La autodeterminación en Euskal Herria: Una visión marxista
La lucha de la juventud y el movimiento obrero en Euskal Herria está, y ha estado, estrechamente unida a la cuestión nacional. La cuestión nacional ha organizado y ha tenido un impacto muy importante en la política en Euskal Herria desde la lucha armada con ETA, pasando por los partidos de la izquierda y la juventud, hasta en la defensa de la burguesía vasca en el PNV. Y aunque la desaparición de ETA y el reformismo de los partidos nacionalistas vascos han alejado en cierta medida la cuestión de la autodeterminación de Euskal Herria de su anterior protagonismo, es una cuestión no resuelta que por las propias contradicciones del sistema capitalista volverá a aflorar en cualquier momento. La cuestión nacional es una característica además inseparable del capitalismo y el imperialismo, desde su nacimiento hasta la actualidad. Por eso, los marxistas debemos de tener un planteamiento concreto y preciso para abordar este tema que está enraizado en las preocupaciones de la clase trabajadora y juventud vasca.
Los orígenes de la cuestión nacional
Desde un punto de vista histórico, el Estado nación es una creación relativamente moderna, de los últimos 250 años. Antes no existían naciones, sólo tribus, ciudades-estado, reinos e imperios. El Estado nación como tal, es una entidad que evoluciona históricamente. No siempre existió, ni siempre existirá.
El Estado nación es un producto del capitalismo, creado en base a la necesidad de un mercado nacional, para el que era necesario romper las restricciones locales, la existencia de pequeñas áreas locales con sus impuestos, peajes, sistemas de monedas, pesos y medidas separados. La eliminación de estos particularismos locales fue un paso de gigante para la sociedad en conjunto, permitiendo el ensanchamiento del mercado y preparando el terreno para el enorme desarrollo industrial que lo acompañaría.
Ese proceso mismo se dio en el Estado español y en Euskal Herria, con sus propias peculiaridades. El ascenso de una burguesía nacional formó el caparazón para un movimiento nacional propio, tanto vasco como español y catalán, etc. que, debido a la debilidad e incapacidad histórica de la burguesía española de culminar una revolución democrático-burguesa, dejó sin resolver en todo el Estado español. En Euskal Herria, el desarrollo del capitalismo industrial de finales del siglo XIX generó un brusco choque social entre la burguesía vasca y el campesinado, y el nuevo proletariado. Una parte de la pequeña-burguesía añoraba el pasado previo del pueblo vasco unido a la pequeña propiedad agraria y sus tradiciones, idioma, cultura, folklore y la iglesia católica, culminado en el papel reaccionario de Sabino Arana y la fundación del PNV.
Aun así, la gran burguesía industrial y financiera vasca (unida al mercado negrero y minero-metalúrgico) estaba estrechamente relacionado por sus intereses con el proyecto imperial y estatal español, protegiendo así sus enormes ganancias. El carácter reaccionario de la burguesía vasca y del PNV quedó claro en la Guerra Civil Española al priorizar la defensa de la propiedad privada sobre la lucha contra el fascismo y capitulando ante el régimen de Franco, antes que armar al proletariado e impulsar una lucha revolucionaria contra el fascismo.
De esta forma, bajo la dictadura de Franco, aunque los intereses de la gran burguesía vasca estuvieron a salvo, el euskera y los derechos y aspiraciones nacionales del pueblo vasco fueron aplastados, llevando a una gran capa de la juventud y trabajadores vascos a unir la lucha del euskera y la cultura vasca, con el socialismo y contra la opresión nacional.
Hubiera sido natural que el derrocamiento del franquismo diera paso a que los jóvenes militantes nacionalistas radicalizados gravitaran alrededor de un partido comunista; pero la política reformista y de conciliación con los sectores “aperturistas” del franquismo, más su renuncia a defender el derecho de autodeterminación de Euskal Herria, y la decadencia ideológica del Partido Comunista, movieron a los jóvenes militantes a agruparse entorno a la izquierda abertzale y ETA.
ETA y la Izquierda Abertzale
Aunque el propio surgimiento, auge y desaparición de ETA requiere de una explicación más en detalle, siempre ha sido parte del marxismo el rechazo a las tendencias de terrorismo individual como forma de luchar por el socialismo, no por motivos moralistas sino porque se han demostrado incapaces y contraproducentes para derrotar militarmente a un Estado burgués bien pertrechado. Ya Marx y Engels libraron una lucha implacable contra los nacionalistas liberales de la clase media irlandesa, y a su vez, criticaron severamente las tácticas aventureras de los fenianos, sus tendencias terroristas, su estrechez de miras nacionalista y su negativa a aceptar la necesidad de unidad de acción con el movimiento obrero inglés.
Lenin también criticó profundamente las acciones terroristas individuales porque desorganizaban al proletariado y sustituían la acción consciente de las masas por el heroísmo individual de una minoría e infundían la falsa ilusión de que se podía destruir el Estado capitalista eliminando a individuos aislados. Citando un pasaje de su artículo ¿Por dónde empezar? – Lenin (1901):
“En el momento actual, el terror no se promulga en modo alguno como una operación del ejército combatiente, ligada estrechamente a todo el sistema de lucha, sino como un medio de ataque individual, independiente y aislado de todo ejército. Y el terror no puede ser otra cosa cuando falta una organización revolucionaria central […] Declaramos categóricamente que tal medio de lucha, en las circunstancias actuales, no es oportuno ni racional; que distrae a los luchadores más activos de su verdadera tarea, de la tarea más importante desde el punto de vista del interés de todo el movimiento, y que desorganiza no a las fuerzas del gobierno, sino a las fuerzas de la revolución.“
De la misma forma, ETA jugó durante décadas un papel pernicioso en las extraordinarias luchas del pueblo vasco por sus derechos democrático-nacionales y dejó claro en la práctica que los métodos del terrorismo individual son contraproducentes y estériles en la construcción del socialismo.
De la misma forma que los heroicos movimientos de los trabajadores en el 3 de Marzo en Vitoria-Gasteiz supusieron una mayor afrenta al franquismo de lo que nunca pudo ser capaz ETA y la izquierda abertzale, los movimientos de masas del pueblo catalán durante El Procés llegaron más lejos en la lucha por los derechos democrático-nacionales, y en el desafío al Estado español, que lo que la izquierda abertzale y ETA jamás soñó para Euskal Herria.
Por último, y aunque celebramos la disolución de ETA y la apuesta de la izquierda abertzale por la vía política para la lucha de sus objetivos, señalamos que la principal fuerza que tiene el pueblo vasco debe estar basada en los métodos de la lucha y la agitación política de masas, las manifestaciones, las huelgas y, en un punto más elevado, a través de un movimiento revolucionario de masas. Por el contrario, y especialmente en la época reciente, la dirección abertzale ha tomado la vía del reformismo clásico, a través del cretinismo parlamentario, sin ningún tipo de ruptura con el sistema capitalista y haciendo políticas en común con la burguesía vasca y el PNV, más cerca de traicionar el movimiento de los trabajadores que de luchar contra la burguesía española o vasca en la defensa de sus negocios, empresas e intereses.
El “practicismo” de la burguesía vasca
La burguesía nacionalista presenta siempre la defensa de la cuestión nacional de forma incondicional bajo la fachada de la «unidad nacional», la defensa de la «identidad vasca» o la «practicidad». Subordinan el voto para los partidos nacionalistas y la defensa de los pactos y políticas en común con la burguesía española, a la consecución de mejores condiciones para “el pueblo” vasco. Sin embargo, para los marxistas, lo que verdaderamente califica como «práctico» no es garantizar privilegios ni cuotas de mercado a ninguna burguesía regional, sino garantizar las condiciones más favorables para la lucha de clases y la unificación de la lucha del proletariado de todas las nacionalidades.
Actualmente, frente al bloque reaccionario del Estado español, puede parecer engañosamente que la clase trabajadora vasca comparta un interés común con las fuerzas del nacionalismo vasco, ya sea en la versión explícitamente burguesa del PNV o en la posibilista de EH Bildu. Pero una postura marxista es tajante en delimitar la línea de clase: el proletariado sólo apoya el nacionalismo de una nación oprimida en la medida estricta en que contiene un contenido democrático general contra la opresión nacional y estatal. En palabras del propio Lenin:
«Por cuanto la burguesía de una nación oprimida lucha contra la opresora, nosotros estamos siempre, en todos los casos y con más decisión que nadie, a favor… Por cuanto la burguesía de la nación oprimida está a favor de su nacionalismo burgués, nosotros estamos en contra.»
Mientras la burguesía o la pequeña burguesía acomodada supeditan los intereses históricos de los trabajadores a las tareas de «su» nación (buscando perpetuamente pactos, transacciones y encajes en la estructura del capital), la política comunista propugna una posición de principios:
- La defensa incondicional del derecho de autodeterminación.
- Subordinar la cuestión nacional a la lucha de clases, rechazando todo exclusivismo o privilegio de una nación frente a otra.
- Colocar por encima de todo la unidad revolucionaria del proletariado de las distintas naciones.
Frente a la trampa del «practicismo» reformista y burgués, que pretende hacer pasar por «realista» la gestión del capitalismo vasco o la negociación de pactos autonómicos, la tarea de la vanguardia comunista vasca no es ir a remolque de las agrupaciones nacionalistas ni disolver el programa obrero en un frente nacional interclasista, sino educar a las masas en el espíritu de la democracia consecuente y el socialismo, preparando la única alianza capaz de romper las cadenas de la opresión: la unidad de combate de la clase trabajadora tanto vasca, como española, como francesa frente a las burguesías nacionales de cada nación.
El nacionalismo burgués en la práctica
Todos los trabajadores de Euskal Herria viven en sus carnes la pista falsa del “proyecto nacional” vasco, cuando la burguesía vasca y sus representantes políticos señalan a la ikurriña y hablan sobre la defensa de la “patria” y la “identidad nacional” mientras la brecha entre las grandes familias y los trabajadores no para de crecer.
Mientras que las grandes empresas del Ibex35 no paran de batir récords diarios de beneficios, especialmente las energéticas, como Iberdrola o Repsol, el sueldo más frecuente en Euskadi roza los 17.900€ y siete de cada diez vascos tributan rentas inferiores a 30.000€ [1]. Sueldos congelados que no paran de reducirse debido a la inflación y el encarecimiento de la vida: vivienda, electricidad, gasolina, comida…
Por un lado, el PNV, firme defensor y gestor del capitalismo vasco, ha demostrado reiteradamente de qué lado de la trinchera se encuentra cuando los intereses de los negocios entran en conflicto con las condiciones de vida de la clase trabajadora. No hay más que examinar el papel de grandes figuras de la oligarquía vasca, como Josu Jon Imaz al frente de Repsol, alienado plenamente con las multinacionales e invirtiendo y presionando en favor del imperialismo europeo y norteamericano y la desregulación ecológica. A nivel de gestión institucional en la CAV y Navarra, el «modelo vasco» del PNV ha consistido en la privatización sistemática de la sanidad pública (Osakidetza), la precarización de los servicios sociales, la implantación de marcos laborales de miseria que arremeten contra el derecho a huelga y la represión policial a través de la Ertzaintza frente a los sectores en lucha, desde el metal hasta la juventud estudiantil.
Para el PNV y la patronal vasca Confebask, la «identidad nacional» jamás ha sido un obstáculo para pactar presupuestos, reformas laborales y recortes tanto con el PSOE como con el PP en Madrid, demostrando que la burguesía de la nación oprimida prefiere mil veces la estabilidad del orden burgués español antes que cualquier cuestionamiento de la propiedad privada.
Por otro lado, tenemos la vergonzosa capitulación ideológica del reformismo de la Izquierda Abertzale, encarnada en Arnaldo Otegi, y su esquema de conciliación de clases. EH Bildu ha abandonado cualquier atisbo de lucha de clases y se centra en un absurdo cálculo institucional basado en la “gobernabilidad” y la “paz social”.
Recientemente, EH Bildu ha llamado a conformar “acuerdos de país” y pactos de gobierno con el PNV bajo el pretexto de frenar al “bloque reaccionario” y la extrema derecha [2]. Ejemplos de qué significa el nacionalismo pequeñoburgués: Frente a un llamamiento de lucha de clases en una época de crisis orgánica del capitalismo y barbarie del imperialismo, presentan al PNV como un “aliado democrático” frente a la reacción. No solo desarmando a la clase trabajadora que todavía guarda alguna confianza en su partido, sino dejando las urgentes necesidades de la clase trabajadora vasca en manos de un acuerdo con el PNV, ¡el mismo que nos ha timoneado a estos puertos!
La colaboración institucional y la aprobación conjunta de presupuestos o leyes en las instituciones de Gasteiz, Iruñea o Baiona no protegen a las masas de la reacción; al contrario, al asimilar a la izquierda con el desastre de la gestión capitalista y los recortes, le limpian la cara al PNV y pavimentan el camino para el descontento social sobre el que prospera la demagogia de derechas [3].
Por último, la burguesía vasca no ha dudado en instrumentalizar el euskera y las instituciones culturales para convertirlos en un nicho de mercado elitista, institucionalizado y segregador, privando a las capas más empobrecidas de la clase trabajadora —especialmente a la juventud inmigrante o hispanohablante— de un acceso real, gratuito y popular a la lengua. Para el marxismo revolucionario, la lucha del pueblo vasco no puede avanzar un solo paso de la mano de sus explotadores ni de quienes pactan con ellos en los despachos institucionales. La única forma práctica y real de combatir la opresión nacional y la reacción es desenmascarar el chovinismo de la burguesía vasca, rechazar toda alianza interclasista y levantar un programa de independencia de clase que una a toda la fuerza del proletariado en la lucha por el socialismo.
La verdadera liberación de Euskal Herria no vendrá de la mano de reformas institucionales ni de alianzas interclasistas con una burguesía que siempre ha priorizado sus beneficios de clase. La defensa y el pleno florecimiento del euskera y de la cultura vasca no pueden desvincularse un solo instante de la lucha contra el sistema capitalista y su aparato estatal. Solo la victoria de la revolución proletaria y la constitución de una República Socialista Vasca, articulada en libre e igual federación con la clase trabajadora del resto del Estado español y del conjunto de Europa, erradicará de raíz la opresión nacional y social.
Para ello, la clase trabajadora vasca, catalana, española y mundial tiene que armarse con las ideas del marxismo y plantar cara al capitalismo en su fase más decrépita. Solo la organización a nivel internacional de la juventud y la clase trabajadora, a través de las ideas genuinas del marxismo, será capaz de abrir la vía para que toda cultura e idioma, como el euskera, libre de la asfixia del Estado burgués y de las necesidades del mercado, se convierta en una aportación viva y floreciente a la riqueza cultural de una humanidad verdaderamente libre y emancipada.
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