Feijóo exige sacrificios… ¿a quién?

En su primer gran acto de precampaña, el Partido Popular ha vuelto a regalar un bochornoso espectáculo. Ayuso volvió con sus ocurrencias al insinuar que detrás de la acampada de Sol había un “grupo terrorista propalestino”.

Sin embargo, esta vez no fue la presidenta madrileña quien declaró el disparate más grande. El presidente del partido, antiguo presidente de Galicia y amigo del narcotraficante Marcial Dorado, Alberto Núñez Feijóo, afirmó que su gobierno “pedirá sacrificio”, ante la interesada mirada de los expresidentes Aznar y M. Rajoy y otras personalidades varias como la propia Ayuso, Almeida y su predecesora Ana Botella.

No es tan distinto al día en el que el presidente argentino, Javier Milei, en su toma de posesión, afirmó que no hay plata, que no había alternativa al “shock”. Ambas confesiones toman por sorpresa porque revelan a voz alzada una verdad incómoda, que en sus planes económicos no les importa barrer con la clase trabajadora, que de hecho, le exigirán sacrificarse, por el “bien del país”. Esta honestidad no suele ser común por parte de los políticos burgueses. Aquí mismo en España tuvimos el rescate bancario de Zapatero y Rajoy, que se prometió “no costaría un euro al contribuyente” y aún no ha sido pagado.

Esta verdad no se vislumbra sin embargo a simple vista. Feijóo ha dado una pincelada, pero el resto debe ser extraído de lo que se omite, de la historia y de los poderes que actúan detrás suya.

El líder de la oposición no responde a una pregunta fundamental, ¿Quiénes tendrán que sacrificarse?¿Será Juan Roig? ¿Tendrá Amancio Ortega que renunciar a algún capricho? ¿Recortará en viajes el CEO de Ferrovial?¿Empezará Florentino Pérez a hacer la compra en el Costco ahora que la cesta está muy cara?¿Irán Abascal, Ayuso, Puente o Nogueras en Renfe para ahorrar en gasolina?

Por desgracia, ninguno de ellos vivirá este maravilloso sacrificio, sino que será la clase trabajadora la que vea su nivel de vida, sus condiciones materiales y su poder adquisitivo todavía más hundidos y destrozados.

Porque la solución de los gobernantes capitalistas a las crisis es el sacrificio sí, de la mayoría trabajadora en pos de que no decrezcan los beneficios de una minoría parásita y explotadora. Así fue en la crisis del 2008. Tanto PSOE como PP aplicaron recortes masivos en educación, sanidad, transporte, todos los servicios públicos que lleva por bandera el Estado del “bienestar”. Con Zapatero se abarató el despido, con Rajoy se facilitaron los despidos colectivos y se atacó el poder de la negociación colectiva. Los subsidios a sectores como la minería se terminaron. En el plano político se aplicó la Ley Mordaza, durísima ley, aún vigente, que restringe enormemente el derecho a la protesta. La crisis se solucionó, para la lista de los más ricos en Forbes, mientras la clase obrera quedaba desangelada y su miseria se escondía debajo de la alfombra macroeconómica, que afirmaba que todo iba bien porque los números subían.

En aquel entonces la clase trabajadora salió a las calles de todo el Estado español, harta de la miseria que el sistema capitalista le proponía. Hoy día, a las puertas de una nueva crisis y una resaca especialmente dura de la anterior, la clase obrera vuelve a la calle con la intención de construir una vida digna, que el capitalismo continuamente le niega.

Ante esto, el Partido Popular vuelve a demostrar la división interna que vive. Mientras Ayuso viaja a México para condenar los sacrificios humanos de los aztecas, Feijóo demanda sacrificios en toda la clase trabajadora, promete miseria bajo el disfraz de la “España de todos”, busca el beneplácito para su programa del hambre entre una clase obrera harta, que se moviliza, por una vivienda digna, por una educación en condiciones, por salarios que no sean un chiste. La clase dirigente teme que esas proclamas económicas se conviertan en proclamas políticas, en el reclamo legítimo del fin del capitalismo y la conquista proletaria del poder.

Nosotros exigimos sacrificio también. Exigimos que los grandes tenedores sacrifiquen los millones de pisos que usan para especular, exigimos a las constructoras que sacrifiquen sus materiales de construcción para poder planificar la construcción de vivienda pública. Exigimos a Juan Roig que sacrifique sus millones en dinero y empresas para poder crear infraestructura, servicios sociales funcionales y condiciones materiales dignas para la clase obrera.

Exigimos en definitiva, el sacrificio de los capitalistas, que entreguen la riqueza robada de las manos callosas y sangrantes de los obreros para que ellos decidan lo que hacer con el mundo que han construido, que los medios de producción sean de los productores y no de los parásitos. Solo así esta crisis y las futuras crisis del capitalismo podrán ser subsanadas y evitadas, sacrificando un sistema que solo sirve para alimentar la avaricia de unos mientras es incapaz de cubrir el hambre de todos. Los capitalistas nos lo han dejado muy claro, es su sacrificio o el nuestro.

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