (fue estrenada en 1999), ha resurgido el interés por este filme últimamente, debido a la similitud entre ciertas escenas de la película y las descripciones e imágenes que se encuentran en los archivos Epstein. Más allá de caer en teorías conspiranoicas, un análisis de esta obra nos provee de la comprensión en detalle de la psicología de ciertas “élites”, la pequeña-burguesía, y la contradicción de la moral burguesa: lo que se enseña y lo que realmente sucede.
Contenido
Nuestro protagonista: Un “gran” pequeñoburgués
Nuestro protagonista es Bill, un médico respetable de Nueva York, que ciertamente es próspero y gana el suficiente dinero como para que cada año lo inviten a una fiesta de gente adinerada, en la que no conoce a nadie. Está casado con su esposa Alice, con la que tiene una hija y que aparentemente tienen una vida normal de una familia acomodada.
Sin embargo, todo cambia cuando ambos acuden a la fiesta anual, y al separarse, son claramente seducidos por personas desconocidas que, aunque advertidas de la unión conyugal lo ignoran haciendo alusión a la banalidad del matrimonio: “¿No crees que uno de los encantos del matrimonio es que hace del engaño una necesidad para ambas partes?”
Toda la película está ambientada con el famosísimo Vals Nº2 de Shostakovich, que nos hace un primer guiño sobre lo que va a ser la película. Más allá de un gran vals romántico de Johann Strauss o de Tchaikovsky, que suenan refinado, burgués y festivo; la obra de Shostakovich es un vals ligeramente mecánico y perturbador. No es un vals “romántico”, sino irónico, casi frío. Subrayando que estamos viendo una élite sofisticada, pero deja entrever su decadencia y artificialidad.
A partir de este momento, los celos juegan un rol principal en toda la trama. Al enterarse de una intensa fantasía sexual que tuvo Alice con un oficial de marina joven y desconocido (sin llegar a suceder), Bill es arrastrado por sus celos el resto de la película buscando una aventura sexual con la que jugarle igual a su mujer.
De esta forma, Bill acaba atravesando distintas situaciones: desde el intento de mantener relaciones con una prostituta; hasta una fiesta privada, en la cual no está invitado y necesita disfrazarse con una capa y una máscara veneciana para acceder, constantemente guiado por las ganas de dar rienda suelta a sus instintos y que los celos ganen. La contraseña para la fiesta privada es: “Fidelio”.
Hay varias escenas que nos exponen la psicología de Bill. Más allá de dejar claro que es un médico adinerado, Kubrick nos hace ver la cercanía y sumisión de Bill a las esferas más altas de la sociedad neoyorkina y su lejanía de los problemas más obvios.
Al comienzo de la película, en la fiesta, es llamado urgentemente por el anfitrión para socorrer a una joven, que encuentra desnuda y desmayada de sobredosis por un cóctel de heroína y cocaína con la que Víctor Ziegler, el anfitrión, estaba manteniendo relaciones sexuales. Bill no pregunta, no cuestiona, ni siquiera reprocha a Víctor la situación en la que encuentra a la joven; simplemente se deja agradecer por Víctor, por haberle salvado el pellejo a él (y no a la joven). No hay preguntas, ni confesiones, simplemente calla y se despide de Víctor.
Más adelante, bien entrada la noche, Bill necesita un disfraz para entrar a la fiesta privada, y después de pagarle generosamente al dueño de una tienda de disfraces por abrirle la tienda a altas horas de la madrugada, se encuentra a la hija adolescente del dueño manteniendo relaciones sexuales con dos adultos. Una vez más, Bill ni pregunta, ni cuestiona al padre sobre esta obvia situación inmoral (es claramente menor de edad), sino que solo se preocupa de recibir el disfraz y pagar.
Bill es el claro reflejo del pequeñoburgués, que no cuestiona lo obvio tanto de los problemas de la gente que está por encima de él como de los sufrimientos que están por debajo de él, simplemente se preocupa de sus propios intereses y paga para avanzar en ellos. Lejos de cuestionar la élite que le rodea, hace lo posible para adentrarse en ellas y difuminarse con ellos.
El propio título de la obra, Eyes Wide Shut (algo así como «Ojos bien cerrados»), es un giro intencionado del modismo inglés Eyes Wide Open (estar muy atento o con los ojos bien abiertos). Kubrick nos advierte desde la portada: no estamos ante una ceguera accidental, sino ante una ceguera voluntaria. El título define perfectamente la actitud de la pequeña burguesía y de Bill, que sabe exactamente qué atrocidades están ocurriendo en las altas esferas, pero decide ignorarlas y cerrar los ojos para proteger su posición.
Esta dualidad recae sobre nuestro protagonista, cuyo nombre encierra un profundo simbolismo de clase. Que se le conozca como “Bill” (que en inglés significa factura o billete) no es una simple casualidad, sino la definición de su papel en el mundo: para la élite, él es simplemente una transacción, un sirviente útil que se puede comprar. Además, «Bill», como diminutivo familiar de William, funciona como un arquetipo de Everyman (el hombre común) con el que nosotros, como audiencia, podemos identificarnos como punto de acceso a este mundo turbio de élites.
La clase “Epstein” y su moral
La gran escena de la película es la fiesta enmascarada de la élite. Un gran palacio aristocrático, máscaras venecianas, contraseñas, y ninguna pregunta. En una escena que parece sacada de los archivos de Epstein, Kubrick retrata una élite de gente poderosa que están inmersos en una ceremonia propia de cultos o religiones paganas.
Este ritual es el reverso oscuro de la primera fiesta. Mientras que la primera celebración es el reflejo esperado de las clases adineradas: luces, vestidos de gala, bailes en pareja al son de un vals, el aparentar estabilidad y mostrarse como los defensores de la moral y la familia burguesa, el ritual en la mansión es todo lo contrario. El ritual se centra en la cosificación absoluta: mujeres desnudas, utilizadas como decoración y sacrificio satisfaciendo las necesidades de los asistentes, dando paso a su verdadera cara de orgías, voyerismo, intercambios… Las máscaras sirven como medio para ocultar la identidad individual, dejando de lado la moral asociada a su imagen pública, pudiendo revelar el lado más oscuro de esta élite, como la personificación misma del capital: anónimo, implacable y destructivo.
El clímax de esta escena es cuando descubren que Bill es un intruso y al exigir que se desenmascare y se desnude, una enmascarada anónima se ofrece como intercambio por Bill para dejar que este pueda huir de la fiesta. La enmascarada anónima aparecerá más tarde en el periódico muerta por sobredosis sin ningún culpable (muy similar a casos parecidos de chicas relacionadas con la isla de Epstein [1]).
A rasgos generales, Kubrick retrata esta fiesta-ritual como un evento frío, mecánico, donde esta élite no va a socializar ni crear vínculos, sino un ambiente cerrado, donde es fácil saber quién es ajeno al grupo y donde el objetivo es satisfacer los impulsos más básicos mediante la explotación de otras personas, principalmente mujeres.
No está claro que Kubrick supiera de las fiestas y los rituales de la clase alta, pero sin duda, Kubrick sabía que, de existir, estos rituales deberían de ser propios de una élite poderosa y adinerada. Un desprecio total por las personas ajenas a esa élite, que no las ven como iguales; una necesidad de esta élite de aparentar morales y no serlo; el cumplimiento de sus necesidades mediante el uso de personas y la imposibilidad de alguien ajeno a la élite de acceder a ella. Sabía que estas formas de actuar debían de ser propias de la burguesía más alta.
Como señalaron Engels y Trotsky: “la moralidad más que cualquier otra forma de ideología, tiene un carácter de clase”. En la sociedad de clases, la clase dominante, que vive explotando y aplastando a todos los demás, jamás se somete en privado a la moralidad opresiva que impone al resto de la sociedad para mantener el orden. Como hemos analizado en artículos previamente [2], la “clase Epstein” de especuladores financieros y similares tienen un desprecio total por la clase trabajadora, viendo a los obreros únicamente como mercancías de usar y tirar; y se ve reflejado en Eyes Wide Shut.
La familia burguesa: la gran máscara
Como marxistas, no podemos dejar de lado un análisis sobre la exposición que hace Kubrick de la familia burguesa, la prostitución y los celos.
Ciertamente Stanley Kubrick no llegó a definirse como comunista, pero habitualmente criticaba las estructuras del poder, élites militares y en este caso, un retrato crudo de la familia burguesa.
Toda la película gira en torno a los celos que siente Bill, sus instintos reprimidos, la sexualidad, y la forma en la que lo vive tanto la élite como la clase trabajadora. La élite se refugia en su imagen para aparentar la tradición, y se enmascara para dar rienda suelta a todo el libertinaje que usualmente critican. Por otro lado, no hay un mínimo de intento de ocultar la realidad tras la prostitución de muchas de los personajes secundarios. No hay necesidad de máscaras, sino que se expone claramente.
Para explicar mejor la contradicción a la que expone a la élite respecto a sus relaciones, es conveniente leer a gran materialista Friedrich Engels y el origen de la monogamia escrito en “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”:
“La existencia de la esclavitud junto a la monogamia, la presencia de jóvenes y bellas cautivas que pertenecen en cuerpo y alma al hombre, es lo que imprime desde su origen un carácter específico a la monogamia, que sólo es monogamia para la mujer, pero no para el hombre. Actualmente todavía conserva este carácter. Tal fue el origen de la monogamia. De ninguna manera fue fruto del amor sexual individual, con el que no tuvo nada que ver, sino que, como antes, la conveniencia era el móvil de los matrimonios. Fue la primera forma de familia que no se basó en condiciones naturales, sino económicas, concretamente en el triunfo de la propiedad privada sobre la propiedad común primitiva originada espontáneamente. El matrimonio era para ellos una carga, un deber para con los dioses, el Estado y sus propios antepasados, deber que se veían obligados a cumplir.”
Como vemos, y como han dejado claro cientos de escándalos de la burguesía y la aristocracia, el matrimonio burgués es una carga, un deber que deben cumplir por razones económicas, y que implantan al resto de la población por las mismas razones. En el caso de Eyes Wide Shut es obvio desde el principio, que para nadie de la élite el matrimonio significa nada, no lo ven más que una apariencia que hay que mostrar, para que cuando puedan enmascararse, dejarlo totalmente de lado y lanzarse a sus instintos.
El papel de la mujer aparece subordinado totalmente al de los hombres. Un antagonismo constante entre la posición de los hombres y las mujeres. El miedo que aterra a Bill por la fantasía de Alice, la quiere enterrar devolviendo ese miedo y dolor a su mujer volviendo realidad la infidelidad. Este antagonismo entre mujeres y hombres ya fue explicado por Engels:
“El primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la opresión del sexo femenino por el masculino. La monogamia fue un gran proceso histórico, pero al mismo tiempo, juntamente con la esclavitud y las riquezas privadas, inaugura esa época que dura hasta nuestros días y en la cual cada progreso es al mismo tiempo un retroceso relativo, en la cual el bienestar y el desarrollo de unos se alcanzan a expensas del dolor y la frustración de otros. La monogamia es la forma celular de la sociedad civilizada, y en ella ya podemos estudiar la naturaleza de las contradicciones y antagonismos que alcanzan su pleno desarrollo en esta sociedad. La antigua libertad relativa en las relaciones sexuales no desapareció del todo con el triunfo del matrimonio sindiásmico, ni incluso con el de la monogamia.”
Sin duda que la antigua libertad relativa en las relaciones sexuales no ha desaparecido, y menos para la clase burguesa, en la que Kubrick deja enseñar claramente el uso de la prostitución para mantener la libertad en las relaciones sexuales. Una vez más, no hay signos de prostitución por parte de hombres, sino que toda la prostitución es ejercida por mujeres, incluso por menores de edad. Aunque no hay ninguna crítica clara a la prostitución, Kubrick muestra a la élite y a Bill, como reflejo de la pequeña burguesía, totalmente indiferentes al uso de la prostitución y su condición. No hay ni un poco de preocupación por la adolescente que está siendo vendida por su padre, ni por las decenas de mujeres desnudas en la fiesta enmascarada que solo están ahí para cumplir deseos sexuales. Es una total indiferencia para la condición de la mujer, y nuevamente, totalmente acorde con lo recientemente descubierto en torno a la “clase” Epstein.
En cuanto a la prostitución, no podemos dejar de lado el siguiente pasaje de Engels, que, aunque extenso, resuena completamente con la película y las escenas que se muestran:
“La entrega por dinero fue al principio un acto religioso. Las hieródulas (esclavas que servían en los templos; en muchos lugares ejercían la prostitución) de Anaitis en Armenia, las de Afrodita en Corinto, al igual que las bailarinas religiosas de los templos de la India, fueron las primeras prostitutas. El sacrificio de entregarse, en un principio obligación de todas las mujeres, fue más tarde ejercido solamente por estas sacerdotisas, en sustitución de todas las demás. Así pues, es también un resto del matrimonio por grupos, pero que ha llegado hasta nosotros por otro camino. Con la diferenciación en la propiedad, es decir, ya en el estadio superior de la barbarie, junto al trabajo esclavo aparece esporádicamente el trabajo asalariado, y al mismo tiempo, como un correlativo necesario de éste, junto a la entrega forzada de las esclavas aparece la prostitución profesional de las mujeres libres. Así pues, la herencia que el matrimonio por grupos legó a la civilización es doble, como también es doble, ambiguo, equívoco, contradictorio, todo lo que la civilización produce: por un lado, la monogamia, y por el otro, el heterismo, incluyendo su forma extrema, la prostitución. El heterismo es una institución social como cualquier otra y mantiene la antigua libertad sexual… en provecho de los hombres. No sólo tolerado de hecho, sino practicado libremente sobre todo por las clases dominantes. Pero, en realidad, esta reprobación nunca va dirigida contra los hombres que lo practican, sino solamente contra las mujeres, que son despreciadas y rechazadas. Tenemos un cuadro en miniatura de las contradicciones y los antagonismos en medio de los cuales se mueve la sociedad, dividida en clases desde la civilización, sin poder resolverlos ni vencerlos.”
En efecto estas contradicciones no han sido resueltas y el desprecio y rechazo a las mujeres en la película es total. La mujer que muere por “sobredosis de droga”, la indiferencia de Bill al enterarse de que la prostituta con la que quiso tener relaciones sexuales ha dado positivo en VIH, el propio ritual en la fiesta enmascarada y más.
Por último, nos quedaría atajar la cuestión principal de la película: los celos. Bill es acosado constantemente por el recuerdo de Alice siéndole infiel. Y aunque Kubrick nos da alguna pista sobre cómo “tratar” los celos, no va al origen de ellos. Esta respuesta emocional basada en el miedo, la inseguridad y la sospecha de perder el afecto o la atención de un ser querido frente a un tercero, está indivisiblemente unida a las condiciones materiales que dan pie a la familia monogámica. Los celos no son más que la consecuencia directa de relaciones sociales basadas en la posesión de la otra persona, y la construcción total del núcleo familiar en el capitalismo en torno a la familia monogámica. Con más detalle nos lo explica Engels:
“Si algo se ha podido establecer irrefutablemente es que los celos son un sentimiento que se ha desarrollado relativamente tarde. (…) Lo que nos encontramos es una forma de relaciones carnales que sólo puede calificarse de promiscua en la medida que aún no existían las restricciones impuestas más tarde por la costumbre.”
Para concluir sobre el tema central de la película, no podemos dejar de lado cuál es una posición genuinamente comunista. En palabras de Engels:
“La liberación de la mujer exige, como primera condición, la reincorporación de todo el sexo femenino a la producción social, lo que a su vez requiere que se suprima la familia individual como unidad económica de la sociedad. “
“Y ahora cabe hacer esta pregunta: dado que la monogamia nació de causas económicas, ¿desaparecerá cuando desaparezcan dichas causas? Podría responderse, no sin fundamento, que lejos de desaparecer, más bien se realizará plenamente a partir de ese momento. Porque con la transformación de los medios de producción en propiedad social desaparecerán también el trabajo asalariado, el proletariado y, por consiguiente, la necesidad de que cierto número de mujeres, estadísticamente calculable, se prostituyan. Desaparece la prostitución, pero la monogamia, en vez de decaer, llega por fin a ser una realidad, también para los hombres. Cuando los medios de producción pasen a ser propiedad común, la familia individual dejará de ser la unidad económica de la sociedad. La economía doméstica y el cuidado y educación de los hijos se convertirán en un asunto social. La sociedad cuidará con el mismo esmero de todos los hijos, sean legítimos o naturales. Así desaparecerá el temor a «las consecuencias», que es hoy el más importante motivo social que impide a una joven soltera entregarse libremente al hombre a quien ama.”
“El matrimonio sólo se concertará con toda libertad cuando la supresión de la producción capitalista y de las condiciones de propiedad por ella creadas haya eliminado las consideraciones económicas accesorias que todavía ejercen tan poderosa influencia sobre la elección de los esposos. Entonces el matrimonio ya no tendrá más motivo que la atracción recíproca. Pero lo que sin duda alguna desaparecerá de la monogamia son todas las características que le imprimieron las relaciones de propiedad que la originaron. Estas características son la preponderancia del hombre y la indisolubilidad del matrimonio. Pero ¿qué sobrevendrá? Eso se verá cuando haya crecido una nueva generación: una generación de hombres que no sepan lo que es comprar una mujer con dinero ni con ayuda de ninguna otra fuerza social; una generación de mujeres que no sepan lo que es entregarse a un hombre por miedo a las consecuencias económicas que pudiera acarrear una negativa ni en virtud de otra consideración que no sea un amor real. Y cuando esas generaciones aparezcan, enviarán al cuerno todo lo que nosotros pensamos que deberían hacer. Se dictarán a sí mismas su propia conducta y, en consonancia, crearán una opinión pública para juzgar la conducta de cada uno. ¡Y todo quedará hecho!”
Sin duda, si Kubrick hubiera ambientado la película en una futura sociedad comunista, no hubiera habido mucha película que rodar.
Es crucial entender que la pasividad de Bill tiene un límite de clase muy marcado. Él es capaz de mostrarse impasible ante el sufrimiento de las clases inferiores (la joven sobre dosificada, la adolescente explotada por su padre, la prostituta) porque él no las ve más que como medios para lograr sus fines, como mercancías. Sin embargo, su mundo colapsa cuando esta lógica amenaza su refugio y su «propiedad»: su esposa. Los celos que lo arrastran por toda Nueva York no nacen solo del amor herido, sino del pánico pequeñoburgués a perder el control sobre su entorno privado.
Este terror alcanza su punto de ebullición cuando Alice le confiesa un sueño en el que ella misma es arrastrada a una orgía, humillándolo públicamente y entregándose a múltiples hombres, en una escena que es un claro reflejo del ritual sectario que él acaba de presenciar. La revelación de que su mujer podría ser devorada y utilizada por esa misma élite lo impacta brutalmente, no así como el resto de mujeres que ha podido presenciar y que él mismo ha buscado utilizar.
Conclusión: La revelación en la sala de billar
Es al final de la película cuando se nos muestra claramente qué papel va a jugar Bill en toda la trama. ¿Llamará a la policía? ¿Intentará vengar a Mandy?, la mujer asesinada por salvarle a él. La realidad es que no. Bill juega el papel del pequeñoburgués sumiso, que, aunque sabe que es despreciado por la alta burguesía, prefiere estar cerca y ser leal a ella antes que bajar de escalón. Es al final de la película, en la inmensa sala de billar de Víctor, donde el gran capitalista le recuerda a Bill que jamás podrá ser parte de la élite, que la fiesta fue una «farsa» orquestada por gente que «dirige el mundo», y que lo mejor que puede hacer es olvidarse de la mujer muerta, callar y volver con su mujer. Aunque Bill sabe que es despreciado por la alta burguesía, prefiere acatar sus reglas y mantener su estatus antes que arriesgar sus privilegios. Simplemente, concluye yendo a comprar regalos de navidad acompañado de su mujer, un reflejo total de la pasividad en la que está sumido Bill.
No hay heroísmo, no hay necesidad de atacar a la élite, simplemente un silencio cómplice. Y quizás esto sea lo más reseñable de la película. Kubrick no crea un héroe, dibuja un reflejo de la sociedad moderna y nos expone claramente que para la élite no hay normas, no hay leyes, que se salen con la suya, y esa es la realidad que vivimos.
Kubrick refleja el papel del dinero, mediante el cual Bill lo obtiene todo; la pequeña burguesía y sus anhelos arribistas de unirse a la alta burguesía; la indiferencia ante los problemas de la gente con la que se va cruzando Bill en su camino; y en general la sociedad burguesa en decadencia. Lo único que le faltó por reflejar fue la fuerza organizada del proletariado, la única de arrancar las máscaras y el aniquilamiento de toda esta farsa para dar pie a un mundo verdaderamente nuevo y libre.
[1]: https://www.imdb.com/es-es/news/ni65431100/
[2]:https://marxist.com/jeffrey-epstein-and-the-psychology-of-bourgeois-decadence.htm
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