Tras el éxito de las movilizaciones por la vivienda ¡hace falta una huelga general, ya!

El rechazo por la mayoría parlamentaria de la derecha de los dos decretos del gobierno de Sánchez que proponían medidas muy limitadas de alivio parcial y temporal a los desahucios y prorrogar por 2 años la caducidad de los contratos de alquiler, ha atizado aún mas el fuego del descontento social sobre la cuestión de la vivienda. Pese al carácter limitado y parcial de las medidas que proponían estos decretos, todas las encuestas mostraban que la inmensa mayoría de la población apoyaban esas medidas. Hasta un medio de derechas abiertamente hostil al gobierno, como El Mundo, realizó una encuesta que mostraba un apoyo popular a los decretos ¡del 73,5%!

La percepción de que tener un techo –como el pan, la ropa para vestir o la electricidad– no puede ser un bien de mercado sino un bien social garantizado para todos, está abriéndose en la conciencia social ¿Cómo es posible que un puñado de grandes propietarios tenga el derecho de decidir sobre cientos de miles de personas si pueden disponer o no de una vivienda, y que una persona tenga que entregar el 50% o más de su salario solo para poder dormir y vivir bajo un techo?

Movilizaciones masivas, la reacción impotente

Consecuentemente, las movilizaciones del fin de semana contra la especulación inmobiliaria, que siguieron a esta derrota parlamentaria, han sido un éxito aplastante. Cientos de miles de personas se movilizaron en más de 50 ciudades de todo el Estado, destacando Madrid con más de 200.000 personas. La manifestación de Barcelona tuvo que se aplazada a la tarde de hoy lunes, debido a las fuertes lluvias, pero sin duda también será masiva.

El movimiento, impulsado desde abajo como por una fuerza elemental, ha ido más lejos de lo que la mayoría podía prever tras las primeras movilizaciones en Madrid, después del desahucio de Maricarmen. Ademas de las movilizaciones multitudinarias desde el fin de semana anterior hasta la fecha, 10 días que han conmovido a la sociedad española de arriba hacia abajo, se han sucedido las acampadas en las plazas con miles de participantes. Debemos saludar el esfuerzo y sacrificio de los activistas de los sindicatos de la vivienda que han establecido el punto de referencia a través del cual se ha expresado la ira popular acumulada, con el apoyo destacado de militantes de organizaciones comunistas y revolucionarias. Esto es notable, la izquierda reformista y parlamentaria no ha jugado el más mínimo papel en organizar y canalizar la protesta.

Los llamamientos de la reacción y de los fascistas para desmantelar violentamente las acampadas de algunas ciudades, como Madrid y Sevilla, fueron completamente aplastados con hechos. Miles de jóvenes revolucionarios barrieron de la calle a las exiguas fuerzas de los pijo-nazis de Núcleo Nacional, que tuvieron que huir como conejos en ambas ciudades protegidos por la policía, como puede verse en los innumerables videos que circulan por las redes sociales (Madrid, Sevilla). Las banderas rojas y los cánticos a favor de la lucha de la clase obrera dominan ahora todo el escenario, para horror de la derecha y de sus medios de comunicación. La burguesía observa con preocupación la situación. Este nivel de radicalización del movimiento y esta exposición de la debilidad de la reacción ha sido ahora descubierta, y celebrada, por muchos en la izquierda como si se hubiera producido por un milagro. Pero esta idea le hemos defendido en soledad desde la OCR y nuestra organización internacional, la ICR, desde hace ya mucho tiempo. Nos reconforta que los hechos nos hayan dado la razón cuando otros en la izquierda, de manera impresionista, se lamentaban, hasta hace unas semanas, del supuesto auge de la reacción y del fascismo.

Es extraordinaria la dialéctica del proceso de la conciencia social. Hace dos semanas, el panorama político estaba dominado por temas relacionados con la migración en un sentido reaccionario; ahora, para desesperación de la derecha, gracias a la movilización de masas en la calle, ese panorama está dominado por la necesidad de expropiar a los rentistas ¡Un cambio significativo!

A la espera de la decisión de Sánchez sobre adelantar las elecciones generales, una cosa ha quedado clara: se ha conseguido más en todos estos días de movilizaciones incesantes en las calles que en 8 años de gobierno “progresista”, con sus leyes y decretos rutinarios que van directamente a la basura por su inoperancia, en medio de recriminaciones mutuas sobre competencias entre gobierno central y autonomías. Lo que antes se reprochaba como una medida radical en materia de desahucios y alquileres, ahora hasta los más acobardados del gobierno Sánchez lo ven como algo práctico y razonable, y se lamentan que Junts no lo haya apoyado. La conclusión es clara, debemos tomar nuestro destino en nuestras manos, sólo podemos confiar en la lucha de masas de los trabajadores y la juventud para arrancar concesiones a la clase dominante y avanzar hacia nuestra emancipación social.

La huelga general ¿Cómo puede convocarse?

Si hubo una consigna que destacó por encima de cualquier otra en todas las movilizaciones y pancartas en la extraordinaria movilización de este fin de semana, fue la de ¡Huelga general! Es en la huelga general donde millones tienen depositadas ahora la esperanza para la satisfacción de sus reclamaciones: Bajar un 50% los alquileres que devoran nuestros salarios, expropiar a los fondos buitre y grandes propietarios que acumulan cientos de miles de viviendas y ofrecerlas en alquiler social, contratos de alquiler estables e indefinidos, entre otras. El viernes 2 octubre, una encuesta aparecida en eldiario.es afirmaba que ¡el 73% de la población apoyaba una huelga general por la vivienda!, eso incluye a más del 60% de los votantes de PP y Vox, algo insólito. Así que el debate que está sobre la mesa no es si hay condiciones para convocar esta huelga general y que sea exitosa, eso ya está claro. El asunto es quién debería convocarla, cómo, cuándo y con qué programa y objetivos concretos.

El presidente de la patronal, Garamendi, como una muestra del pánico que envuelve a la clase dominante, se apresuró a declarar en los medios de comunicación que tal huelga general sería “ilegal” ya que no proviene de “un conflicto laboral”. Garamendi se agarra a un articulo constitucional que, lamentablemente, la izquierda reformista aceptó incluir hace 48 años en la redacción de la Constitución de 1978 que prohíbe las “huelgas políticas”. Pero, más allá de esto, las declaraciones de Garamendi son una muestra de impotencia. Ya hubo otras huelgas generales “políticas” convocadas por CCOO y UGT sin más consecuencias legales, como los paros generales parciales de 2 horas en 1991 contra la primera guerra del golfo, o el 15 de octubre del año pasado contra el genocidio de Gaza. Incluso, esta última, fue registrada por CGT y los sindicatos nacionalistas ELA, LAB y CIG, como una “huelga general de 24 horas”. Siempre se puede establecer el vínculo de asuntos políticos y sociales con cuestiones laborales. Y en el caso de la vivienda más claramente que en otros, cuando la mayor parte del salario es saqueado por la especulación inmobiliaria y por la subida de los tipos de interés de las hipotecas por los bancos. Claramente, la lucha obrera por la vivienda va contra la línea de flotación de los sectores más reaccionarios y parásitos de la burguesía española: inmobiliarias, fondos de inversión y bancos. Por supuesto que al señor Garamendi no le hace ninguna gracia que su clase social, y sus exorbitantes beneficios, queden expuestos ante los ojos de millones de trabajadores, ni la conciencia que pueden sacar los propios trabajadores de su enorme fuerza social a traves de una huelga general. Que se atreva cualquier juez reaccionario a declarar “ilegal” tal huelga general. Con el total descrédito que sufre ya el sistema judicial burgués español, esto sería como prender una mecha a un barril cargado de pólvora. El actual ambiente explosivo, detonaría un ambiente revolucionario.

Así que ni por el lado de las condiciones objetivas ni por el lado de la legalidad debería haber impedimento alguno para convocar tal huelga general. La pelota está colocada, entonces, en quienes tienen la capacidad de organizar a los trabajadores para parar la producción, el transporte, el comercio y los servicios públicos: los sindicatos obreros de masas. Esto implica en primer lugar a CCOO, UGT y CGT; y, en segundo lugar, a los sindicatos nacionalistas de Euskadi y Galicia que son hegemónicos en estos territorios: ELA,LAB y CIG. CGT ya se ha pronunciado favorablemente. Así, la responsabilidad principal descansa en las direcciones de UGT y CCOO que agrupan en conjunto al 75% de la representación sindical en las empresas de todo el Estado. Hasta el momento han dado evasivas, mostrando claramente que a estos dirigentes les encantaría escurrir el bulto. En este sentido, hasta verían con alivio que Pedro Sánchez convocara las elecciones hoy mismo para tener la justificación de decir que tal huelga no seria necesaria porque el pueblo puede elegir ahora un gobierno de izquierda con mayoría suficiente para atender sus reivindicaciones. Vemos aquí como los reformistas de los partidos de izquierda y de los sindicatos verían con agrado desviar la cólera social de las calles a las aguas estancadas del Parlamento.

Los sindicatos de la vivienda han proclamado lo correcto: hay que volver a los barrios obreros, a las plazas, a las fabricas, oficinas y tajos a movilizar activamente a la clase trabajadora. Para obligar a estos dirigentes a lanzarse por el camino de la huelga general hay que incrementar la presión organizando brigadas de decenas de miles de activistas recorriendo los barrios, polígonos y plazas agitando por la huelga general ya, animando a celebrar asambleas de trabajadores en cada empresa votando resoluciones a favor de dicha medida. Cada activista trabajador en su empresa debe convertirse en un agitador a favor de dicha medida, ligando una solución justa al problema de la vivienda con el incremento de los salarios, devorados también por la espiral inflacionista que se está desatando. Todos nos vacían los bolsillos: los caseros, las empresas energéticas, los bancos ¡Ya basta!

CGT tiene ahora una enorme responsabilidad, aunque es un sindicato con menos presencia que CCOO y UGT tiene una llegada directa a cientos de miles de trabajadores que constituyen sus afiliados y los votantes de sus candidaturas sindicales. Mediáticamente, como toda organización obrera de cierta envergadura, puede llegar a millones de trabajadores. CGT ya se ha pronunciado a favor de la huelga general en su congreso federal de este fin de semana. Estos no son tiempos normales. La clase obrera ha dado un paso adelante, saliendo a la calle por cientos de miles sin esperar una indicación de sus dirigentes desde arriba. El ambiente es explosivo. Con audacia, incluso una organización relativamente pequeña puede tener un eco poderoso. Ya lo vimos hace justo un año en Italia, cuando el pequeño sindicato de estibadores UBS convocó una huelga general en solidaridad con el pueblo pobre de Gaza que arrastró a la base de sindicatos de masas como la CGIL, obligando a ésta finalmente a convocar una huelga general que tuvo un seguimiento enorme. En las condiciones actuales, y tras lo visto en los últimos 10 días ¿quién puede dudar de que si la CGT hiciera un llamamiento enérgico a la huelga general, poniendo una fecha para este mismo mes de octubre, y llamara expresamente a los militantes y dirigentes de la UGT y CCOO a que se les una, no tendría un eco poderoso? Claro que sí. Hay que atreverse, pasar de las palabras a los hechos.

La huelga general ¿Cómo puede ser efectiva?

La huelga general es una herramienta poderosísima en manos de la clase obrera. Por eso, la clase dominante la teme tanto. No la teme principalmente porque con la huelga deje de hacer negocio un día; eso no le preocupa, a lo largo del año hay varios días festivos donde la mayoría de los obreros no trabajan. Que haya uno o dos festivos al año más o menos, como podría ser una o dos jornadas de huelga general, no les preocupa en absoluto. La temen principalmente porque muestra el enorme poder que descansa en la clase trabajadora; donde, sin su amable permiso, ni gira una rueda, ni se enciende una luz, ni se conecta un ordenador. Es la mayor experiencia colectiva unificadora, de clase, que pueden experimentar millones de trabajadores de oficios y dedicaciones muy distintas, que pone abiertamente sobre el tapete: quién manda aquí, quién tiene el poder de hacer funcionar, o paralizar, el país y la sociedad. Al hacerse consciente de su fuerza y papel social, a través de una huelga general bien organizada, los trabajadores toman conciencia de que pueden dirigir la sociedad sin patrones, ni jueces, ni policía, ni reyes. Les ayudaría a ser conscientes de que podrían construir una sociedad nueva, a su imagen y semejanza, a través de la solidaridad y la mentalidad colectiva que le es propia, expropiando a los grandes capitalistas para producir y planificar la riqueza para el bien y bienestar común, sin parásitos que vivan de su trabajo.

Es cierto que la inmensa mayoría de los trabajadores españoles no ha alcanzado todavía esta conciencia socialista, necesitan mucha mas experiencia de acontecimientos y de lucha para que estas ideas se abran paso, junto con la existencia de una organización comunista de masas, también ausente hoy, que les ayude a sacar conclusiones socialistas acabadas del carácter inacabado y parcial de sus experiencias de lucha. Tarea esta ultima, en la que está empeñada nuestra organización, la OCR. La inmensa mayoría de jóvenes y trabajadores actualmente piensan en la huelga general como una demostración de fuerza, un poderoso puñetazo en la mesa, que obligue a la burguesía parásita y a sus representantes políticos en el Parlamento a ceder ante los reclamos de abajo. Es cierto que la burguesía podría ceder algo antes de verse amenazada a perderlo todo. Pero para conseguir eso se necesita una decidida disposición a la lucha, y un programa y unas reivindicaciones suficientemente audaces capaces de movilizar a millones por ellas. La burguesía aceptaría el primer envite que le lanzara la clase trabajadora. Son muchos miles de millones de euros de beneficios los que extrae del parasitismo inmobiliario, no los cederá fácilmente. Confía en la propaganda de sus medios de comunicación prostituidos, en el griterío de sus políticos a sueldo, de los altos dignatarios de la Iglesia (¡el principal propietario inmobiliario del pais!), y demás. La clase obrera tiene armas mucho más poderosas: su número, su papel social y económico, y la conciencia y confianza en sus propias fuerzas. Esto último, al final, es lo decisivo, pero es lo que debe ser agitado, enfatizado y trabajado a fondo por las organizaciones sindicales y sus direcciones. La huelga general no debe ser un fin en sí mismo, sino un medio para lograr un fin. Hay que mostrar al capital rentista, y a la clase obrera misma, que se está dispuesto a luchar hasta el final. Hay que agitar abiertamente, que si ante una huelga general de 24 horas la clase dominante y sus políticos no ceden, habrá en pocos días otra huelga general pero de 48 horas, y después otra de 72 horas, escalando la lucha hasta amenazar con una huelga general indefinida, con la conciencia y el convencimiento claro de llevarla cabo si es necesario. No hay otro camino para la victoria.

Plantearse una huelga general como una simple “pose” combativa, como un fin en si mismo y luego volver a la rutina como si nada hubiera pasado, tendría efectos perversos y contraproducentes, de desánimo, pérdida de confianza, lo que sería aprovechado por el enemigo de clase para incrementar su arrogancia e insolencia. No se puede jugar con la idea de una huelga general, si se da el primer paso se debería ir hasta el final, hasta derrotar a los rentistas y especuladores.

¿Qué programa?

Las principales demandas hasta ahora planteadas desde el movimiento por la vivienda son un punto de partida: bajada del alquiler, contratos de alquiler indefinido, fin de la compra especulativa y fin a los desahucios. Todo esto es necesario, pero hay que ir más allá, necesitamos atacar el problema de raíz.

Necesitamos un programa revolucionario con demandas socialistas claras y firmes, la principal debe ser la expropiación, sin indemnización, de todas las viviendas en manos de grandes propietarios: bancos, fondos de inversión, inmobiliarias, etc, que suman más de 1 millón, más que suficiente para solucionar el problema de la vivienda en el eEtado español a corto plazo. También hacen falta recursos para construir viviendas de calidad y asequibles. Por eso es imprescindible la expropiación sin indemnización de la gran banca y empresas de la construcción, que han acumulado obscenas cantidades de beneficios, bajo control obrero, para poner en marcha un plan público estatal de construcción de viviendas según las necesidades sociales. Hablar de construcción de viviendas sociales sin aclarar de dónde van a venir los recursos para ello ni con qué medios se van a hacer, es solo palabrería.

Para resumir, el programa de la Organización Comunista Revolucionaria (OCR) defiende las siguientes medidas fundamentales:

  1. Expropiación sin indemnización de viviendas de bancos, inmobiliarias y grandes tenedores (propietarios de más de 3 viviendas) para alquiler social a no mas del 10% de los ingresos familiares.
  2. Que ninguna hipoteca o alquiler suponga más del 10% de los ingresos familiares
  3. Escala móvil de salarios en línea con la inflación
  4. Prohibición de compra de pisos para el negocio del alquiler a fondos de inversión y particulares.
  5. Prohibición de pisos turísticos
  6. Paralizar los desahucios
  7. para organizar una planificación socialista de la vivienda y otras necesidades sociales
  8. Por un plan estatal público de construcción según las necesidades sociales. Para ello, expropiación de la banca y las grandes constructoras, sin indemnización.
  9. ¡La vivienda bajo control de los vecinos y trabajadores!
  10. ¡Coordinar y unificar la lucha por la vivienda en todo el Estado!¡A por la huelga general, ya!

La OCR no se limita a hacer propaganda y a difundir sus ideas en las redes sociales. Está presente en las acampadas y manifestaciones defendiendo este programa.

Para luchar por este programa socialista revolucionario para la vivienda, y para la lucha general por el comunismo, únete a la OCR.

Puedes enviarnos tus comentarios y opiniones sobre este u otro artículo a: contacto@comunistasrevolucionarios.org

Para conocer más de la OCR, entra en este enlace

Si puedes hacer una donación para ayudarnos a mantener nuestra actividad pulsa aquí

Organización Comunista Revolucionaria
Privacidad

Este sitio web utiliza cookies para que podamos brindarle la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en su navegador y realiza funciones como reconocerlo cuando regresa a nuestro sitio web y ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones del sitio web le resultan más interesantes y útiles.