El Papa, la IA y la utopía

Fue muy fortuito que el viaje de Pedro Sánchez a Roma coincidiera con el escándalo de corrupción en torno a Rodríguez Zapatero que actualmente envuelve a su partido. Desafortunadamente para él, ni una bendición del Papa podrá despejar el espectro de las investigaciones y derrotas electorales que viene sufriendo el PSOE.

Sánchez había apostado a esta visita para poner al PP en jaque en vísperas de la visita del Papa al Estado español, concretamente sobre la cuestión de la regularización extraordinaria, que la Iglesia ha apoyado. El itinerario del Papa lo llevaría a Canarias, donde expresaría su apoyo a los migrantes irregulares, visitándolos en persona. Esto dificultaría la defensa del discurso de la derecha, al menos por parte del PP, que no es capaz de criticar a la Iglesia.

Pero Ayuso —igualmente incapaz de mantener la boca callada— ha insistido sobre su posición, burlándose de una izquierda que se ha vuelto “capillitas” de la noche a la mañana. Por primera vez, dice algo que se asemeja a la realidad.

Aparentemente, hay mucha sintonía entre Sánchez y León XIV, que se ha declarado en contra de la guerra de Irán y los ataques de Israel en Palestina y el Líbano, temas que han impulsado la popularidad global de Sánchez. El pontífice actual a su vez continúa el legado del Papa Francisco, el Papa “progre” que puso sobre la mesa temas como el cambio climático e hizo un llamado a la cooperación internacional para acabar con las guerras y las pandemias en sus encíclicas Laudato si’ y Fratelli tutti.

Desde luego esta afinidad representa un cambio frente a la situación anterior. Durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, el debate nacional estuvo muy enfocado en temas como el matrimonio igualitario y el aborto, con el surgimiento de grupos conservadores ultracatólicos como Hazte Oír y Abogados Cristianos. La Iglesia no ha cambiado su posición sobre estos asuntos, pero la agudización de la crisis del capitalismo ha obligado a la Iglesia a poner especial atención a temas más vinculados a la izquierda, como el medio ambiente y la aceptación de los migrantes.

Este enfoque podría parecer contradictorio en un momento político en el que la izquierda se retuerce las manos por el supuesto avance del conservadurismo, especialmente entre la juventud. Pero es bien sabido que la religiosidad —especialmente en los países capitalistas avanzados— está en declive. Según el BREC, el 51% en el Estado español no tiene creencia religiosa alguna, y cada generación es menos creyente que la anterior.

Por contra, las bases firmes de la Iglesia se encuentran en las antiguas colonias españolas y portuguesas, que son algunas de las zonas más explotadas y vulnerables. La Iglesia tiene claro que debe responder a las necesidades particulares de estas zonas y que, dándoles una voz, puede frenar su propio declive y posicionarse como una fuerza política relevante.

No sería la primera vez que la Iglesia intenta redirigir la angustia de las masas a canales seguros —a caminos sin salida—. En 1891, cuando la Revolución Industrial llevó al desarrollo de una clase trabajadora ultra explotada y entraban en la escena política el socialismo y el comunismo, el Papa Leo XIII publicó su encíclica Rerum novarum. En ese documento, hizo un llamamiento a que la burguesía respetara sus deberes para con los trabajadores —que no los explotara despiadadamente sino… humanamente— y a que los trabajadores no lucharan contra sus patrones para cambiar sus condiciones de vida, ya que “sufrir y aguantar es el destino de la humanidad”.

Esta fue la inspiración del nombre del Papa Leo XIV, que percibe que estamos en un punto de inflexión similar. Su primera encíclica, Magnifica humanitas, fue publicada en el 135º aniversario de Rerum novarum y aborda el uso de la IA, en un contexto que algunos han llegado a describir como una “nueva revolución industrial”.

Pero esta descripción dista mucho de la realidad que presenciamos. El desarrollo de las fuerzas productivas, que ha facilitado y abaratado la producción, podría liberar a la humanidad del trabajo. Pero bajo el capitalismo esto hace que la producción se vuelva cada vez menos beneficiosa, lo que conduce a la mayor explotación y a la especulación desenfrenada en búsqueda de dinero fácil y rápido. Es por esto que lo que vemos es una falta de inversión en la producción, fábricas inutilizadas, despidos masivos y una burbuja especulativa en torno a la IA.

Está claro que la IA tiene el potencial de transformar radicalmente la sociedad para bien. Pero, para León XIV, esto es fundamentalmente una cuestión moral: la paz, la guerra, la cooperación y la explotación son todas decisiones morales y no las subyace la lógica de un modo de producción concreto, como entendemos los marxistas.

Es muy indicativo en este sentido que el CEO de Anthropic haya intervenido en la presentación de Magnifica humanitas, un hecho inaudito, pero no sorprendente. Esta compañía fue castigada en marzo por el gobierno estadounidense por negarse al uso de su IA para la vigilancia masiva y los sistemas de armas autónomas, a pesar de que ya llevaban años prestando servicios militares como en la operación de secuestro de Nicolás Maduro.

El discurso del Papa no se distingue de aquel de los reformistas que denuncian la codicia de los ricos y hacen un llamado a un capitalismo más humano. Como el cielo, esto es una utopía. La salvación de la humanidad es concreta, y radica en el derrocamiento de este sistema.

 

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